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Debate Trump vs Biden: 4 de los momentos más tensos del primer cara a cara por la presidencia de Estados Unidos

Trump y Biden se arrebataron el uso de la palabra durante el inicio del debate / GETTY IMAGES

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su rival por la Casa Blanca, Joe Biden, cruzaron intensos señalamientos en un caótico primer debate electoral la noche de este martes.

Durante 90 minutos ambos rivales intercambiaron acusaciones y ataques personales que reflejaron el gran momento de división que vive el país de cara a las decisivas elecciones del 3 de noviembre.

Trump acusó de inicio a su rival de estar en deuda con los socialistas y el ala más izquierdista de su partido: “Te van a dominar, Joe, lo sabes”.

“Soy el Partido Demócrata ahora”, replicó Biden, que quiso dejar claro que él domina la agenda demócrata.

Cuando a 35 días de las elecciones -previstas para el martes 3 de noviembre- las encuestas de opinión indican que Biden tiene una ventaja sostenida sobre Trump, te contamos cuatro momentos tensos del primero de tres encuentros entre los dos candidatos presidenciales.

1. “Tú eres el mentiroso”

En uno de los momentos más intensos, mientras los dos candidatos discutían por la atención sanitaria de los estadounidenses, Biden dijo: “Esto es así: todo lo que está diciendo él hasta ahora es simplemente mentira”.

“No estoy aquí para refutar sus mentiras. Todo el mundo conoce a un mentiroso”, lanzó el candidato demócrata.

Trump respondió: “Joe, tú eres el mentiroso”.

El presidente desafió a su rival a decir si ampliaría la Corte Suprema con más jueces para inclinar su equilibrio ideológico, como han pedido algunos demócratas.

También exigió que Biden publique una lista de sus nominados para el máximo tribunal si llegara a ser presidente.

Pero Biden desestimó el reto: “¿Quieres callarte, hombre?”, lanzó el demócrata.

“¿Quién está en tu lista, Joe?”, dijo Trump. “Él va a llenar el campo (con jueces en la Corte Suprema)”.

2. “Sigue ladrando, hombre”

El moderador, Chris Wallace, intervino para hacer avanzar el debate durante varios momentos en que se perdió el orden y los candidatos se arrebataban la palabra.

“Ese fue realmente un segmento productivo”, dijo Biden con aparente sarcasmo. “Sigue ladrando, hombre.”

Trump respondió: “La gente entiende, Joe. 47 años y no has hecho nada”, dijo en referencia a los años en la política que tiene el demócrata.

“En 47 meses, he hecho más de lo que tú has hecho en 47 años”, insistió Trump más adelante, a lo que Biden reviró: “Con este presidente, somos más débiles, más enfermos, más pobres y (estamos) más divididos”.

En otro segmento, el presidente cuestionó por qué una empresa cofundada por Hunter Biden, hijo del demócrata, había recibido US$3,5 millones de un multimillonario de Moscú, según un informe publicado por los republicanos del Senado.

Biden negó la afirmación y los dos se enfrascaron en un estridente intercambio de acusaciones.

Cuando el moderador trató de poner orden, el demócrata dijo: “Es difícil hablar con este payaso, perdón, esta persona”.

3. “Él es el racista”

El problema del racismo fue también uno de los segmentos del debate.

Sobre eso, Trump defendió su política para que las firmas con contratos con el gobierno se abstengan de ofrecer cursos sobre sensibilidad racial a sus empleados: “Le estaban enseñando a la gente a odiar nuestro país”.

Y Biden respondió: “Nadie está haciendo eso… Él es el racista”.

Las protestas contra la brutalidad policial y el racismo institucional han protagonizado, junto a la pandemia, la vida en Estados Unidos en los últimos meses tras la muerte a manos de la policía de varias personas negras.

Trump dijo que Biden se refirió en una ocasión a los afroestadounidenses como “superdepredadores”.

El demócrata negó haber dicho tal cosa. En 1993, mientras era presidente del Comité Judicial del Senado, Biden advirtió sobre los “depredadores en nuestras calles” que estaban “más allá de los límites”.

Por ello, luego el debate se centró en la seguridad pública, uno de los principales puntos de la campaña del presidente, que ha criticado la violencia en algunas protestas contra el racismo.

Trump dijo: “Ni siquiera puedes decir la palabra ‘aplicación de la ley’, porque si dijeras esas palabras perderías a todos tus partidarios de la izquierda radical”.

El presidente desafió a Biden a decir si estaba a favor de la ley.

“Ley y orden con justicia, donde la gente recibe un trato justo”, replicó el aspirante, que aclaró que no se opone a retirar fondos a la policía como defiende parte del ala más izquierdista de su partido.

El moderador le preguntó a Trump si estaba dispuesto a condenar a los supremacistas blancos y a las milicias. “Claro”, dijo el presidente. “Estoy dispuesto a hacer eso”.

“Entonces hágalo, señor”, le pidió Wallace.

Tras una pausa, Trump dijo: “¿Quieres llamarlos, cómo quieres llamarlos? Dame un nombre, ¿a quién quieres que condene?”.

Presionado nuevamente para condenar a los supremacistas blancos, Trump dijo: “Les diré algo, alguien tiene que hacer algo con Antifa y la izquierda”.

4. “No era un perdedor, era un patriota”

En un enfrentamiento particularmente combativo, Biden se refirió a las afirmaciones de fuentes anónimas de que Trump había llamado una vez a los miembros del ejército “perdedores”, algo que han negado el presidente y varios de sus antiguos y actuales asistentes.

El demócrata dijo con voz más alta que su difunto hijo, Beau Biden -quien estuvo en combate en Irak y recibió la Estrella de Bronce- no era un perdedor.

“¡No era un perdedor, era un patriota!” dijo Biden, pero Trump interrumpió y sacó el nombre de otro hijo de su rival: “¿En serio? ¿Estás hablando de Hunter?”.

“Estoy hablando de mi hijo, Beau Biden”, replicó el demócrata.

“No conozco a Beau”, dijo Trump. “Hunter fue expulsado del ejército. Fue expulsado, expulsado deshonrosamente por consumo de cocaína”, afirmó el presidente.

“Mi hijo, como mucha gente, tenía un problema de drogas. Lo superó. Estoy orgulloso de él”, reviró el candidato demócrata en uno de los momentos más personales y feroces del debate.

 

Por: BBC News Mundo

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Politica

¿Quién ganó el último debate presidencial antes de las elecciones de Estados Unidos?

El último debate presidencial se celebró a 12 días de las elecciones. / GETTY IMAGES

Fue un debate más civilizado pero no por ello exento de duros ataques.

El aspirante a la reelección presidencial en Estados Unidos, Donald Trump, y su rival por el Partido Demócrata, Joe Biden, vivieron la noche de este jueves un intenso cara a cara en el que intercambiaron fuertes acusaciones personales. Eso sí, esta vez respetando todas las formalidades.

El encuentro, realizado en la localidad de Nashville (Tennessee), estuvo marcado por las duras acusaciones de corrupción entre uno y otro candidato.

Trump citó alegaciones infundadas de que Biden se benefició personalmente de los negocios de su hijo. El demócrata, por su parte, sacó a relucir las opacas cuentas fiscales del presidente.

El mandatario intentó dibujar a Biden como el “típico político”, con constantes referencias a su larga carrera y, en especial, a sus dos periodos como vicepresidente de Barack Obama.

“¿Por qué no lo hiciste en los 8 años? (…) Es todo habladuría, ninguna acción”, le espetó el aspirante republicano en varias ocasiones a Biden, cuando este hablaba de sus propuestas de gobierno.

El político demócrata, por su parte, buscó mostrar a Trump como un mandatario que ha llevado al país a una profunda crisis, pero que no asume sus responsabilidades, que divide a los estadounidenses y que está desconectado de la vida de los ciudadanos comunes.

“Esto no se trata de su familia o de la mía, sino de tu familia”, dijo Biden mirando a la cámara y hablándole directamente a los electores de clase media, con cuyas dificultades intentaba mostrar empatía.

“Yo seré presidente de todos los estados, no de azules o rojos”, subrayó.

En opinión de Paul Danahar, editor en jefe de la BBC en Estados Unidos, el debate “fue una estrecha victoria por puntos para el presidente Trump”.

“[Trump] tuvo algunas buenas líneas de ataque y se benefició de las bajas expectativas existentes tras su primer debate”.

No obstante, el veterano periodista, especializado en política estadounidense, subrayó que el mandatario “necesitaba arrasar para detener la campaña de Biden y no lo consiguió”.

El encuentro entre ambos candidatos había generado mucha expectativa tras su duro primer cara a cara el pasado 29 de septiembre, que acabó convirtiéndose en un encuentro caótico y de graves descalificaciones.

A ello se sumó la cancelación del segundo debate, previsto para el pasado 15 de octubre, luego de que Trump contrajera covid-19 y de que los equipos de campaña no se pusieran de acuerdo sobre las reglas del mismo.

A 12 días de las elecciones, y en un momento en el que ya millones de estadounidenses han comenzado a ejercer su derecho al voto por correo o de forma anticipada, este debate representaba una oportunidad crucial para que ambos intentaran no solo hacer llegar su mensaje a la mayor cantidad de votantes potenciales, sino marcar una diferencia ante su adversario.

“Aprendiendo a morir”
El debate arrancó con el coronavirus, un asunto crucial en el país más afectado por la pandemia.

Pese a los más de 8 millones de contagiados y las más de 220.000 muertes atribuidas a la nueva enfermedad, Trump defendió la gestión de su gobierno, alegando que habían logrado grandes avances y que habían evitado la muerte de 2,2 millones de personas.

“Este es un problema mundial, pero yo he sido felicitado por los líderes de muchos países por lo que hemos logrado hacer”, aseguró el presidente.

“Estamos aprendiendo a vivir con esto”, manifestó Trump, insistiendo en que había que abrir la economía y las escuelas, ya que las personas estaban perdiendo su empleo y estaban aumentando los suicidios y los problemas de drogas y adicciones.

En este punto, el candidato demócrata fue tajante: “Cualquiera que sea responsable de tantas muertes no puede seguir siendo presidente”, manifestó.

Las expectativas eran muy altas para este último debate después de un primer enfrentamiento caótico. / EPA

“Él dice que estamos aprendiendo a vivir con esto [el coronavirus]. La gente está aprendiendo a morir con él”, añadió.

Ataques por la inmigración
El tema de la inmigración fue el centro de una de las partes más áridas de debate.

Biden cuestionó duramente la política aplicada por Trump en esta materia, haciendo especial énfasis en la controvertida política de separación de familias en la frontera con México.

Como consecuencia de esta política, que acabó revirtiendo la Casa Blanca tras una fuerte presión social, actualmente hay medio millar de menores migrantes que se encuentran solos en el país pues sus padres no pueden ser hallados por, aparentemente, haber sido deportados.

“Más de 500 niños vinieron con sus padres. Ellos los separaron en la frontera para desincentivarlos a venir”, destacó el candidato demócrata. “Esto nos convierte en un hazmerreír y viola toda noción de lo que somos como nación”.

Trump se defendió haciendo referencia a las gigantescas celdas de metal de los centros de detención de inmigrantes en Estados Unidos, asegurando que habían sido construidas durante el gobierno de Obama, en el que Biden fue vicepresidente.

“Publicaron en un periódico una foto de una de estas jaulas horribles y dijeron ‘mira estas jaulas, el presidente Trump las construyó. Y se determinó que fueron construidas en 2014. Eso lo hizo él”, afirmó.

Pese a su retórica antinmigración y a un aumento de los arrestos de indocumentados dentro del país, las cifras de detenciones y deportaciones durante los primeros cuatro años de Trump siguen por debajo de las del primer mandato de Obama y Biden.

Preguntado por esas cifras récord por la moderadora, el exvicepresidente reconoció que cometieron “un error”.

La sombra de Hunter Biden
Trump ya había adelantado que haría del hijo de Biden, Hunter, un asunto del debate, y no tardó mucho en sacar a colación a la familia del exvicepresidente.

El mandatario acusó a Biden de beneficiarse personalmente de los negocios de su hijo en Ucrania y China, haciendo referencia a informaciones publicadas por algunos medios y que supuestamente se basan en datos obtenidos de una computadora de Hunter.

“Si esto es cierto, entonces él es un político corrupto”, dijo Trump sobre el candidato demócrata.

Biden negó la veracidad de esas informaciones y afirmó que hay medio centenar de exagentes de inteligencia que señalan que esas acusaciones forman parte de un plan de Rusia para dañar su candidatura.

Además, contraatacó hablando sobre los impuestos de Trump y sus vínculos empresariales con China, citando una investigación del diario The New York Times (NYT) que reveló que el presidente no pagó casi impuestos en su país durante años pero sí en el país asiático.

Eso forzó al mandatario a dedicar tiempo explicando que pagó millones de dólares “por adelantado” en impuestos y asegurando que publicaría su declaración de la renta en el futuro, una práctica común en políticos y presidentes del país pero que Trump no ha llevado a cabo hasta el momento.

“Trump contaba con hacer sangre con sus ataques a la familia de Biden, creando una controversia” que minara las posibilidades de su contrincante, que lidera las encuestas, “pero todo indica que esta noche no cumplió ese objetivo”, consideró Anthony Zurcher, periodista de la BBC especializado en política estadounidense.

Mayor contenido
Como es usual en él, durante sus intervenciones Trump utilizó numerosas frases con pegada para hablar de sus propuestas, pero no ofreció muchos detalles.

Así, por ejemplo, dijo que habrá una vacuna contra el coronavirus en pocas semanas pero, al ser repreguntado por la presentadora Kristen Welker, de la cadena NBC, no ahondó en el asunto.

También presumió de ser “el presidente que más ha hecho por los afroestadounidenses desde Abraham Lincoln” (el mandatario que abolió la esclavitud) y de ser “la persona menos racista en esta habitación”.

“Este Abraham Lincoln de acá es uno de los presidentes más racistas que hemos tenido en la historia moderna. Le echa gasolina a cada uno de los fuegos racistas”, le respondió sarcásticamente Biden, quien recordó que Trump inició su primera campaña presidencial diciendo que iba a librar a Estados Unidos de los “violadores mexicanos”.

Biden, por su parte, ofreció muchos más detalles sobre sus planes de gobierno aunque sus frases quizá no tuvieron la grandilocuencia de las de Trump.

Anunció, por ejemplo, que, de llegar a la Casa Blanca, enviaría una ley al Congreso para crear un camino hacia la ciudadanía para 11 millones de inmigrantes indocumentados, que mejoraría el sistema de salud estableciendo una opción pública de seguro médico que -prometió- generaría mayor competencia y permitiría abaratar los costos. También se comprometió con un salario mínimo de US$15 por hora.

En comparación con el primer debate este segundo y final encuentro entre Trump y Biden fue mucho mejor recibido por el público.

“Fue un debate más sustancial”, señaló Laura Trevelyan, reportera y presentadora de la BBC en América del Norte.

Parte de ese éxito se le atribuye a una novedad tecnológica: la adopción de un botón para silenciar los micrófonos de los participantes en los momentos previstos para que cada uno tuviera unos minutos de intervención sin interrupciones.

“El botón de silencio, o al menos la amenaza de su utilización, pareció funcionar. Durante el segundo debate presidencial los candidatos estuvieron más contenidos”, apuntó Anthony Zurcher, de la BBC en Norteamérica.

Pero también ocupó un lugar predominante para el público la moderadora, Kristen Welker, a quien muchos ciudadanos declararon como la “clara ganadora” del debate.

Incluso Trump -que critica regularmente a la cadena de la periodista (NBC) y la había acusado de ser “terrible e injusta”-, acabó alabándola.

“Por cierto, respeto mucho la forma en la que está manejando usted esto, tengo que decirlo”, manifestó el presidente en medio del último cara a cara de esta campaña presidencial.

El público, en redes, le dio la razón.

Por: BBC News Mundo

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Politica

Kamala Harris vs Mike Pence: quién ganó el tenso y monótono debate

REUTERS

Los debates vicepresidenciales rara vez alteran las carreras presidenciales, y el enfrentamiento entre Kamala Harris y Mike Pence el miércoles parece destinado a no ser diferente.

Ambos candidatos tuvieron momentos fuertes y algunos tropiezos en el transcurso de la noche, pero en lo que respecta a recuerdos duraderos sobre lo que se dijo son pocos y distantes entre sí.

Si esta fue una ronda que mostró el futuro de los partidos Demócrata y Republicano, los verdaderos fuegos artificiales tendrán que esperar por los próximos años.

“Señor vicepresidente, estoy hablando”: la frase de Kamala Harris a Mike Pence que marcó el debate vicepresidencial en EE.UU. (y refleja la experiencia cotidiana de muchas mujeres).

Un resultado de este tipo, en sí mismo, es una buena noticia para los demócratas y Joe Biden, quienes las encuestas sugieren que están liderando la carrera, una pieza más para su campaña y un paso adelante cerca del día de las elecciones.

Ambos candidatos hicieron todo lo posible para defender a su respectivo compañero de fórmula y lanzar ataques a los candidatos de la boleta opuesta.

Sin embargo, los participantes en este debate miran más allá del 3 de noviembre.

Pence, como la mayoría de los vicepresidentes, tuvo sus ojos puestos en una candidatura presidencial propia.

Para hacer eso, buscó ganarse la base de Trump y, al mismo tiempo, lanzar una red más amplia a los republicanos y a los independientes de derecha que pueden estar descontentos con la política trumpiana.

Y así, durante todo el debate, defendió a Trump, pero también trató de forjar su propia identidad.

Harris, quien en este momento el año pasado se postuló para la presidencia, trató de demostrar que es una abanderada hábil de los demócratas una vez que Joe Biden abandone el escenario político.

Cuando se le dio la oportunidad, habló sobre su educación y antecedentes, aprovechando la oportunidad para presentarse a una audiencia estadounidense más amplia.

Cruce de palabras sobre el coronavirus
No es sorprendente que la pandemia de coronavirus fuera el tema de apertura del debate y, como era de esperar, Harris pasó la mayor parte de su tiempo en el ataque.

Pence, por otro lado, se centró principalmente en la defensa.

Tal es la realidad política actual, dado que actualmente es el gobierno de Trump el que manda.

La línea más clara de Harris fue citar estadísticas (210.000 estadounidenses muertos) y acusar al gobierno de Trump de “ineptitud” e “incompetencia”.

Pence tenía lista su respuesta. Dijo que el plan Biden-Harris es en gran medida una copia de lo que Trump ya estaba haciendo.

Sorprendentemente, ninguno de los candidatos dedicó mucho tiempo al hecho de que la propia Casa Blanca se ha convertido en el último foco de contagio del coronavirus en EE.UU.

Una línea de ataque obvia para Harris quedó sin explotar.

Dado que las encuestas sugieren que el manejo del virus es la mayor debilidad de la campaña de Trump, un empate sobre el tema es un éxito para Pence.

Energía y medioambiente
Si Pence estaba a la defensiva por la pandemia de coronavirus, cuando el tema se centró en el medio ambiente fue su ocasión para atacar.

Biden ha ampliado su plan para abordar el cambio climático desde las primarias demócratas, y Harris fue una de las patrocinadoras originales de la propuesta climática Green New Deal(Nuevo Acuerdo Verde).

Si bien eso les ha valido elogios de los ambientalistas de izquierda, hay votantes en estados indecisos como Pensilvania y Ohio que podrían ver más regulaciones gubernamentales como una amenaza para su sustento económico, una realidad que Pence intentó explotar.

Aunque reconoció que “el clima está cambiando”, advirtió que el Green New Deal “aplastaría la energía estadounidense”. Acusó a Biden de querer “abolir” los combustibles fósiles y prohibir el fracking, lo que Harris señaló que era falso.

Sin embargo, Biden ha tenido que caminar una línea muy fina con el medioambiente.

Durante el debate, Harris dijo que el cambio climático es una “amenaza existencial” para el mundo, pero tanto ella como Biden han evitado una defensa completa del tipo de respuesta gubernamental que tal amenaza requeriría, probablemente porque corre el riesgo de alienar a votantes clave en estados clave.

Raza, policía y protestas
Como hizo Trump una semana antes, Pence intentó pasar rápidamente la discusión sobre discriminación racial y fuerza policial excesiva a una condena de las protestas, a veces violentas, que han ocurrido en ciudades estadounidenses.

Dijo que confiaba en el sistema de justicia y que sugerir que la nación es sistemáticamente racista es un insulto a los hombres y mujeres en las fuerzas del orden.

Eso preparó la réplica más poderosa de Harris.

“No estoy aquí para ser sermoneada por el vicepresidente sobre lo que significa hacer cumplir las leyes de este país”, dijo secamente la exfiscal de San Francisco y fiscal general de California.

Luego señaló los problemas de Trump, tan recientemente como el debate de la semana pasada, para condenar de manera clara y concisa a los supremacistas blancos, y concluyó que “esto es lo que tenemos como presidente”.

Por supuesto, hubo una mosca en la cabeza de Pence durante casi la totalidad de este momento, que será probablemente de lo que todos estarán hablando en los próximos días.

Una cuestión de tono
Los recuerdos del debate presidencial de la semana pasada están probablemente relacionados con el tono y los comportamientos: las constantes interrupciones de Trump y los ocasionales destellos de temperamento de Biden.

Ambos candidatos claramente tenían esto en mente cuando se sentaron detrás de sus mesas protegidas con plexiglás.

El comportamiento típicamente tranquilo y metódico de Pence sirvió como un contrapunto constante a la anterior actitud de Trump.

Sin embargo, en muchas de las ocasiones en que interrumpió, Harris tuvo lista una respuesta.

“Señor vicepresidente, estoy hablando”, dijo la senadora. “Si no le importa dejarme terminar, entonces podemos tener una conversación”.

Dada la dinámica del debate -un hombre blanco interrumpiendo a la primera mujer negra candidata a la vicepresidencia- fueron momentos tensos para Pence, dado que podría parecer grosero para sus seguidores republicanos del medio oeste.

Es más, Pence no pareció respetar tampoco por momentos a la moderadora, Susan Page, y dado que las mujeres votantes estadounidenses se han vuelto drásticamente contra la candidatura Trump-Pence, el tiempo extra que ganó para hablar con sus interrupciones puede haber tenido un precio político.

Por: Anthony Zurcher
Corresponsal de la BBC en Washington DC

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Politica

Debate Trump vs Biden: caótico enfrentamiento sobre el deterioro político de EE.UU

En el debate estuvo muy presente la clásica retórica de "nosotros" contra "ellos" muy usada por Trump. / SARAH SILBIGER

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evitó condenar a los supremacistas blancos, habló de un intento de golpe en su contra y sugirió sin pruebas que puede haber fraude electoral.

El candidato presidencial demócrata, Joe Biden, mandó callar a Trump y lo calificó de racista, payaso y mentiroso.

En suma, el primer debate entre ambos rivales para las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos se volvió un cruce caótico de ataques personales e interrupciones constantes.

Pero si de algo sirvió el duelo de 90 minutos, fue para reflejar el grado de deterioro político del país, con un recelo y desprecio entre rivales electorales inimaginable algún tiempo atrás.

“¿Quieres callarte, hombre?”

De hecho, el debate entre Trump y Biden en la Universidad Case Western Reserve de Cleveland fue la fotografía de un país polarizado políticamente y sacudido por varias crisis simultáneas.

La pandemia de coronavirus que suma más de 205.000 muertes en EE.UU., el colapso de la economía o las protestas contra el racismo y la brutalidad policial fueron algunos de los temas de discusión.

También confrontaron sobre el llenado de una vacante en la Corte Suprema de Justicia que puede alterar el equilibrio del máximo tribunal y acerca de la integridad de las elecciones.

Ante semejantes retos, los candidatos tenían la oportunidad de mostrarse como líderes capaces de unir al país en tiempos difíciles.

Sin embargo, Trump dejó claro de entrada que apelaría a su clásica retórica de “nosotros” contra “ellos” que ha usado con frecuencia desde la presidencia.

“Nosotros ganamos la elección”, dijo al justificar su polémica decisión de cubrir la vacante en la Corte Suprema sin esperar al próximo veredicto de las urnas.

“Nosotros tenemos el Senado, tenemos la Casa Blanca y tenemos una nominada fenomenal”.

“Ellos vinieron detrás de mí tratando de dar un golpe, me persiguieron espiando mi campaña (de 2016), empezaron el día en que gané e incluso antes”, dijo en otro momento.

Las interrupciones constantes de Trump a Biden y sus entredichos con el moderador, el periodista Chris Wallace, evidenciaron a un presidente difícil de contenerse dentro de las reglas de juego.

Los habituales problemas de ambos partidos para encontrar acuerdos básicos con los que sortear tantas crisis también quedaron mejor retratados que nunca en el choque de candidatos.

Biden, que desde hace meses aparece delante de Trump en las encuestas, había dicho este mes que buscaría evitar “entrar en una pelea” durante los debates.

Sin embargo, pasó rápidamente de la sonrisa al enfado: “¿Quieres callarte, hombre?”, le reclamó a Trump en una de sus interrupciones.

Y aunque también le pidió al presidente que salga de su “búnker” para buscar unir a demócratas y republicanos en soluciones para la pandemia, lanzó varias descalificaciones más contra Trump.

“Es difícil hablar con este payaso, perdón, esta persona”, dijo Biden en un momento. “Él es racista”, disparó un poco después.

“Meses”

Que acusaciones tan graves como esas hayan pasado como normales en un debate presidencial en EE.UU. también es algo sintomático de los tiempos que vive este país.

Cuando tuvo la oportunidad de hacerlo porque se lo planteó el moderador, Trump evitó condenar expresamente a los supremacistas blancos y extremistas de derecha.

Y en su respuesta pasó a criticar a grupos de izquierda y antifascistas a los que acusa de provocar violencia en las protestas.

En tiempos de tanta polarización y con milicias armadas que ganan presencia en EE.UU., muchos temen que una disputa por el resultado electoral derive en una crisis política sin precedentes en la historia moderna del país.

Sin embargo, Trump volvió a plantear sospechas sobre la limpieza de las elecciones y dijo que los resultados pueden tardar “meses” en conocerse.

La posibilidad de que se demore el escrutinio definitivo ha crecido este año debido al aumento de los votos por correo durante la pandemia.

Pero los expertos niegan que esto suponga el peligro de un fraude generalizado, como sostiene Trump.

En otra pregunta insólita para un debate presidencial de EE.UU., Wallace le preguntó a Trump si instaría a sus seguidores a mantener la calma en ese período sin participar en disturbios civiles.

Pero el mandatario sugirió que sus simpatizantes “vayan a las urnas y miren con mucha atención”.

Y evitó decir qué hará él mismo si considera que la elección fue amañada.

Biden aseguró que aceptaría una eventual derrota cuando todos los votos sean contabilizados y sostuvo que si Trump pierde “va a irse”.

“No puede permanecer en el poder, eso no ocurrirá”, afirmó. “Así que voten”.

Por: Gerardo Lissardy
BBC News Mundo, Nueva York

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Politica

Un segundo mandato de Trump: sus asesores se preguntan si al presidente le interesa la reelección

Hace poco, en una reunión con sus principales asesores políticos, el presidente Donald Trump se impacientó cuando le advirtieron que iba camino a la derrota en noviembre si continuaba con su comportamiento incendiario en público y en Twitter.

Hace poco, en una reunión con sus principales asesores políticos, el presidente Donald Trump se impacientó cuando le advirtieron que iba camino a la derrota en noviembre si continuaba con su comportamiento incendiario en público y en Twitter.

Días antes, Trump había encendido alarmas cuando respondió a las protestas por la brutalidad policial con la amenaza de que “cuando empiezan los saqueos, empiezan los tiroteos”.

Trump reviró contra sus asesores. “Tengo que ser yo”, respondió, según tres personas familiarizadas con la reunión. Unas horas más tarde, publicó en Twitter una carta de su exabogado personal en la cual describía a algunos de los manifestantes como “terroristas”.

En esos momentos, y en varias ocasiones desde entonces, la habitual resistencia del presidente ha estado impregnada de una mayor sensación de agitación debido a que enfrenta una serie de crisis externas que no ha podido contener, o que ha exacerbado, según las personas cercanas a él. Dicen que sus repetidos actos de autosabotaje político (como la tan criticada sesión de fotos en una iglesia para la cual se retiró por la fuerza a manifestantes pacíficos o la amenaza de utilizar al ejército estadounidense para reprimir las protestas) han dañado de manera considerable sus posibilidades de reelección. A pesar de ello, el presidente estadounidense parece casi totalmente incapaz o renuente a limitarlos.

Trump no quiere que se le vea como un “perdedor” —una etiqueta que detesta—, en la campaña contra el exvicepresidente Joe Biden. Algunos asesores creen que el gusto de Trump por la pelea regresará en otoño, cuando la lucha por las elecciones generales esté más avanzada.

Pero por ahora, dijeron, el presidente actúa como si estuviera arrinconado y a la defensiva, y su comportamiento autodestructivo ha estado tan fuera de lugar para un presidente en funciones en un año electoral que muchos asesores se preguntan si de verdad le interesa mantenerse en el cargo un segundo periodo.

En lugar de centrarse en planes y objetivos para otros cuatro años de mandato, Trump se ha regodeado en la autocompasión por la cobertura noticiosa que se le ha hecho desde el comienzo de la pandemia del coronavirus, según dijeron personas que han hablado con él. Ha dicho a sus asesores que no importa lo que haga, no puede obtener “buenas” notas de la prensa, lo que con frecuencia ha sido su mayor interés. Trump se ha referido a los reporteros como “esa gente” ante sus asesores, intercalando una grosería entre las dos palabras.

El presidente se ha quejado de que nada de lo que hace les parece suficientemente bueno y le han enfurecido las críticas de que no ha manejado como se debe la muerte de George Floyd, un afroestadounidense asesinado por la policía en Mineápolis. Los comentarios que hizo sobre Floyd cuando asistió al lanzamiento del transbordador SpaceX deberían haber bastado, dijo a sus asesores.

De nueva cuenta, Trump se ha obsesionado con las filtraciones de la Casa Blanca y ha exigido que los funcionarios encuentren y enjuicien a los responsables de que se haya dado a conocer la información sobre su estancia en el búnker subterráneo de la Casa Blanca durante las protestas violentas. Y, aunque ha mostrado entusiasmo por reanudar sus ya característicos mítines, parece que la posibilidad de gobernar cuatro años más no le despierta el mismo sentir, según dijeron personas cercanas a él. Ya ha escogido los villanos a los que culpará si pierde: el mal manejo del coronavirus por parte de China, el cierre de la economía y los demócratas que, según ha dicho a sus asesores, le “robarán” la elección.

Sus asesores reconocieron que el presidente siempre ha tenido dificultades para controlar su comportamiento, que excede por mucho los límites de la conducta presidencial tradicional. Su tendencia a usar lenguaje racista, como el tuit sobre disparar a los saqueadores, es algo que desde hace mucho ha definido y debilitado su presidencia. Sin embargo, su comportamiento y sus comentarios recientes, así como su incapacidad para superarlos, sorprenden a sus asesores por la diferencia con sus anomalías habituales.

The New York Times entrevistó a más de una decena de personas que interactúan con el presidente de manera habitual, incluyendo a asesores actuales y anteriores de la Casa Blanca, asesores de campaña, amigos y asociados. La mayoría puso como condición conservar el anonimato para evitar represalias por hablar con honestidad sobre asuntos internos de la Casa Blanca. Les gustaría que ganara de nuevo, pero se dicen sorprendidos ante cómo ha cambiado su comportamiento durante esta última y terrible amenaza a su presidencia.

Peter King, representante republicano de Nueva York, dijo que los serios desafíos que enfrenta el país habían llevado a Trump a un territorio inexplorado. “Esto no es algo a lo que esté acostumbrado”, advirtió King en una entrevista.

“Hasta cierto punto, lo de Mueller fue fácil”, añadió King, al referirse al efectivo contragolpe de Trump en la investigación de Rusia llevada a cabo por el fiscal especial Robert Mueller. “Fue una variación de aquello con lo que ha tenido que lidiar durante toda su carrera. Siempre está luchando, y siempre hay al menos un 40 o 50 por ciento de personas que en un inicio están de tu lado”.

No obstante, en este momento, aseveró King, “es diferente”.

En una declaración, una vocera de la Casa Blanca, Alyssa Farah, dijo: “El presidente está totalmente comprometido con desempeñarse en el cargo un segundo mandato para ampliar los logros de su primer mandato y aportar más para el pueblo estadounidense”.

Un funcionario, que solo quiso hablar sobre los planes del gobierno, afirmó que a los miembros del personal encargados de las políticas se les pidió recién esta semana que presenten iniciativas para 2021 y los siguientes años.

Con la investigación de Rusia y el juicio político, según funcionarios de la Casa Blanca y de otros sectores, Trump estaba ansioso por luchar, y lo hizo con bastante eficacia. Ahora consideran que el comportamiento del presidente es autodestructivo y que sus arranques de ira y autoalabanza son inútiles contra un enemigo invisible como el virus y un movimiento de protesta con el que ha mostrado poca solidaridad.

“Es como un Lyndon B. Johnson moderno, al que todo le ha salido mal y ninguna de sus habilidades le sirve para superar esos tropiezos”, dijo Anthony Scaramucci, quien fungió como director de comunicaciones de la Casa Blanca durante uno de los períodos más breves que se hayan registrado: 11 días. Aunque desde entonces ha denunciado públicamente al presidente, Scaramucci conoce a Trump de forma personal desde hace años y sigue siendo amigo de algunos funcionarios de la Casa Blanca.

Nada de lo que Trump ha intentado hasta ahora, dijo Scaramucci, ha cambiado el discurso sobre su presidencia ni ha despejado las preocupaciones más extensas sobre el racismo y la propagación del virus en la cobertura noticiosa.

“Por eso sé que no le gusta el trabajo”, dijo Scaramucci.

A menos de cinco meses del día de las elecciones, Trump parece, en general, incapaz de modificar su comportamiento y renuente a hacerlo, como sí lo hizo en ciertos momentos clave durante 2016: aceptó la elección de Mike Pence, un conservador recatado y religioso con el que no tenía relación previa, como su compañero de fórmula y silenció su Twitter en la víspera de las elecciones.

El fin de semana pasado, Trump por fin hizo lo que sus aliados consideraron una maniobra política sabia cuando anunció, de manera abrupta, que cambiaría la fecha de un mitin que sus asesores habían planeado en Tulsa, Oklahoma, el 19 de junio, un día festivo en el que se conmemora el fin de la esclavitud en Estados Unidos. Además, lo hizo muy a tono con su estilo, ya que Trump no informó a sus asesores sobre el cambio antes de tuitearlo.

Tom Cole, representante republicano de Oklahoma, aseveró que la campaña de Trump iba mejor que la de un presidente republicano anterior que perdió la reelección, el presidente George H.W. Bush.

“Vi mucho más letargo en la campaña de Bush de 1992 que en esta”, afirmó Cole.

Aun así, el presidente ha hecho declaraciones públicas en las que sugieren que su mente está en la vida fuera de la Casa Blanca.

En un evento reciente en el Jardín de las Rosas en el que Trump habló sobre la mejora en las contrataciones, mencionó el auge en la fabricación de vehículos recreativos, pero luego hizo una pausa antes de decir con un tono melancólico: “Puede que tenga que comprar una de esas cosas y conducir por la ciudad. Tal vez regrese a Nueva York con la primera dama en un remolque”.

Fue solo en abril que Trump realmente entendió la gravedad de las crisis gemelas —de salud y económica— causadas por el coronavirus, dijeron varios de sus asesores actuales y anteriores. Y agregaron que ya no confiaban en que él estuviera entusiasmado ante la idea de presidir la difícil tarea de sacar al país de una recesión, con pocos momentos de gloria.

Para Trump, el subidón de ganar la presidencia rara vez ha sido igualado por los deberes que conlleva el cargo, dijeron asesores actuales y anteriores.

La mayoría de los presidentes no tienen idea de cómo es el trabajo hasta que están en él. Pero para Trump, quien nunca había trabajado en el gobierno y pasó años como animador de televisión, las brechas en su conocimiento son enormes.

“En privado, Trump estaba interesado en ganar la presidencia”, dijo Sam Nunberg, quien trabajó en la campaña de Trump en 2015 y fue su asesor antes de eso. “Durante un periodo de tres años, entre 2012 y 2014, estuvo enfocado en los detalles e incluso en las minucias del proceso de las primarias y las elecciones generales. Siempre estuvo claro que Trump quería ser elegido presidente. Pero la realidad de ser presidente nunca se discutió”.

En 2016, Trump ofreció reiteradamente en sus discursos propuestas de políticas. Aún tiene que exponer lo que haría con un segundo mandato.

Al interior de la Casa Blanca, algunos miembros del personal describieron al presidente como alguien solitario, con pocas personas con las que disfruta hablar, y varios miembros del personal dijeron que el ánimo estaba en su punto más bajo desde las primeras semanas de su gobierno.

El ala oeste en la que Trump ha estado en un confinamiento virtual desde marzo carece de un sentido de urgencia o propósito, dicen visitantes recientes. Mark Meadows, el cuarto jefe de gabinete de la Casa Blanca, se ha quejado de que no tenía idea de cuán frágil y difícil era el clima hasta que llegó allí, según varias personas familiarizadas con sus conversaciones.

A Trump parece agradarle su nueva guerrera, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, pero los funcionarios dicen que ella pasa la mayor parte de su tiempo con el presidente y poco tiempo con el personal. Los días en los que ofrece sesiones informativas a los reporteros, pasa horas preparándose, lo que frustra a algunos de sus colegas. También ha sacado a varias personas de sus trabajos en el área de prensa y comunicaciones, y contrató a Chad Gilmartin, primo de su marido, para la función.

Los republicanos en Washington han concluido que Trump no puede ganar la reelección mientras siga detrás del escritorio, y esperan que reiniciar los mítines con el presidente —a partir del sábado en Tulsa— ofrecerá una distracción.

King dijo que la última vez que habló con Trump, justo antes del asesinato de Floyd, el presidente sonaba animado con sus perspectivas de reelección. “Estábamos hablando sobre algo más, y él dijo: ‘¿Qué tal va allá afuera, cómo me va?’”, recordó King. “Estaba muy optimista. El tono de su voz era el de quien esperaba que le dijera que lo estaba haciendo bien”.

Trump parece estar al tanto de que su suerte en la política ha cambiado, aunque no ha asumido su responsabilidad por el cambio. La semana pasada, en una entrevista con Fox News, para extrañeza de todos reconoció una realidad que no ha elegido ignorar.

“Si no gano, no gano. Ya sabes, me refiero a seguir adelante y hacer otras cosas”, dijo Trump.

Y añadió: “Creo que sería algo muy triste para nuestro país”.

Por Maggie Haberman y Annie Karni
The NYTimes

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