La producción de maíz en Honduras durante 2024 apunta a superar el promedio de los últimos años, gracias a una expansión de las áreas sembradas.
En los últimos dos años, la producción de maíz aumentó de 15.1 a 15.9 millones de quintales, con un incremento de aproximadamente 800,000 quintales.
La cifra alcanzada se registró en 2023 como la más alta, superando los 15.5 millones obtenidos en 2018.
Aunque la temporada de siembra comenzó con dificultades debido a condiciones climáticas desfavorables, las lluvias de julio estabilizaron el desarrollo del cultivo, según un boletín de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Sin embargo, la inseguridad alimentaria sigue golpeando al país con fuerza, afectando a 1.93 millones de personas, lo que equivale al 19 % de la población.
Los agricultores hondureños enfrentaron un comienzo complicado para la siembra del maíz, con condiciones secas en mayo y lluvias excesivas en junio.
No obstante, las condiciones mejoraron en julio, lo que permitió un desarrollo adecuado del grano.
Ahora, las expectativas son altas para la cosecha de la temporada principal, aunque las lluvias asociadas al fenómeno de La Niña podrían representar un nuevo reto en los meses finales del año.
Desafíos
Se espera que las necesidades de importación de cereales, principalmente trigo y arroz, aumenten en la campaña 2024/25, alcanzando 1.35 millones de toneladas.
El crecimiento poblacional y la alta demanda de maíz amarillo para la industria de piensos son factores clave que impulsan estas importaciones.
Los precios del maíz blanco, aunque disminuyeron en septiembre en un 15 % en comparación con el año anterior, aún reflejan las tensiones del mercado.
La llegada tardía de la cosecha principal generó aumentos de precio en agosto. Los precios del arroz se mantienen estables, mientras que los frijoles rojos mostraron una leve caída en agosto debido a la mejor disponibilidad tras el inicio de la cosecha.
Persiste inseguridad alimentaria
Aunque el suministro de alimentos mejoró en comparación con 2023, la inseguridad alimentaria sigue siendo una preocupación para millones de hondureños.
La falta de ingresos suficientes y la alta tasa de desempleo agravan esta situación, dejando a muchas familias en condiciones críticas, por el elevado costo de los alimentos durante la temporada de carestía.
La FAO destaca que, a pesar de los avances en la producción agrícola, la inseguridad alimentaria aguda sigue afectando a una parte significativa de la población, una situación que debe ser atendida con urgencia para evitar que empeore en los próximos años.

