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Inmigración

El amor de una hija lo esperaba, pero el padre migrante no pudo llegar a tiempo

BRENTWOOD, Nueva York — A Heydi Gámez García la encontró su tía pasada la medianoche. En las últimas semanas, Heydi, una inmigrante hondureña de 13 años, se había deprimido mucho porque su padre estaba detenido desde principios de junio cuando lo atraparon cruzando ilegalmente la frontera sur.

Era su tercer intento en cuatro años para llegar a Estados Unidos y reunirse con su única hija, que vivía con sus hermanas en Nueva York. Pero los días se convirtieron en semanas y los familiares dicen que cuando pasó más de un mes sin que lo liberaran, la niña empezó a perder sus esperanzas.

Alrededor de las 10:30 de una noche de la semana pasada, Heydi se encerró en una habitación y dijo que quería estar sola. Una hora y media después, su tía Zoila abrió la puerta para ofrecerle un bocadillo. Pensó que tal vez unas galletas y leche la alegrarían.

Pero la cama con sábanas azules y violetas estaba vacía. Zoila se asomó por la ventana y después vio hacia el clóset en el otro extremo de la habitación: ahí estaba Heydi, colgada del cable de un cargador de teléfono.

Estaba inconsciente, al borde de la muerte. No había dejado una nota, nada que explicara por qué había intentado acabar con su vida. “Era tan inteligente que no tiene sentido que tomara una decisión como esta, una decisión tan alejada de su carácter”, dijo Jéssica Gámez, de 32 años, la tía con la que vivía Heydi en la localidad de Brentwood que está en Long Island. “Pensé que estaría más segura aquí conmigo que en Honduras”.

La historia de Heydi es muy parecida a la de miles de familias centroamericanas que en los últimos años han llegado a los Estados Unidos con el fin de solicitar asilo para escapar de la tumultuosa realidad de sus países, y con la esperanza de que los desafíos de construir una nueva vida en un país ajeno no sean mayores que los que han dejado atrás.

Heydi en su graduación de quinto grado, el año pasado

La madre de Heydi abandonó a la familia cuando apenas tenía dos meses de nacida; sus abuelos, que la criaron en Honduras, murieron. Heydi estuvo entre quienes encontraron a su abuelo agonizando en la calle después de un ataque de pandilleros. Luego se mudó a Nueva York y experimentó los retos normales de la adolescencia al ir a una nueva escuela y tener que aprender inglés. Pero más que otra cosa, dicen sus amigos y familiares, extrañaba a su papá.

“Heydi estaba tan emocionada cuando le dijo que iba a venir. Creo que la idea de que su papá estuviera aquí era como un refugio para ella”, dijo Erika Estrada, de 25 años, que conocía a Heydi de la Iglesia del Evangelio del Tabernáculo en Brentwood. “Perdió a sus abuelos, su madre la abandonó y tenía todo este amor de hija que no podía darle a sus tías o tíos, solo a él”, dijo Estrada.

Desde hace mucho tiempo, la historia de la inmigración estadounidense ha estado marcada por las familias divididas: uno de los padres viaja a trabajar a Estados Unidos, los niños y esposas a menudo se quedan en casa. En años anteriores, los trabajadores migrantes volvían a sus países al final de la temporada y luego regresaban. Pero la fortificación de la frontera luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y el aumento de las medidas de seguridad de los años posteriores han hecho que esos regresos sean mucho más complicados. En muchas familias, los hijos quedan separados de sus padres durante años, a menudo de por vida.

Mientras que el año pasado se registraron muchos casos de separaciones de familias y de niños migrantes que fueron detenidos en la frontera por las nuevas políticas migratorias del gobierno de Trump, las dificultades de la familia Gámez se extienden a lo largo de tres gobiernos presidenciales, en los cuales se debatió pero nunca se llegó a establecer una amplia solución legal para el trabajo migrante en Estados Unidos.

“Van a casa para atender a un papá enfermo, acudir a un funeral o por otra emergencia: sucede todo el tiempo”, dijo Marty Rosenbluth, un abogado que representa a migrantes en un centro de detención en Lumpkin, Georgia. “Luego los atrapan cuando intentan volver a Estados Unidos”.

Lo que le sucedió a Heydi se ha reconstruido a través de entrevistas con su papá, sus tíos, primos, una amiga de la familia y el abogado de su padre, así como con información de los casos de asilo de su familia, registros de las cortes federales y de las autoridades migratorias.

Heydi creció en una modesta casa en El Progreso, un pueblo al noroeste de Honduras flanqueado al este por una cadena montañosa y al oeste por el río Ulúa. Durante décadas esa ciudad fue un centro comercial para las plantaciones bananeras.

Pero para cuando Heydi nació, en marzo de 2006, El Progreso también se había convertido en el territorio de algunas de las pandillas más violentas del país, entre ellas la MS-13. Con frecuencia, los pandilleros pedían pagos en efectivo (“contribuciones”) a la familia de Heydi y a otros residentes a cambio de garantizar su seguridad.

La inestabilidad, combinada con la falta de oportunidades, llevó a su papá, Manuel Gámez, ahora de 34 años, a marcharse a los Estados Unidos. En 2007, dejando atrás a Heydi con sus padres, se escabulló por la frontera y viajó a Long Island donde su hermana Jéssica se había establecido dos años antes.

Estar lejos de Heydi la mayor parte de su niñez fue difícil, dijo Gámez, pero ganaba lo suficiente haciendo paisajismo como para enviarle dinero y mantenerla. Cuando la niña volvía de su guardería católica jugaba con los perros de la familia o andaba en una bici rosa que su papá le había regalado, recordó Zoila, otra de las hermanas de Gámez. Ocasionalmente ayudaba en la tiendita que sus abuelos tenían en la casa, donde asaltaba los anaqueles y hurtaba caramelos.

Pero un día de junio de 2014, la seguridad que los abuelos habían construido alrededor de Heydi se vino abajo. Después de meses de resistirse a entregar su pequeña camioneta a los pandilleros, su abuelo fue baleado a dos cuadras de su casa. Al escuchar la conmoción, Zoila salió corriendo y encontró a su padre que yacía en el suelo. Cuando le quitó su sombrero de ganadero vio que la sangre salía de su cabeza y formaba un charco en el pavimento. Heydi vio la escena a la distancia.

A días del asesinato, dijo Manuel Gámez, se subió a un avión para volver a Honduras. “No había nadie para cuidar a Heydi o a Zoila; mi mamá estaba muy enferma entonces”, dijo. “Pensé que podía ser riesgoso volver, pero no podía dejarlas solas allá”.

Cerca de un año después, la madre de Gámez murió de complicaciones de diabetes y, según sus hijos, de tristeza por la muerte de su esposo. Con cuatro de sus hermanos en Long Island y el miedo de más represalias por parte de las pandillas, Gámez decidió que Heydi y Zoila debían irse a Estados Unidos para estar seguras.

Primero mandó a Heydi, en el verano de 2015, y decidió quedarse en Honduras en caso de que la devolvieran en la frontera. El 25 de septiembre de 2015, después de casi dos meses en un albergue para menores migrantes, la niña de 9 años llegó al aeropuerto La Guardia; Zoila la siguió meses después.

Rodeada de siete primos de su edad, Heydi se adaptó bien a la vida en Estados Unidos, dicen sus tías y primos. En medio año aprendió inglés, motivada tanto por su ambición por triunfar en la nueva escuela como por su deseo de participar en las conversaciones secretas que sostenían sus primos en inglés cuando estaban cerca de sus tías y tíos hispanohablantes.

A través de videollamadas casi diarias con su papá en Honduras, empezó a enseñarle lo básico (Hello. How are you?) y a corregirlo por no aprender mejor el idioma, dado que él ya había vivido en Estados Unidos. Heydi llegó a enseñarle algunas frases para hablar con mujeres una vez que llegara a Estados Unidos; tal vez, cree él, como un modo de alentarlo a que le encontrara una mamá.

“Me enseñó a decir Are you married? Are you single?“, recordó, refiriéndose a las frases que se usan para preguntar el estado civil de una persona. “Yo lo decía y ella se reía y me decía que mi acento era muy malo”.

Heydi animaba a su papá a practicar. Tenía que prepararse para vivir con ella, dijo Gámez, quien le aseguró a su hija que llegaría pronto.

La habitación en la casa de Zoila Gámez, donde Heydi se quedó la noche que intentó quitarse la vida. Credit Christopher Lee para The New York Times

En junio de 2016, por las amenazas de las pandillas a su familia, Heydi consiguió el asilo, lo que le dio derecho a vivir permanentemente de manera legal en Estados Unidos. Por esa época, su padre hizo el primer intento de regresar a Estados Unidos. Pero era mucho más difícil cruzar la frontera que cuando lo había hecho por primera vez, hacía nueve años.

“La primera vez que vine crucé con un grupo grande: tomó dos días, fue fácil”, dijo. “Pero luego se volvió más difícil, mucho más difícil. Había agentes de la Patrulla Fronteriza por todas partes”.

Cuando Gámez fue aprehendido en McAllen, Texas, le dijo a los agentes que temía por su vida si lo devolvían a Honduras. Pero un funcionario de asilo consideró que su miedo no era creíble y fue deportado ese noviembre. “¿Cómo es que su hija y su hermana son ambas candidatas para asilo y él no?”, dijo el abogado de Gámez, Anibal Romero. “Claramente está huyendo por su seguridad, por las mismas razones.  Esto solo muestra que este es un sistema fallido”.

En septiembre de 2017, funcionarios de inmigración detuvieron a Gámez cerca de Santa Teresa, Nuevo México, luego de otro  intento para entrar al país. Fue condenado por volver a ingresar de manera ilegal, pasó 45 días en prisión y fue deportado a Honduras por segunda vez en noviembre.

Con cada intento fallido Heydi se desanimaba más. “Le dije: ‘No puedo estar allá ahora porque la ley no me lo permite’”, recordó. “Pero ¿cómo le explicas eso a una niña? ¿Cómo le explicas lo que son las leyes para ella?”.

Gámez permaneció en Honduras, donde vendía zapatos en la calle para ayudarse.

El año pasado, para cuando pasó a sexto grado, Heydi había empezado a experimentar enamoramientos. Durante meses se aferró a una nota de amor de Carlos, un compañero de clase. “Quiero que seas mi novia y que estemos juntos siempre. Dime qué piensas”, decía la esquela, con las esquinas dobladas y gastadas en un rectángulo perfecto y guardada entre las tareas en su carpeta.

Pero la niña también mostraba signos de angustia emocional. En la misma carpeta, Heydi escribió una nota en los márgenes de un poema que estaba estudiando en su clase de inglés. La estrofa que resaltó decía: “Y el pensamiento de mi propia abuela sin hogar/ sin un lugar en medio del frío/ cálido y para orar/ me puso triste y deprimida”. Heydi escribió: “Me recuerda a mi propia depresión”.

Manuel Gámez, a la derecha, a su llegada al Aeropuerto Internacional Newark Liberty, en Nueva Jersey, después de que se le concedió un periodo de dos semanas de libertad condicional para ver a su hija. Credit Christopher Lee para The New York Times

Jéssica atribuye la tristeza de su sobrina tanto al trauma de perder a sus abuelos como a su creciente ansiedad por saber si alguna vez se reuniría con su padre. Heydi a menudo se quejaba con sus tías de que todos los demás tenían una madre y un padre, pero ella se sentía como una huérfana.

La niña comenzó a suplicar que la llevaran a Honduras para estar con su padre. Pero Gámez insistió en que Heydi debía quedarse en los Estados Unidos, donde ya había ganado el asilo y tenía las oportunidades educativas que él nunca tuvo.

Cuando Heydi cumplió 13 años, en marzo, Gámez le prometió que estaría con ella cuando cumpliera 15 y celebrarían su quinceañera. Pero, al sentir su creciente desaliento, le dijo que intentaría cruzar la frontera en junio.

Los dos empezaron a hacer planes para pasar su primer verano juntos en los Estados Unidos: irían al centro comercial, al parque, a la pequeña playa en Bay Shore Marina.

Desde Reynosa, México, a principios de junio, Gámez llamó a Heydi y le dijo que casi estaba en los Estados Unidos. Tal vez no pudieran hablar en los próximos días, le advirtió, pero la vería pronto.

Gámez nunca tuvo la oportunidad de llamarla desde el otro lado de la frontera. Después de ingresar ilegalmente a los Estados Unidos fue capturado por agentes de la Patrulla Fronteriza que lo volvieron a detener. Cuando Heydi supo que su papá estaba bajo custodia, rompió a llorar. Durante días, dijeron sus tías, no quería salir de su habitación y perdió el apetito.

Jéssica pensó que si Heydi pasaba algunas noches con Zoila, su tía más joven, podría animarse. Planearon una salida a Six Flags para el 5 de julio. Pero el viaje nunca sucedió.

A las 0:36 de la madrugada del 3 de julio, la policía respondió a una llamada al 911 desde la casa de Zoila, donde los médicos trataron de resucitar a Heydi. La trasladaron al centro médico infantil de Cohen en New Hyde Park, donde los médicos determinaron que estaba “neurológicamente devastada”. Una semana después, declararon que tenía muerte cerebral.

El 13 de julio, el Servicio de Inmigración y Aduanas aceptó una solicitud de Romero, el abogado de Gámez, para liberarlo de la custodia con el fin de que estuviera con su hija moribunda. Las autoridades lo pusieron en un avión con un boleto de ida y vuelta desde Texas, donde volverá a estar detenido. Tenía 14 días para despedirse de Heydi.

Mientras el vuelo de Gámez desde Houston se acercaba a Newark, Jéssica y sus hermanos esperaban en la terminal de llegadas.

“Él todavía no sabe lo que pasó”, dijo Jéssica, sosteniendo sus codos en sus manos. “Todavía no sé cómo le voy a decir”. Cuando Gámez llegó, Jéssica se lanzó hacia él. “Hermano, por favor, perdóname”, le decía.

Mientras los hermanos avanzaban en el tráfico hacia el hospital, Jéssica trató de explicar lo que había sucedido. Pero su hermano no comprendió completamente que su hija estaba con muerte cerebral hasta que la vio.

Yacía en una cama de hospital, los ojos entornados, enterrados debajo de los tubos de respiración y las gotitas intravenosas, rodeada de monitores. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

El primer encuentro entre Gámez y su hija, después de su llegada a Nueva York Credit Christopher Lee para The New York Times

“Mi querida, mi querida, por favor”, dijo en voz baja, mientras le acariciaba la cabeza. “Por favor, si ves una luz, no vayas hacia ella, por favor”.

“Estoy aquí, te amo”, susurró.

Gámez pasó la noche a su lado, mientras sus esperanzas de que pudiera despertarse se desvanecían con cada pitido del monitor. Por la mañana, la gravedad de la condición de Heydi lo había hundido.

Cuando se sentó en el sofá en el apartamento de Jéssica al día siguiente, una expresión de incredulidad y dolor se apoderó de su rostro.

“Como padre, no tienes esperanzas ni sueños para ti mismo, todos tus sueños son para tus hijos”, dijo. “Todos mis sueños están en su corazón. Todos se han ido con ella”.

Gámez planea autorizar hoy al equipo médico para que le quiten el sistema de soporte vital a su hija. Para ese momento, habrán pasado juntos sus últimos cuatro días de vida.

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Inmigración

La triste historia de Wilder, el niño de 2 años que encontraron solo en una carretera en México

Al pequeño Wilder Ladino García lo encontraron abandonado y con el torso desnudo, junto al cuerpo sin vida de un migrante, en una carretera del sureste de México.

Con tan solo 2 años de edad, salió a finales de junio con su padre, Isidro Ladino, desde un pequeño poblado en el municipio de Santa Rita, en el oeste de Honduras.

Ambos intentaban llegar a Estados Unidos. Pero en un punto del camino se separaron y el pequeño quedó acompañado de un grupo de migrantes desconocidos.

Autoridades mexicanas de la Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración (INM) lo encontraron el pasado 28 de junio, en una carretera cercana a Las Choapas, Veracruz, que usan los migrantes para llegar EE.UU.

Venía junto a un centenar de centroamericanos “en condición de hacinamiento” en la caja sin ventilación de un tráiler de mercancías.

Los migrantes “presentaban síntomas de deshidratación y asfixia” por el excesivo calor del vehículo, informó el INM en un comunicado.

“Lamentablemente, se localizó ahí el cuerpo de un joven sin vida, de alrededor de 25 años de edad”.

Desde Honduras, la madre de Wilder, Lorena García, lamenta la suerte de su esposo e hijo.

Si bien se siente aliviada de que ambos estén a salvo, clama por ayuda para que ambos puedan llegar a Estados Unidos, pues volver a Santa Rita significa seguir condenados a la pobreza que los forzó a encaminarse hacia el norte.

“Que me ayudaran para que pasara mi niño con mi esposo para allá, juntos. Pero mi niño solo no. Si no se puede, que me regresen a mi niño de vuelta”, dice García entre sollozos a BBC Mundo.

Su partida de casa
Isidro Ladino se llevó a Wilder el pasado 25 de junio porque habían escuchado rumores de que, a pesar del riesgo, acompañarse de un menor de edad les da más oportunidad de gestionar su paso hacia EE.UU.

“Hemos visto que mucha gente está pasando con niños”, dice Lorena García.

Partieron de una pequeña población en el municipio de Santa Rita, una región golpeada históricamente por la pobreza y la reciente destrucción que dejaron los huracanes Eta y Iota en 2020.

“Aquí no puede mantenerse uno. Cuando hay trabajo, Isidro gana unos 100 pesos (US$4,1). No trabajaba todos los días, solo cuando hallaba un trabajo”, cuenta la madre de Wilder y Nancy Abigail.

“Desde ese domingo ya no volví a tener contacto con él, hasta que me avisaron por parte del cónsul (de Honduras en México) que al niño lo habían encontrado solo”, cuenta García.

Aunque ha tenido oportunidad de hablar por teléfono con su esposo, aún no está claro por qué Ladino se separó del pequeño Wilder en territorio mexicano.

“No tengo ninguna noticia de cómo fue que él lo dejó ahí”, explica.

El infierno del tráiler
Lo que las autoridades mexicanas del INM han podido determinar es que el viaje de más de 100 migrantes en la caja de un tráiler se convirtió en una pesadilla por las pésimas condiciones en que viajaban.

“[Los migrantes] informaron que horas antes, varios de sus compañeras y compañeros de viaje comenzaron a desvanecerse por la falta de aire y el calor”, dice el INM.

“Otros exigían a gritos y golpes -en las paredes del vehículo- que el chofer detuviera su marcha”, continúa.

“Después de un tiempo, el transporte paró y uno de los ‘polleros’ o supuestos ‘guías’ abrió una de las puertas, con lo que hombres y mujeres empezaron a brincar y correr por el pavimento y hacia la maleza”.

Ocho personas seguían en el lugar cuando fueron encontrados por las autoridades. Algunos migrantes estaban “sofocados” dentro de la caja del tráiler y otros “tendidos” afuera, donde el pequeño Wilder estaba parado junto a un joven de unos 25 años fallecido.

“Con el dorso desnudo, fue abandonado en el acotamiento, entre la barrera metálica, ropa suelta, mochilas y comida tirada. Ninguno de los adultos declaró ser familiar del menor”, según el INM.

García se enteró con una llamada del Consulado de Honduras que habían encontrado a su hijo. Pero fue hasta que lo vio en las noticias que se dio cuenta en las condiciones en las que estaba.

“Fue muy duro para mí”, se lamenta.

A salvo, pero separados
Hasta este martes, Lorena García no pudo saber que tanto su esposo como su hijo están a salvo.

“Me dijeron que Wilder está bien, pero como estuvo pasando por eso, tenían que llevarlo a ver a un terapista”, explica.

“Isidro me dijo que estaba Tuxtla Gutiérrez. Que estaba en migración. Como casi no le dejan hacer llamadas, no pudimos hablar más. Pero él estaba bien”, añade.

“La muchacha que tiene al niño me escribió el miércoles (30 de junio). Le he mandado mensajes, pero casi no me responden”.

El INM tiene como obligación repatriar a los migrantes a sus países, con apoyo de las autoridades nacionales de origen.

Aun así, García insiste en que necesitan ayuda para que su esposo llegue a Estados Unidos y encuentre trabajo.

“Ojalá que me ayudaran para que pasaran”.

Darío Brooks
Por: BBC News Mundo

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Inmigración

Kamala Harris: La inmigración requiere un enfoque integral

La vicepresidenta Kamala Harris cerró´su visita a El Paso, Texas, la primera que realiza a la frontera con México, donde el incremento en la llegada de inmigrantes ha generado una crisis cuyo manejo le fue encargado por el presidente Joe Biden al principio de su administración.

“La inmigración requiere un enfoque integral, que es lo que estamos haciendo”, dijo Harris en una breve conferencia de prensa al pie del Air Force 2, con la que terminó su visita a la zona.

“Si quieres lidiar con el problema no puedes solo tratar con el síntoma del problema, tienes que lidiar con las causas”, dijo Harris al explicar la primera pregunta que se le hizo sobre las críticas de republicanos que dicen que debía visitar la zona con anterioridad.

Harris defendió el momento de su visita asegurando que era parte de la visión integral que la administración de Joe Biden está dando a la política de inmigración.

La vicepresidenta estuvo acompañada por el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas., el senador demócrata Dick Durbin, y la representante demócrata del distrito que abarca la ciudad, Verónica Escobar.

En las pocas horas que permaneció en El Paso, Harris visitó el centro de la Patrulla Fronteriza de la ciudad, donde habló con funcionarios del cuerpo encargado de vigilar la frontera y detener a personas que intentan ingresar a EEUU sin los permisos necesarios.

Las funcionarios de la Patrulla Fronteriza respondieron preguntas de la vicepresidenta sobre el sistema de vigilancia que usan para supervisar la integridad de la frontera. En una parte del recorrido, Harris conversó con funcionarios que se encargan de procesar los casos de las personas que serán enviadas a tribunales de inmigración para que sus casos sean analizados.

Luego tuvo una reunión con grupos religiosos, de atención a refugiados y de abogados que asisten legalmente a los inmigrantes en el aeropuerto de la ciudad. Hacia el final de la tarde tendrá un encuentro con los medios antes de poner rumbo a California.

“La realidad es que tenemos que lidiar con las causas y tenemos que lidiar con los efectos”, había dicho Harris en un breve intercambio con los periodistas al bajar del Air Force 2 que la trajo de Washington DC.

“Así que, estar en Guatemala, estar en México, hablando con México como un socio, francamente, en este tema, fue sobre atacar las causas. Venir a la frontera es sobre ver a los efectos de lo que hemos visto que pasa en América Central”, dijo Harris.

Críticas republicanas
Harris ha sido criticada desde el Partido Republicano (y por algunos del Partido Demócrata también) precisamente por no haber ido a la zona donde, aseguran, está el problema y en cambio haber viajado primero a México y Guatemala a hablar de inmigración sin conocer la situación en el terreno.

La vicepresidenta defendió ese primer viaje internacional a principios de mes explicando que está tratando de atender las “causas” de la inmigración en los países centroamericanos de donde se origina el grueso del flujo,

Tras varias semanas esquivando responder (al menos completamente, para el gusto de muchos) las razones por las que no ha ido a la región, la decisión hace a muchos preguntarse por qué ahora.

El expresidente Donald Trump ha tratado de darse el crédito, sugiriendo que el viaje que él tiene planeado hacer a la frontera fue lo que impulsó a la Casa Blanca a apresurarse a llegar primero.

Pero la portavoz presidencial Jan Psaki aseguró que “hizo una evaluación dentro de nuestro gobierno sobre cuándo sería un momento apropiado para que ella fuera a la frontera”.

Por lo pronto, el viaje de Harris servirá para cerrar ese flanco débil por el que está siendo atacada permanentemente, aunque, como ya declaró el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, “fracasará en su misión”.

Y eso da una idea de que los críticos de la vicepresidenta seguirán fustigándola aún después de visitar la frontera.

Causas y efectos de la migración
Mientras Harris ha contactado gobiernos y organizaciones civiles en América Central y México para determinar maneras de mejorar las condiciones de vida en esos países y evitar que sus ciudadanos sientan la necesidad de emigrar, sus críticos afirman que no ha realizado el mismo esfuerzo con gobiernos locales que están afectados por la llegada de inmigrantes.

Aunque desde la vicepresidencia aclaran que el trabajo de Harris es diferente al de seguridad, los republicanos aseguran que su ausencia en la región fronteriza demuestra que la Casa Blanca no está prestando atención a lo que describen como una crisis o que no saben cómo manejarla.

En entrevista con Univision Noticias al regreso de aquel primer viaje, Harris aseguró que iría a la frontera, aunque no dio una fecha para esa visita.

Ante las críticas, Harris respondía que quería enfocarse en resultados tangibles y no en “grandes gestos”. Incluso, en una entrevista con NBC trató de minimizar el punto asegurando que nunca había viajado a Europa, dando a entender que, pese a ello, estaba capacitada para atender asuntos de las relaciones transatlánticas.

La oficina de Fronteras y Aduanas registró más de 180,000 “encuentros” o intercepciones de personas en la frontera con México en mayo, el mayor número desde marzo de 2000. Las autoridades explican que una persona puede tener varios “encuentros” porque algunos intentan varias veces ingresar a EEUU.

El tema migratorio se ha convertido en un gran problema para el gobierno de Biden y, pese a que la tendencia al aumento en el flujo de migrantes ya venía creciendo desde 2020, es un flujo que han estado explotando los republicanos.

La oposición a Biden quiere proyectar la idea de que con la salida de Donald Trump de la Casa Blanca el cambio de política migratoria desmontó el control que se había establecido, primero con restricciones al derecho al asilo y luego con el bloqueo forzado por la crisis del coronavirus.

Sin embargo, la actual Casa Blanca ha mantenido el cierre de la frontera decidido para controlar la pandemia. Biden solo ha restablecido las antiguas condiciones para solicitantes de asilo.

POR: UNIVISION

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Inmigración

Qué es el programa con el que AMLO plantea frenar la migración de Centroamérica

El programa Sembrando Vida promueve el modelo de siembra de árboles frutales o maderables, o especias. / GETTY IMAGES

Por: Darío Brooks
BBC News Mundo

El presidente de México propuso esta semana una inusual estrategia para enfrentar el fenómeno de la migración desde Centroamérica: la siembra de árboles.

En la Cumbre de Líderes Mundiales sobre Clima, Andrés Manuel López Obrador le planteó a Joe Biden replicar su programa Sembrando Vida en El Salvador, Guatemala y Honduras.

Se trata de uno de los proyectos eje de la gestión del presidente mexicano, en el que habitantes de zonas rurales reciben un ingreso a cambio de sembrar y cuidar árboles en sus parcelas.

“En ello laboran 450.000 campesinos y campesinas que reciben un jornal de 5.000 pesos mensuales”, unos US$250, expuso este jueves AMLO a los otros líderes mundiales en la cumbre virtual convocada por Biden.

Consideró que, al emplear a habitantes centroamericanos, se pueden evitar las caravanas de miles de centroamericanos que buscan llegar a EE.UU.

Y planteó a Biden que su gobierno podría ofrecer visas temporales de trabajo, permisos de residencia o la nacionalidad a quienes trabajen en este programa durante varios años en sus países.

“El fenómeno migratorio, como lo sabemos todos, no se resuelve con medidas coercitivas, sino con justicia y bienestar”, dijo AMLO.

Biden no ofreció una respuesta a la propuesta inmediatamente.

Pero en una charla con periodistas en la víspera, el miércoles, un funcionario consideró poco probable que el gobierno de EE.UU. pudiera asumir una propuesta así: “Desde nuestro punto de vista, no es una conversación sobre migración. Es una conversación sobre el cambio climático”.

“No suena como algo que tenga oportunidad alguna de conversarse extensamente entre México y Estados Unidos”, apuntó.

Para expertos en políticas migratorias como Giovanni Peri, sin embargo, es una propuesta que hay que valorar.

“Esto generaría el marco adecuado y la perspectiva a largo plazo para un plan, en lugar de gestionar emergencias, y puede afectar positivamente a las tres economías”, dijo el director del Centro de Migración Global, de la Universidad de California-Davis.

¿Qué es Sembrando Vida?
Tras asumir el gobierno en 2018, el presidente mexicano puso en marcha Sembrando Vida como uno de los programas prioritarios de su gobierno -con US$1.400 millones en 2021- al tener un doble propósito.

Por un lado, combatir la pobreza a través del empleo de la gente desfavorecida de zonas rurales. Por otro, combatir el cambio climático a través de la reforestación de regiones que sufren daños ambientales.

El objetivo es que para 2024 hayan sido sembradas un millón de hectáreas de árboles de maderables, frutales y de especias.

Cada participante del programa recibe hasta US$250 al mes por hacer las labores de siembra, cuidado y cosecha. También son empleados cientos de técnicos que guían a los campesinos, los cuales deben encargarse de un área de 2,5 hectáreas cada uno.

Diversos expertos en reforestación y organizaciones han apuntado que este programa es uno de los esfuerzos en la materia más importantes que se hayan hecho en México en los últimos gobiernos.

“La iniciativa es muy buena”, dice a BBC Mundo el ecólogo Horacio Paz, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Sin embargo, organizaciones independientes no han podido comprobar qué tan efectivo ha sido por falta de información del programa. Y expertos también advierten que puede poner en riesgo al propio medioambiente al que busca ayudar.

¿Ha dado resultados?

El gobierno asegura que se han sembrado 700 millones de plantas, manejadas por alrededor de 450.000 participantes del programa.

Su presupuesto ha sido duplicado para añadir a casi 200.000 beneficiarios más respecto a 2019.

En Centroamérica ya se han iniciado proyectos de Sembrando Vida en Honduras y El Salvador, luego de acuerdos entre López Obrador y sus colegas Juan Orlando Hernández y Nayib Bukele, respectivamente.

Sin embargo, sus resultados ambientales son difíciles de monitorear, dice el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés) que el mes pasado presentó una primera evaluación independiente del programa.

“Sembrando Vida no tiene como objetivo prioritario la restauración forestal y tampoco la reforestación”, dice WRI México en su informe, sino que es “una estrategia de productividad” en zonas pobres para “reactivar la economía local”.

“El análisis realizado por WRI México, si bien no es concluyente debido a la falta de acceso a información y coordenadas de las parcelas, muestra claramente que el programa tuvo un impacto negativo en las coberturas forestales y el cumplimiento de las metas de mitigación de carbono del país durante su primer año de implementación”.

Según su análisis, el programa “podría haber incentivado una pérdida de coberturas forestales de 72.830 hectáreas durante el primer año de operación (2019)”.

Los riesgos al “sembrar vida”
La administración del programa está a cargo de la Secretaría del Bienestar, que combate la pobreza, y no por la Secretaría de Medio Ambiente, lo que hace temer a expertos que muchas decisiones se tomen sin tener en cuenta a los especialistas en materia ambiental.

“El problema más importante de no planear es que la selección de especies que se use para reforestar no sea adecuada”, explica el ecólogo Horacio Paz.

“Una buena parte de los esfuerzos de reforestación fallan por esto. Y un porcentaje muy, muy alto de plantas sembradas se mueren”, añade el experto del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad mexicano.

El catálogo de Sembrando Vida, dice el gobierno, incluye 128 especies.

“Las variedades serán las que haya de acuerdo a la vocación del suelo, del clima, pero también de la cultura. Este programa está sirviendo para rescatar especies nativas”, explicó a BBC Mundo en 2019 la secretaria María Luisa Albores, a unos meses de poner en marcha el proyecto.

López Obrador ha dicho que su programa respeta el conocimiento técnico forestal, pero ha destacado la “sabiduría de la gente” como la base para el manejo de la reforestación.

Otro problema señalado por los especialistas es que plantar árboles donde previamente no había bosques de manera natural puede dañar los ecosistemas existentes.

“Cuando los árboles son adultos, vienen efectos sobre el ecosistema. Ahí viene el segundo gran problema”, explica el ecólogo Horacio Paz.

“Si no seleccionamos bien esas especies en términos de qué función tienen en el ecosistema, difícilmente podremos mejorar los procesos del ecosistema”, añade.

En cuestión de combate al cambio climático, la reforestación bien planeada y con conocimiento del entorno ayuda a disminuir la carga de CO2 en el ambiente. Pero no todas las especies capturan y almacenan carbono de la misma forma, e incluso existe un riesgo de efecto contraproducente.

“En muy poco tiempo vas a tener el carbono de vuelta a la atmósfera, porque las plantas se mueren, se descomponen y el carbono se libera”, plantea Paz como otro reto.

“Si se quieren tener almacenes de largo plazo, es mejor tener plantas que hacen fotosíntesis lentamente, pero que viven más tiempo, que pueden mantener en su cuerpo el carbono que han capturado”, añade.

Y con el avance del programa, ambientalistas han alertado que hay campesinos que deforestan sus tierras para inscribirlas en el programa y recibir los beneficios económicos.

Es decir, hay un daño al medioambiente adicional al ya preexistente y que se busca combatir.

La propuesta migratoria
En su intervención en la cumbre climática, López Obrador enfocó su propuesta de ampliar Sembrando Vida a que el gobierno de EE.UU. ofrezca financiamiento y recompensas migratorias.

“Nosotros asumimos nuestra responsabilidad económica y nos comprometemos a ayudar en la organización productiva y social, y ustedes, presidente Biden, podrían financiar el programa Sembrando Vida en Guatemala, Honduras y El Salvador”, dijo el mandatario.

Bajo su perspectiva, sería posible sembrar 3.000 millones de árboles y generar 1.200.000 empleos.

Al ser esos tres países los mayores generadores de migrantes hacia EE.UU. de la región, AMLO considera que EE.UU. “podría ofrecer” a quienes trabajen tres años consecutivos las tierras una visa de trabajo temporal.

Y luego de “otros tres o cuatro años”, que obtengan “hasta la residencia en EE.UU. o su doble nacionalidad”:

Para Giovanni Peri, este plan puede ser viable si hay un compromiso de las partes.

“Como experto en migración, yo diría que existe una lógica económica y humana muy sólida en la idea de crear visas de trabajo para que los centroamericanos trabajen en Estados Unidos y esto claramente reduciría la presión sobre la inmigración ilegal”, dice a BBC Mundo.

“La combinación de un objetivo de sostenibilidad y un objetivo de migración también es interesante, ya que puede dar los incentivos adecuados a los países de origen y promovería una colaboración entre el país receptor y el país emisor, que es necesaria para resolver el problema de los menores no acompañados y el hacinamiento en la frontera México EE.UU.”, añade.

Sin embargo, el analista Ariel Ruiz, del Migration Policy Institute (MPI), advierte que iniciativas como Sembrando Vida aún tienen que demostrar su efectividad.

“Por sí solos, estos programas no reducirían los flujos migratorios a corto plazo. La implementación y evaluación de Sembrando Vida en México aún está en progreso en el sur de México y Centroamérica y, como resultado, es demasiado pronto para cuantificar su impacto en los flujos migratorios”, dice.

“A corto plazo, la expansión de los canales estadounidenses existentes, como los programas H-2A y H-2B, podría brindar alternativas más rápidamente para la migración regular desde Centroamérica”.

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Inmigración

El impactante video del niño que encontraron solo en la frontera entre México y EE.UU.

El pequeño, de 10 años y procedente de Nicaragua, viajaba con un grupo de migrantes hacia EE.UU.

El menor le dijo, entre lágrimas, al agente fronterizo que lo halló en Texas que sus compañeros lo habían abandonado mientras dormía.

Más de 18.500 niños cruzaron la frontera en marzo, una cifra que batió todos los récords. Los centros de detención de migrantes están desbordados por el aumento de llegadas.

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