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Propuesta en EE. UU. para gravar remesas pondría en jaque economía hondureña

Jue 15 de May de 2025
in Economía, Honduras
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Contexto de la propuesta de ley

En los últimos años, las remesas se han convertido en un pilar crucial para la economía de Honduras, representando un porcentaje significativo del Producto Interno Bruto (PIB) del país. La nueva propuesta de ley presentada por el partido republicano en el Congreso de Estados Unidos busca introducir un impuesto del 5% sobre las remesas enviadas a Honduras, un movimiento que ha generado preocupación entre economistas y ciudadanos hondureños por sus potenciales repercusiones económicas. Esta legislación se sitúa en el marco de un panorama político polarizado en EE. UU., donde la retórica en torno a la inmigración y el apoyo a países de Centroamérica ha tenido un papel central en los debates legislativos.

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Históricamente, las remesas han ayudado a aliviar la pobreza y a mejorar la calidad de vida de muchas familias hondureñas. De acuerdo con datos del Banco Mundial, Honduras es uno de los países más dependientes de las remesas en la región, y estas transferencias financieras se utilizan para cubrir necesidades básicas, educación y salud. Sin embargo, la implementación de un impuesto sobre este flujo de dinero podría reducir las cantidades que los emigrantes envían a sus familias, exacerbando las condiciones económicas ya frágiles que enfrentan muchos hondureños.

Las motivaciones detrás de esta propuesta pueden ser variadas; algunos expertos sugieren que podría estar ligada a la intención de generar ingresos fiscales para programas de desarrollo en EE. UU. destinados a Centroamérica. Sin embargo, otros critican que esta medida podría considerarse un castigo a quienes ya han contribuido a la economía mediante la migración laboral. En este contexto, es fundamental analizar cómo esta propuesta de ley podría influir en el bienestar económico de Honduras y las posibles repercusiones que tendría en su capacidad para hacer frente a los retos sociales y económicos actuales.

Impacto en la economía hondureña

La propuesta de gravar las remesas en Estados Unidos presenta preocupaciones significativas para la economía de Honduras. Las remesas representan aproximadamente el 25% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, constituyendo una fuente crucial de ingresos para muchas familias hondureñas. Este flujo de divisas no solo permite el sustento diario, sino que también financia la educación, la salud y otros servicios necesarios para el bienestar de la población. La implementación de un impuesto del 25% sobre estas remesas podría dar lugar a repercusiones devastadoras en la economía local.

Expertos económicos, como Mario Sosa, han calificado esta medida como «dañina e injusta». Según Sosa, tal impuesto no solo disminuiría el ingreso disponible de las familias beneficiarias de las remesas, sino que también podría desincentivar a los emigrantes hondureños a enviar dinero a sus hogares. Esto generaría una reducción directa en el capital que entra al país, comprometiendo el consumo y el crecimiento económico. Estimaciones recientes sugieren que Honduras podría enfrentar una pérdida de al menos 500 millones de dólares anuales si este impuesto se implementara, lo que agravararía una situación económica ya fragilizada por factores internos y externos.

Los efectos directos de esta disminución en el flujo de divisas serían notables, reflejándose en una reducción en la capacidad de gasto de los ciudadanos. De manera indirecta, también podría conducir a un aumento de la pobreza y a un estancamiento en los niveles de inversión. Las pequeñas y medianas empresas, que dependen fundamentalmente de la liquidez que generan las remesas, se verían particularmente afectadas, privándolas de la capacidad necesaria para crecer y, por ende, contribuir al desarrollo económico sostenible del país. La situación presenta una realidad alarmante que requiere atención y análisis profundo en el marco de la política económica internacional.

Reacciones ante la propuesta

La reciente propuesta en Estados Unidos para gravar las remesas ha generado diversas reacciones entre migrantes hondureños, expertos y autoridades. Juan Flores, líder de la organización 15 de septiembre, ha expresado su profundo descontento con esta iniciativa, subrayando que muchos hondureños dependen de las remesas para subsistir. Según Flores, este impuesto podría desestimular el envío de dinero, perjudicando irreversiblemente a las familias que dependen de estos fondos para cubrir necesidades básicas como la alimentación, la educación y la atención médica.

Por otro lado, los organismos internacionales también han reaccionado ante la propuesta. Algunos expertos en economía han señalado que gravar las remesas podría tener un impacto directo en la economía hondureña, dado que estas transferencias representan una parte significativa del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Se argumenta que una disminución en los flujos de remesas podría agravar la ya difícil situación económica y social que enfrenta Honduras, intensificando los desafíos relacionados con la pobreza y la falta de oportunidades laborales para los ciudadanos.

Asimismo, autoridades hondureñas han hecho un llamado al gobierno de Estados Unidos para que reconsideren esta propuesta a través de los canales diplomáticos. Puntualizan que este impuesto no solo perjudicaría a las familias hondureñas, sino que también podría afectar la relación bilateral entre ambos países, ya que muchas de estas remesas representan un acto de solidaridad y apoyo entre familias que han sido separadas por la migración.

Los migrantes, por su parte, han manifestado que la imposición de un impuesto a las remesas significaría más que una carga financiera; sería un golpe directo a la esperanza de muchas familias que ven en esos fondos el único recurso para mejorar su calidad de vida. En este contexto, se prevé que las voces de los migrantes se intensifiquen en la lucha contra esta propuesta.

Perspectivas y posibles soluciones

La propuesta en EE. UU. para gravar las remesas ha suscitado una preocupación palpable en la economía hondureña, dado que este flujo monetario es vital para muchas familias en el país. Ante esta situación, es crucial que el gobierno hondureño explore estrategias efectivas para mitigar el impacto de esta legislación. Una de las posibles actuaciones podría consistir en establecer convenios bilaterales con el gobierno estadounidense para buscar excepciones a la propuesta o, al menos, reducir su impacto. Esto requeriría un enfoque diplomático robusto para fortalecer las relaciones bilaterales.

Además, fomentar programas de educación financiera podría ser un elemento clave para empoderar a las familias receptoras de remesas. Al enseñar a los beneficiarios a manejar sus finanzas de manera más eficiente, se facilitaría una mejor adaptación a posibles cambios económicos. Esto incluye promover el ahorro y la inversión en proyectos locales que puedan suplir la dependencia de remesas, promoviendo así una economía interna más resiliente.

Por otro lado, es esencial que las organizaciones de la sociedad civil trabajen en la defensa de los derechos de los migrantes. Estas entidades pueden jugar un papel fundamental al concienciar sobre las dificultades que enfrentan los hondureños en el extranjero y amplificar sus voces en foros internacionales. Al hacerlo, se generaría un sentido de comunidad y apoyo que podría ser determinante para resistir las adversidades que surjan a causa de la nueva normativa.

Finalmente, es imperativo fomentar la unidad y solidaridad entre los hondureños tanto en el país como en el extranjero. Al fortalecer estos lazos, se podría crear un frente común que abogue por cambios positivos y garantice que los derechos de todos los migrantes sean respetados, independientemente de la situación que se presente. Un esfuerzo conjunto será clave para la resistencia económica y garantizar un futuro más estable. La colaboración entre familias, migrantes, gobierno y sociedad civil es esencial para navegar este desafío y buscar soluciones efectivas.

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