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Inmigración

Donald Trump confirma que aún planea liberar indocumentados en ‘ciudades santuario’ en represalia a enemigos políticos

El presidente Donald Trump confirmó este viernes que su gobierno está considerando la posibilidad de liberar a indocumentados detenidos en las frontera en las principales ciudades santuario controladas por los demócratas, una oscura estrategia que fue revelada el jueves por el diario The Washington Post.

“Debido al hecho de que los demócratas no están dispuestos a cambiar nuestras muy peligrosas leyes de inmigración, de hecho, como se informó, estamos considerando seriamente la posibilidad de colocar a los inmigrantes ilegales solo en ciudades santuario”, escribió este viernes el mandatario en su cuenta de la nted social Twitter horas después de la publicación del diario capitalino.

La revelaci´ón del Post se registró cuatro días después de que el presidente anunciara la renuncia de la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kirstjen Nielsen, y a una semana del retiro de la candidatura de Ron Vitiello para dirigir la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE). El oscuro plan fue tramado durante meses en las oficinas de la Casa Blanca y es considerado como una venganza política por la falta de apoyo a su iniciativa antiinmigratoria conocida como ‘tolerancia cero’.

El diario dijo que durante meses, funcionarios han presionado a las autoridades federales de inmigración para que “liberen a indocumentados en las calles de las ciudades santuario en represalia contra adversarios políticos del presidente”, descubrió el diario tras revisar mensajes de correo electrónico.

El plan fue propuesto al menos dos veces en los últimos seis meses. La primera fue en noviembre cuando llegó una caravana de migrantes a la frontera y Trump amenazó con cerrarla si México no la detenía.

Trump utilizó el tema para presionar al Congreso durante el debate de lo que restaba del presupuesto para el año fiscal 2019 y pidió $5,700 millones para construir un muro a lo largo de la frontera o cerraría parcialmente el gobierno.

La amenaza se cumplió el 20 de diciembre cuando el Congreso no llegó a un acuerdo con Trump. Poco más de 800,000 empleados federales estuvieron 35 días sin salario. Finalmente, Trump cedió y sólo recibió un tercio de los fondos que reclamaba.

Nuevamente en febrero
El plan fue propuesto nuevamente en febrero. En ambas ocasiones, reseña el diario capitalino, funcionarios de la Casa Blanca se comunicaron con los encargados de varias agencias para determinar si los miembros de las caravanas podían ser arrestados en la frontera y luego trasladados en autobuses a las ciudades santuario.

Los correos electrónicos revelaron que la Casa Blanca dijo a ICE que el plan “tenía la intención de aliviar la escasez de espacio en los centros de detención, pero también sirvió para enviar un mensaje a los demócratas”.

Los funcionarios de ICE, al conocer los planes del presidente, se alarmaron e indicaron que estaban plagados de preocupaciones presupuestarias y de responsabilidades civiles.

ICE también rechazó la idea que calificó de “inapropiada”, dice el Post. El diario dijo que un funcionario de la Casa Blanca y un vocero del DHS indicaron en declaraciones casi idénticas enviadas al periódico que, “la propuesta ya no está bajo consideración”. Sin embargo, este viernes Trump aseguró que la estrategia sigue vigente porque los demócratas no han cambiado las leyes de inmigración como él pide.

Desde que Trump llegó a la Casa Blanca el 20 de enero de 2017 ha batallado por imponer su política de’ tolerancia cero’ para combatir la inmigración indocumentada y poner frenos a la inmigración legal.

El 25 de enero de ese año, apenas cinco días después de asumir el mando, elaboró una orden ejecutiva sobre el muro y otra sobre las ciudades santuario donde decretó la permanencia indocumentada como una amenaza a la seguridad pública y nacional de Estados Unidos.

A partir de entonces ha gobernado a golpe de decretos y memorandos para endurecer la ley de inmigración sin el apoyo del Congreso.

Trump también ha insistido en que el legislativo le dé manos libres para detener, arrestar y deportar aceleradamente a indocumentados, perseguir a los 10.4 millones de indocumentados, restringir el asilo y estrechar el camino para la inmigración legal, entre otros cambios radicales.

El papel de Miller
The Washington Post dijo además que el plan de liberar a indocumentados detenidos por ICE en ciudades santuario fue discutido por el asesor principal del presidente, Stephen Miller, con dos funcionarios del DHS.

Añade que Matthew Albence, director adjunto en funciones de ICE, “cuestionó de inmediato la propuesta en noviembre y luego hizo circular la idea dentro de su agencia cuando reapareció en febrero, buscando una revisión legal que finalmente condenó la propuesta”.

Tanto Miller como Albence declinaron hacer comentarios a preguntas formuladas por el Post el jueves.

El diario señaló que el nombre de Miller “no apareció en ninguno de los documentos revisados” durante la investigación del plan. “Pero como asesor principal de la Casa Blanca sobre política de inmigración, los funcionarios de ICE comprendieron que estaba presionando el plan”, indicó.

El periódico también dijo que funcionarios del DHS manifestaron que el plan de la Casa Blanca para vengarse de los demócratas “era desconcertante, y subraya la presión política que Trump y Miller han puesto sobre ICE y otras agencias del DHS en un momento en que el presidente está furioso por oleada de migrantes” que ha puesto en jaque la capacidad de respuesta de su gobierno.

El reportaje también indica que el plan no se presentó a Vitiello, director interino de ICE, a quien Trump le retiró su nominación la semana pasada. El funcionario presentó su renuncia el miércoles.

En marzo la Patrulla Fronteriza detuvo a más de 103,000 personas en la frontera con México, un incremento del 35% con respecto a febrero y más del doble en el mismo período en el 2018.

ICE tiene unas 52,000 camas diarias disponibles autorizadas por el Congreso. Si el número de detenidos sobrepasa el cupo, aquellos inmigrantes son antecedentes y que no representan una amenaza, son liberados bajo fianza con una orden para presentarse periódicamente con las autoridades migratorias hasta que se presenten ante un juez en una corte de inmigración, donde decidirán sus futuros en Estados Unidos.

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Inmigración

La crisis perpetua en la frontera

Agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos procesan a un grupo de personas el mes pasado que habían cruzando la frontera desde México en Peñitas, Texas.Credit...Joe Raedle/Getty Images

Por Jorge Ramos – NYTimes
MIAMI, Estados Unidos — La frontera entre México y Estados Unidos “es una cicatriz que sangra”. Así la describió el escritor mexicano Carlos Fuentes en 1997. Ese año, según el Pew Research Center, entraron 1,2 millones de inmigrantes, tanto autorizados como no autorizados, a Estados Unidos. En ese entonces, como ahora, se hablaba ya de una crisis desbordada.

La verdad es que esa frontera siempre ha estado en crisis. Es una crisis perpetua desde su conformación, con los límites que conocemos hoy. La frontera se redefinió después del fin de la guerra entre México y Estados Unidos, en 1848. En mis clases de primaria en Ciudad de México nos enseñaron que con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, el conflicto y la invasión estadounidense terminaron y México fue obligado a ceder el 55 por ciento de su territorio a Estados Unidos con una compensación de 15 millones de dólares. Así que en ese entonces muchos no cruzaron la frontera, la frontera los cruzó a ellos.

Desde entonces la frontera ha sido, al mismo tiempo, una zona de conflictos y de hermandad extraordinaria. Y desde que tengo memoria ha habido debates y dilemas sobre los que cruzan del sur al norte, y preguntas sobre cuántos deben cruzar cada año.

Me ha tocado cubrir a todos los presidentes de Estados Unidos y sus políticas migratorias desde que, en los años ochenta, Ronald Reagan ocupaba la Casa Blanca. Y creo que para encontrar una solución a largo plazo —que pasa por aceptar a muchos más inmigrantes de manera legal— debemos repasar esas políticas. El problema de fondo es que el sistema migratorio estadounidense está quebrado, caduco y no refleja las nuevas necesidades del país ni de sus vecinos del sur.

En 1986, el presidente Reagan, republicano, otorgó una “amnistía” a casi tres millones de personas que residían en el país sin documentos. Pero no fue una solución integral y no funcionó para frenar el flujo migratorio.

Para cuando entrevisté al expresidente George W. Bush en Guanajuato, México, en febrero de 2001, el número de migrantes indocumentados ya había crecido a 7,8 millones. El mandatario coqueteaba con la idea de un “programa de trabajadores temporales”, pero unos meses después los actos terroristas del 9/11 suspendieron la idea de una reforma migratoria.

El número de personas indocumentadas siguió creciendo —hasta 12,2 millones en 2007— y en 2009 llegó Barack Obama a la presidencia. En los meses de ese año en los que su partido, el Demócrata, controlaba ambas cámaras del Congreso, Obama desaprovechó la oportunidad para presentar una reforma migratoria que regularizara su estatus. Y luego llegó Donald Trump, uno de los presidentes más racistas y antiinmigrantes que ha tenido Estados Unidos.

Las políticas inhumanas y represivas de Trump —y las medidas de emergencia sanitaria por la pandemia— redujeron la migración a sus niveles más bajos desde los años ochenta.

Pero ahora, con un nuevo presidente y con nuevas reglas, podríamos regresar a las épocas en que cruzaban cientos de miles de personas indocumentadas cada año. Solo en febrero se registraron más de 100.400 cruces no autorizados. Esa es, quizás, la nueva normalidad.

“La frontera no está abierta”, me dijo en entrevista el secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas. Pero “lo que hemos descontinuado es la crueldad de la gestión anterior”. Decenas de miles de solicitantes de asilo, muchos de ellos centroamericanos, han esperado durante más de un año en campamentos en México y no van a desaprovechar una oportunidad.

No debería sorprender a nadie que esto suceda en una frontera que divide a uno de los países más ricos y poderosos del mundo de una de las regiones más desiguales del planeta: los más pobres y vulnerables —en medio de la pandemia, de los estragos del cambio climático y la violencia— se dirigen a un lugar más próspero y seguro. Así de lógico y simple. Y así continuará por mucho tiempo.

Debido a la pandemia, América Latina ha vivido su “peor crisis social, económica y productiva” en 120 años, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Dos huracanes —Eta e Iota— devastaron Centroamérica a finales del año pasado. Y las pandillas, la corrupción, la violencia y los efectos de la crisis medioambiental y escasez de vacunas contra la COVID-19 han expulsado a muchos de la región.

México, en particular, ha sufrido mucho durante la pandemia: más de 320.000 mexicanos han muerto, según el nuevo reporte oficial del gobierno mexicano que incorpora las llamadas “muertes excesivas”, y su economía cayó 8,5 por ciento en 2020. A esta situación se añade el terrible e intratable problema de la violencia de los cárteles del narcotráfico. El comandante a cargo del Comando Norte de Estados Unidos informó recientemente que “entre 30 y el 35 por ciento de México” está en control de “organizaciones criminales transnacionales”. Esto implica un peligro inminente para quienes cruzan territorio mexicano para llegar a la frontera.

Es necesario aceptar esta realidad y crear un sistema que pueda absorber de manera legal, eficaz, rápida y segura a muchos de los inmigrantes y refugiados que vienen del sur. Van a seguir llegando y no hay otra solución. Todas las otras opciones —muros, centros de detención, separación de familias, repatriación exprés, la espera de los solicitantes de asilo en México, deportaciones masivas— han fracasado. La inversión de 4000 millones de dólares en Centroamérica, como ha prometido Biden, es un buen comienzo para atacar el origen de la migración: la pobreza y falta de oportunidades en sus países. Pero ese proyecto tardará años en dar resultados.

En lo que el plan surte efecto, debemos aceptar anualmente entre millón y medio y dos millones de inmigrantes autorizados cada año.

Hay que hacer legal y productiva la entrada a Estados Unidos, pues ahora es un sistema peligroso que incentiva el tráfico humano controlado por cárteles de drogas y otras organizaciones criminales. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha dicho que, según sus cuentas, “la economía estadounidense va a necesitar entre 600.000 y 800.000 trabajadores por año” y que sería mejor llegar a un acuerdo con Estados Unidos para que esas personas necesarias lleguen de manera autorizada al país en lugar de arriesgar sus vidas para intentar cruzar. Tiene razón.

Estados Unidos es un país de inmigrantes y necesitará muchos más para la recuperación económica después de la pandemia, para reemplazar a la creciente población que se jubila y también para compensar por las bajas tasas de natalidad en Estados Unidos, según argumentó recientemente el periodista Andrés Oppenheimer del The Miami Herald. Nuestro sistema migratorio requiere renovarse para afrontar estos retos.

Por eso la frontera parece que revienta. Es ahí donde chocan las aspiraciones de los nuevos inmigrantes con un país que se resiste a modernizar su manera de recibir y absorber a los recién llegados. Las cicatrices de la frontera son reales, pero sabemos cómo resolver los problemas: más migración autorizada. Como dicen en México; no hay de otra.

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Inmigración

Qué ha cambiado con Biden y qué no en la frontera de EE.UU. con México

El incremento de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos y un sistema de tramitación de asilo desbordado ponen a prueba las promesas de cambio del presidente Biden.

El número de personas retenidas ronda las 130.000 a lo largo del mes de marzo, en comparación con las 100.000 de febrero.

La cifra de menores no acompañados que tratan de cruzar a EE.UU. se ha triplicado en las primeras semanas de marzo. El gobierno de Biden revirtió la ley puesta en marcha por Donald Trump que permitía expulsarlos.

Por: BBC Mundo

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Inmigración

Guatemala y México se preparan para frenar una nueva caravana de migrantes

Migrantes hondureños caminan por una carretera de El Florido, Guatemala, en su ruta hacia México y con el objetivo de llegar hasta Estados Unidos. 16 de enero de 2020. © Luis Echeverría/ Reuters

Las redes sociales nuevamente están siendo utilizadas para convocar a cientos, quizás miles de inmigrantes hondureños para que inicien una travesía rumbo a Estados Unidos en busca de asilo.

“Lista y fuerte caravana hondureña preparada este 30 de marzo. Desde la gran terminal de San Pedro Sula rumbo a USA. Todos en la terminal, Dios nos guíe y nos guarde a todos los del grupo. Bendiciones”, se lee en uno de los mensajes publicados la semana pasada en Facebook.

En otro mensaje advierten que hay tres requisitos para sumarse a la marcha: prueba de covid, cédula de identidad y permiso migratorio. Pero en ninguna parte se explica dónde deben conseguirse las pruebas médicas de que la persona no está infectada con el virus, lo que puede dar paso al uso de documentos falsificados.

A finales de enero las autoridades mexicanas anunciaron que habían detectado la venta de pruebas falsas de covid, luego de que Canadá, Francia y Estados Unidos comenzaron a exigir este documento con resultado negativo a personas que transitaran por sus fronteras.

La mayoría de las personas que integran las caravanas lo hacen para escapar de la pobreza, un fenómeno agravado a finales del año pasado tras el paso de los huracanes Eta e Iota. Y también de la violencia de las pandillas y el narcotráfico.

Pero ambas causales no están contempladas en la ley de asilo y la frontera estadounidense sigue cerrada por la pandemia del coronavirus, un escenario difícil para los migrantes que, a pesar de las dificultades, toman el riesgo.

“Aquí no tenemos nada. Preferimos intentarlo que esperar la muerte en nuestros pueblos”, dice Manuel, un agricultor que decidió emprender el viaje por primera vez.

Plan de contención
Mientras avanzan los preparativos, los gobiernos de Guatemala y Honduras ponen en operativo conjunto para detener a los migrantes en sus respectivas fronteras y evitar que avancen hacia el norte

La cancillería guatemalteca confirmó el sábado el envío de agentes y tropas a la frontera de Tecún Uman para detener la marcha. Y que México, a su vez, había movilizado personal operativo “para salvaguardar los derechos e integridad de las personas migrantes de diferentes naciones centroamericanas, particularmente de los menores de edad”.

Ambos gobiernos señalaron que el objetivo del plan era combatir el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas. Y aseguraron el “respeto irrestricto de los derechos humanos de las personas migrantes en todas las fases del ciclo migratorio”.

La cancillería mexicana agregó que la movilización protegerá el cerco sanitario para evitar la propagación de la pandemia del covid-19.

Estado de prevención
Este lunes el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei y el Consejo de Ministros decretaron Estado de Prevención en los departamentos (provincias) de Izabal, Zacapa, Chiquimula, El Progreso y Petén en vísperas de la llegada de una nueva caravana de migrantes que proviene de Honduras y se dirige a México para luego enfilar al sur de Estados Unidos.

“Existe riesgo de desplazamiento de grupos de personas con características de migrantes, que cruzarán las fronteras del país hacia los departamentos de Izabal, Zacapa, Chiquimula, El Progreso y Petén”, se lee en el decreto.

Agrega que los integrantes de la caravana no cumplirían con los requisitos legales y sanitarios que se exigen las autoridades, entre ellas el distanciamiento social ni la presentación de una prueba médica que está libre (negativo) del covid-19.

El decreto indica que la presencia de la caravana genera una crisis de seguridad ciudadana y agrava la emergencia sanitaria epidemiológica y coloca en peligro a la población y autoridades de Guatemala, e inclusive a los propios migrantes, dijo el diario Prensa Libre.

El último intento
La última caravana fue frenada en el sur de Guatemala el 17 de enero por policías y tropas del ejército, quienes utilizaron gases lacrimógenos y palos para dispersarlos y que se regresaran a Honduras.

El gobierno guatemalteco estimó que unos 9,000 migrantes habían cruzado la frontera con Honduras en los tres días anteriores a los enfrentamientos.

La mayoría de los inmigrantes que viajaban a Estados Unidos no llevaban mascarillas, y tampoco pruebas de covid-19 o de vacuna contra la enfermedad, situación que provocó alarma entre las autoridades de ese país centroamericano.

La postura de EEUU

La Casa Blanca ha reiterado que la frontera sur con México permanece cerrada debido a la pandemia del covid-19 y que la mayoría de los migrantes que llegan en busca de asilo están siendo expulsados inmediatamente bajo los Títulos 8 y 42 del Código de Estados Unidos, activados el año pasado.

El jueves de la semana pasada el presidente Joe Biden reiteró que su gobierno no deportará a Menores No Acompañados (UAC) detenidos en la frontera cuando intentan ingresar indocumentados a Estados Unidos en busca de asilo.

El mandatario insistió en que las fronteras no estaban abiertas, como aseguran los republicanos, sino que sólo se están procesando los casos de UAC y unidades familiares que México se niega a recibir una vez son expulsadas del país bajo el Título 42.

Durante el mes de febrero el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) expulsó a 102,020 personas bajo los títulos 8 y 42 de la Ley de Inmigración, entre ellos inmigrantes adultos solteros y unidades familiares.

La Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CBP), dijo que la prohibición de entrada total o parcial de personas o bienes tanto de México o Canadá, se requiere en interés de la salud pública. Y aseguró que las personas sujetas a la orden (bajo los Títulos 42 y 8) “no serán retenidas en áreas congregadas para su procesamiento y, en su lugar, son expulsadas inmediatamente a su país de último tránsito”. Y que, en caso de que una persona no pueda ser devuelta al país de último tránsito, será enviada al país de origen.

POR: JORGE CANCINO – UNIVISION

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Inmigración

Eduardo, el joven hondureño que intenta cruzar por cuarta vez a Estados Unidos

Eduardo intenta llegar a Estados Unidos desde su Honduras natal. Durante una parada en el sur de México, compartió su historia con BBC Mundo. - CECILIA TOMBESI

A Eduardo (no es su verdadero nombre) le valió una sola noche de descanso a las afueras del albergue para migrantes de Palenque, en el sur de México, antes de retomar su camino hacia Estados Unidos en la mañana siguiente.

Este joven hondureño de 23 años lleva días de intensa caminata y aún le quedan unas cuantas semanas más en caso de que consiga su sueño de llegar a la frontera para cruzar de manera ilegal.

Y el sueño sigue: poder estudiar un oficio y trabajar para ganar dinero con el que ayudar a su familia.

Eduardo conoce perfectamente la dureza y peligros de este camino que miles de centroamericanos realizan cada año.

Y no porque se lo hayan contado, sino porque esta es la cuarta vez que intenta el viaje “al norte”. Todas sin éxito.

La última vez, de hecho, cuenta que estuvo secuestrado dos días por miembros de un cartel que pensó iban a quitarle la vida. Pero sobrevivió, igual que sus mismas ganas de llegar a EE.UU. que le llevan a volver a intentarlo, pese a la pesadilla que vivió en su propia piel.

Tras un 2020 marcado por el covid-19 y el cierre de fronteras entre países, el número de migrantes centroamericanos que huye de la pobreza e inseguridad de sus países buscando un futuro mejor en EE.UU. se multiplicó este año.

Algunos están esperanzados en que la política migratoria del nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, sea más favorable hacia su situación. Otros simplemente dicen que tras los efectos económicos de la pandemia y los huracanes del año pasado, no les queda más opción que salir de su hogar para tratar de sobrevivir.

Esta es la historia de Eduardo, una de tantas realidades detrás de esos miles de personas que decidieron volver a la carretera este año en su búsqueda del llamado “sueño americano”. Cueste lo que cueste.

Por: Marcos González Díaz
BBC Mundo, enviado especial a Palenque, México

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