Connect with us

Inmigración

El amor de una hija lo esperaba, pero el padre migrante no pudo llegar a tiempo

BRENTWOOD, Nueva York — A Heydi Gámez García la encontró su tía pasada la medianoche. En las últimas semanas, Heydi, una inmigrante hondureña de 13 años, se había deprimido mucho porque su padre estaba detenido desde principios de junio cuando lo atraparon cruzando ilegalmente la frontera sur.

Era su tercer intento en cuatro años para llegar a Estados Unidos y reunirse con su única hija, que vivía con sus hermanas en Nueva York. Pero los días se convirtieron en semanas y los familiares dicen que cuando pasó más de un mes sin que lo liberaran, la niña empezó a perder sus esperanzas.

Alrededor de las 10:30 de una noche de la semana pasada, Heydi se encerró en una habitación y dijo que quería estar sola. Una hora y media después, su tía Zoila abrió la puerta para ofrecerle un bocadillo. Pensó que tal vez unas galletas y leche la alegrarían.

Pero la cama con sábanas azules y violetas estaba vacía. Zoila se asomó por la ventana y después vio hacia el clóset en el otro extremo de la habitación: ahí estaba Heydi, colgada del cable de un cargador de teléfono.

Estaba inconsciente, al borde de la muerte. No había dejado una nota, nada que explicara por qué había intentado acabar con su vida. “Era tan inteligente que no tiene sentido que tomara una decisión como esta, una decisión tan alejada de su carácter”, dijo Jéssica Gámez, de 32 años, la tía con la que vivía Heydi en la localidad de Brentwood que está en Long Island. “Pensé que estaría más segura aquí conmigo que en Honduras”.

La historia de Heydi es muy parecida a la de miles de familias centroamericanas que en los últimos años han llegado a los Estados Unidos con el fin de solicitar asilo para escapar de la tumultuosa realidad de sus países, y con la esperanza de que los desafíos de construir una nueva vida en un país ajeno no sean mayores que los que han dejado atrás.

Heydi en su graduación de quinto grado, el año pasado

La madre de Heydi abandonó a la familia cuando apenas tenía dos meses de nacida; sus abuelos, que la criaron en Honduras, murieron. Heydi estuvo entre quienes encontraron a su abuelo agonizando en la calle después de un ataque de pandilleros. Luego se mudó a Nueva York y experimentó los retos normales de la adolescencia al ir a una nueva escuela y tener que aprender inglés. Pero más que otra cosa, dicen sus amigos y familiares, extrañaba a su papá.

“Heydi estaba tan emocionada cuando le dijo que iba a venir. Creo que la idea de que su papá estuviera aquí era como un refugio para ella”, dijo Erika Estrada, de 25 años, que conocía a Heydi de la Iglesia del Evangelio del Tabernáculo en Brentwood. “Perdió a sus abuelos, su madre la abandonó y tenía todo este amor de hija que no podía darle a sus tías o tíos, solo a él”, dijo Estrada.

Desde hace mucho tiempo, la historia de la inmigración estadounidense ha estado marcada por las familias divididas: uno de los padres viaja a trabajar a Estados Unidos, los niños y esposas a menudo se quedan en casa. En años anteriores, los trabajadores migrantes volvían a sus países al final de la temporada y luego regresaban. Pero la fortificación de la frontera luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y el aumento de las medidas de seguridad de los años posteriores han hecho que esos regresos sean mucho más complicados. En muchas familias, los hijos quedan separados de sus padres durante años, a menudo de por vida.

Mientras que el año pasado se registraron muchos casos de separaciones de familias y de niños migrantes que fueron detenidos en la frontera por las nuevas políticas migratorias del gobierno de Trump, las dificultades de la familia Gámez se extienden a lo largo de tres gobiernos presidenciales, en los cuales se debatió pero nunca se llegó a establecer una amplia solución legal para el trabajo migrante en Estados Unidos.

“Van a casa para atender a un papá enfermo, acudir a un funeral o por otra emergencia: sucede todo el tiempo”, dijo Marty Rosenbluth, un abogado que representa a migrantes en un centro de detención en Lumpkin, Georgia. “Luego los atrapan cuando intentan volver a Estados Unidos”.

Lo que le sucedió a Heydi se ha reconstruido a través de entrevistas con su papá, sus tíos, primos, una amiga de la familia y el abogado de su padre, así como con información de los casos de asilo de su familia, registros de las cortes federales y de las autoridades migratorias.

Heydi creció en una modesta casa en El Progreso, un pueblo al noroeste de Honduras flanqueado al este por una cadena montañosa y al oeste por el río Ulúa. Durante décadas esa ciudad fue un centro comercial para las plantaciones bananeras.

Pero para cuando Heydi nació, en marzo de 2006, El Progreso también se había convertido en el territorio de algunas de las pandillas más violentas del país, entre ellas la MS-13. Con frecuencia, los pandilleros pedían pagos en efectivo (“contribuciones”) a la familia de Heydi y a otros residentes a cambio de garantizar su seguridad.

La inestabilidad, combinada con la falta de oportunidades, llevó a su papá, Manuel Gámez, ahora de 34 años, a marcharse a los Estados Unidos. En 2007, dejando atrás a Heydi con sus padres, se escabulló por la frontera y viajó a Long Island donde su hermana Jéssica se había establecido dos años antes.

Estar lejos de Heydi la mayor parte de su niñez fue difícil, dijo Gámez, pero ganaba lo suficiente haciendo paisajismo como para enviarle dinero y mantenerla. Cuando la niña volvía de su guardería católica jugaba con los perros de la familia o andaba en una bici rosa que su papá le había regalado, recordó Zoila, otra de las hermanas de Gámez. Ocasionalmente ayudaba en la tiendita que sus abuelos tenían en la casa, donde asaltaba los anaqueles y hurtaba caramelos.

Pero un día de junio de 2014, la seguridad que los abuelos habían construido alrededor de Heydi se vino abajo. Después de meses de resistirse a entregar su pequeña camioneta a los pandilleros, su abuelo fue baleado a dos cuadras de su casa. Al escuchar la conmoción, Zoila salió corriendo y encontró a su padre que yacía en el suelo. Cuando le quitó su sombrero de ganadero vio que la sangre salía de su cabeza y formaba un charco en el pavimento. Heydi vio la escena a la distancia.

A días del asesinato, dijo Manuel Gámez, se subió a un avión para volver a Honduras. “No había nadie para cuidar a Heydi o a Zoila; mi mamá estaba muy enferma entonces”, dijo. “Pensé que podía ser riesgoso volver, pero no podía dejarlas solas allá”.

Cerca de un año después, la madre de Gámez murió de complicaciones de diabetes y, según sus hijos, de tristeza por la muerte de su esposo. Con cuatro de sus hermanos en Long Island y el miedo de más represalias por parte de las pandillas, Gámez decidió que Heydi y Zoila debían irse a Estados Unidos para estar seguras.

Primero mandó a Heydi, en el verano de 2015, y decidió quedarse en Honduras en caso de que la devolvieran en la frontera. El 25 de septiembre de 2015, después de casi dos meses en un albergue para menores migrantes, la niña de 9 años llegó al aeropuerto La Guardia; Zoila la siguió meses después.

Rodeada de siete primos de su edad, Heydi se adaptó bien a la vida en Estados Unidos, dicen sus tías y primos. En medio año aprendió inglés, motivada tanto por su ambición por triunfar en la nueva escuela como por su deseo de participar en las conversaciones secretas que sostenían sus primos en inglés cuando estaban cerca de sus tías y tíos hispanohablantes.

A través de videollamadas casi diarias con su papá en Honduras, empezó a enseñarle lo básico (Hello. How are you?) y a corregirlo por no aprender mejor el idioma, dado que él ya había vivido en Estados Unidos. Heydi llegó a enseñarle algunas frases para hablar con mujeres una vez que llegara a Estados Unidos; tal vez, cree él, como un modo de alentarlo a que le encontrara una mamá.

“Me enseñó a decir Are you married? Are you single?“, recordó, refiriéndose a las frases que se usan para preguntar el estado civil de una persona. “Yo lo decía y ella se reía y me decía que mi acento era muy malo”.

Heydi animaba a su papá a practicar. Tenía que prepararse para vivir con ella, dijo Gámez, quien le aseguró a su hija que llegaría pronto.

La habitación en la casa de Zoila Gámez, donde Heydi se quedó la noche que intentó quitarse la vida. Credit Christopher Lee para The New York Times

En junio de 2016, por las amenazas de las pandillas a su familia, Heydi consiguió el asilo, lo que le dio derecho a vivir permanentemente de manera legal en Estados Unidos. Por esa época, su padre hizo el primer intento de regresar a Estados Unidos. Pero era mucho más difícil cruzar la frontera que cuando lo había hecho por primera vez, hacía nueve años.

“La primera vez que vine crucé con un grupo grande: tomó dos días, fue fácil”, dijo. “Pero luego se volvió más difícil, mucho más difícil. Había agentes de la Patrulla Fronteriza por todas partes”.

Cuando Gámez fue aprehendido en McAllen, Texas, le dijo a los agentes que temía por su vida si lo devolvían a Honduras. Pero un funcionario de asilo consideró que su miedo no era creíble y fue deportado ese noviembre. “¿Cómo es que su hija y su hermana son ambas candidatas para asilo y él no?”, dijo el abogado de Gámez, Anibal Romero. “Claramente está huyendo por su seguridad, por las mismas razones.  Esto solo muestra que este es un sistema fallido”.

En septiembre de 2017, funcionarios de inmigración detuvieron a Gámez cerca de Santa Teresa, Nuevo México, luego de otro  intento para entrar al país. Fue condenado por volver a ingresar de manera ilegal, pasó 45 días en prisión y fue deportado a Honduras por segunda vez en noviembre.

Con cada intento fallido Heydi se desanimaba más. “Le dije: ‘No puedo estar allá ahora porque la ley no me lo permite’”, recordó. “Pero ¿cómo le explicas eso a una niña? ¿Cómo le explicas lo que son las leyes para ella?”.

Gámez permaneció en Honduras, donde vendía zapatos en la calle para ayudarse.

El año pasado, para cuando pasó a sexto grado, Heydi había empezado a experimentar enamoramientos. Durante meses se aferró a una nota de amor de Carlos, un compañero de clase. “Quiero que seas mi novia y que estemos juntos siempre. Dime qué piensas”, decía la esquela, con las esquinas dobladas y gastadas en un rectángulo perfecto y guardada entre las tareas en su carpeta.

Pero la niña también mostraba signos de angustia emocional. En la misma carpeta, Heydi escribió una nota en los márgenes de un poema que estaba estudiando en su clase de inglés. La estrofa que resaltó decía: “Y el pensamiento de mi propia abuela sin hogar/ sin un lugar en medio del frío/ cálido y para orar/ me puso triste y deprimida”. Heydi escribió: “Me recuerda a mi propia depresión”.

Manuel Gámez, a la derecha, a su llegada al Aeropuerto Internacional Newark Liberty, en Nueva Jersey, después de que se le concedió un periodo de dos semanas de libertad condicional para ver a su hija. Credit Christopher Lee para The New York Times

Jéssica atribuye la tristeza de su sobrina tanto al trauma de perder a sus abuelos como a su creciente ansiedad por saber si alguna vez se reuniría con su padre. Heydi a menudo se quejaba con sus tías de que todos los demás tenían una madre y un padre, pero ella se sentía como una huérfana.

La niña comenzó a suplicar que la llevaran a Honduras para estar con su padre. Pero Gámez insistió en que Heydi debía quedarse en los Estados Unidos, donde ya había ganado el asilo y tenía las oportunidades educativas que él nunca tuvo.

Cuando Heydi cumplió 13 años, en marzo, Gámez le prometió que estaría con ella cuando cumpliera 15 y celebrarían su quinceañera. Pero, al sentir su creciente desaliento, le dijo que intentaría cruzar la frontera en junio.

Los dos empezaron a hacer planes para pasar su primer verano juntos en los Estados Unidos: irían al centro comercial, al parque, a la pequeña playa en Bay Shore Marina.

Desde Reynosa, México, a principios de junio, Gámez llamó a Heydi y le dijo que casi estaba en los Estados Unidos. Tal vez no pudieran hablar en los próximos días, le advirtió, pero la vería pronto.

Gámez nunca tuvo la oportunidad de llamarla desde el otro lado de la frontera. Después de ingresar ilegalmente a los Estados Unidos fue capturado por agentes de la Patrulla Fronteriza que lo volvieron a detener. Cuando Heydi supo que su papá estaba bajo custodia, rompió a llorar. Durante días, dijeron sus tías, no quería salir de su habitación y perdió el apetito.

Jéssica pensó que si Heydi pasaba algunas noches con Zoila, su tía más joven, podría animarse. Planearon una salida a Six Flags para el 5 de julio. Pero el viaje nunca sucedió.

A las 0:36 de la madrugada del 3 de julio, la policía respondió a una llamada al 911 desde la casa de Zoila, donde los médicos trataron de resucitar a Heydi. La trasladaron al centro médico infantil de Cohen en New Hyde Park, donde los médicos determinaron que estaba “neurológicamente devastada”. Una semana después, declararon que tenía muerte cerebral.

El 13 de julio, el Servicio de Inmigración y Aduanas aceptó una solicitud de Romero, el abogado de Gámez, para liberarlo de la custodia con el fin de que estuviera con su hija moribunda. Las autoridades lo pusieron en un avión con un boleto de ida y vuelta desde Texas, donde volverá a estar detenido. Tenía 14 días para despedirse de Heydi.

Mientras el vuelo de Gámez desde Houston se acercaba a Newark, Jéssica y sus hermanos esperaban en la terminal de llegadas.

“Él todavía no sabe lo que pasó”, dijo Jéssica, sosteniendo sus codos en sus manos. “Todavía no sé cómo le voy a decir”. Cuando Gámez llegó, Jéssica se lanzó hacia él. “Hermano, por favor, perdóname”, le decía.

Mientras los hermanos avanzaban en el tráfico hacia el hospital, Jéssica trató de explicar lo que había sucedido. Pero su hermano no comprendió completamente que su hija estaba con muerte cerebral hasta que la vio.

Yacía en una cama de hospital, los ojos entornados, enterrados debajo de los tubos de respiración y las gotitas intravenosas, rodeada de monitores. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

El primer encuentro entre Gámez y su hija, después de su llegada a Nueva York Credit Christopher Lee para The New York Times

“Mi querida, mi querida, por favor”, dijo en voz baja, mientras le acariciaba la cabeza. “Por favor, si ves una luz, no vayas hacia ella, por favor”.

“Estoy aquí, te amo”, susurró.

Gámez pasó la noche a su lado, mientras sus esperanzas de que pudiera despertarse se desvanecían con cada pitido del monitor. Por la mañana, la gravedad de la condición de Heydi lo había hundido.

Cuando se sentó en el sofá en el apartamento de Jéssica al día siguiente, una expresión de incredulidad y dolor se apoderó de su rostro.

“Como padre, no tienes esperanzas ni sueños para ti mismo, todos tus sueños son para tus hijos”, dijo. “Todos mis sueños están en su corazón. Todos se han ido con ella”.

Gámez planea autorizar hoy al equipo médico para que le quiten el sistema de soporte vital a su hija. Para ese momento, habrán pasado juntos sus últimos cuatro días de vida.

Continue Reading
Advertisement
Click to comment

Deja un comentario

Inmigración

Delegación del Congreso inspeccionará cárcel del ICE para investigar cirugías

El congresista demócrata por Texas, Joaquín Castro, habla durante una rueda de prensa a favor de los jóvenes beneficiados con el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). EFE/Alex Segura/Archivo

Atlanta (GA) (EFE News).– Una delegación del Congreso de Estados Unidos inspeccionará el sábado el Centro de Detención de Irwin, en el sur de Georgia, para investigar las múltiples denuncias de mujeres inmigrantes que aseguran haber sido sometidas a histerectomías y otros procedimientos médicos sin su consentimiento.

La oficina del congresista demócrata Joaquín Castro, presidente del Caucus Hispano en el Congreso, informó este jueves que la comitiva de 12 miembros de la Cámara de Representantes también “evaluará las condiciones relacionadas con la propagación de la COVID-19, con más de 40 casos confirmados del virus en los últimos meses”.

La delegación está conformada por miembros del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, entre ellos Sheila Jackson Lee (Texas), Henry C. “Hank” Johnson (Georgia) y Pramila Jayapal (Washington), y del Caucus Hispano, como Castro (Texas), Nanette Díaz Barragán (California) y Adriano Espaillat (Nueva York), entre otros.

De acuerdo con la representante Jayapal, quien ha pedido una investigación congresional sobre la situación en Irwin, puede haber “al menos entre 17 y 18 mujeres” que fueron sometidas a procedimientos médicos ginecológicos innecesarios en ese centro, “a menudo sin el consentimiento o el conocimiento apropiado, y con la clara intención de esterilización”.

Tras la visita el sábado en la mañana, la comitiva tiene previsto celebrar una conferencia de prensa telefónica “para compartir con el público” los hallazgos de la inspección en esa cárcel, ubicada en la localidad de Ocilla, al sur de Atlanta.

Los congresistas dijeron en un comunicado que la situación que viven los indocumentados bajo la custodia del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) representa una prioridad para ellos y que desde el comienzo de la pandemia de COVID-19 han inspeccionados centros de detención en Texas y Nevada y alertado sobre la propagación del virus en esas instalaciones.

“El Caucus Hispano y el Comité Judicial de la Cámara continuarán trabajando para detener la propagación de la COVID-19 dentro de las instalaciones del ICE y para responsabilizar a las agencias gubernamentales como el ICE por cualquier abuso cometido contra los inmigrantes bajo su cuidado”, agregaron.

El escándalo en Irwin se destapó la semana pasada luego de que varias organizaciones de derechos humanos, entre ellas Project South y Government Accountability Project, presentaran una queja ante la Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) para denunciar una serie de prácticas peligrosas que ocurren en la prisión de Irwin.

La denuncia está basada, principalmente, en el testimonio de Dawn Wooten, una enfermera que trabajó en esa cárcel, que expresa su preocupación por el “alto número” de mujeres presas que habían sido sometidas a histerectomías, una cirugía para extirpar el útero, y que muchas de ellas ni siquiera entendían el motivo de la operación.

Diversas fuentes, entre abogados, activistas y mujeres que han estado presas en Irwin, identificaron al médico que realizó las cirugías como Mahendra Amin, un especialista en obstetricia y ginecología en Douglas, Georgia. Aunque Wooten no lo identificó por su nombre, se refirió al médico como un “recolector de úteros” porque “sacaba todo de adentro”.

(c) Agencia EFE

Continue Reading

Inmigración

El lucrativo negocio de los que ayudan a cruzar las fronteras cerradas para regresar al país

Luis es uno de los miles de venezolanos que se quedaron sin trabajo y regresaron a su país.

Luis llegó a Cúcuta, en la frontera entre Colombia y Venezuela, con la ropa sucia, sudado y sin un centavo en el bolsillo.

Había caminado 45 días desde Lima, donde vivió por dos años, para regresar a su país, Venezuela.

Es uno de los miles de venezolanos que dejaron en los últimos años su país por la crisis y que al quedar desempleado por culpa de la pandemia decidió regresar a casa.

Su viaje, sin embargo, no acabó ahí.

En Cúcuta le tocó esperar pacientemente por un turno para cruzar por el Puente Internacional Simón Bolívar, por donde solo se permite el paso de 300 personas, tres días a la semana.

“Al llegar te anotan por orden de llegada en una lista y esperas por un brazalete, puedes tardar semanas para entrar”, dijo a BBC Mundo este hombre de 39 años, que prefirió no dar su apellido por seguridad.

Como Luis, muchos que perdieron su trabajo o que se quedaron varados fuera de Venezuela por la pandemia y el cierre de fronteras están desesperados por volver a casa.

Muchosestán dispuestos a pagar hasta lo que no tienen para entrar cuanto antes y también para evitar quedar confinado en los albergues que ha dispuesto el gobierno del presidente Nicolás Maduro para hacer la cuarentena obligatoria por la pandemia al entrar al país.

Los aeropuertos en Venezuela están cerrados desde marzo y el llamado corredor humanitario de la frontera terrestre con Colombia, principal punto de acceso al país, acepta menos de 1.000 personas a la semana.

La situación es el perfecto caldo de cultivo para el mercado ilegal y la corrupción.

Desde sobornos a autoridades para cortar la fila en el cruce con Colombia, hasta la proliferación de paquetes ofrecidos por agencias de turismo para entrar a Venezuela por Brasil sin cumplir con protocolos de seguridad.

El brazalete

En el departamento colombiano del Norte de Santander, que abarca Cúcuta, se estima que 40.000 venezolanos aguardan para pasar por la frontera, según David Smolansky, miembro de la oposición venezolana y comisionado de la Secretaría General de la OEA (Organización de Estados Americanos) para la crisis de migrantes y refugiados venezolanos.

“Ese derecho que tiene cualquier ciudadano a volver al país donde nació está siendo vulnerado”, critica Smolansky.

Una fuente de Migración Colombia confirmó que quien determina cuántos cruzan por día es el gobierno de Venezuela y no siempre otorga espacio para 300 cupos. “Hay días que la cifra varía y sólo reciben 200 personas”.

En Cúcuta, quien tiene dinero puede comprar un lugar en la lista y acortar la espera, constató Luis, que vio cómo mercaderes se abalanzaban detrás de familias que llegaban a hoteles próximos la frontera: “Comienzan diciendo: ‘Aquí van a demorar muchos días, nosotros podemos conseguir que pasen mañana mismo'”.

“Corren detrás de los taxis o carros particulares que traen a venezolanos” y “acuerdan en hoteles o posadas” para comercializar el brazalete que distribuyen las autoridades en Colombia para un tránsito ordenado por el puente internacional.

Hasta 150.000 pesos colombianos puede costar cada cinta en el mercado negro, unos US$40.

“Un representante por cada familia entrega el dinero, el documento de identidad (…) y el intermediario va y habla con los policías colombianos que facilitan el brazalete y los anotan de primero en la lista”, siguió Luis.

“No tenemos declaraciones sobre el tema”, dijo un portavoz de la Defensoría del Pueblo de Colombia a BBC Mundo. La Policía de Cúcuta indicó que tampoco ha recibido denuncias sobre la venta de estos brazaletes.

Cuatro, cinco, seis, siete… Corrían los días y Luis seguía su turno para cruzar. En ese tiempo contrajo el nuevo coronavirus, lo que agravó su situación.

“Un compañero pagó 50.000 pesos (US$13), porque se identificó como retirado de la Guardia Nacional (de Venezuela), llegó un viernes y pasó el lunes siguiente”, denunció.

“Solo abordan a familias más solventes, saben que los caminantes no tenemos dinero”.

Por Brasil y sin cuarentena

Smolansky dice que unos 111.000 venezolanos han entrado al país desde el despunte de la pandemia tras haberse quedado sin sus empleos en Colombia, Ecuador o Perú.

Casi la totalidad de ellos, 105.000, accedió por Colombia.

Los restantes 6.000 lo hicieron por Brasil, que se ha convertido en una opción para quien tiene más poder adquisitivo y necesitan ya regresar al país.

La agencia de viajes Isis Tours llegó a ofrecer un paquete para varados en Estados Unidos que incluía el vuelo desde Miami a Boavista, la ciudad más próxima a la frontera, garantías de pasar “el mismo día” y traslado a Caracas (a más de 1.200 kilómetros) por carretera “sin hacer cuarentena”.

“Por el salvoconducto (para circular por las vías) el cliente no debe preocuparse (…) está incluido el pase por alcabalas”, precisaba las indicaciones del paquete, que costaba casi US$2.000 por pasajero.

Había una opción más económica -casi US$1.000- con la que el pasajero quedaba un poco a su suerte.

“La agencia no se hace responsable por cualquier inconveniente fronterizo, ni garantizamos que puedan pasar el mismo día y mucho menos nos hacemos responsables de evitar la cuarentena en Santa Elena (la primera ciudad de Venezuela al pasar en la frontera)”, señaló. “Lo más probable es que pase por el protocolo normal asignado por el gobierno”.

La promoción fue cancelada después de una protesta en redes sociales.

Consultada por BBC Mundo, la responsable de Isis accedió primero a “aclarar la polémica”, pero luego no atendió a nuestros llamados.

Otras agencias venden la ruta Miami-Boavista por US$699 como una opción para volver a Venezuela, pero sin ofrecer saltarse los controles o la cuarentena.

Sin especificar el nombre de la agencia, este martes, el fiscal general, Tareck William Saab, anunció que fueron “detenidos en flagrancia 12 integrantes de una organización delictiva que promovía a través de redes sociales un paquete de viaje”.

“Ofrecían hospedaje, traslado, alimentación, salvoconductos y pruebas rápidas para despistaje de covid-19, por un monto de 1.800 dólares desde Miami” hasta Venezuela, agregó.

Venezolanos varados

Smolansky maneja “cifras conservadoras” de unos 3.000 venezolanos varados en varios países, esperando que abran el espacio aéreo para regresar.

“Pudieran volver en 15 aviones de 200 puestos cada uno (…) 15 vuelos resuelven la situación de los 3.000 varados en el mundo”, dijo a BBC Mundo el opositor.

Ha habido vuelos finalmente desde Madrid, y Maduro ofreció enviar a Estados Unidos un avión de la aerolínea estatal Conviasa, sancionada por Washington, para repatriar a venezolanos.

El gobierno de Donald Trump, que no reconoce a Maduro como presidente sino al líder opositor Juan Guaidó, no ha comentado sobre esta oferta.

Los albergues

El brazalete solo ayuda a pasar rápido por la frontera, pero no evita la cuarentena ya en territorio venezolano que algunos hacen en albergues descritos como lugares insalubres y también centros de extorsión.

Mario, de 37 años, contó, por ejemplo, cómo durante el confinamiento tenían que pagar al Ejército, que controlaba su refugio, “cuatro, cinco veces más del valor” por una gaseosa o un paquete de cigarrillos.

“No había agua potable, no nos daban las tres comidas. Perdí 15 kilos”, narró este hombre que pidió proteger su identidad. “Había cinco pocetas (inodoros) para 380 personas, horrible”.

El fiscal general venezolano, Tareck William Saab, no respondió aún a un pedido de BBC Mundo para comentar estas denuncias.

Maduro ha defendido el cordón sanitario impuesto por su gobierno para los retornados.

El paso sin problemas por la frontera entre Santa Elena, Venezuela, y Pacaraima, Brasil, fue ofertado en redes sociales. / GETTY IMAGES

“Cuando llegan a Venezuela son libres, son dignos, son humanos otra vez”, se felicitó en una alocución en junio. “Vienen a su patria porque saben que en su patria lo tienen todo, así no lo reconozcan”.

“El tratamiento a la llegada es gratuito, todo es gratuito: es gratuita la prueba del coronavirus, la alimentación, el hospedaje, el transporte en avión o en autobús hasta su casa”.

Pero algunos quieren evitar como sea el confinamiento y deciden cruzar la frontera por las peligrosas trochas (pasos ilegales), por lo que han sido tachados de “bombas biológicas” por el gobierno por no cumplir con los protocolos de seguridad.

Luis, nuestro testigo en Cúcuta, ya está en Maracaibo (Zulia, oeste), su destino final. No pagó sobornos ni cruzó ilegalmente, dice. Armado de paciencia, aguantó 15 días antes de poder entrar a su país finalmente.

Salió el 25 de mayo de Perú y llegó el 24 de agosto a su casa, tres meses después.

“El cruce fue la peor experiencia de mi vida“.

Continue Reading

Inmigración

Estos son nueve motivos que podrían hacer que pierdas la visa de Estados Unidos

La visa que emite el gobierno de Estados Unidos permite ingresar al país por motivos de negocios o turismo, aunque también se pueden solicitar visas de estudiante, intercambios, trabajo o presentaciones artísticas y deportivas, según la embajada. Y aunque el proceso para recibir el documento puede ser tardado por el motivo del viaje y la demanda de los servicios, una vez que se obtiene también puede perderse, sobre todo si la persona incumple o miente a las leyes.

Estas son 9 mentiras por las que te podrían cancelar o rechazar una solicitud de visa:

1. Mentir sobre el trabajo

Si la persona tiene un trabajo estable en su país es más fácil obtener el documento, sin embargo, los oficiales consulares podrían rechazar la solicitud si descubren datos erróneos o contradicciones al explicar las actividades que realiza.

2. Dar información falsa

Así como los oficiales pueden descubrir mentiras sobre el empleo, pueden comprobarlo en otros datos como la dirección, estado civil, títulos académicos falsos o usurpación de identidad.

3. Negar trabajo en Estados Unidos sin documentos

Las autoridades podrían cancelar o revocar la visa si descubren que previamente se cruzó la frontera sin documentos y así la persona trabajó.

4. Engañar sobre intención del viaje

En ocasiones las personas afirman que quieren viajar temporalmente y que no tienen familiares en Estados Unidos para obtener el documento. Autoridades temen otorgar la visa y que se queden en el país cuando termine su permiso.

5. Ocultar familiares en Estados Unidos

En los trámites se debe indicar el nombre de los padres y si viven en Estados Unidos si existen familiares indocumentados, especialistas recomiendan no mencionar su estatus para no ponerlos en riesgo.

6. Ocultar que trabajó con visa de turista

La visa se le puede revocar al titular si se descubre que trabajó o planea trabajar en Estados Unidos con una visa de turista. Lo mismo pasaría en el caso de los estudiantes.

7. Mentir sobre el tiempo de estancia

Oficiales pueden otorgar una estancia hasta por seis meses y hay personas que se quedan a estudiar o trabajar, pero en un proceso de renovación se puede descubrir la mentira.

8. Entrar y salir con frecuencia al país

Las autoridades están muy atentas a la personas que ingresan y salen de Estados Unidos y todo el movimiento migratorio queda registrado. Expertos recomiendan no pasar más tiempo en el extranjero que en el país de origen.

9. Matrimonio con visa de turista

Existe una serie de pasos a seguir para que se autorice el documento a una pareja, sobre todo si la unión se da con un residente o ciudadano de Estados Unidos autoridades recomiendan consultar con un abogado y no mentir.

Las exigencias para ingresar a Estados Unidos son muy específicas, así que no cometas algún error que al final provocaría la pérdida de la visa o que se te niegue indefinidamente el acceso al territorio.

Por: Telemundo

Continue Reading

Inmigración

Recepción de migrantes deportados ha costado más de Q8.4 millones

Migrantes reciben refacciones al salir del albergue Ramiro de León al finalizar su cuarentena. (Foto: Conamigua)

El Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala (Conamigua) ha invertido más de Q8 millones en la recepción, transporte, hospedaje y otros gastos de logística para atender a los connacionales que han sido deportados desde México y EE. UU. durante la emergencia por el nuevo coronavirus y que a la fecha suman más de siete mil 700.

A raíz de la llegada de la pandemia a Guatemala se han tenido que afinar los protocolos para la recepción y llegada de migrantes.

Aunque la cantidad de deportaciones disminuyó significativamente desde el pasado 13 de marzo cuando se registró el primer caso positivo, el tratamiento que se les da a los retornados ahora es más complejo puesto que, ya de vuelta en el país, deben permanecer en cuarentena hasta que se descarta en ellos la enfermedad.

El Instituto Guatemalteco de Migración (IGM) registra desde el comienzo de la emergencia a la fecha siete mil 796 deportaciones, cuatro mil 452 desde México y tres mil 344 desde EE. UU.

Cuando los migrantes retornan al país son llevados al albergue Ramiro de León Carpio de la zona 13 capitalina. También se disponen de tres hoteles que son utilizados según la cantidad de connacionales que son deportados; sin embargo, estos se dejarán de utilizar para adultos próximamente porque se habilitará otro albergue en Amatitlán.

Para atender a los retornados, Conamigua dispuso de Q9 millones 233 mil que ejecuta a través de la partida presupuestaria atención por desastres naturales y calamidades públicas. A la fecha ha ejecutado, según sus autoridades, el 91 por ciento de ese presupuesto, el equivalente a Q8.4 millones.

La institución destacó que durante la emergencia se han entregado 38 mil 316 raciones de comida, así como seis mil kits de higiene y dotaciones de ropa que incluye pantalón playera y zapatos. Además, también ha gastado en el transporte de migrantes deportados desde México, pues son trasladados a la capital desde Ciudad Tecún Umán, San Marcos.

Además, se han entregado mil 500 juegos de mesas a menores de edad para que se entretengan mientras guardan la cuarentena.

Más recursos
La secretaria ejecutiva de Conamigua, Rita Elizondo, comentó que están por levantar un concurso para la compra de alimentos después del cual se agotarán Q9.3 millones aprobados por el consejo a la institución, por lo cual en la próxima reunión solicitará una ampliación que podría ser de Q2 millones a Q2.5 millones.

Para concretar la petición, añadió la funcionaria, debe recopilar una serie de peticiones que le han hecho llegar distintas instituciones involucradas en la recepción de migrantes como el IGM, el Ministerio de Relaciones Exteriores y las secretarias de Bienestar Social y de Obras Sociales de la Esposa del Presidente.

Dicha ampliación deberá ejecutarla Conamigua a más tardar hasta que termine la vigencia del Estado de Calamidad aprobado por el Congreso y solicitado por el Ejecutivo, puesto que se desconoce si se solicitará otra prórroga.

Problemas
Conamigua ha sido una institución que históricamente ha sido incapaz de ejecutar recursos, lo cual, sumado a otras deficiencias llevó al actual canciller, Pedro Brolo, a sugerir la posibilidad de disolver la institución, postura que ha sido respaldada por ciertas voces, aunque rechazada por otras.

En el 2016 apenas ejecutó el 31% de su presupuesto, un año después fue el peor año con un gasto de solo el 12.21%. En el 2018 y 2019 el porcentaje de ejecución solo llegó a 23% y 22%.

Este año, debido a los programas por a la emergencia del covid-19, Conamigua refleja una ejecución del 31.49% en el Sistema de Contabilidad Integrada del Estado (Sicoin).

Según Elizondo están próximos a proyectos adicionales para intentar ejecutar el resto de los Q34 millones del presupuesto de la institución. Entre otros, se piensa en uno para la atención de las familias de los migrantes cuyo plan piloto empezará en Huehuetenango y San Marcos y que iría de la mano con la instalación de un observatorio de remesas.

Más deportaciones
El trabajo de las instituciones involucradas en recibir a los deportados seguirá toda vez que EE. UU. se ha negado a suspender los envíos a pesar de que varios connacionales que fueron retornados venían contagiados de covid-19.

Hasta antes de la llegada de la pandemia a Guatemala, 10 mil 425 guatemaltecos habían sido deportados desde EE. UU. y siete mil 982 desde México. Después, las cifras cayeron significativamente, aunque el flujo no se ha detenido.

Los guatemaltecos que EE. UU. deporta principalmente son aquellos que aún se arriesgan a viajar a través de México, pero que al llegar a la frontera sur de aquel país son devueltos a su país de origen al no más entregarse o ser sorprendidos por la Patrulla Fronteriza.

Debido al Título 42 que rige a consecuencia de la crisis por el covid-19 casi ningún migrante tiene la oportunidad de exponer su necesidad de asilo y casi todos son deportados de manera “exprés”.

Aunque relativamente son pocos los guatemaltecos que se han aventurado a viajar de manera irregular durante esta emergencia —cerca de tres mil en casi cuatro meses— la cifra podría aumentar en lo que se comienzan a liberar las restricciones a la movilidad y de que en EE. UU. comience a caminar la recuperación económica.

Pero muchos de los guatemaltecos que son deportados han permanecido en los centros de detención del servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés) en donde los casos de coronavirus ya se cuentan por miles.

Según es agencia del gobierno estadounidense, hasta la fecha, cuatro mil 192 internos han dado positivo a covid-19, de los cuales 917 se encuentran aún en prisión y se encuentran aislados, además, se lamenta la muerte de tres internos.

Por Sergio Morales Rodas
prensalibre.com

Continue Reading

Suscríbete con nosotros

Introduce tu correo electrónico para suscribirte anuestra web y recibir todas nuestras noticias

Únete a otros 4.114 suscriptores

QUÉDATE EN CASA

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Deportes4 días ago

Teófimo López venció por decisión unánime a Vasiliy Lomachenko

Deportes4 semanas ago

Bradley Wright-Phillips, delantero de Los Angeles Football Club, nombrado Jugador de la Semana de la MLS

Deportes4 semanas ago

Finales de la Liga de Naciones Concacaf reprogramadas para junio de 2021

Deportes4 semanas ago

‘Tenemos que sacrificarnos’: México quiere seguir jugando baloncesto

Deportes3 semanas ago

Se Anuncia el Calendario de la Liga Concacaf Scotiabank 2020

Deportes3 semanas ago

Concacaf lanza nueva marca Copa Oro e identidad visual para el campeonato regional 2021

Espectáculos2 semanas ago

Festival de Cine Dominicano en Nueva York realiza su novena edición de manera virtual

Deportes3 semanas ago

Hablando con Omir Fernández: “Los juveniles de la MLS no tenemos miedo; entrenamos y jugamos con hambre, pasión e intensidad”

Noticias Nacionales2 semanas ago

Juramentan directiva Comunidad Unida del Bronx

Politica3 semanas ago

Debate Trump vs Biden: 4 de los momentos más tensos del primer cara a cara por la presidencia de Estados Unidos

Politica3 semanas ago

Debate Trump vs Biden: caótico enfrentamiento sobre el deterioro político de EE.UU

Noticias Nacionales2 semanas ago

Cuando el paciente es un presidente, toca obedecer

Noticias Nacionales1 semana ago

Honduras: La polémica compra de clínicas móviles para afrontar la pandemia

Politica2 semanas ago

Kamala Harris vs Mike Pence: quién ganó el tenso y monótono debate

Noticias Internacionales3 semanas ago

Conflicto de la basura entre Honduras y Guatemala

Sígueme en Twitter