Arturo Alejandro Muñoz
Las rivalidades entre los vecinos Chile y Perú superan largamente un siglo de existencia. Todo
comenzó en 1879 cuando Perú y Bolivia enfrentaron a Chile en un sangriento conflicto bélico que
duró cinco años, el cual concluyó con el triunfo de los ejércitos chilenos que ocuparon Lima, capital
del Perú.
A tal grado ha llegado esa rivalidad que ni siquiera concuerdan -Perú y Chile- en el nombre de esa
confrontación. “La Guerra del Salitre”, la llaman los peruanos…”la Guerra del Pacífico”, le dicen
los chilenos. Han pasado 145 años desde aquel entonces, y pareciera que las heridas aún no
cicatrizan del todo.
Y ahora el motivo de la discordia es un licor, un trago, aunque básicamente de trata de un destilado
de uva llamado “Pisco”, cuyo origen desata una disputa comercial/gastronómica/cultural entre
ambos países, disputa que en realidad lleva décadas vigente, ya que tanto en Lima como en
Santiago los respectivos gobiernos aseguran que el famoso destilado nació en su territorio.
A esto se suman las eternas discusiones sobre la calidad o autenticidad de esta bebida
alcohólica que, como ya dijimos, se fabrica a partir de la uva y que inspiró un famoso
cóctel, el pisco sour.
Es así que la "guerra comercial" entre Chile y Perú, por la denominación de origen del
pisco, sumó un nuevo episodio luego que el gobierno chileno decidiera impulsar un plan
para defender su producción a nivel internacional. ¿Y por qué ello? Simplemente, porque el
año 2019 las autoridades peruanas rechazaron airadamente una propuesta chilena que
apuntaba a establecer una especie de tregua, cuyo propósito era que esas dos naciones
complementaran sus trabajos para ser reconocidos –ambos piscos- en los mercados
internacionales.
Chile es el primer productor y consumidor de pisco en el mundo y durante tres siglos ha
usado esa marca. Hoy, el pisco genera más de 3.500 empleos permanentes y casi 40.000
empleos indirectos, de acuerdo a cifras oficiales entregadas por el gobierno chileno.
Perú, por su parte, asienta su derecho a una marca de origen basando esta en el hecho que
existe, en la nación incaica, un pueblo con el nombre Pisco en la costa cercana al puerto de
Ilo, demostración suficiente –según Lima- para zanjar una discusión ya bizantina.
En la revista peruana “Gestión”, el articulista Octavio Espinosa escribió lo siguiente en su
columna:
<< Lo cierto es que actualmente Chile se presenta al mundo no solo como productor de
vinos sino como productor de un aguardiente de uva al que llama ‘Pisco’. En sus
negociaciones comerciales bilaterales, Chile presenta su denominación ‘Pisco’ junto con
otras denominaciones chilenas y consigue su aceptación por terceros países. Esto es lo que
ocurrió con el acuerdo bilateral de comercio concluido entre Chile y la Unión Europea en el
año 2002.
<<Evidentemente, el Perú también ha conseguido el reconocimiento formal de la DO
‘PISCO’ en la Unión Europea como denominación de un aguardiente de uva procedente del
Perú. Pero entonces, ¿la Unión Europea reconoce la misma denominación ‘Pisco’
simultáneamente en favor del Perú y de Chile para productos sucedáneos? Efectivamente.
Los europeos han optado por autorizar una coexistencia de ambas denominaciones de
origen ‘Pisco’ dentro de su mercado, de modo que ninguno de los dos pueda excluir al
otro.

Complementando la columna de Octavio Espinosa, es oportuno agregar que si bien el pisco
puede tomarse solo (o con un par de pececillos de hielo), hay otras variantes que resultan
exquisitas. El Pisco Sour, preparado obviamente con pisco, agregándole zumo de limón y
azúcar granulada, está presente desde hace más de un siglo en las gastronomías de Perú y
de Chile. En este último país, otro trago, siempre a base de pisco, se convirtió en el “rey de
las fiestas bailables”. Es la “Piscola”, una medida de pisco y dos medidas de bebida cola,
con o sin hielo…aunque los chilenos doblan la oferta al hablar de “piscola negra” (con
bebida cola), o “piscola blanca” (generalmente con Ginger Ale o con Sprite).
UN BREVE PARÉNTESIS DE HISTORIA…
Durante los siglos XVI y XVII se produjo en el país andino una fuerte inmigración de
españoles, preferentemente castellanos, andaluces y extremeños, muchos de los cuales eran
trabajadores del agro, viñateros para mejor definición, que plantaron las primeras parras en
varias regiones de ese largo territorio. En poco tiempo, y durante todo el período colonial,
Chile abasteció de vinos y destilados a muchos centros mineros del Virreinato del Perú,
como por ejemplo, a Potosí, en el Alto Perú, hoy Bolivia.
El asunto es que a poco de producirse la conquista española en esta parte de Sudamérica,
tempranamente se produjo también la expansión de plantaciones de parras y vides, lo que
se finalmente convirtió a este territorio en el mejor y principal productor de vinos de todas
las graduaciones y calidades del subcontinente americano, como por ejemplo alojas, chicha,
pajarete, chacolí, aguardiente y por cierto, pisco.
Desde el norte chileno (Copiapó, valle del Huasco, Valle de Elqui) salían los mostos que
llegaban por toneladas a centros mineros del Alto Perú y a puertos de gran parte de la costa
del Pacífico sudamericano.
Lamentablemente, aunque se sabe que en Perú (en Pisco, específicamente), también se
vivía una era de producción vitivinícola, la carencia de registros documentados impide
establecer fechas concretas para determinar con exactitud una denominación de del
producto que nos interesa y que convoca estas líneas.
A contrario sensu, Pablo Lacoste, destacado historiador y académico argentino, uno de los
artífices del rescate de la historia del pisco en Chile, gracias a una investigación que duró
dos años, logró dar con un registro de bienes de la Hacienda La Torre, ubicada en la actual
zona de Pisco Elqui, Región de Coquimbo, en la cual se daba cuenta de la existencia de “3
botijas de pisco”.
El protocolo labrado por el Escribano del Imperio Español en 1733 está conservado en el
Fondo Judicial de La Serena del Archivo Nacional, en Santiago.
A partir de esa fecha, la costumbre de utilizar la palabra pisco para denominar al
aguardiente local se propagó por las haciendas de la zona, en varias localidades del Valle
del Elqui. Este hecho quedó respaldado en diversos protocolos de la corona española,
recopilados en el libro de Pablo Lacoste, titulado “El pisco nació en Chile”.
A pesar de los sucesivos intentos por descalificar este trabajo investigativo, que contó con
la participación de una veintena de profesionales de diversos países de América Latina, la
contraparte peruana aún no ha logrado dar con un documento que haga mención al uso de la
palabra pisco para designar a su aguardiente anterior a 1825.
Esta brecha también se evidencia en otros aspectos, tales como la inscripción de la primera
marca de pisco (1882 en Chile, 1922 en Perú).
En esta controversia de siglos, Perú posee antecedentes importantes para defender su
postura. Chile también los tiene. La pregunta clave es saber cuán importante resulta contar
con una denominación de origen si lo que de verdad interesa es el aspecto comercial, y en
este caso lo que inclinará la balanza será siempre la calidad del producto. Y en ello, el
consumidor tiene la palabra.
Lo demás, es Historia.

