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30 años de la invasión a Panamá: la extraordinaria historia de dos enemigos a muerte que luego forjaron una larga amistad

CORPUS CHRISTI, Texas.– Eran oficiales, uno, general del ejército estadounidense, y el otro, capitán de infantería de marina de Panamá, en bandos opuestos de una guerra desigual.

Es la historia, desconocida en gran medida, de la invasión a Panamá que se desarrolló hace casi 30 años, en las últimas horas del 19 de diciembre de 1989.

Según la versión oficial de la ‘Operación Causa Justa’, tal como la bautizó el Pentágono, más de 26,000 soldados estadounidenses, con el apoyo de helicópteros, aviones de combate, tanques e incluso cazas furtivos, atacaron con un poderío abrumador poco antes de la medianoche.

En cuestión de horas, la dictadura militar del general Manuel Noriega fue derrocada y se estableció un gobierno democrático.

Aproximadamente 400 panameños y 23 soldados estadounidenses murieron en la invasión. Pero muchas más familias panameñas estarían de luto actualmente si no fuera por la valentía y el ingenio del teniente general Marc Cisneros y del capitán Amadis Jiménez.

Cisneros, quien ahora tiene 80 años, tuvo una distinguida carrera militar de 35 años y era el oficial militar hispano de más alto rango cuando se retiró en 1996.

Luchó en la ‘Ofensiva del Tet’ en Vietnam a finales de la década de 1960. Pero es su papel en la invasión a Panamá en 1989 — y lo que hizo con Jiménez — por lo que quizás será más recordado.

Jiménez, veinte años menor que él, acaba de cumplir 61 y todavía vive en Panamá. Casi 30 años después los dos siguen siendo grandes amigos. Le contaron su historia a Univision cuando se reunieron recientemente en Texas, donde Cisneros vive ahora.

La Captura
Amadis Jiménez apenas tuvo tiempo de celebrar su ascenso a capitán cuando se desató el infierno. “Comenzaron a bombardearme”, recordó. Eran las 11:20 pm y él no se lo imaginaba, pero había comenzado la invasión a Panamá.

Su unidad de infantería naval fue una de las pocas que opuso una seria resistencia, según informes oficiales del Pentágono.

A diferencia de la mayoría de sus compañeros soldados de las Fuerzas de Defensa de Panamá, Jiménez estaba casado con la hija de un influyente empresario, Jackie Vallarino. Su boda, cuatro años antes, incluso atrajo la atención de su jefe, el general Manuel Noriega, el temperamental caudillo panameño, un exinformante de la CIA que se había vuelto contra Estados Unidos y fue acusado de narcotráfico.

“La familia Vallarino representaba cómo escalar una posición social, y por medio de un oficial, [Noriega] me mandaba a decir que él pagaba la fiesta”, dijo Jiménez. Noriega sugirió que la pareja celebrara el evento en el elegante Club Unión de Panamá. “Dijo que hiciéramos una fiesta en el Club Unión de Panamá y que invitara a todos los oficiales que yo quisiera de las Fuerzas de Defensa”, añadió Jiménez.

La pareja rechazó la idea y optó por una pequeña celebración familiar. De todas maneras, como Noriega tenía el control en el país envió a la fiesta, sin que se hubiesen invitado, a varios oficiales para que participaran en la celebración.

Jiménez temía que nunca lo ascenderían a capitán porque la familia de su esposa era considerada parte de la élite económica que se oponía a la dictadura de Noriega. Pero gracias a las recomendaciones de otros oficiales de alto rango, el ascenso se lo confirieron finalmente el 13 de diciembre y seis días después obtuvo el grado en la base naval de Coco Solo, ubicada estratégicamente a la entrada del Canal de Panamá en la costa atlántica del país.

En ese momento, Estados Unidos todavía tenía una importante presencia militar en las bases a lo largo de las orillas del canal, diseñadas para proteger una de las vías fluviales comerciales más importantes del mundo, que se extiende 40 millas y conectan los océanos Atlántico y Pacífico. (Las bases se le devolvieron a Panamá en 1999 como parte de un tratado).

Cuando Jiménez y su unidad de 40 hombres fueron atacados, el poder de fuego era abrumador. “El poder de fuego era exorbitante, lo único que teníamos nosotros eran fusiles, nada más fusiles, ni siquiera teníamos granadas de mano, ni siquiera teníamos lanzacohetes, nada”, dijo.

Su cuartel fue atacado por aire y tierra con helicópteros de combate, ametralladoras pesadas y un tanque. Una foto de la base muestra sus paredes marcadas con agujeros de balas y explosiones de proyectiles.

“Entonces no nos tocó otra opción que quedarnos ahí y defendernos como pudiéramos”, dijo.

Algunos de los hombres de Jiménez, la mayoría de los cuales apenas conocía, intentaron escapar. Otros cayeron heridos. Su voz se quiebra al describir cómo una granada golpeó a uno de sus hombres en la cabeza. “El sargento se me murió en mis brazos”, dijo, con lágrimas en los ojos. “Ni siquiera sabía su nombre, pues yo acababa de tomar el mando”, añadió.

Jiménez recordó que el techo se incendió y las tropas estadounidenses entraron al edificio. En una situación tan grave, tuvo que tomar una decisión rápida.

Uno de los soldados estadounidenses gritó en español: “Alto al fuego, alto al fuego”. Jiménez le gritó: “Vamos a rendirnos, vamos a tranquilizar todo”. Cuando le pidió identificarse, Jiménez explicó que era el capitán jefe de la unidad.

Uno de sus hombres le rogó que no se rindiera. “Nos van a matar a todos”, le dijo el soldado.

Pero Jiménez dijo que no tenían otra opción que confiar en los soldados estadounidenses. Él fue el primero en rendirse y les dijo a sus hombres que dejaran las armas.

Lo separaron de sus tropas y lo llevaron a una base militar estadounidense como prisionero de guerra.

Para su sorpresa, al día siguiente recibió la visita del comandante del ejército estadounidense en Panamá, general Marc Cisneros. Un encuentro que, sin saberlo, sellaría su suerte y la de miles de panameños.

Cisneros no estaba del todo convencido de que la estrategia militar estadounidense fuera la correcta. En las semanas previas a la invasión, el plan había sido reforzado con la adición de más poder de fuego. Cisneros sintió que la estrategia involucraba el uso excesivo de la fuerza y conduciría a un derramamiento de sangre innecesario.

“Creo que podríamos haberlo hecho con menos tropas y menos destrucción. Hicimos que pareciera que estábamos luchando contra Goliat “, dijo. “Nos hipnotizaba el poder de fuego. Teníamos todos esos nuevos artefactos, misiles guiados por láser y cazas furtivos, y estábamos locos por usar esas cosas”, dijo.

Además, a pesar de ser el jefe del Ejército Sur de Estados Unidos (USARSO) en Panamá, fue soslayado por los generales que comandaban las fuerzas de ataque que llegaron desde Estados Unidos. La fuerza invasora se puso bajo el mando del general Maxwell Thurman, un militar adusto e inflexible con poca o ninguna experiencia en combate, conocido universalmente como ‘Mad Max’.

A las unidades estacionadas en Panamá al mando de Cisneros se les dejó la tarea de brindar un papel de apoyo.

Pero Cisneros no iba a aceptar nada de eso. Como lo abandonaron a su suerte, se propuso limitar los daños. “A Cisneros lo soslayaron, pero eso le permitió salir del Centro de Operaciones. No tenía ningún papel que desempeñar allí, así que se fue al campo de batalla”, dijo Lawrence Yates, un historiador militar y autor del relato más fidedigno de la invasión encargado por el Centro de Historia Militar del Ejército de Estados Unidos.

Yates se encontraba en el Centro de Operaciones del Ejército de Estados Unidos en Panamá durante la invasión y recuerda que los disparos de morteros caían cerca del cuartel general en las primeras horas del ataque.

“Durante la invasión él no tenía trabajo, pero se puso a viajar por todo el país. Es increíble lo que hizo”, dijo Yates. “Tenemos una deuda muy grande con el general Cisneros. Fue el héroe de Panamá, pero Thurman nunca lo iba a permitir. El problema era que a Thurman le molestaba y tenía un rango superior”, añadió.

Según Yates y otros, Thurman conocía muy poco sobre Panamá y sólo había estado en el país unas pocas semanas. Tampoco confiaba en el texano de habla hispana. “Eran dos mentalidades diferentes. Thurman pensó que era una guerra convencional. No lo entendió. Realmente no le gustaba que Cisneros fuera el tipo que sí sabía lo que estaba pasando”, dijo Yates. “Cisneros hablaba sobre la toma de conciencia cultural con sus oficiales mientras Thurman se paseaba en su uniforme militar tratando de impresionar a todos”, añadió.

El compañero perfecto
Cisneros encontró el compañero perfecto en Jiménez. Cuando se enteró de que las fuerzas estadounidenses habían capturado a un oficial panameño, su curiosidad se despertó al saber que el prisionero estaba casado con una de las hijas de una familia influyente vinculada a la oposición política.

Entonces, se subió a un helicóptero y voló desde su cuartel general en Fort Clayton, en el lado Pacífico del canal.

“Hablé con él personalmente, le pregunté que quería que me ayudara a finalizar el combate, porque, a fin de cuentas, no iba a perder Estados Unidos”, dijo Cisneros. “Es imposible que un país tan grande y enorme como Estados Unidos, perdiera un combate con un pueblo tan pequeño como Panamá”, añadió.

Jiménez recuerda vívidamente su conversación. “El general me dice: ‘Amadis, yo necesito que me ayudes, yo necesito parar el bombardeo, yo creo que esto ya está definido y hay que evitar el derramamiento de sangre”, dijo.

La base de Jiménez en Coco Solo estaba muy cerca de la segunda ciudad más grande de Panamá, Colón, un importante puerto y zona franca, pero con una población mayormente negra y pobre que Cisneros sabía que estaría feliz de deshacerse de Noriega. Cisneros le dijo a Jiménez; “Si en Colón los oficiales [panameños] se rinden, y comienzan a entregar las armas, yo puedo convencer a los comandantes militares estadounidenses de que no bombardeen Colón'”.

Cisneros dice que Jiménez comprendió rápidamente su razonamiento y la oportunidad que se le presentaba.

“Como era soldado, fue uno de los muy pocos oficiales que combatió y que no huyó de la tropa, y yo admiré mucho, yo admiro mucho los oficiales que se quedan con sus tropas”, dijo Cisneros.

Jiménez pidió su guía telefónica donde tenía los números de los comandantes de Noriega en las bases panameñas de todo el país para poder convencerlos de que se rindieran. “El general mandó a un grupo comando a buscarla en mi unidad”, dijo Jiménez.

Cisneros llevó a Jiménez de regreso al cuartel general del ejército estadounidense con él y comenzaron su propia pequeña guerra.

“Amadis me acompañaba a todas partes. Era indispensable”, dijo Cisneros.

Cisneros dijo que apenas discutía asuntos con Thurman, y que ciertamente nunca le pidió permiso. “Yo iba a donde quería. Me preocupaba la siguiente fase. Yo estaba solo. No le preguntaba a nadie. No sentía la necesidad. Seguía siendo el comandante del Ejército Sur de Estados Unidos y de las tropas en el país”, dijo.

Los pocos que lo sabían en ese momento se refirieron a esto como la ofensiva ‘Ma Bell’, una referencia a la antigua Bell Telephone Company que tenía el monopolio de los servicios telefónicos en Estados Unidos antes de su disolución en la década de 1980.

“Soy el general Cisneros”
El presentimiento de Cisneros había sido correcto. A los comandantes de Noriega no les interesaba pelear y la llamada los tomó por sorpresa. “Quedaban asombrados de que estuviera hablando por teléfono, porque Amadis comenzaba la conversación con ellos. Entonces les decía: ‘Soy el general Cisneros'”, recordó el general.

Todos sabían quién era Cisneros. Era prácticamente un nombre familiar en Panamá en ese momento debido a su capacidad para hacer entrevistas de radio en español en las que frecuentemente criticaba a Noriega. Hijo de un mecánico criado en la frontera de Texas con México, podría ser el típico texano. Alto, musculoso y toscamente apuesto, tenía un aspecto que no dejaba entrever sus 50 años de edad.

Los oficiales militares panameños tenían dos grandes preocupaciones si se rendían, una física y la otra legal.

“Lo primero que les preocupaba era que los golpearan”, dijo Cisneros. Durante los dos intentos fallidos de golpe de estado contra Noriega, los oficiales sospechosos de deslealtad habían sido torturados y golpeados o ejecutados.

“Les dije que no golpeamos a la gente en el ejército estadounidense, que no éramos como ellos”, les aseguró Cisneros.

La segunda preocupación era que serían extraditados. Cisneros explicó que las únicas personas que enfrentarían cargos legales en Estados Unidos eran el general Noriega y uno de sus principales oficiales, el coronel Luis del Cid.

Poco a poco, Jiménez y Cisneros convencieron a los comandantes panameños de que se rindieran.

“Amadis consiguió que el 75% de las fuerzas panameñas se rindieran ante mí personalmente, principalmente gracias a él”, dijo Cisneros.

“La gente dice que Marc ganó la guerra con un teléfono”, dijo su exjefe en Panamá, el general Fred Woerner. “Él vio una forma de cumplir la misión y, al mismo tiempo, minimizar la pérdida de vidas y la destrucción. Él fue la cohesión en ‘Causa Justa'”.

Pero los superiores de Cisneros se mantenían escépticos. “No podían creerlo. Sentían que era una especie de truco diabólico”, dijo Cisneros.

Lo más difícil fue convencer al hombre de confianza de Noriega, el coronel Luis del Cid, quien comandaba las fuerzas de defensa en la provincia de Chiriquí, una región montañosa cerca de Costa Rica. Al enfrentar cargos por narcotráfico junto con Noriega en Miami, del Cid tenía más que perder que los demás.

Cisneros pensó que, si Del Cid se rendía, le enviaría un poderoso mensaje a Noriega, quien aún se encontraba fugitivo, de que ya todo había acabado. “Le dije que si no cumplía no había escapatoria. Creo que fue en ese momento que decidió rendirse”, dijo.

Pero Thurman no confiaba en del Cid. Cuando Cisneros se enteró de que Thurman planeaba bombardearlo hasta que se rindiera, temió que se perdieran vidas inútilmente. Entonces, envió a Jiménez en un helicóptero para hablar con del Cid.

Una vez más, Cisneros interpretó bien la situación. Del Cid cedió. Noriega huyó a la embajada del Vaticano al día siguiente.

Negociación
Una vez que terminaron los principales combates, el foco de la operación estadounidense se centró en capturar a Noriega. Durante varios días evadió a un equipo de las Fuerzas Especiales estadounidenses cuya tarea era capturarlo y ponerlo en manos de la DEA.

Unos días después de la invasión, uno de los guardaespaldas de Noriega se entregó, tras lo cual brindó información valiosa de inteligencia sobre su paradero.

Cisneros le preguntó a Jiménez si acompañaría a una unidad de inteligencia militar a un lugar que el guardaespaldas había señalado. Jiménez aceptó, aunque señaló que en su condición de prisionero de guerra no tenía un arma para protegerse. “Sí, pero yo no quiero ir sin arma. Yo voy con un arma”, le dijo a Cisneros.

Cisneros no lo dudó. “Entonces saqué la pistola mía, de general y se la di. Y todo el staff mío de los gringos que estaban ahí… se les cayó la baba por la confianza que le tuve”, recordó Cisneros.

Las Fuerzas Especiales llegaron al lugar unos minutos tarde y localizaron a Noriega apenas unas horas después. Pero ese momento consolidó la relación especial entre el general y su prisionero.

Unas horas más tarde, Noriega buscó refugio en la embajada del Vaticano en Panamá en vísperas de Navidad, lo cual generó un dramático enfrentamiento de 10 días durante las vacaciones.

Al principio, Thurman rodeó la embajada con tanques e intentó derrotar psicológicamente a Noriega poniendo música rock a todo volumen desde unos altavoces montados en vehículos blindados mientras la multitud impaciente observaba. A Noriega le pusieron canciones como “You’re no good” (No eres bueno) de Linda Ronstadt y “I Fought the Law and the Law Won” (Me enfrenté a la justicia y la justicia ganó) de The Clash.

Después de que el Vaticano se quejó, el Pentágono le ordenó a Thurman que apagara la música.

Una vez más, resultarían útiles la comprensión de Cisneros de Panamá y su conocimiento del idioma español.

El embajador del Vaticano, o nuncio papal, monseñor José Sebastián Laboa, era un vasco español que Cisneros había conocido bien durante su estancia en Panamá. Thurman desconfiaba del Vaticano que les había dado asilo a algunos terroristas vascos. Pero Cisneros y Laboa compartían un respeto mutuo.

El presidente Bush emitió una orden nombrando a Cisneros negociador estadounidense. Entonces, Cisneros se mudó a una escuela frente a la nunciatura donde dormía en un catre.

Laboa llamó a Cisneros para reunirse con él cerca de la embajada y pedirle un favor. “¿Si tú entraras con tu tropa y lo sacaras?”, le pidió a Cisneros. El general respondió que sólo podía hacerlo si recibía la orden de sus superiores, pues las embajadas gozan de protección diplomática.

Al día siguiente, Laboa le dio a Cisneros un mensaje verbal diciendo que las tropas estadounidenses podrían asaltar el complejo si se producía una situación de toma de rehenes. “Me dijo: ‘Si yo soy rehén, entonces tienes permiso para entrar a salvarme'”, recordó Cisneros. “Pero no podía haber ninguna duda que él era rehén”, añadió. El Pentágono le solicitó a Laboa que lo pusiera por escrito. Aceptó.

Mientras tanto, la multitud fuera de la embajada cantaba consignas contra Noriega y crecía y se impacientaba cada vez más. Cisneros, camino a una de las bases militares, se había encontrado un grupo de enardecidos panameños que le pedían que retirara sus tropas de la nunciatura porque querían sacar a Noriega ellos mismos.

Eso le dio una idea a Cisneros. Le entregó a Laboa un mensaje para Noriega. Si los panameños fuera de la embajada se amotinaran e intentaran entrar a la embajada, los soldados estadounidenses no abrirían fuego contra ellos para defender a Noriega.

“¿Sabes lo que te va a pasar a ti? Lo mismo que le pasó a [Benito] Mussolini”, fue el mensaje que se le dio a Noriega, dijo Cisneros, refiriéndose al dictador fascista italiano cuya vida acabó de forma brutal en 1945. “¿Te acuerdas que a Mussolini lo colgaron, la gente de él, en Italia? Lo pescaron a él, lo colgaron a él con su amante. Te va a pasar a ti lo mismo. Eso fue lo que [Laboa] le dijo a Noriega”, añadió.

Después de que se le permitió una llamada telefónica a su propia amante, Noriega capituló y aceptó rendirse.

Pero antes de hacerlo, algo le preocupaba. Al dictador le preocupaba que le dieran la pena de muerte en Estados Unidos si lo declaraban culpable. El Departamento de Estado le informó a Cisneros que el crimen del que se acusaba a Noriega no conllevaba la pena de muerte.

Noriega también pidió que se le permitiera rendirse con su uniforme militar, que tuvieron que enviarle.

“Le dije al nuncio; ‘Mira, aquí está el uniforme, no me importa si sale en calzoncillos rojos, aquí está el uniforme para que salga'”, dijo Cisneros.

El 3 de enero de 1990, el último día de Noriega en la embajada, hizo una última solicitud.

“Salió a la puerta y pidió que yo estuviera allí para rendirse él ante mí formalmente”, dijo Cisneros. Pero eso era demasiado para el texano. “Yo no quería que la prensa me recordara como un general recibiendo a otro general, porque yo no lo consideraba soldado, menos general”, agregó.

Cisneros le dio instrucciones a un sargento para que lo registrara sin esposarlo. Lo trasladaron de inmediato a un helicóptero y lo llevaron a una base estadounidense donde lo subieron a un avión rumbo a Miami bajo la custodia de la DEA.

Reconstrucción de la nación
Con Noriega en prisión en Estados Unidos y un nuevo presidente elegido por la vía democrática, Guillermo Endara, ya instalado en Panamá, las tropas estadounidenses se enfocaron en la reconstrucción y el proceso de “construcción de la nación”.

En otra demostración de la confianza depositada en Jiménez, se le dio una nueva misión como enlace militar oficial entre Endara y Cisneros.

Acompañó a Cisneros en viajes por todo el país revisando lo que había que hacer para ayudar al nuevo gobierno.

Jiménez recuerda el día cuando un gobernador panameño invitó al general Cisneros a caminar hasta la iglesia del pueblo.

“Cuando abre la puerta el cura, el general se arrodilla”, dijo Jiménez, riendo. “Y cuando el general se arrodilla, todo el mundo hace un silencio, y el general se quita el sombrero… Y el cura ha puesto una cara, muerto de miedo, y todo el mundo asombrado, y el general lo mira así y le dice, ‘Por favor, deme su bendición’. Y cuando el padre le estaba dando la bendición, la esposa del gobernador le dice, ‘Aprende, aprende'”, dijo.

Cisneros solo permaneció en Panamá seis meses después de la invasión. Debido a su difícil relación con Thurman, solicitó que lo transfirieran. Pero su amistad con Jiménez dura hasta el día de hoy.

“Sí, seguimos en contacto durante mucho tiempo, porque cada cierto tiempo nos llamábamos”, dijo Jiménez.

Jiménez ha sido invitado en la casa de Cisneros en Texas en varias ocasiones. En un viaje reciente practicaron su puntería en un campo de tiro y Jiménez pudo usar la pistola del general una vez más. También cazaron juntos y se fueron de vacaciones juntos a España.

“Nos hemos hecho muy buenos compañeros, yo lo considero casi como un hijo”, dice Cisneros, quien recientemente celebró su 56º aniversario de bodas y tiene hijos propios.

Cuando se le pregunta qué siente hacia Cisneros, el capitán panameño se emociona.

“Porque es muy difícil ver, es muy difícil ver en el ser humano, a pesar que tienes el poder, de acabar, tienes el poder de bombardear [al enemigo], tienes el poder de controlar, el sentido humano que mostró el general Cisneros, para evitar más derramamiento de sangre en Panamá. Ese es el sentimiento de agradecimiento que tengo hacia él”, dijo.

Cuando se le preguntó si sentía que la invasión había valido la pena, Cisneros dijo que la vejez le ha enseñado a ser menos belicoso.

Aunque está orgulloso de las tropas que dirigió en Panamá, “no hay justificación en mi opinión para ninguna operación militar donde nosotros estemos entrando a otro país. No debemos hacerlo”, dijo.

“Pero si me hubieras preguntado cuando era joven, era más aguerrido, sí hubiera dicho sí, vamos a quitarlo (a Noriega). Sí, entre más viejo… más uno se da cuenta que la guerra es la estupidez más grande del mundo”, añadió.

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Juan José Laboriel El Legendario Actor Garífuna Hondureño

Por José Francisco Ávila

En honor al Mes de la Herencia Garífuna Americana y la 93va edición de los Premios de la Academia 2021 Oscar, presentamos una breve historia de Juan José Laboriel (13 de julio de 1906 – 1 de mayo de 1997), el legendario músico, cantante y actor garífuna nacido en Trujillo, Honduras. Fue actor durante la Época de Oro del cine mexicano y participó en más de 28 películas mexicanas. Estuvo casado con Francisca López de Laboriel, actriz, conocida por Slaughter (1972) y El Derecho de Nacer (1966).

Laboriel fue actor durante la Época de Oro del cine mexicano entre 1933 y 1964, cuando la industria cinematográfica mexicana produjo obras de excelente calidad y comenzó a explorar otros géneros como la comedia, el romance y el musical. Obtuvo reconocimiento internacional y se convirtió en el centro de las películas comerciales en América Latina.

Filmografia
Juan José Laboriel participó en más de 28 películas mexicanas entre 1938 y 1972, entre ellas: “La Selva de Fuego” (1945), “La mulata de Córdoba” (1945), “María Magdalena” (1946), Reina de reinas: La Virgen María ”(1948),” Furia roja (1951), “Alma de acero” (1957), “Barú, el hombre de la selva” (1962) “Alma Llanera” (1965), “El tunco Maclovio” ( 1970), “Jesús, el niño Dios”, (1971), “Mamá Dolores” (1971 ”,“ Operación masacre ”(1972) y“ La vida de nuestro señor Jesucristo ”(1980).

Discografia
Laboriel escribió la letra de la exitosa canción “Misterio” para la película “Alma Llanera” y “La Barrumba Lumba” para la película “Angelitos negros”. Fue uno de los pocos actores de color de la época dorada del cine mexicano.

Según Luis Jaime Chapa, Juan José Laboriel formó parte de un trío llamado Xochimilco en 1946. El conocido porro “El Gallo Tuerto”, fue incluido en un disco de 78 rpm grabado por Juan José Laboriel en 1947 para el sello Imperial, acompañado de la orquesta del sello. En la película “Alma Llanera”, Laboriel interpreta la canción “Quiéreme mucho”, de Gonzalo Roig, acompañado de su guitarra mientras uno de los protagonistas, Antonio Aguilar, escucha con nostalgia la canción. La película fue dirigida por Antonio Aguilar, Flor Silvestre, Manuel Capetillo y Manuel Dondé, entre otros.

Familia
La familia de Juan José Laboriel (RIP) y Francisca López de Laboriel (RIP) es una de las familias más talentosas en la historia del entretenimiento en México, y la familia más talentosa y exitosa en la historia del entretenimiento afrodescendiente / garífuna hondureño.

Tuvieron cuatro hijos: el actor y cantante Juan José “Johnny” Laboriel López (QEPD), la actriz y cantante Francis “Fanny” Laboriel López (QEPD), la actriz y cantante Esperanza “Ela” Laboriel López y el bajista mundialmente famoso Abraham Laboriel López.

Legado
En 1996 una escuela secundaria construida en el municipio de San Fe, Colón en Honduras, fue nombrada Instituto Juan José Laboriel, resultado de una campaña iniciada por la entonces alcaldesa María Magdalena Rochez Guerrero y el finado Justo Germán Mena Loredo.

Los Oscars
Los Premios de la Academia, conocidos popularmente como los Oscar, son premios al mérito artístico y técnico en la industria cinematográfica. Están considerados como los premios más famosos y prestigiosos de la industria del entretenimiento en todo el mundo. Los premios, otorgados anualmente por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMPAS), son un reconocimiento internacional a la excelencia en logros cinematográficos, según la evaluación de los miembros votantes de la Academia.

Fuentes
www.imdb.com, Hasta que el cuerpo aguante radio blog, Wikipedia
https://rateyourmusic.com/films/juan-jose-laboriel, sensacine.com

Performing Blackness in Mexican Cinema: Juan José Laboriel,
Roberto Carlos Ortiz, Published on Mar 1, 2018

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La Bandera Garífuna – Mes de la Herencia Garífuna-Americana

Photo: Hector Zapata David

Entre los hitos históricos de la proclamación del Mes de la Herencia Garífuna-Americana en la ciudad y el estado de Nueva York, se encuentra el izamiento de la Bandera Garífuna en el edificio municipal del condado de Brooklyn, durante la celebración de la Herencia Garífuna el 11 de abril de 2014..

La ceremonia de izamiento de la bandera fue una celebración del Mes de la Herencia Garífuna-Americana y del Orgullo Garífuna. Celebró Garífuna, la Herencia, Ascendencia, Cultura y los 200.000 Garínagu, de Honduras, Belice, Guatemala, Nicaragua y los Garífuna-Americanos que viven en la Ciudad de Nueva York. Nueva York es sede de la población garífuna más grande fuera de Centroamérica.

La bandera también se exhibió en el estrado de la sala del tribunal, junto a las banderas de Estados Unidos, el estado de Nueva York y el condado de Brooklyn, que sirvieron de trasfondo para el podio oficial.

Photo: Martin Bermudez

La Bandera Garifuna
Se acepta universalmente que la bandera garífuna consta de tres franjas horizontales de color negro, blanco y amarillo. Si bien existe un acuerdo general de que la franja blanca se encuentra en el centro, se debate el orden de las franjas negra y amarilla.

La ubicación de la franja amarilla se ubica en la parte superior en Honduras, Guatemala y Nicaragua. Sin embargo, en Belice, la franja negra se encuentra en la parte superior.

La primera vez que vi la bandera garífuna fue a principios de la década de 1990, en Belice con la franja negra en la parte superior. La primera vez que vi la bandera garífuna en Honduras, fue durante la conmemoración del 200 aniversario de la llegada de los garinagu a Honduras, o el Bicentenario garífuna en 1997. Fue allí donde la vi con la franja amarilla en la parte superior por primera vez. También tenía el logotipo del Bicentenario garífuna pintado en la franja central blanca. Le tome una foto, que he incluido en este escrito. Desde entonces, noté que Guatemala, Nicaragua y sus respectivas diásporas estadounidenses adoptaron el diseño hondureño amarillo, blanco y negro.

La otra cosa que recuerdo de mi estadía de dos semanas entre La Ceiba y Trujillo, fue una resistencia constante entre los jóvenes, a la colocación de la franja amarilla en la parte superior. Sintieron que, dado que el negro representa la herencia africana, debería estar en la parte superior. Sin embargo, el diseño amarillo, blanco y negro se convirtió en el estándar.

El otro debate que leí en las redes sociales es sobre los diferentes emblemas que se usan en la franja central blanca de la bandera. El primero que recuerdo haber visto fue el logotipo del Consejo Nacional Garífuna de Belice. El siguiente como mencioné anteriormente, fue el logotipo del Bicentenario Garífuna en Honduras. En 2003, Rubén Reyes diseñó un emblema para la bandera internacional garífuna que propuso para la nación garífuna.

Bien, esas son mis observaciones. La primera descripción escrita de la bandera garífuna que leí estaba en el sitio web del Consejo Nacional Garífuna de Belice y aquí está en su totalidad:

La bandera garífuna consta de tres franjas horizontales de color negro, blanco y amarillo, en ese orden, comenzando desde la parte superior. Esta bandera ha sido aceptada internacionalmente durante mucho tiempo como la bandera de la nación garífuna y los colores se han utilizado en cualquier foro donde los garífunas afirman su identidad garífuna. La bandera del Consejo Nacional Garífuna es idéntica a la bandera garífuna con la adición del logotipo de NGC (siglas en Ingles), en un círculo blanco en el centro.

Esta bandera representa una evolución que comenzó con la Sociedad Internacional Caribe de Entierro y Ayuda a los Enfermos (CIS) fundada a principios de la década de 1920, cuya bandera estaba formada por franjas horizontales de color rojo, amarillo y negro. El rojo (funati) representaba la sangre de los garífunas, el negro (würiti) la piel de los garífunas y el amarillo (dumari) la comida de los garífunas. Thomas Vincent “T.V.” Ramos agregó la franja blanca (haruti) en el centro, sustituyéndola por el rojo, cuando formó la Sociedad de Desarrollo del Caribe (CDS) más tarde en la misma década. Carib International Society, como su nombre lo indica, tenía un alcance internacional y su desarrollo parece haber sido facilitado por la convergencia de Garinagu de varios países en lugares como Puerto Barrios, donde acudieron en masa en busca de empleo con la United Fruit Company. El área de operaciones de la Carib Development Society, por otro lado, se limitó a Belice, aunque la influencia de sus iniciativas se extendió mucho más allá de las fronteras de Belice y sentó las bases para el posterior surgimiento de su sucesor, el Consejo Nacional Garífuna.

Es la bandera CDS la que se consagró como la bandera garífuna mientras que la bandera CIS quedó relegada al basurero de la historia en el sentido de que casi nadie la recuerda y parece que no hay constancia escrita de ella. Ni siquiera aparece en la fotografía de 1931 de los asistentes a una reunión del CIS en Barranco. ¿Por qué la bandera CDS y no la bandera CIS llegó a ser vista como la bandera garífuna? Se puede concluir que tuvo que ser por la fundación del Día del Desembarco Garífuna (que luego se convirtió en el Día del Asentamiento Garífuna) en 1941 por T.V. Ramos, quien también fue el fundador de la Sociedad de Desarrollo del Caribe. Esta fue la única celebración del día garífuna en el mundo, y atrajo a visitantes de otros países que vieron ondear la bandera del CDS en el contexto de las celebraciones, la vieron como la bandera garífuna y se la llevaron a casa como tal. La bandera negro, rojo y amarillo de la Carib International Society nunca se asoció con una celebración similar o incluso con un sabor internacional.

Cada comunidad garífuna en Belice tenía un Comité de Celebraciones del Día del Asentamiento Caribe / Garífuna para organizar las celebraciones. Estos Comités de celebración fueron criaturas de CDS. Fueron estos comités los que se reunieron con un mandato ampliado y se establecieron como sucursales en la fundación del Consejo Nacional Garífuna. Esto significa que el Consejo Nacional Garífuna es un descendiente directo de la Sociedad de Desarrollo Caribe y, al igual que su padre, se puede decir que el Comité o los Comités de Celebración del Día del Asentamiento son guardianes y dueños de la bandera.

¿Cuál es el significado de los colores de la bandera garífuna? Esta pregunta se ha formulado con bastante frecuencia y se han hecho algunos intentos para responderla, aunque no tengo conocimiento de ninguna explicación escrita. Ahora intentaré reconstruir lo que he escuchado, con la esperanza de que esto provoque alguna reacción que pueda contribuir a una documentación completa y comcreta del significado de los colores. Cabe señalar también que son las personas las que dan significado a los símbolos. Por lo tanto, tenemos la opción de ampliar los significados que nos hayan transmitido los creadores de las banderas CIS y CDS.

Negro
La franja negra, que se encuentra en la parte superior, representa la ascendencia africana del pueblo garífuna. La gente siempre ha reconocido la contribución africana a lo que se convirtió en el pueblo garífuna, un fenómeno que ocurrió en San Vicente a partir del siglo XVII.

Este color, a otro nivel, reconoce las penurias e injusticias que ha tenido que soportar el pueblo, sus luchas por la supervivencia y las dificultades que ha tenido que superar en el transcurso de su historia. Aparte de la experiencia del Paso Medio, que compartimos con otros negros de América, estuvo el encarcelamiento en Balliceaux, el exilio de nuestra patria vicentina tras las llamadas Guerras del Caribe y la repetición del Paso Medio en la forma de la reubicación forzosa masiva a Centroamérica.

Por duras que hayan sido estas experiencias, ayudaron a fortalecer nuestro espíritu y moldear nuestra espiritualidad que se basa en el principio de reciprocidad capturado en la canción de Malí en las palabras “Aura buni Iyaya waü, amürü nuni” – Yo para ti, abuela, y tú para mi.

Amarillo

La franja amarilla en la parte inferior de la bandera simboliza la otra mitad de la ascendencia de los garífunas: los amerindios o caribes amarillos, como los llamaban los europeos. Estos eran en realidad una mezcla de caribes y arahuacos y formaron la comunidad de acogida en la que tuvo lugar la fusión de África y América del Sur para dar lugar al surgimiento de los garinagu como un grupo distinto indígena de la región circuncaribeña.

En contraste con las penurias vividas a lo largo de la historia, el amarillo simboliza la esperanza y la prosperidad. El amarillo es el color de la yuca rallada, que se procesa aún más para hacer ereba, uno de nuestros alimentos básicos. Es el color del jugo de yuca, un color que se resalta aún más en el proceso de convertirlo en dumari, un aditivo para realzar salsas, sopas y guisos. (Parece haber sido un rasgo de identificación del pueblo garífuna, ya que es el “tumali” al que se hace referencia en el insulto racial “Salt head Kerub, tumali water”). El amarillo también es el color del sol naciente, que trae nuevas promesas y mucha esperanza de una vida mejor. El amarillo, por lo tanto, representa esperanza, abundancia y prosperidad, así como el aporte caribe / arahuaco a la identidad garífuna.

Blanco
La franja blanca, ubicada en el medio entre el negro y el amarillo, nos recuerda el papel del hombre blanco (Europa) en la historia y la formación del pueblo garífuna: la expulsión y esclavización forzosa de los africanos, la incautación de las tierras de los garífunas, que precipitó la resistencia garífuna, y la expulsión forzosa del pueblo de San Vicente. Incluso después de la llegada y dispersión en Centroamérica, todavía era necesario lidiar con el hombre blanco.

En otro nivel, el blanco simboliza la paz que ha eludido al pueblo garífuna durante la mayor parte de su turbulenta historia, la paz que siguen anhelando.

Resumen
En un nivel, los colores representan las tres razas principales, con el negro y el amarillo que representan los elementos africanos y caribes / arahuacos que se fusionaron para convertirse en los garífunas. En un nivel más profundo, el negro simboliza las penurias e injusticias que logramos sobrevivir en el transcurso de nuestra historia, el amarillo simboliza la esperanza y la prosperidad por la que seguimos luchando, y el blanco simboliza la paz.

Nota: Es necesario aclarar o acordar la posición relativa de los colores. Está claro que la franja blanca siempre está en el medio. El problema está en el negro y el amarillo. Me he referido al negro como en la parte superior en parte debido a la ubicación en las muestras que miré cuando estaba escribiendo esto y en parte porque los colores siempre se han denominado “negro, blanco y amarillo” y normalmente comenzamos en el cima. Sin embargo, desde entonces he visto algunos ejemplos en los que el negro está en la parte inferior, incluida la propuesta de mi primo, Rubén Reyes. Roy Cayetano

Picture Credits: Martin Bermúdez (Labuga.com)

Hector Zapata David (D.A.R. Photography) Flag flying above Brooklyn Borough Hall

National Garífuna Council of Belize

Rubèn Reyes


By José Francisco Ávila

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Sociales

Apropiación de Tierras Garífuna (Caribes Negros) Por Los Británicos y Hondureños

La historia del pueblo garífuna ha estado ligada a la tierra durante mucho tiempo. Cuando los británicos expulsaron a los colonos franceses de San Vicente y buscaron la colonización de la isla, se encontraron con una feroz resistencia de los garífunas (caribes negros). El conflicto estalló en una guerra de 30 años, desde 1764 hasta 1795, la nación Garífuna (caribes negros)/Callinago luchó contra los colonizadores británicos. El tema de la apropiación de tierras fue fundamental para la resistencia popular nativa a la colonización británica de la isla de San Vicente. Recientemente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictó sentencia contra el gobierno de Honduras, en los casos de acaparamiento de tierras de la comunidad garífuna de Punta Piedra y la comunidad garífuna de Triunfo de la Cruz.

El diccionario Merriam define Apropiación de Tierras como una adquisición de propiedad generalmente rápida (como terrenos o derechos de patente), a menudo mediante fraude o fuerza. Imagínese despertarse un día y que le digan que está a punto de ser desalojado de su hogar y que le digan que ya no tiene derecho a permanecer en la tierra en la que ha vivido durante años. Y luego, si se niega a irse, será expulsado por la fuerza. Para los garífunas, esta es una historia familiar, los británicos privaron por la fuerza a los garífunas (caribes negros) y callinago (caribes amarillos) de su tierra en San Vicente y las Granadinas y se beneficiaron directamente de tal apropiación forzosa e ilegal de tierras.

El término “acaparamiento de tierras” fue definido en la Declaración de Tirana (2011) por la Coalición Internacional por la Tierra, que consta de 116 organizaciones desde grupos comunitarios hasta el Banco Mundial.

Los británicos adquirieron San Vicente y las Granadinas como territorio en 1763 después del final de la “Guerra de los Siete Años” con Francia, en el Tratado de París. Uno de los primeros actos de los colonizadores británicos en 1764 fue declarar que toda la tierra en San Vicente y las Granadinas (el país se llamaba San Vicente antes de la independencia en 1979) pertenecía a la Corona Británica. De un solo golpe, privaron a los garífunas (caribes negros) y al pueblo callinago de toda su tierra, que estaba sujeta a títulos de propiedad comunal.

Tan pronto como se firmó el tratado, se envió una comisión, presidida por Sir William Young, para inspeccionar, subdividir y vender la tierra. Los colonos ingleses comenzaron a llegar desde América del Norte, Antigua y Barbados. La actitud de estos colonos fue bastante diferente a la de los franceses. No tenían ningún interés en San Vicente como tal. Era simplemente un lugar donde buscaban amasar riquezas en el plazo mas corto posible y luego regresar a Inglaterra para disfrutarlas. La forma de hacerlo era obtener una gran extensión de tierra y cultivar caña de azúcar en ella con un ejército de esclavos.

El cambio no fue solo uno en el sistema de tenencia de la tierra. También fue psicológico. Los ingleses se habían engañado a sí mismos creyendo que tenían un derecho legal al lugar. Sir William Young trató de convencer a sus lectores de que el mero hecho de que los Garifuna (Caribes Negros) no cultivaran toda la tierra era suficiente para que los ingleses obtuvieran un buen título. Aparentemente, el sistema de tenencia garífuna (caribes negros) era comunal. Cada familia o, más exactamente, clan de caribes tenía su propio territorio. Los límites de un territorio en particular eran delimitados por los numerosos ríos de la isla.

Aparte de la convicción de que la tierra era de ellos, la actitud de lucro rápido generó tanta codicia entre los ingleses que no se hablaba de vivir y dejar vivir. La rapacidad de los ingleses y la determinación de los garífunas (caribes negros) de aferrarse a su sección de la isla eran incompatibles, como se dio cuenta uno o dos de los colonos ingleses más perspicaces. No era posible que los garífunas (caribes negros) y los ingleses vivieran en San Vicente al mismo tiempo. Habría que eliminar uno u otro.

La incompatibilidad de los deseos de los garífunas (caribes negros), por un lado, y los de los colonos ingleses, por el otro, no fue inmediatamente obvia para todos. No fue hasta unos 30 años después de que los comisionados comenzaran a subdividir la isla que finalmente se resolvió el problema.

Los garífunas (caribes negros), aunque el Tratado de París no los mencionó, el Gobierno Inglés había instruido específicamente a los Comisionados “no molestarlos en sus posesiones ni intentar ningún reconocimiento de su país sin órdenes previas y expresas desde casa”. Tanto los comisionados como los colonos buscaron eludir esta medida cautelar.

Los comisionados primero intentaron que los garífunas (caribes negros) se convirtieran en súbditos del rey inglés y limitaran sus actividades a las tierras que habían limpiado. El resto de la tierra se entregaría a los Comisionados para su venta. Se informa que el jefe supremo Joseph Chatoyer le preguntó al presidente de la Comisión, Young, de qué rey estaba hablando. Cuando esta maniobra falló, intentaron persuadir a los garífunas (caribes negros) a evacuar San Vicente e irse a Bequia.

Los comisionados luego trataron de lidiar con los garífunas (caribes negros) a través del abate Valladores, quien era uno de los misioneros franceses que los garífunas (caribes negros) habían designado como uno de sus agentes para negociar con los ingleses. Pronto descubrieron que los colonos le habían lavado el cerebro a fondo y que habían perdido la confianza en él. Estaba programado para ser asesinato, pero escapó fortuitamente. Los garífunas (caribes negros) consideraban que la subversión de su propio agente, l Valladores, era el colmo. Comenzaron a tomar represalias por traspasar su territorio destruyendo casas y plantaciones que se habían construido en sus tierras. Esto fue, por supuesto, contrario a las instrucciones de los Comisionados nombrados por el Gobierno del rey inglés.

Los británicos veían a los garífunas (caribes negros) como “colonos africanos” o cimarrones y no como indígenas. Los garífunas (caribes negros) se veían a sí mismos como indígenas de la isla y parte de la nación caribe en general. La historia del naufragio, que colocó su historia fuera de la prisión de la plantación, fue un refuerzo importante para esa identidad. Finalmente, los británicos privaron por la fuerza a los garífunas (caribes negros) y los callinago (caribes amarillos) de su tierra y se beneficiaron directamente de tal apropiación forzosa e ilegal de las tierras.

A partir de 1764 hasta 1795, la nación garífuna (caribes negros) / Callinago luchó contra los colonizadores británicos. La defensa de la tierra fue fundamental para la resistencia popular nativa a la colonización británica. Poco a poco, trozo a trozo, los británicos tomaron las tierras de los garífunas (caribes negros) con un pretexto tras otro. Los británicos finalmente derrotaron al pueblo garífuna (caribes negros) / calllinago en 1795 y en escaramuzas posteriores. El 14 de marzo de 1795, una emboscada británica y la masacre de los patriotas garífunas (caribes negros) resultaron en la muerte del jefe supremo Joseph Chatoyer, líder del pueblo garífuna (caribes negros).

Para 1800, el pueblo garífuna (caribes negros) / callinago fue prácticamente puesto en cuarentena en una parcela asignada de 238 acres de tierra en un área inaccesible del noreste de San Vicente. Así, entre 1763 y 1800, apenas 37 años, el pueblo garífuna (caribes negros) / callinago perdió el resto de sus 85.120 acres de tierra en San Vicente y los 10.880 acres en las Granadinas.

Más recientemente, el 8 de octubre de 2015, la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictó sentencia contra la República de Honduras en los casos de la Comunidad Garífuna de Punta Piedra y sus miembros y la Comunidad Garífuna de Triunfo de la Cruz y sus miembros. , declarando la responsabilidad internacional del Estado en ambos casos, por la violación del derecho a la propiedad colectiva protegido en el artículo 21 de la Convención Americana sobre Derechos, en relación con los artículos 1.1 y 2 de la misma: i) en el caso de la Comunidad Garífuna de Punta Piedra por no garantizar el uso y goce de su territorio; ii) en el caso de Triunfo de la Cruz por no haber titulado, delimitado y demarcado los territorios que fueron reconocidos como sus tierras ancestrales, y iii) en ambos casos, por no haber garantizado el derecho a la consulta previa a las respectivas comunidades. También declaró para ambos casos la violación de los derechos a las garantías judiciales y protección judicial, amparados en los artículos 8.1 y 25 de la Convención.

Con el fin de lograr la reparación integral de las violaciones acreditadas, la Corte ordenó las medidas de restitución previstas en los puntos resolutivos sexto y séptimo. Las medidas de restitución constituyen la principal reparación de las violaciones encontradas en la Sentencia: que el Estado demarque las tierras sobre las cuales se ha otorgado título de propiedad colectiva a la Comunidad Garífuna de Triunfo de la Cruz y otorgue un título de propiedad colectiva debidamente delimitado y demarcado sobre el área denominada “Lote A1”.

La historia del pueblo garífuna ha estado ligada a la tierra durante mucho tiempo. El acaparamiento de tierras británico llevó a la apropiación forzosa e ilegal de las tierras de los pueblos garífuna (caribes negros) y callinago (caribes amarillos) en San Vicente y las Granadinas, al genocidio contra nuestros ancestros ​​y a la deportación forzosa de los garífunas ( Black Caribs) de San Vicente y las Granadinas, ¡un crimen de lesa humanidad! En el caso de Honduras, la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictó sentencia contra la República de Honduras, por la violación del derecho garífunas a la propiedad colectiva. Nunca Olvides El Genocidio Británico Contra Los Garífunas (Caribes Negros).

Por José Francisco Ávila

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Sociales

Roberto Quesada gana concurso, su pintura estará en el Capitolio de EUA

Roberto Quesada, ganador del concurso de pintura

Miles de jóvenes en todo Estados Unidos participaron en un concurso de pintura a nivel nacional, y fue el hondureño Roberto Quesada quien se llevó el primer premio, su obra será expuesta en el Capitolio de EUA.

Roberto Quesada es un entusiasta y joven pintor de 16 años, residente en Nueva York, que educado desde temprana edad en literatura y artes, ha logrado destacar en las artes y debates, él es hijo del escritor hondureño Roberto Quesada y de la profesora Lucy Paguada.

Joven hondureño gana concurso, su pintura estará en el Capitolio de EUA

Mediante concurso, y desde todos los distritos escolares de los Estados Unidos, fueron enviadas las mejores obras para ser evaluadas, y fue «Un Retrato de La Pandemia» la ganadora, esta obra de creación de Roberto, muestra el rostro cansado de un doctor, estructuras y equipos relacionadas con la respuesta a la pandemia, y al fondo una oscura tormenta que cubre la ciudad, elementos que expresan su visión y sensibilidad sobre este tema de actualidad.

Su pintura ahora será expuesta en el Capitolio de los Estados Unidos, lugar donde según palabras de Roberto, son muy pocos los artistas latinos que tienen obras en ese sitio emblemático de la nación del norte, lo cual es todo un orgullo.

Personas como Roberto deben ser inspiración para nuestra juventud, deben ser considerados orgullos de nuestra nación, así como otros compatriotas que demuestran el enorme talento de nuestra juventud.

Por: Honduras is Great

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