Poco antes de las 9 a. m. del martes, un ingeniero llamado Matthew Gallelli se agachó en la cubierta de un portaviones retirado del servicio en la bahía de San Francisco, se puso un par de protectores auditivos y accionó un interruptor.
Unos segundos más tarde, un aparato parecido a una máquina para hacer nieve empezó a retumbar y luego produjo un silbido ensordecedor. Una niebla fina de diminutas partículas de aerosol salió disparada del dispositivo y viajó cientos de metros por el aire.
Fue la primera prueba al aire libre en Estados Unidos de una tecnología diseñada para iluminar las nubes y hacer rebotar algunos de los rayos solares hacia el espacio, un mecanismo para enfriar de manera temporal un planeta que ahora se está sobrecalentando de manera peligrosa. Los científicos querían comprobar si la máquina que tardó años en crearse podía rociar de forma constante aerosoles de sal del tamaño adecuado al aire libre, fuera de un ambiente de laboratorio.
Si funciona, la próxima etapa sería intentar cambiar la composición de las nubes sobre los océanos de la Tierra.
Como el ser humano sigue quemando combustibles fósiles y bombeando cantidades cada vez mayores de dióxido de carbono a la atmósfera, se está alejando del objetivo de mantener el calentamiento global en un nivel relativamente seguro. Esto ha hecho que la idea de intervenir deliberadamente en los sistemas climáticos sea una posibilidad más real.

