Redacción LVDH
La crisis alimentaria en Honduras alcanza niveles críticos. María Luisa García, coordinadora del Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional (OBSAN) de la UNAH, lanzó una severa advertencia: actualmente, 1.8 millones de personas no tienen garantizado el acceso a sus alimentos diarios, y esta cifra podría dispararse a los 2.2 millones el próximo año si no se toman medidas urgentes.
Un país bajo el fantasma del hambre
La situación es generalizada en los 18 departamentos del país, donde miles de familias apenas logran asegurar uno o dos tiempos de comida al día. Los focos más rojos de esta crisis se concentran en:
- Gracias a Dios: Es el departamento con los niveles más altos de crisis alimentaria.
- Corredor Seco: Zonas como La Paz y Lempira enfrentan limitaciones severas por el clima y la falta de recursos.
El impacto de la sequía y la inflación
Según la proyección del OBSAN, la sequía prevista para este año será el principal detonante del agravamiento de la crisis, al reducir drásticamente la producción agrícola local. Esto generará un «efecto dominó» económico:
- Menos producción: Reducción de granos básicos en el mercado nacional.
- Más importaciones: El Gobierno se verá obligado a traer productos del exterior.
- Precios altos: Un encarecimiento inevitable de la Canasta Básica que golpeará el ya debilitado poder adquisitivo de las familias.
García señaló que la problemática no solo es una cuestión de falta de comida, sino que está profundamente ligada a la inestabilidad económica, el bajo poder de compra y las deficientes condiciones de salud y saneamiento básico que impiden una nutrición adecuada en las zonas rurales y urbanas marginales.
El llamado del observatorio es claro: Honduras necesita una intervención inmediata para evitar que el hambre se convierta en una emergencia humanitaria de proporciones históricas en 2026.

