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Inmigración

El amor de una hija lo esperaba, pero el padre migrante no pudo llegar a tiempo

BRENTWOOD, Nueva York — A Heydi Gámez García la encontró su tía pasada la medianoche. En las últimas semanas, Heydi, una inmigrante hondureña de 13 años, se había deprimido mucho porque su padre estaba detenido desde principios de junio cuando lo atraparon cruzando ilegalmente la frontera sur.

Era su tercer intento en cuatro años para llegar a Estados Unidos y reunirse con su única hija, que vivía con sus hermanas en Nueva York. Pero los días se convirtieron en semanas y los familiares dicen que cuando pasó más de un mes sin que lo liberaran, la niña empezó a perder sus esperanzas.

Alrededor de las 10:30 de una noche de la semana pasada, Heydi se encerró en una habitación y dijo que quería estar sola. Una hora y media después, su tía Zoila abrió la puerta para ofrecerle un bocadillo. Pensó que tal vez unas galletas y leche la alegrarían.

Pero la cama con sábanas azules y violetas estaba vacía. Zoila se asomó por la ventana y después vio hacia el clóset en el otro extremo de la habitación: ahí estaba Heydi, colgada del cable de un cargador de teléfono.

Estaba inconsciente, al borde de la muerte. No había dejado una nota, nada que explicara por qué había intentado acabar con su vida. “Era tan inteligente que no tiene sentido que tomara una decisión como esta, una decisión tan alejada de su carácter”, dijo Jéssica Gámez, de 32 años, la tía con la que vivía Heydi en la localidad de Brentwood que está en Long Island. “Pensé que estaría más segura aquí conmigo que en Honduras”.

La historia de Heydi es muy parecida a la de miles de familias centroamericanas que en los últimos años han llegado a los Estados Unidos con el fin de solicitar asilo para escapar de la tumultuosa realidad de sus países, y con la esperanza de que los desafíos de construir una nueva vida en un país ajeno no sean mayores que los que han dejado atrás.

Heydi en su graduación de quinto grado, el año pasado

La madre de Heydi abandonó a la familia cuando apenas tenía dos meses de nacida; sus abuelos, que la criaron en Honduras, murieron. Heydi estuvo entre quienes encontraron a su abuelo agonizando en la calle después de un ataque de pandilleros. Luego se mudó a Nueva York y experimentó los retos normales de la adolescencia al ir a una nueva escuela y tener que aprender inglés. Pero más que otra cosa, dicen sus amigos y familiares, extrañaba a su papá.

“Heydi estaba tan emocionada cuando le dijo que iba a venir. Creo que la idea de que su papá estuviera aquí era como un refugio para ella”, dijo Erika Estrada, de 25 años, que conocía a Heydi de la Iglesia del Evangelio del Tabernáculo en Brentwood. “Perdió a sus abuelos, su madre la abandonó y tenía todo este amor de hija que no podía darle a sus tías o tíos, solo a él”, dijo Estrada.

Desde hace mucho tiempo, la historia de la inmigración estadounidense ha estado marcada por las familias divididas: uno de los padres viaja a trabajar a Estados Unidos, los niños y esposas a menudo se quedan en casa. En años anteriores, los trabajadores migrantes volvían a sus países al final de la temporada y luego regresaban. Pero la fortificación de la frontera luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y el aumento de las medidas de seguridad de los años posteriores han hecho que esos regresos sean mucho más complicados. En muchas familias, los hijos quedan separados de sus padres durante años, a menudo de por vida.

Mientras que el año pasado se registraron muchos casos de separaciones de familias y de niños migrantes que fueron detenidos en la frontera por las nuevas políticas migratorias del gobierno de Trump, las dificultades de la familia Gámez se extienden a lo largo de tres gobiernos presidenciales, en los cuales se debatió pero nunca se llegó a establecer una amplia solución legal para el trabajo migrante en Estados Unidos.

“Van a casa para atender a un papá enfermo, acudir a un funeral o por otra emergencia: sucede todo el tiempo”, dijo Marty Rosenbluth, un abogado que representa a migrantes en un centro de detención en Lumpkin, Georgia. “Luego los atrapan cuando intentan volver a Estados Unidos”.

Lo que le sucedió a Heydi se ha reconstruido a través de entrevistas con su papá, sus tíos, primos, una amiga de la familia y el abogado de su padre, así como con información de los casos de asilo de su familia, registros de las cortes federales y de las autoridades migratorias.

Heydi creció en una modesta casa en El Progreso, un pueblo al noroeste de Honduras flanqueado al este por una cadena montañosa y al oeste por el río Ulúa. Durante décadas esa ciudad fue un centro comercial para las plantaciones bananeras.

Pero para cuando Heydi nació, en marzo de 2006, El Progreso también se había convertido en el territorio de algunas de las pandillas más violentas del país, entre ellas la MS-13. Con frecuencia, los pandilleros pedían pagos en efectivo (“contribuciones”) a la familia de Heydi y a otros residentes a cambio de garantizar su seguridad.

La inestabilidad, combinada con la falta de oportunidades, llevó a su papá, Manuel Gámez, ahora de 34 años, a marcharse a los Estados Unidos. En 2007, dejando atrás a Heydi con sus padres, se escabulló por la frontera y viajó a Long Island donde su hermana Jéssica se había establecido dos años antes.

Estar lejos de Heydi la mayor parte de su niñez fue difícil, dijo Gámez, pero ganaba lo suficiente haciendo paisajismo como para enviarle dinero y mantenerla. Cuando la niña volvía de su guardería católica jugaba con los perros de la familia o andaba en una bici rosa que su papá le había regalado, recordó Zoila, otra de las hermanas de Gámez. Ocasionalmente ayudaba en la tiendita que sus abuelos tenían en la casa, donde asaltaba los anaqueles y hurtaba caramelos.

Pero un día de junio de 2014, la seguridad que los abuelos habían construido alrededor de Heydi se vino abajo. Después de meses de resistirse a entregar su pequeña camioneta a los pandilleros, su abuelo fue baleado a dos cuadras de su casa. Al escuchar la conmoción, Zoila salió corriendo y encontró a su padre que yacía en el suelo. Cuando le quitó su sombrero de ganadero vio que la sangre salía de su cabeza y formaba un charco en el pavimento. Heydi vio la escena a la distancia.

A días del asesinato, dijo Manuel Gámez, se subió a un avión para volver a Honduras. “No había nadie para cuidar a Heydi o a Zoila; mi mamá estaba muy enferma entonces”, dijo. “Pensé que podía ser riesgoso volver, pero no podía dejarlas solas allá”.

Cerca de un año después, la madre de Gámez murió de complicaciones de diabetes y, según sus hijos, de tristeza por la muerte de su esposo. Con cuatro de sus hermanos en Long Island y el miedo de más represalias por parte de las pandillas, Gámez decidió que Heydi y Zoila debían irse a Estados Unidos para estar seguras.

Primero mandó a Heydi, en el verano de 2015, y decidió quedarse en Honduras en caso de que la devolvieran en la frontera. El 25 de septiembre de 2015, después de casi dos meses en un albergue para menores migrantes, la niña de 9 años llegó al aeropuerto La Guardia; Zoila la siguió meses después.

Rodeada de siete primos de su edad, Heydi se adaptó bien a la vida en Estados Unidos, dicen sus tías y primos. En medio año aprendió inglés, motivada tanto por su ambición por triunfar en la nueva escuela como por su deseo de participar en las conversaciones secretas que sostenían sus primos en inglés cuando estaban cerca de sus tías y tíos hispanohablantes.

A través de videollamadas casi diarias con su papá en Honduras, empezó a enseñarle lo básico (Hello. How are you?) y a corregirlo por no aprender mejor el idioma, dado que él ya había vivido en Estados Unidos. Heydi llegó a enseñarle algunas frases para hablar con mujeres una vez que llegara a Estados Unidos; tal vez, cree él, como un modo de alentarlo a que le encontrara una mamá.

“Me enseñó a decir Are you married? Are you single?“, recordó, refiriéndose a las frases que se usan para preguntar el estado civil de una persona. “Yo lo decía y ella se reía y me decía que mi acento era muy malo”.

Heydi animaba a su papá a practicar. Tenía que prepararse para vivir con ella, dijo Gámez, quien le aseguró a su hija que llegaría pronto.

La habitación en la casa de Zoila Gámez, donde Heydi se quedó la noche que intentó quitarse la vida. Credit Christopher Lee para The New York Times

En junio de 2016, por las amenazas de las pandillas a su familia, Heydi consiguió el asilo, lo que le dio derecho a vivir permanentemente de manera legal en Estados Unidos. Por esa época, su padre hizo el primer intento de regresar a Estados Unidos. Pero era mucho más difícil cruzar la frontera que cuando lo había hecho por primera vez, hacía nueve años.

“La primera vez que vine crucé con un grupo grande: tomó dos días, fue fácil”, dijo. “Pero luego se volvió más difícil, mucho más difícil. Había agentes de la Patrulla Fronteriza por todas partes”.

Cuando Gámez fue aprehendido en McAllen, Texas, le dijo a los agentes que temía por su vida si lo devolvían a Honduras. Pero un funcionario de asilo consideró que su miedo no era creíble y fue deportado ese noviembre. “¿Cómo es que su hija y su hermana son ambas candidatas para asilo y él no?”, dijo el abogado de Gámez, Anibal Romero. “Claramente está huyendo por su seguridad, por las mismas razones.  Esto solo muestra que este es un sistema fallido”.

En septiembre de 2017, funcionarios de inmigración detuvieron a Gámez cerca de Santa Teresa, Nuevo México, luego de otro  intento para entrar al país. Fue condenado por volver a ingresar de manera ilegal, pasó 45 días en prisión y fue deportado a Honduras por segunda vez en noviembre.

Con cada intento fallido Heydi se desanimaba más. “Le dije: ‘No puedo estar allá ahora porque la ley no me lo permite’”, recordó. “Pero ¿cómo le explicas eso a una niña? ¿Cómo le explicas lo que son las leyes para ella?”.

Gámez permaneció en Honduras, donde vendía zapatos en la calle para ayudarse.

El año pasado, para cuando pasó a sexto grado, Heydi había empezado a experimentar enamoramientos. Durante meses se aferró a una nota de amor de Carlos, un compañero de clase. “Quiero que seas mi novia y que estemos juntos siempre. Dime qué piensas”, decía la esquela, con las esquinas dobladas y gastadas en un rectángulo perfecto y guardada entre las tareas en su carpeta.

Pero la niña también mostraba signos de angustia emocional. En la misma carpeta, Heydi escribió una nota en los márgenes de un poema que estaba estudiando en su clase de inglés. La estrofa que resaltó decía: “Y el pensamiento de mi propia abuela sin hogar/ sin un lugar en medio del frío/ cálido y para orar/ me puso triste y deprimida”. Heydi escribió: “Me recuerda a mi propia depresión”.

Manuel Gámez, a la derecha, a su llegada al Aeropuerto Internacional Newark Liberty, en Nueva Jersey, después de que se le concedió un periodo de dos semanas de libertad condicional para ver a su hija. Credit Christopher Lee para The New York Times

Jéssica atribuye la tristeza de su sobrina tanto al trauma de perder a sus abuelos como a su creciente ansiedad por saber si alguna vez se reuniría con su padre. Heydi a menudo se quejaba con sus tías de que todos los demás tenían una madre y un padre, pero ella se sentía como una huérfana.

La niña comenzó a suplicar que la llevaran a Honduras para estar con su padre. Pero Gámez insistió en que Heydi debía quedarse en los Estados Unidos, donde ya había ganado el asilo y tenía las oportunidades educativas que él nunca tuvo.

Cuando Heydi cumplió 13 años, en marzo, Gámez le prometió que estaría con ella cuando cumpliera 15 y celebrarían su quinceañera. Pero, al sentir su creciente desaliento, le dijo que intentaría cruzar la frontera en junio.

Los dos empezaron a hacer planes para pasar su primer verano juntos en los Estados Unidos: irían al centro comercial, al parque, a la pequeña playa en Bay Shore Marina.

Desde Reynosa, México, a principios de junio, Gámez llamó a Heydi y le dijo que casi estaba en los Estados Unidos. Tal vez no pudieran hablar en los próximos días, le advirtió, pero la vería pronto.

Gámez nunca tuvo la oportunidad de llamarla desde el otro lado de la frontera. Después de ingresar ilegalmente a los Estados Unidos fue capturado por agentes de la Patrulla Fronteriza que lo volvieron a detener. Cuando Heydi supo que su papá estaba bajo custodia, rompió a llorar. Durante días, dijeron sus tías, no quería salir de su habitación y perdió el apetito.

Jéssica pensó que si Heydi pasaba algunas noches con Zoila, su tía más joven, podría animarse. Planearon una salida a Six Flags para el 5 de julio. Pero el viaje nunca sucedió.

A las 0:36 de la madrugada del 3 de julio, la policía respondió a una llamada al 911 desde la casa de Zoila, donde los médicos trataron de resucitar a Heydi. La trasladaron al centro médico infantil de Cohen en New Hyde Park, donde los médicos determinaron que estaba “neurológicamente devastada”. Una semana después, declararon que tenía muerte cerebral.

El 13 de julio, el Servicio de Inmigración y Aduanas aceptó una solicitud de Romero, el abogado de Gámez, para liberarlo de la custodia con el fin de que estuviera con su hija moribunda. Las autoridades lo pusieron en un avión con un boleto de ida y vuelta desde Texas, donde volverá a estar detenido. Tenía 14 días para despedirse de Heydi.

Mientras el vuelo de Gámez desde Houston se acercaba a Newark, Jéssica y sus hermanos esperaban en la terminal de llegadas.

“Él todavía no sabe lo que pasó”, dijo Jéssica, sosteniendo sus codos en sus manos. “Todavía no sé cómo le voy a decir”. Cuando Gámez llegó, Jéssica se lanzó hacia él. “Hermano, por favor, perdóname”, le decía.

Mientras los hermanos avanzaban en el tráfico hacia el hospital, Jéssica trató de explicar lo que había sucedido. Pero su hermano no comprendió completamente que su hija estaba con muerte cerebral hasta que la vio.

Yacía en una cama de hospital, los ojos entornados, enterrados debajo de los tubos de respiración y las gotitas intravenosas, rodeada de monitores. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

El primer encuentro entre Gámez y su hija, después de su llegada a Nueva York Credit Christopher Lee para The New York Times

“Mi querida, mi querida, por favor”, dijo en voz baja, mientras le acariciaba la cabeza. “Por favor, si ves una luz, no vayas hacia ella, por favor”.

“Estoy aquí, te amo”, susurró.

Gámez pasó la noche a su lado, mientras sus esperanzas de que pudiera despertarse se desvanecían con cada pitido del monitor. Por la mañana, la gravedad de la condición de Heydi lo había hundido.

Cuando se sentó en el sofá en el apartamento de Jéssica al día siguiente, una expresión de incredulidad y dolor se apoderó de su rostro.

“Como padre, no tienes esperanzas ni sueños para ti mismo, todos tus sueños son para tus hijos”, dijo. “Todos mis sueños están en su corazón. Todos se han ido con ella”.

Gámez planea autorizar hoy al equipo médico para que le quiten el sistema de soporte vital a su hija. Para ese momento, habrán pasado juntos sus últimos cuatro días de vida.

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Inmigración

Qué se sabe sobre los 126 migrantes rescatados de un contenedor abandonado en Guatemala

POLICÍA DE GUATEMALA | Los migrantes fueron rescatados por la policía guatemalteca el sábado.

Hacinados, abandonados y gritando socorro en el interior de un contenedor de transporte, al costado de una carretera.

Así fue como la policía de Guatemala halló en la madrugada de este sábado a 126 migrantes, que fueron rescatados entre las localidades de Nueva Concepción y Cocales, en el sur del país.

Poco antes los lugareños habían informado de que se escuchaban gritos dentro del tráiler, y dieron la voz de alarma.

Las autoridades creen que los migrantes fueron abandonados por contrabandistas a quienes se les había pagado para que los llevaran a Estados Unidos a través de México.

109 de las personas rescatadas son de Haití. También hay gente de Nepal (11) y de Ghana (9), según la Policía Nacional Civil (PNC).

«Escuchamos gritos y golpes»

En declaraciones vía Twitter tras el descubrimiento, un vocero de la policía dijo: «Escuchamos gritos y golpes provenientes del interior del contenedor. Abrimos las puertas y encontramos dentro a 126 personas indocumentadas».

Fotografías difundidas por la policía mostraron a los migrantes bajando del furgón con mochilas o sentados en la carretera.

Los agentes dijeron que brindaron atención humanitaria a los migrantes antes de escoltarlos a albergues administrados por el Instituto Guatemalteco de Migración.

Una portavoz de la autoridad migratoria de Guatemala, Alejandra Mena, dijo que los migrantes habían llegado a Honduras y desde allí continuaron el peligroso viaje hacia el norte con la intención de llegar a Estados Unidos.

Ahora serán transportados de regreso a la frontera con Honduras y entregados a las autoridades de ese país.

Situación preocupante

El descubrimiento se produce apenas un día después de que las autoridades mexicanas detuvieran a 652 migrantes, incluidos 355 menores, que viajaban en tres camiones frigoríficos de doble remolque cerca de la frontera sur de Estados Unidos.

Soldados en un puesto de control militar en Tamaulipas, en la frontera de México con Texas, registraron los camiones después de escuchar voces en el interior.

Las autoridades pudieron detectar que 564 migrantes eran provenientes de Guatemala, 39 de Honduras, 20 de El Salvador, 28 de Nicaragua y uno de Belice.

Según los reportes, al menos 197 de los menores viajaban solos.

El incidente refleja una creciente preocupación por la cantidad de migrantes, entre ellos un gran número de haitianos, que corren riesgos en sus intentos de llegar a Estados Unidos.

Según la fiscalía panameña, desde principios de 2021, más de 50 migrantes han muerto al intentar cruzar el Tapón del Darién, un corredor selvático en frontera con Colombia.

Haití ha sufrido años de inestabilidad que culminaron con el asesinato del presidente Jouvenal Moïse en julio. Al mes siguiente, el país fue golpeado por un terremoto mortal.

Miles de haitianos ya habían abandonado el país en busca de trabajo en países de América Latina.

Muchos comenzaron a intentar llegar a Estados Unidos con la creencia de que califican para el Estatus de Protección Temporal, un derecho temporal a permanecer en el país que se ha extendido a los haitianos que ya viven en el país norteamericano, pero no a los recién llegados.

El mes pasado, unos 13.000 haitianos se reunieron bajo un puente que conecta Del Río, en Texas, con Ciudad Acuña en México. Desde entonces, Estados Unidos ha deportado a más de 7.500 personas a Haití, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

El enviado especial de Estados Unidos para Haití, Daniel Foote, renunció en protesta por las deportaciones y dijo que hacer retornar a personas que huyen de un terremoto y de la inestabilidad política era «inhumano».

Marsha Espinosa, del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, reiteró que «nuestras fronteras no están abiertas y la gente no debe hacer el peligroso viaje (hacia Estados Unidos)».

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Inmigración

Denuncian abuso laboral a inmigrantes, Long Island

Trabajadores, funcionarios electos y residentes de Bellport, Long Island, exigieron hoy a Quality King, uno de los principales distribuidores de artículos de marca a nivel nacional, que acabe la cultura de acoso e intimidación a los trabajadores inmigrantes y que negocie un convenio laboral justo para una de sus subsidiarias.

En una conferencia de prensa celebrada frente a la sede de la empresa en el edificio 35 de Sawgrass Drive, denunciaron que Quality King se involucra regularmente en tácticas de miedo, como despedir a trabajadores por participar en manifestaciones. También revelaron que la empresa no ha investigado los casos denunciados de acoso y acoso sexual, y que además el sindicato de trabajadores, UFCW Local 2013, ha presentado cargos ante la Junta Nacional de Relaciones Laborales. También condenaron el hecho de que Quality King no logró negociar un contrato justo con un salario digno para su subsidiaria Perfumania (uno de los principales distribuidores de perfumes de diseñador en el país).

Joe DeStefano (asambleísta estatal), Jim Mazzarella y Nicholas Caracappa (legisladores del condado de Suffolk), Ed Romaine (supervisor del poblado de Brookhaven), Ryan Stanton (director político de la Federación Laboral de Long Island) y Ani Halasz (director ejecutivo de Long Island Jobs with Justice), y otros funcionarios electos y líderes comunitarios participaron en la conferencia de prensa. Durante la rueda de prensa se leyó un mensaje del presidente de UFCW Local 2013, Louis Mark Carotenuto.

“La familia Nussdorf es una de las familias más ricas del condado y, sin embargo, una y otra vez, a medida que entablamos negociaciones del convenio tenemos que presentarnos en su sede para exigir un trato justo y humano de la fuerza laboral que emplean: las personas a quienes contratan y que luego eligen tratar como animales al obligarlos a trabajar con o cerca del salario mínimo, mientras se embolsan millones en ganancias y obtienen millones en dinero de ayudas de parte de los contribuyentes a través de exenciones contributiva otorgadas para crear empleos bien remunerados”, dijo Carotenuto en su mensaje.

«Como funcionarios electos, encontramos esta situación espantosa y no permitiremos la explotación de los trabajadores en el condado de Suffolk,» dijo el legislador Mazzarella. «Este es un caso puramente de codicia empresarial, en el que una empresa utiliza su riqueza para aprovecharse de la clase trabajadora».

Ed Romaine, supervisor del poblado de Brookhaven, dijo: “Me place unirme a la Federación del Trabajo de Long Island para apoyar hoy a los trabajadores del condado de Suffolk y a los integrantes de su sindicato en la manifestació de hoy”.

Ani Halasz dijo: “Long Island Jobs with Justice y nuestra comunidad, líderes religiosos y aliados laborales están comprometidos a apoyar y estar junto a los trabajadores de Quality King mientras luchan por asegurar un contrato justo, bajo el clima de miedo y represalias coordinado por el empleador. En un momento en que los trabajadores están luchando por recuperarse, las tácticas impulsadas por las ganancias y la codicia de Quality King dañan aún más a nuestras comunidades y economías, y deben rendir cuentas de ello».

Durante las recientes negociaciones contractuales en nombre de Perfumania, Quality King se ha negado a ofrecer mejores salarios y condiciones laborales. La empresa ofrece un convenio con cero aumentos durante dos años y sin pago retroactivo hasta el final del contrato anterior. Perfumania, una de las cinco divisiones de Quality King afiliadas al sindicato UFCW Local 2013, emplea a 80 trabajadores, principalmente inmigrantes. Según reportes, la empresa también contrató al bufete antisindical de abogados Jackson Lewis, para intimidar a los trabajadores y «reprimir» los esfuerzos sindicales. El asambleísta DeStefano, así como los legisladores del condado de Suffolk Mazzerella, Caracappa, Robert Calarco, Sam González y Kevin J. McCaffrey, habían enviado previamente una carta a la empresa en apoyo a los trabajadores.

“Les instamos encarecidamente a negociar un contrato que ofrezca un nivel de vida decente para los trabajadores y contribuyentes residentes del condado de Suffolk”, dijeron los legisladores locales en su carta conjunta. “Los salarios que rondan el salario mínimo o cerca del mismo, no son adecuados para sobrevivir en Long Island y ciertamente no promueven la salud, la prosperidad general y el bienestar económico de la gente de este estado”.

Como empresa privada, Quality King no tiene obligación de divulgar sus finanzas. Sin embargo, según los registros de la empresa Hoover, los ingresos combinados de la compañía y su subsidiaria son de aproximadamente $3.2 mil millones anuales. Además, Quality King ha recibido millones de dólares en subsidios a través de exenciones fiscales de la AIF, y también incentivos destinados a promover las oportunidades laborales y la prosperidad económica.

Como ejemplo de cómo Quality King trata a sus empleados, los trabajadores destacaron los actos de la empresa en pleno apogeo de la pandemia en marzo 2020, cuando 60 trabajadores contrajeron COVID-19 y los directivos buscaron opacar la gravedad de la situación situación. La gerencia indicó a los trabajadores que «todo está en su cabeza», les dio latas de Lysol para limpiar sus lugares de trabajo y se negó a que se hiciera una limpieza profesional. A los trabajadores no se les proporcionó el equipo de protección personal adecuado y la empresa se negó a dar al sindicato un conteo preciso del número de víctimas que el virus estaba causando en la fuerza laboral. Además, la oficina del Fiscal General investigó a la empresa por supuestamente inflar los precios de Lysol.

Mirna Amaya y Claudia Fernandez, trabajadoras de Perfumania, dijeron que necesitan mejores salarios, aumentos por antigüedad laboral, y no renunciar a beneficios y derechos ya adquiridos. Decían a coro: “¿Qué necesitamos? ¡Un contrato justo! ¿Y cuándo lo necesitamos? ¡Ahora!”

Quality King y sus subsidiarias distribuyen más de 5,000 artículos de marca a supermercados, farmacias, minoristas, mayoristas y también comercio electrónico en todo el país, desde centros de distribución en Bellport y Ronkonkoma. Los participantes de la conferencia de prensa instaron a la empresa a reanudar las negociaciones del convenio y encontrar soluciones conjuntas a los desacuerdos en torno al contrato y las preocupaciones de los trabajadores con respecto a la seguridad de la salud, los despidos injustos, las prácticas antisindicales y el acoso sexual.

Por: Javier E. Gómez

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Inmigración

Estados Unidos traslada a miles de migrantes desde Texas a centros de procesamiento

GETTY IMAGES | Los migrantes han tenido que cruzar el río hacia México en busca de suministros.

Las autoridades de Estados Unidos han trasladado a miles de personas de un pueblo fronterizo en Texas que en la última semana ha recibido una gran afluencia de migrantes, la mayoría haitianos.

Más de 10.000 personas permanecían acampadas bajo un puente que conecta Del Río en Texas con Ciudad Acuña en México.

Las autoridades locales han tenido dificultades para proveerles con comida e higiene adecuadas.

Cerca de 2.000 personas fueron trasladadas a centros de procesamiento de migrantes el pasado viernes.

El gobierno estadounidense asegura que su plan es devolverlos a su país de origen.

Se espera que los vuelos de regreso arranquen este domingo. Estados Unidos está negociando los retornos con los países implicados.

«Quiero vivir una vida sin problemas»
El primer ministro de Haití, Ariel Henry, envió su apoyo a los migrantes en redes sociales en la tarde del sábado, asegurando que «se habían conseguido acuerdos» para recibir a aquellos que regresen.

Sin embargo, algunos migrantes temen volver.

«En Haití no hay seguridad. El país está en una crisis política», comentó Fabricio Jean, de 38 años, a Associated Press.

Jean se encuentra en el campo con su esposa y sus dos hijas.

«En Haití hay gente matándose unos a otros. No hay justicia. Solo quiero vivir una vida sin problemas. Quiero vivir donde sepa que hay justicia», dijo otro padre de dos hijos, Stelin Jean, de 29 años, al Texas Tribune.

El Departamento de Seguridad Nacional estadounidense dijo a través de un comunicado que las transferencias continuarán «para asegurar que los migrantes irregulares sean puestos bajo custodia, procesados y trasladados fuera de Estados Unidos, en concordancia con nuestras leyes y normas».

Además, anunció que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza enviará 400 efectivos adicionales a Del Río, una ciudad con cerca de 35.000 habitantes.

El alcalde de Del Río, Bruno Lozano, había declarado el estado de emergencia en la ciudad. Describió la situación como «sin precedentes» y «surrealista».

También dijo que la patrulla fronteriza había estado abrumada y que los «agitados» migrantes vivían en condiciones imposibles.

El campamento improvisado en Del Río tiene pocos servicios básicos, y los migrantes que esperan a temperaturas de 37°C han estado cruzando el río hacia México para obtener suministros.

La mayoría son haitianos. También hay cubanos, peruanos, venezolanos y nicaragüenses.

Muchos haitianos abandonaron su país tras el devastador terremoto en 2010. Un gran número de los que ahora se encuentran en el campo habían vivido en Brasil y otros países sudamericanos y viajaron hacia el norte tras no poder asegurar empleo o estatus legal.

Will Grant, corresponsal de la BBC en México, reporta que muchos cubanos también han abandonado la isla en su peor crisis económica desde el fin de la Guerra Fría.

Grant asegura que muchos de los migrantes en Texas probablemente realizaron la travesía migratoria más difícil en América Latina: cruzar a pie la densa selva del Darién entre Colombia y Panamá.

El gobierno de Estados Unidos ha informado de un aumento de migrantes en la frontera con México este año.

El número de migrantes detenidos allí en julio superó los 200.000 por primera vez en 21 años, según datos del gobierno.

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Inmigración

El puente entre México y Estados Unidos bajo el que duermen más de 10.000 migrantes

El gobierno de EE.UU. está recibiendo estos días un número creciente de llegadas de migrantes a la frontera. | REUTERS

El gobierno de Estados Unidos tiene previsto volar de regreso a Haití a miles de migrantes que se han reunido bajo un puente en la frontera con México en los últimos días, informan los medios estadounidenses.

Los vuelos comenzarán el domingo y podría haber hasta ocho por día, dijeron funcionarios a la agencia de noticias Associated Press (AP).

Al menos 10.000 personas, en su mayoría inmigrantes haitianos, acampan bajo el puente que conecta Del Río, en Texas, con Ciudad Acuña, en México, y se esperan más.

El alcalde de Del Rio, Bruno Lozano, declaró el estado de emergencia.

Describió la situación como «sin precedentes» y «surrealista», y dijo que la patrulla fronteriza se había visto abrumada, y que los migrantes viven en condiciones imposibles.

El campamento improvisado tiene pocos servicios básicos y algunos migrantes, que soportan temperaturas de hasta 37°C, están regresando a México a por suministros.

Se han construido refugios con juncos gigantes y muchos migrantes están usando el río para bañarse y lavar la ropa, informó AP. Según los informes, en el campamento nacieron al menos dos bebés.

El cruce fronterizo en Del Río se cerró temporalmente el viernes «para responder a las necesidades urgentes de seguridad que presenta» la afluencia de migrantes, dijo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.

El campamento improvisado tiene pocos servicios básicos y algunos migrantes, que soportan temperaturas de hasta 37°C, están regresando a México a por suministros.

Se han construido refugios con juncos gigantes y muchos migrantes están usando el río para bañarse y lavar la ropa, informó AP. Según los informes, en el campamento nacieron al menos dos bebés.

El cruce fronterizo en Del Río se cerró temporalmente el viernes «para responder a las necesidades urgentes de seguridad que presenta» la afluencia de migrantes, dijo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.

Por: BBC News Mundo

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