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30 años de la invasión a Panamá: la extraordinaria historia de dos enemigos a muerte que luego forjaron una larga amistad

CORPUS CHRISTI, Texas.– Eran oficiales, uno, general del ejército estadounidense, y el otro, capitán de infantería de marina de Panamá, en bandos opuestos de una guerra desigual.

Es la historia, desconocida en gran medida, de la invasión a Panamá que se desarrolló hace casi 30 años, en las últimas horas del 19 de diciembre de 1989.

Según la versión oficial de la ‘Operación Causa Justa’, tal como la bautizó el Pentágono, más de 26,000 soldados estadounidenses, con el apoyo de helicópteros, aviones de combate, tanques e incluso cazas furtivos, atacaron con un poderío abrumador poco antes de la medianoche.

En cuestión de horas, la dictadura militar del general Manuel Noriega fue derrocada y se estableció un gobierno democrático.

Aproximadamente 400 panameños y 23 soldados estadounidenses murieron en la invasión. Pero muchas más familias panameñas estarían de luto actualmente si no fuera por la valentía y el ingenio del teniente general Marc Cisneros y del capitán Amadis Jiménez.

Cisneros, quien ahora tiene 80 años, tuvo una distinguida carrera militar de 35 años y era el oficial militar hispano de más alto rango cuando se retiró en 1996.

Luchó en la ‘Ofensiva del Tet’ en Vietnam a finales de la década de 1960. Pero es su papel en la invasión a Panamá en 1989 — y lo que hizo con Jiménez — por lo que quizás será más recordado.

Jiménez, veinte años menor que él, acaba de cumplir 61 y todavía vive en Panamá. Casi 30 años después los dos siguen siendo grandes amigos. Le contaron su historia a Univision cuando se reunieron recientemente en Texas, donde Cisneros vive ahora.

La Captura
Amadis Jiménez apenas tuvo tiempo de celebrar su ascenso a capitán cuando se desató el infierno. “Comenzaron a bombardearme”, recordó. Eran las 11:20 pm y él no se lo imaginaba, pero había comenzado la invasión a Panamá.

Su unidad de infantería naval fue una de las pocas que opuso una seria resistencia, según informes oficiales del Pentágono.

A diferencia de la mayoría de sus compañeros soldados de las Fuerzas de Defensa de Panamá, Jiménez estaba casado con la hija de un influyente empresario, Jackie Vallarino. Su boda, cuatro años antes, incluso atrajo la atención de su jefe, el general Manuel Noriega, el temperamental caudillo panameño, un exinformante de la CIA que se había vuelto contra Estados Unidos y fue acusado de narcotráfico.

“La familia Vallarino representaba cómo escalar una posición social, y por medio de un oficial, [Noriega] me mandaba a decir que él pagaba la fiesta”, dijo Jiménez. Noriega sugirió que la pareja celebrara el evento en el elegante Club Unión de Panamá. “Dijo que hiciéramos una fiesta en el Club Unión de Panamá y que invitara a todos los oficiales que yo quisiera de las Fuerzas de Defensa”, añadió Jiménez.

La pareja rechazó la idea y optó por una pequeña celebración familiar. De todas maneras, como Noriega tenía el control en el país envió a la fiesta, sin que se hubiesen invitado, a varios oficiales para que participaran en la celebración.

Jiménez temía que nunca lo ascenderían a capitán porque la familia de su esposa era considerada parte de la élite económica que se oponía a la dictadura de Noriega. Pero gracias a las recomendaciones de otros oficiales de alto rango, el ascenso se lo confirieron finalmente el 13 de diciembre y seis días después obtuvo el grado en la base naval de Coco Solo, ubicada estratégicamente a la entrada del Canal de Panamá en la costa atlántica del país.

En ese momento, Estados Unidos todavía tenía una importante presencia militar en las bases a lo largo de las orillas del canal, diseñadas para proteger una de las vías fluviales comerciales más importantes del mundo, que se extiende 40 millas y conectan los océanos Atlántico y Pacífico. (Las bases se le devolvieron a Panamá en 1999 como parte de un tratado).

Cuando Jiménez y su unidad de 40 hombres fueron atacados, el poder de fuego era abrumador. “El poder de fuego era exorbitante, lo único que teníamos nosotros eran fusiles, nada más fusiles, ni siquiera teníamos granadas de mano, ni siquiera teníamos lanzacohetes, nada”, dijo.

Su cuartel fue atacado por aire y tierra con helicópteros de combate, ametralladoras pesadas y un tanque. Una foto de la base muestra sus paredes marcadas con agujeros de balas y explosiones de proyectiles.

“Entonces no nos tocó otra opción que quedarnos ahí y defendernos como pudiéramos”, dijo.

Algunos de los hombres de Jiménez, la mayoría de los cuales apenas conocía, intentaron escapar. Otros cayeron heridos. Su voz se quiebra al describir cómo una granada golpeó a uno de sus hombres en la cabeza. “El sargento se me murió en mis brazos”, dijo, con lágrimas en los ojos. “Ni siquiera sabía su nombre, pues yo acababa de tomar el mando”, añadió.

Jiménez recordó que el techo se incendió y las tropas estadounidenses entraron al edificio. En una situación tan grave, tuvo que tomar una decisión rápida.

Uno de los soldados estadounidenses gritó en español: “Alto al fuego, alto al fuego”. Jiménez le gritó: “Vamos a rendirnos, vamos a tranquilizar todo”. Cuando le pidió identificarse, Jiménez explicó que era el capitán jefe de la unidad.

Uno de sus hombres le rogó que no se rindiera. “Nos van a matar a todos”, le dijo el soldado.

Pero Jiménez dijo que no tenían otra opción que confiar en los soldados estadounidenses. Él fue el primero en rendirse y les dijo a sus hombres que dejaran las armas.

Lo separaron de sus tropas y lo llevaron a una base militar estadounidense como prisionero de guerra.

Para su sorpresa, al día siguiente recibió la visita del comandante del ejército estadounidense en Panamá, general Marc Cisneros. Un encuentro que, sin saberlo, sellaría su suerte y la de miles de panameños.

Cisneros no estaba del todo convencido de que la estrategia militar estadounidense fuera la correcta. En las semanas previas a la invasión, el plan había sido reforzado con la adición de más poder de fuego. Cisneros sintió que la estrategia involucraba el uso excesivo de la fuerza y conduciría a un derramamiento de sangre innecesario.

“Creo que podríamos haberlo hecho con menos tropas y menos destrucción. Hicimos que pareciera que estábamos luchando contra Goliat “, dijo. “Nos hipnotizaba el poder de fuego. Teníamos todos esos nuevos artefactos, misiles guiados por láser y cazas furtivos, y estábamos locos por usar esas cosas”, dijo.

Además, a pesar de ser el jefe del Ejército Sur de Estados Unidos (USARSO) en Panamá, fue soslayado por los generales que comandaban las fuerzas de ataque que llegaron desde Estados Unidos. La fuerza invasora se puso bajo el mando del general Maxwell Thurman, un militar adusto e inflexible con poca o ninguna experiencia en combate, conocido universalmente como ‘Mad Max’.

A las unidades estacionadas en Panamá al mando de Cisneros se les dejó la tarea de brindar un papel de apoyo.

Pero Cisneros no iba a aceptar nada de eso. Como lo abandonaron a su suerte, se propuso limitar los daños. “A Cisneros lo soslayaron, pero eso le permitió salir del Centro de Operaciones. No tenía ningún papel que desempeñar allí, así que se fue al campo de batalla”, dijo Lawrence Yates, un historiador militar y autor del relato más fidedigno de la invasión encargado por el Centro de Historia Militar del Ejército de Estados Unidos.

Yates se encontraba en el Centro de Operaciones del Ejército de Estados Unidos en Panamá durante la invasión y recuerda que los disparos de morteros caían cerca del cuartel general en las primeras horas del ataque.

“Durante la invasión él no tenía trabajo, pero se puso a viajar por todo el país. Es increíble lo que hizo”, dijo Yates. “Tenemos una deuda muy grande con el general Cisneros. Fue el héroe de Panamá, pero Thurman nunca lo iba a permitir. El problema era que a Thurman le molestaba y tenía un rango superior”, añadió.

Según Yates y otros, Thurman conocía muy poco sobre Panamá y sólo había estado en el país unas pocas semanas. Tampoco confiaba en el texano de habla hispana. “Eran dos mentalidades diferentes. Thurman pensó que era una guerra convencional. No lo entendió. Realmente no le gustaba que Cisneros fuera el tipo que sí sabía lo que estaba pasando”, dijo Yates. “Cisneros hablaba sobre la toma de conciencia cultural con sus oficiales mientras Thurman se paseaba en su uniforme militar tratando de impresionar a todos”, añadió.

El compañero perfecto
Cisneros encontró el compañero perfecto en Jiménez. Cuando se enteró de que las fuerzas estadounidenses habían capturado a un oficial panameño, su curiosidad se despertó al saber que el prisionero estaba casado con una de las hijas de una familia influyente vinculada a la oposición política.

Entonces, se subió a un helicóptero y voló desde su cuartel general en Fort Clayton, en el lado Pacífico del canal.

“Hablé con él personalmente, le pregunté que quería que me ayudara a finalizar el combate, porque, a fin de cuentas, no iba a perder Estados Unidos”, dijo Cisneros. “Es imposible que un país tan grande y enorme como Estados Unidos, perdiera un combate con un pueblo tan pequeño como Panamá”, añadió.

Jiménez recuerda vívidamente su conversación. “El general me dice: ‘Amadis, yo necesito que me ayudes, yo necesito parar el bombardeo, yo creo que esto ya está definido y hay que evitar el derramamiento de sangre”, dijo.

La base de Jiménez en Coco Solo estaba muy cerca de la segunda ciudad más grande de Panamá, Colón, un importante puerto y zona franca, pero con una población mayormente negra y pobre que Cisneros sabía que estaría feliz de deshacerse de Noriega. Cisneros le dijo a Jiménez; “Si en Colón los oficiales [panameños] se rinden, y comienzan a entregar las armas, yo puedo convencer a los comandantes militares estadounidenses de que no bombardeen Colón'”.

Cisneros dice que Jiménez comprendió rápidamente su razonamiento y la oportunidad que se le presentaba.

“Como era soldado, fue uno de los muy pocos oficiales que combatió y que no huyó de la tropa, y yo admiré mucho, yo admiro mucho los oficiales que se quedan con sus tropas”, dijo Cisneros.

Jiménez pidió su guía telefónica donde tenía los números de los comandantes de Noriega en las bases panameñas de todo el país para poder convencerlos de que se rindieran. “El general mandó a un grupo comando a buscarla en mi unidad”, dijo Jiménez.

Cisneros llevó a Jiménez de regreso al cuartel general del ejército estadounidense con él y comenzaron su propia pequeña guerra.

“Amadis me acompañaba a todas partes. Era indispensable”, dijo Cisneros.

Cisneros dijo que apenas discutía asuntos con Thurman, y que ciertamente nunca le pidió permiso. “Yo iba a donde quería. Me preocupaba la siguiente fase. Yo estaba solo. No le preguntaba a nadie. No sentía la necesidad. Seguía siendo el comandante del Ejército Sur de Estados Unidos y de las tropas en el país”, dijo.

Los pocos que lo sabían en ese momento se refirieron a esto como la ofensiva ‘Ma Bell’, una referencia a la antigua Bell Telephone Company que tenía el monopolio de los servicios telefónicos en Estados Unidos antes de su disolución en la década de 1980.

“Soy el general Cisneros”
El presentimiento de Cisneros había sido correcto. A los comandantes de Noriega no les interesaba pelear y la llamada los tomó por sorpresa. “Quedaban asombrados de que estuviera hablando por teléfono, porque Amadis comenzaba la conversación con ellos. Entonces les decía: ‘Soy el general Cisneros'”, recordó el general.

Todos sabían quién era Cisneros. Era prácticamente un nombre familiar en Panamá en ese momento debido a su capacidad para hacer entrevistas de radio en español en las que frecuentemente criticaba a Noriega. Hijo de un mecánico criado en la frontera de Texas con México, podría ser el típico texano. Alto, musculoso y toscamente apuesto, tenía un aspecto que no dejaba entrever sus 50 años de edad.

Los oficiales militares panameños tenían dos grandes preocupaciones si se rendían, una física y la otra legal.

“Lo primero que les preocupaba era que los golpearan”, dijo Cisneros. Durante los dos intentos fallidos de golpe de estado contra Noriega, los oficiales sospechosos de deslealtad habían sido torturados y golpeados o ejecutados.

“Les dije que no golpeamos a la gente en el ejército estadounidense, que no éramos como ellos”, les aseguró Cisneros.

La segunda preocupación era que serían extraditados. Cisneros explicó que las únicas personas que enfrentarían cargos legales en Estados Unidos eran el general Noriega y uno de sus principales oficiales, el coronel Luis del Cid.

Poco a poco, Jiménez y Cisneros convencieron a los comandantes panameños de que se rindieran.

“Amadis consiguió que el 75% de las fuerzas panameñas se rindieran ante mí personalmente, principalmente gracias a él”, dijo Cisneros.

“La gente dice que Marc ganó la guerra con un teléfono”, dijo su exjefe en Panamá, el general Fred Woerner. “Él vio una forma de cumplir la misión y, al mismo tiempo, minimizar la pérdida de vidas y la destrucción. Él fue la cohesión en ‘Causa Justa'”.

Pero los superiores de Cisneros se mantenían escépticos. “No podían creerlo. Sentían que era una especie de truco diabólico”, dijo Cisneros.

Lo más difícil fue convencer al hombre de confianza de Noriega, el coronel Luis del Cid, quien comandaba las fuerzas de defensa en la provincia de Chiriquí, una región montañosa cerca de Costa Rica. Al enfrentar cargos por narcotráfico junto con Noriega en Miami, del Cid tenía más que perder que los demás.

Cisneros pensó que, si Del Cid se rendía, le enviaría un poderoso mensaje a Noriega, quien aún se encontraba fugitivo, de que ya todo había acabado. “Le dije que si no cumplía no había escapatoria. Creo que fue en ese momento que decidió rendirse”, dijo.

Pero Thurman no confiaba en del Cid. Cuando Cisneros se enteró de que Thurman planeaba bombardearlo hasta que se rindiera, temió que se perdieran vidas inútilmente. Entonces, envió a Jiménez en un helicóptero para hablar con del Cid.

Una vez más, Cisneros interpretó bien la situación. Del Cid cedió. Noriega huyó a la embajada del Vaticano al día siguiente.

Negociación
Una vez que terminaron los principales combates, el foco de la operación estadounidense se centró en capturar a Noriega. Durante varios días evadió a un equipo de las Fuerzas Especiales estadounidenses cuya tarea era capturarlo y ponerlo en manos de la DEA.

Unos días después de la invasión, uno de los guardaespaldas de Noriega se entregó, tras lo cual brindó información valiosa de inteligencia sobre su paradero.

Cisneros le preguntó a Jiménez si acompañaría a una unidad de inteligencia militar a un lugar que el guardaespaldas había señalado. Jiménez aceptó, aunque señaló que en su condición de prisionero de guerra no tenía un arma para protegerse. “Sí, pero yo no quiero ir sin arma. Yo voy con un arma”, le dijo a Cisneros.

Cisneros no lo dudó. “Entonces saqué la pistola mía, de general y se la di. Y todo el staff mío de los gringos que estaban ahí… se les cayó la baba por la confianza que le tuve”, recordó Cisneros.

Las Fuerzas Especiales llegaron al lugar unos minutos tarde y localizaron a Noriega apenas unas horas después. Pero ese momento consolidó la relación especial entre el general y su prisionero.

Unas horas más tarde, Noriega buscó refugio en la embajada del Vaticano en Panamá en vísperas de Navidad, lo cual generó un dramático enfrentamiento de 10 días durante las vacaciones.

Al principio, Thurman rodeó la embajada con tanques e intentó derrotar psicológicamente a Noriega poniendo música rock a todo volumen desde unos altavoces montados en vehículos blindados mientras la multitud impaciente observaba. A Noriega le pusieron canciones como “You’re no good” (No eres bueno) de Linda Ronstadt y “I Fought the Law and the Law Won” (Me enfrenté a la justicia y la justicia ganó) de The Clash.

Después de que el Vaticano se quejó, el Pentágono le ordenó a Thurman que apagara la música.

Una vez más, resultarían útiles la comprensión de Cisneros de Panamá y su conocimiento del idioma español.

El embajador del Vaticano, o nuncio papal, monseñor José Sebastián Laboa, era un vasco español que Cisneros había conocido bien durante su estancia en Panamá. Thurman desconfiaba del Vaticano que les había dado asilo a algunos terroristas vascos. Pero Cisneros y Laboa compartían un respeto mutuo.

El presidente Bush emitió una orden nombrando a Cisneros negociador estadounidense. Entonces, Cisneros se mudó a una escuela frente a la nunciatura donde dormía en un catre.

Laboa llamó a Cisneros para reunirse con él cerca de la embajada y pedirle un favor. “¿Si tú entraras con tu tropa y lo sacaras?”, le pidió a Cisneros. El general respondió que sólo podía hacerlo si recibía la orden de sus superiores, pues las embajadas gozan de protección diplomática.

Al día siguiente, Laboa le dio a Cisneros un mensaje verbal diciendo que las tropas estadounidenses podrían asaltar el complejo si se producía una situación de toma de rehenes. “Me dijo: ‘Si yo soy rehén, entonces tienes permiso para entrar a salvarme'”, recordó Cisneros. “Pero no podía haber ninguna duda que él era rehén”, añadió. El Pentágono le solicitó a Laboa que lo pusiera por escrito. Aceptó.

Mientras tanto, la multitud fuera de la embajada cantaba consignas contra Noriega y crecía y se impacientaba cada vez más. Cisneros, camino a una de las bases militares, se había encontrado un grupo de enardecidos panameños que le pedían que retirara sus tropas de la nunciatura porque querían sacar a Noriega ellos mismos.

Eso le dio una idea a Cisneros. Le entregó a Laboa un mensaje para Noriega. Si los panameños fuera de la embajada se amotinaran e intentaran entrar a la embajada, los soldados estadounidenses no abrirían fuego contra ellos para defender a Noriega.

“¿Sabes lo que te va a pasar a ti? Lo mismo que le pasó a [Benito] Mussolini”, fue el mensaje que se le dio a Noriega, dijo Cisneros, refiriéndose al dictador fascista italiano cuya vida acabó de forma brutal en 1945. “¿Te acuerdas que a Mussolini lo colgaron, la gente de él, en Italia? Lo pescaron a él, lo colgaron a él con su amante. Te va a pasar a ti lo mismo. Eso fue lo que [Laboa] le dijo a Noriega”, añadió.

Después de que se le permitió una llamada telefónica a su propia amante, Noriega capituló y aceptó rendirse.

Pero antes de hacerlo, algo le preocupaba. Al dictador le preocupaba que le dieran la pena de muerte en Estados Unidos si lo declaraban culpable. El Departamento de Estado le informó a Cisneros que el crimen del que se acusaba a Noriega no conllevaba la pena de muerte.

Noriega también pidió que se le permitiera rendirse con su uniforme militar, que tuvieron que enviarle.

“Le dije al nuncio; ‘Mira, aquí está el uniforme, no me importa si sale en calzoncillos rojos, aquí está el uniforme para que salga'”, dijo Cisneros.

El 3 de enero de 1990, el último día de Noriega en la embajada, hizo una última solicitud.

“Salió a la puerta y pidió que yo estuviera allí para rendirse él ante mí formalmente”, dijo Cisneros. Pero eso era demasiado para el texano. “Yo no quería que la prensa me recordara como un general recibiendo a otro general, porque yo no lo consideraba soldado, menos general”, agregó.

Cisneros le dio instrucciones a un sargento para que lo registrara sin esposarlo. Lo trasladaron de inmediato a un helicóptero y lo llevaron a una base estadounidense donde lo subieron a un avión rumbo a Miami bajo la custodia de la DEA.

Reconstrucción de la nación
Con Noriega en prisión en Estados Unidos y un nuevo presidente elegido por la vía democrática, Guillermo Endara, ya instalado en Panamá, las tropas estadounidenses se enfocaron en la reconstrucción y el proceso de “construcción de la nación”.

En otra demostración de la confianza depositada en Jiménez, se le dio una nueva misión como enlace militar oficial entre Endara y Cisneros.

Acompañó a Cisneros en viajes por todo el país revisando lo que había que hacer para ayudar al nuevo gobierno.

Jiménez recuerda el día cuando un gobernador panameño invitó al general Cisneros a caminar hasta la iglesia del pueblo.

“Cuando abre la puerta el cura, el general se arrodilla”, dijo Jiménez, riendo. “Y cuando el general se arrodilla, todo el mundo hace un silencio, y el general se quita el sombrero… Y el cura ha puesto una cara, muerto de miedo, y todo el mundo asombrado, y el general lo mira así y le dice, ‘Por favor, deme su bendición’. Y cuando el padre le estaba dando la bendición, la esposa del gobernador le dice, ‘Aprende, aprende'”, dijo.

Cisneros solo permaneció en Panamá seis meses después de la invasión. Debido a su difícil relación con Thurman, solicitó que lo transfirieran. Pero su amistad con Jiménez dura hasta el día de hoy.

“Sí, seguimos en contacto durante mucho tiempo, porque cada cierto tiempo nos llamábamos”, dijo Jiménez.

Jiménez ha sido invitado en la casa de Cisneros en Texas en varias ocasiones. En un viaje reciente practicaron su puntería en un campo de tiro y Jiménez pudo usar la pistola del general una vez más. También cazaron juntos y se fueron de vacaciones juntos a España.

“Nos hemos hecho muy buenos compañeros, yo lo considero casi como un hijo”, dice Cisneros, quien recientemente celebró su 56º aniversario de bodas y tiene hijos propios.

Cuando se le pregunta qué siente hacia Cisneros, el capitán panameño se emociona.

“Porque es muy difícil ver, es muy difícil ver en el ser humano, a pesar que tienes el poder, de acabar, tienes el poder de bombardear [al enemigo], tienes el poder de controlar, el sentido humano que mostró el general Cisneros, para evitar más derramamiento de sangre en Panamá. Ese es el sentimiento de agradecimiento que tengo hacia él”, dijo.

Cuando se le preguntó si sentía que la invasión había valido la pena, Cisneros dijo que la vejez le ha enseñado a ser menos belicoso.

Aunque está orgulloso de las tropas que dirigió en Panamá, “no hay justificación en mi opinión para ninguna operación militar donde nosotros estemos entrando a otro país. No debemos hacerlo”, dijo.

“Pero si me hubieras preguntado cuando era joven, era más aguerrido, sí hubiera dicho sí, vamos a quitarlo (a Noriega). Sí, entre más viejo… más uno se da cuenta que la guerra es la estupidez más grande del mundo”, añadió.

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El Centenario de la Obra Literaria de Catarino Castro Serrano

He estado leyendo información sobre el bicentenario de la Independencia de Honduras, en ese proceso encontré la pagina web de la Comisión Nacional del Bicentenario de la Independencia de Honduras. De acuerdo con el sitio, el objetivo principal es Conmemorar los 200 años de la independencia nacional en una festividad inclusiva, en donde todos como hermanos reconstruimos la memoria histórica, revisamos las acciones colectivas efectuadas, interpretamos el presente y proyectamos el futuro de la nación hondureña.

Me llamo poderosamente la atención la ausencia del autor del libro que detalla la evolución política, militar, diplomática y cultural acaecida en ese primer siglo de vida independiente. Dicho libro ha servido como fuente de información para muchos estudiantes e intelectuales hondureños.

Catarino Castro Serrano (1832 – 10 de enero de 1939) fue un intelectual, autor, editor, educador y político hondureño de ascendencia garífuna.

El primer intelectual garífuna hondureño, en 1921 para celebrar el centenario de la independencia de Honduras, escribió su primera obra trascendental, “Honduras en la Primera Centuria: nuestra vida política, diplomática, militar y cultural de los primeros cien años (1821-1921), que sirvió como fuente de información para muchos estudiantes e intelectuales hondureños.

Este año se conmemora el centenario de la publicación de su libro y el bicentenario de la independencia de Honduras.

En 1929, se convirtió en la primera persona negra electa al Congreso Nacional de Honduras, para el período 1929 – 1933, representando al departamento de Colón.

Primeros años
Catarino Castro Serrano nació en la comunidad garífuna de Iriona Viejo, departamento de Colón, cerca de la frontera hondureña con Nicaragua, en abril de 1892. Era hijo ilegítimo de Jacinto Cacho y Martha Lalín Serrano.

A la edad de 7 años, se mudó con su familia a la ciudad portuaria de Trujillo, donde completó su educación primaria.

Educación
Castro Serrano completó su educación primaria en la ciudad puerto de Trujillo. En la década de 1910, formó parte de un grupo de jóvenes garífunas del barrio Cristales, a quienes se les otorgaron becas estatales para estudiar en Tegucigalpa, y pudo obtener un título de educación secundaria en comercio y contabilidad pública.

Después de graduarse, fue empleado como administrador del mercado de San Isidro en Comayagüela en Tegucigalpa. También trabajó como contable independiente para varias casas comerciales.

De adulto adoptó el apellido Castro, en lugar del Cacho de su padre, porque sus amigos se burlaban de él, llamándolo “Cacho de Vaca” o cuerno de vaca.

Algunos amigos de la época lo describen como un hombre elegante, de buenos modales y perseverante en sus tareas académicas. Fue un brillante conferenciante y un escritor combativo.

Inicios de su carrera
Aprendió varios idiomas, incluyendo español, francés e inglés y trabajó como profesor de idiomas en varias escuelas de Tegucigalpa.

En los albores de la década de 1920 era un destacado miembro del Partido Unionista Centroamericano. Fue presidente fundador de la Sociedad Unionista “Álvaro Contreras”, vicepresidente fundador de la Sociedad Unionista “Francisco Morazán” y director del periódico unionista “El Renacimiento”.

A mediados de la década, Castro Serrano formó parte del grupo de intelectuales que conformó el grupo Renovación, una asociación cívica de escritores y periodistas. Recibió su personería jurídica, el 2 de diciembre de 1925, de manos de Juan Manuel Gálvez, entonces Secretario de Estado en la Oficina de Gobernación, Justicia y Salud. Gálvez se convirtió en presidente de Honduras para el período de 1949-1954.

Congreso Nacional de Honduras
En las Elecciones Generales de Honduras de 1928, el Dr. Vicente Mejía Colindres, candidato del Partido Liberal, fue electo el 37º Presidente de la República de Honduras para el período 1929-1933. Sucedió al presidente Miguel Paz Barahona,

Catarino Castro Serrano se postuló como candidato del Partido Liberal para el escaño del Congreso Nacional de Honduras para representar al departamento de Colón. Superando cierta resistencia debido a su raza, fue electo al Congreso Nacional de Honduras, para el período 1929 -1933, convirtiéndose en el primer garífuna en la historia de Honduras, electo a un cargo político en una elección popular.

Desde su posición como diputado, trabajó arduamente para construir una escuela en Trujillo, una meta que se lograría cuando se fundara el Instituto Departamental Espíritu del Siglo en 1930.  Se convertiría en el primer garífuna en ocupar el cargo de director de la institución.

Según el material referenciado, su madre era la cuñada de su padre, y él estaba legalmente casado. Por lo tanto, su relación y el hijo recién nacido fueron considerados ilegítimos.  Catarino Castro Serrano presentó un proyecto de ley en el Congreso que otorga a los hijos ilegítimos los mismos derechos que a los legítimos.

Editor/Editor/Periodista
Simultáneamente a sus esfuerzos en el Congreso Nacional, Castro Serrano se distinguió en el periodismo. Durante el gobierno del Dr. Vicente Mejía Colindres, editó y publicó, la revista mensual Guía de Honduras, la publicación oficial de la Oficina de Información Económica Internacional, que circulaba desde 1905, aunque de manera irregular.

Algunos historiadores también le atribuyen la publicación del periódico “Nuevo Oriente” de la Sociedad del Espiritismo de Honduras, de la cual fue miembro activo.

También se interesó por el espiritismo y la teosofía, considerándolos en línea con la concepción garífuna del mundo, aunque fue atacado vigorosamente por la Iglesia Católica.

Catarino Castro Serrano falleció en Tegucigalpa a la edad de 41 años, el 10 de enero de 1939, víctima de un infarto.

Mientras tanto, los invito a estar atentos a futuras actualizaciones sobre mi progreso y el anuncio de lanzamiento del libro.

Honores
El Jardín de Niños Catarino Castro Serrano  en Cusuna, Iriona, Colón, lleva su nombre.

Referencias
Catarino Castro Serrano: Primer intelectual Garifuna Hondureño,  Apuntes Biográficos, Salvador Suazo, Ventura Arzú Isidro Sabio González, y Jose González, Instituto Hondureño de antropología e Historia, Yankin Vol XXIV, No. 1 / 2008

Datos biográficos en: En Caribe consultado el 4 de septiembre del 2012.

Duque Castillo, Elvia. “Aportes del pueblo afrodescendiente: la historia oculta de América Latina, April 3, 2013

José Francisco Ávila

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Actualización del libro: Diversidad racial y étnica de los Estados Unidos según el censo de 2020

¿Leyó que la Oficina del Censo de los Estados Unidos publicó ayer resultados adicionales del Censo de 2020 que muestran la diversidad de la nación en la forma en que las personas identifican su raza y etnia?

Los resultados revelan que la población estadounidense es mucho más multirracial y más diversa que lo que midieron en el pasado.

La razón de mi entusiasmo por los resultados es que cuando comencé mi investigación, leí la edición del 9 de abril de 1990 de la revista Time, que predijo que “En el siglo 21, los grupos raciales y étnicos en los Estados Unidos superarán en número a los blancos por primera vez. El oscurecimiento de Estados Unidos alterará todo en la sociedad, desde la política y la educación hasta la industria, los valores y la cultura. ”

Esa predicción me llevó a cambiar el nombre de mi boletín, de U.S.A. Honduras a U.S.A. Garifuna. En el primer número fechado el 1 de enero de 1991, escribí un editorial, donde afirme, como un garífuna orgulloso, que espero ansiosamente la llegada del siglo XXI, porque nuestra cultura ocupará el lugar que le corresponde como parte de su naturaleza divina. “Uwala Busiganu, Garinagu Wagia” No nos avergoncemos, Somos garífuna.

Doy gracias a Dios por permitirme ver la realización de esa predicción en la tercera década del siglo 21 (XXI), mientras me preparo para publicar mi libro, detallando mis logros durante ese período.

El Censo de 2020 utilizó las dos preguntas separadas requeridas (una para origen hispano o latino y otra para raza) para recopilar las razas y etnias de la población estadounidense, siguiendo los estándares establecidos por la Oficina de Administración y Presupuesto de Estados Unidos (OMB) en 1997.

En el libro, leerá sobre la estrategia que desarrollé para la Coalición Garífuna USA, Inc., para abordar las preguntas en el censo de 2010. También leerá mi sugerencia para una Campaña Para Un Conteo Exacto De Lo(a)s Afrolatino(a)s En El Censo 2020 de EE. UU.

La publicación de los datos de redistribución del Censo 2020 del día de ayer proporciona un nuevo vistazo de la composición racial y étnica del país.

Aspectos destacados de la raza y el origen étnico:

1.    La población de dos o más razas (también conocida como la población multirracial) ha cambiado considerablemente desde 2010. La población multirracial se midió en 9 millones de personas en 2010 y ahora es de 33,8 millones de personas en 2020, un aumento del 276%.

2.    Las poblaciones multirraciales “en combinación” de todos los grupos raciales representaron la mayoría de los cambios generales en cada categoría racial.

3.    El grupo alguna otra raza sola o en combinación (49,9 millones) aumentó un 129%, superando a la población negra o afroamericana (46,9 millones) como la segunda raza más grande sola o en grupo combinado.

4.    La población hispana o latina, que incluye a personas de cualquier raza, fue de 62.1 millones en 2020. La población hispana o latina creció 23%, mientras que la población que no era de origen hispano o latino creció 4.3% desde 2010.

Mientras tanto, los invito a estar atentos a futuras actualizaciones sobre mi progreso y el anuncio de lanzamiento del libro.
Seremein, ¡Gracias!  Thank You!
Atentamente,

José Francisco Ávila

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Actualización del libro: Negritud, Nacionalidad y Raza

Cuando emigré a Boston en 1969 a la edad de 15 años, eras blanco o negro, esa era la ley del país. Sin embargo, los afroamericanos, me rechazaron como “extranjero”, porque no nací en los Estados Unidos y no hablaba inglés. Ese rechazo fue un incentivo para investigar la historia de mis Antepasados. Además, tuve que lidiar con la imagen de “blanqueamiento” de cómo se supone que debe parecer una persona latina. En contraste, cincuenta y dos años más tarde, a Naomi Osaka se le revocó su “Tarjeta Negra” por elegir jugar para Japón en los Juegos Olímpicos.[1]

Unas semanas después de que comencé un nuevo trabajo en Dallas, Texas en 1982, mientras me servía una taza de café en la sala de descanso, una mujer blanca (o es una Karen 😊) me preguntó: “¿Perdóname qué eres exactamente? ¿Te ves negro, pero hablas español? Soy un hombre negro nacido en un país de habla castellana  y soy garífuna, le contesté. Ella respondió ¿qué demonios es eso? Sonreí y me alejé. Por si fuera poco, en 1993, en la misma ciudad, asistí a un seminario de Negocios minoritarios y conocí a una mujer afroamericana, después de presentarme como José Francisco Ávila, me preguntó: “¿Eres hispano?  ¡Seguro que me pareces negro!”. Sonreí y continué mi introducción.

Esas experiencias vividas, junto con el descubrimiento de que mi abuela materna nació en Coxen Hall, Roatán Honduras de ascendencia del gran caimán, me llevó a expandir mi investigación más allá de mi ascendencia garífuna, y me introdujo a la comunidad panafricana como se le conocía entonces, lo que me llevó a establecer relaciones a través de las fronteras y, eventualmente, a la demografía afrolatina de los Estados Unidos.

También me llevó a publicar un boletín que titulé EB@NO (Un juego de la palabra en español para Ébano, el título de la revista afroamericana más prominente de la época). Escribí un artículo con el título “Afrolatinos”. En el artículo mencioné que tenemos más en común como personas negras que somos diferentes. Por ejemplo, en mi opinión la principal diferencia entre los negros en América Latina es la nacionalidad y en el caso de Brasil, el idioma, así como los grupos culturalmente diferenciados.

Lo mismo ocurre con los negros en el Caribe. Desafortunadamente, después de tantos años seguimos enfatizando estas diferencias en lugar de buscar los rasgos comunes que compartimos. En otras palabras, seguimos siendo víctimas de la estrategia de “Divide y Vencerás” utilizada por los colonizadores.  En mi opinión, mientras nos preparamos para entrar en el siglo 21, es hora de unirnos y darnos cuenta de que tenemos más que ganar siguiendo nuestros propios ideales en lugar de los que nos dictan los colonizadores.

Sin embargo, en la tercera década del siglo 21 (XXI), según la revista Black Enterprise, a Naomi Osaka, le revocaron la “Tarjeta Negra” después de que ella eligió jugar para Japón en los Juegos Olímpicos.[2] Osaka es biracial. Su madre es japonesa, y su padre es un haitiano negro. Nació en Japón, pero se crio en los Estados Unidos. Para algunas personas, eso significaba que su lealtad debería haber sido con los Estados Unidos.

Osaka reveló que la gente le revocaron la “Tarjeta Negra” pero luchó con la lógica de esta y sintió que esas personas estaban confundidas sobre cómo la negritud trasciende el país de origen. “No lo sé, siento que la gente realmente no sabe la diferencia entre nacionalidad y raza porque hay mucha gente negra en Brasil, pero son brasileñas”, dijo. También señaló que afroamericano no es la única presentación de la negritud.

Obviamente, la confusión acerca de que la negritud trasciende el país de origen, y la diferencia entre nacionalidad y raza no es nueva.

Mis experiencias vividas arriba mencionadas, son ejemplos de la imagen de “blanqueamiento”  de cómo se supone que debe verse una persona latina(a), enfrentando prejuicios y discriminación, incluso de latinos/hispanos. Esa imagen estuvo en exhibición pública el 13 de junio de 2021, cuando el informe de The Root Newsletter “Hablemos de “In the Heights” y el eliminación de la gente afro-latina de piel oscura” y la entrevista en video se hicieron virales en Twitter y Lin Manuel Miranda, el director de la película, se disculpó.[3]

Todas estas percepciones y construcciones sociales son el resultado de la larga historia colonial del continente americano, cuando se produjo la mezcla racial y étnica entre los indígenas americanos, los africanos negros, los asiáticos y los europeos blancos. Los españoles desarrollaron un sistema de castas en el que ellos y sus descendientes representaban el estatus social más alto. Los pueblos mixtos tenían una posición de inferioridad en la escala social.

Los Estados Unidos, por otro lado, implementaron la regla de una sola gota, un principio social y legal de clasificación racial, que afirmaba que cualquier persona con un solo antepasado de ascendencia negra (“una gota” de “sangre negra”) se considera negra (negra o de color en términos históricos).  Esta regla significaba que muchas personas mestizas, de ascendencia diversa, simplemente eran vistas como afroamericanas, y sus antepasados más diversos olvidados y borrados, lo que dificultaba rastrear con precisión la ascendencia en la actualidad.[4]

A pesar de la existencia de diferentes ideologías raciales y nacionales en todo el continente americano, los legados del imperio europeo y estadounidense, el colonialismo y la dominación cultural han naturalizado la blancura y el “blanqueamiento” como el codiciado ideal.[5]

Ese rechazo por parte de los afroamericanos fue un incentivo para investigar la historia de mis antepasados. Como resultado, mis antepasados más diversos no fueron olvidados y borrados, sino que me llevó a abrazar mi identidad con dignidad, y a autoidentificarme como garífuna, ¡sin calificativos requeridos!

Por favor, responda a este mensaje con sus comentarios y manténgase atento a futuras actualizaciones y el anuncio de lanzamiento del libro.

Seremein, Gracias, Thank you


[1] “Your Black Card is Revoked”: Naomi Osaka Faces Harsh Criticism Playing for Japan in Olympics, Black Enterprise, Monique Kristen, July 19, 2021
[2] IBID
[3] León, Felice, Let’s Talk About In the Heights and the Erasure of Dark-Skinned Afro-Latinx Folks, www.theroot.com, June 9, 2021.

[5] Davila, Arlene, https://raceandethnicity.org/exhibits/show/racist-stereotypes-in-spanish

José Francisco Ávila
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Espero que se encuentre saludable y seguro(a). El propósito de este mensaje es informarle de mi decisión de escribir mi autobiografía, que planeo publicar antes de fin de año.

Este mensaje forma parte de la plataforma informativa que estoy construyendo para actualizarle sobre mi progreso y el anuncio de lanzamiento del libro. Mientras tanto, me gustaría compartir brevemente mi travesía de contador, activista por la justicia social, a autor. Usted podrá leer los detalles en el libro.

Nací en el pueblo garífuna de Cristales, y crecí en la ciudad de La Ceiba, Honduras. Emigré a Boston, Massachusetts con mis padres a la edad de quince años. Me mudé a Dallas, Texas, en 1981 y a la ciudad de Nueva York, donde resido actualmente, en 1998.

Desarrollé un interés de por vida con los libros y la lectura, comenzando en la escuela primaria.  Asistí a la Universidad de Bentley, donde recibí una licenciatura en contabilidad. El plan de estudios ofreció un equilibrio de los cursos principales de Comercio requeridos con cursos de Artes Liberales (Humanidades). El objetivo era que los estudiantes aprendieran a pensar de manera diferente y cambiar el mundo para mejor. Fue uno de mis profesores de Artes Liberales quien reconoció mi estilo de escritura único y sugirió la especialización en Periodismo. Me gané la vida como contador y fui escritor independiente con varias publicaciones étnicas.

Desde mi infancia, luché por reconciliar las percepciones sociales de mi herencia multirracial y étnica. Eso me llevó a investigar mi genealogía y a abrazar mi identidad con dignidad, al autoidentificarme como garífuna, ¡no se requieren calificativos!

Cuando comencé mi investigación, no había historias garífunas o afrolatinas en absoluto. Las que existían, eran documentos antropológicos o etnográficos, escritos por un marinero, soldado, antropólogo, sacerdote, misionero, candidato a doctorado, o un colono (colonizador) europeo. Éramos invisibles a la vista. ¡Quería cambiar eso!

Por lo tanto, a finales de los años 80, comencé en lo que se convirtió en mi misión de toda la vida, informar, empoderar y abogar por el pueblo garífuna. Decidí proporcionar una plataforma para celebrar los logros, y contribuciones de los garífunas.

Tenía pocos modelos a seguir. En busca de orientación, busqué a escritores afroamericanos, como James Baldwin, Richard Wright, Claude Brown y el escritor puertorriqueño-cubano Piri Thomas. Encontré fuerza en la forma en que escribieron sobre ser invisibles, escribieron historias que nunca se habían escrito antes. Así que pensé para mí mismo, yo también puedo hacer eso, luego leí un proverbio africano que dice: “Hasta que el león aprenda a escribir, toda historia glorificará al cazador”. Decidí escribir las historias que quería leer pero que aún no se han escrito. Leer el libro Sueños de mi padre: Una historia de raza y herencia del presidente Barak Obamame ayudó a estructurar mi historia.

Esas historias, y mis experiencias vividas, informando, empoderando y abogando por el pueblo garífuna y afrolatino, durante los últimos treinta y dos años, forman la esencia de la trama del libro.

Le invito a estar atento(a) a futuras actualizaciones sobre mi progreso y el anuncio de lanzamiento del libro. Mientras tanto, no dude en comunicarse con cualquier pregunta, en los siguientes contactos:

José Francisco Ávila

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