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Inmigración

El lucrativo negocio de los que ayudan a cruzar las fronteras cerradas para regresar al país

Luis es uno de los miles de venezolanos que se quedaron sin trabajo y regresaron a su país.

Luis llegó a Cúcuta, en la frontera entre Colombia y Venezuela, con la ropa sucia, sudado y sin un centavo en el bolsillo.

Había caminado 45 días desde Lima, donde vivió por dos años, para regresar a su país, Venezuela.

Es uno de los miles de venezolanos que dejaron en los últimos años su país por la crisis y que al quedar desempleado por culpa de la pandemia decidió regresar a casa.

Su viaje, sin embargo, no acabó ahí.

En Cúcuta le tocó esperar pacientemente por un turno para cruzar por el Puente Internacional Simón Bolívar, por donde solo se permite el paso de 300 personas, tres días a la semana.

“Al llegar te anotan por orden de llegada en una lista y esperas por un brazalete, puedes tardar semanas para entrar”, dijo a BBC Mundo este hombre de 39 años, que prefirió no dar su apellido por seguridad.

Como Luis, muchos que perdieron su trabajo o que se quedaron varados fuera de Venezuela por la pandemia y el cierre de fronteras están desesperados por volver a casa.

Muchosestán dispuestos a pagar hasta lo que no tienen para entrar cuanto antes y también para evitar quedar confinado en los albergues que ha dispuesto el gobierno del presidente Nicolás Maduro para hacer la cuarentena obligatoria por la pandemia al entrar al país.

Los aeropuertos en Venezuela están cerrados desde marzo y el llamado corredor humanitario de la frontera terrestre con Colombia, principal punto de acceso al país, acepta menos de 1.000 personas a la semana.

La situación es el perfecto caldo de cultivo para el mercado ilegal y la corrupción.

Desde sobornos a autoridades para cortar la fila en el cruce con Colombia, hasta la proliferación de paquetes ofrecidos por agencias de turismo para entrar a Venezuela por Brasil sin cumplir con protocolos de seguridad.

El brazalete

En el departamento colombiano del Norte de Santander, que abarca Cúcuta, se estima que 40.000 venezolanos aguardan para pasar por la frontera, según David Smolansky, miembro de la oposición venezolana y comisionado de la Secretaría General de la OEA (Organización de Estados Americanos) para la crisis de migrantes y refugiados venezolanos.

“Ese derecho que tiene cualquier ciudadano a volver al país donde nació está siendo vulnerado”, critica Smolansky.

Una fuente de Migración Colombia confirmó que quien determina cuántos cruzan por día es el gobierno de Venezuela y no siempre otorga espacio para 300 cupos. “Hay días que la cifra varía y sólo reciben 200 personas”.

En Cúcuta, quien tiene dinero puede comprar un lugar en la lista y acortar la espera, constató Luis, que vio cómo mercaderes se abalanzaban detrás de familias que llegaban a hoteles próximos la frontera: “Comienzan diciendo: ‘Aquí van a demorar muchos días, nosotros podemos conseguir que pasen mañana mismo'”.

“Corren detrás de los taxis o carros particulares que traen a venezolanos” y “acuerdan en hoteles o posadas” para comercializar el brazalete que distribuyen las autoridades en Colombia para un tránsito ordenado por el puente internacional.

Hasta 150.000 pesos colombianos puede costar cada cinta en el mercado negro, unos US$40.

“Un representante por cada familia entrega el dinero, el documento de identidad (…) y el intermediario va y habla con los policías colombianos que facilitan el brazalete y los anotan de primero en la lista”, siguió Luis.

“No tenemos declaraciones sobre el tema”, dijo un portavoz de la Defensoría del Pueblo de Colombia a BBC Mundo. La Policía de Cúcuta indicó que tampoco ha recibido denuncias sobre la venta de estos brazaletes.

Cuatro, cinco, seis, siete… Corrían los días y Luis seguía su turno para cruzar. En ese tiempo contrajo el nuevo coronavirus, lo que agravó su situación.

“Un compañero pagó 50.000 pesos (US$13), porque se identificó como retirado de la Guardia Nacional (de Venezuela), llegó un viernes y pasó el lunes siguiente”, denunció.

“Solo abordan a familias más solventes, saben que los caminantes no tenemos dinero”.

Por Brasil y sin cuarentena

Smolansky dice que unos 111.000 venezolanos han entrado al país desde el despunte de la pandemia tras haberse quedado sin sus empleos en Colombia, Ecuador o Perú.

Casi la totalidad de ellos, 105.000, accedió por Colombia.

Los restantes 6.000 lo hicieron por Brasil, que se ha convertido en una opción para quien tiene más poder adquisitivo y necesitan ya regresar al país.

La agencia de viajes Isis Tours llegó a ofrecer un paquete para varados en Estados Unidos que incluía el vuelo desde Miami a Boavista, la ciudad más próxima a la frontera, garantías de pasar “el mismo día” y traslado a Caracas (a más de 1.200 kilómetros) por carretera “sin hacer cuarentena”.

“Por el salvoconducto (para circular por las vías) el cliente no debe preocuparse (…) está incluido el pase por alcabalas”, precisaba las indicaciones del paquete, que costaba casi US$2.000 por pasajero.

Había una opción más económica -casi US$1.000- con la que el pasajero quedaba un poco a su suerte.

“La agencia no se hace responsable por cualquier inconveniente fronterizo, ni garantizamos que puedan pasar el mismo día y mucho menos nos hacemos responsables de evitar la cuarentena en Santa Elena (la primera ciudad de Venezuela al pasar en la frontera)”, señaló. “Lo más probable es que pase por el protocolo normal asignado por el gobierno”.

La promoción fue cancelada después de una protesta en redes sociales.

Consultada por BBC Mundo, la responsable de Isis accedió primero a “aclarar la polémica”, pero luego no atendió a nuestros llamados.

Otras agencias venden la ruta Miami-Boavista por US$699 como una opción para volver a Venezuela, pero sin ofrecer saltarse los controles o la cuarentena.

Sin especificar el nombre de la agencia, este martes, el fiscal general, Tareck William Saab, anunció que fueron “detenidos en flagrancia 12 integrantes de una organización delictiva que promovía a través de redes sociales un paquete de viaje”.

“Ofrecían hospedaje, traslado, alimentación, salvoconductos y pruebas rápidas para despistaje de covid-19, por un monto de 1.800 dólares desde Miami” hasta Venezuela, agregó.

Venezolanos varados

Smolansky maneja “cifras conservadoras” de unos 3.000 venezolanos varados en varios países, esperando que abran el espacio aéreo para regresar.

“Pudieran volver en 15 aviones de 200 puestos cada uno (…) 15 vuelos resuelven la situación de los 3.000 varados en el mundo”, dijo a BBC Mundo el opositor.

Ha habido vuelos finalmente desde Madrid, y Maduro ofreció enviar a Estados Unidos un avión de la aerolínea estatal Conviasa, sancionada por Washington, para repatriar a venezolanos.

El gobierno de Donald Trump, que no reconoce a Maduro como presidente sino al líder opositor Juan Guaidó, no ha comentado sobre esta oferta.

Los albergues

El brazalete solo ayuda a pasar rápido por la frontera, pero no evita la cuarentena ya en territorio venezolano que algunos hacen en albergues descritos como lugares insalubres y también centros de extorsión.

Mario, de 37 años, contó, por ejemplo, cómo durante el confinamiento tenían que pagar al Ejército, que controlaba su refugio, “cuatro, cinco veces más del valor” por una gaseosa o un paquete de cigarrillos.

“No había agua potable, no nos daban las tres comidas. Perdí 15 kilos”, narró este hombre que pidió proteger su identidad. “Había cinco pocetas (inodoros) para 380 personas, horrible”.

El fiscal general venezolano, Tareck William Saab, no respondió aún a un pedido de BBC Mundo para comentar estas denuncias.

Maduro ha defendido el cordón sanitario impuesto por su gobierno para los retornados.

El paso sin problemas por la frontera entre Santa Elena, Venezuela, y Pacaraima, Brasil, fue ofertado en redes sociales. / GETTY IMAGES

“Cuando llegan a Venezuela son libres, son dignos, son humanos otra vez”, se felicitó en una alocución en junio. “Vienen a su patria porque saben que en su patria lo tienen todo, así no lo reconozcan”.

“El tratamiento a la llegada es gratuito, todo es gratuito: es gratuita la prueba del coronavirus, la alimentación, el hospedaje, el transporte en avión o en autobús hasta su casa”.

Pero algunos quieren evitar como sea el confinamiento y deciden cruzar la frontera por las peligrosas trochas (pasos ilegales), por lo que han sido tachados de “bombas biológicas” por el gobierno por no cumplir con los protocolos de seguridad.

Luis, nuestro testigo en Cúcuta, ya está en Maracaibo (Zulia, oeste), su destino final. No pagó sobornos ni cruzó ilegalmente, dice. Armado de paciencia, aguantó 15 días antes de poder entrar a su país finalmente.

Salió el 25 de mayo de Perú y llegó el 24 de agosto a su casa, tres meses después.

“El cruce fue la peor experiencia de mi vida“.

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Inmigración

Qué se sabe del niño nicaragüense abandonado en la frontera sur de EE.UU.

Wilton, el niño que apareció solo y llorando en la frontera de México y EE.UU., hizo el viaje desde Nicaragua junto a su madre Meylin, quien permanece desaparecida. - CORTESÍA MISAEL OBREGÓN

Por: Marcos González Díaz
Corresponsal de BBC News Mundo en México y Centroamérica

Las imágenes en las que Wilton Gutiérrez aparecía llorando y perdido en algún lugar desértico de Texas convirtieron a este niño nicaragüense en uno de los símbolos más dramáticos de la crisis migratoria que se vive en la frontera entre México y Estados Unidos.

Y aunque el menor de 10 años fue rescatado por la Patrulla Fronteriza estadounidense el pasado 1 de abril y permanece desde entonces bajo resguardo de las autoridades, su “sueño americano” y el de su familia parecen aún lejos de cumplirse.

De hecho, su madre -con la que emprendió el peligroso viaje al norte- es ahora la mayor preocupación de sus familiares dado que permanece en paradero desconocido. Según denuncian, está secuestrada en algún lugar del norte de México.

Wilton y su madre, Meylin Obregón, dejaron atrás su hogar en busca de una nueva vida en EE.UU. como miles de centroamericanos.

Solo en el mes de marzo, más de 170.000 migrantes fueron detenidos en la frontera sur estadounidense. Es la cifra más alta de los últimos 15 años. La mayoría aseguran escapar de la pobreza y la violencia existentes en sus países.

Pero en el caso de esta humilde familia nicaragüense, aseguran sus allegados, la violencia de la que escapaba Meylin junto a su hijo estaba enquistada dentro de su propia casa.

Un viaje casi improvisado
Misael Obregón, hermano de Meylin y tío del pequeño, asegura que el viaje fue planificado con apenas unos días de antelación.

“Todo estaba programado para que mis hijos (dos gemelos de 15 años) hicieran el viaje desde Nicaragua para venir aquí a EE.UU.”, le cuenta el hombre a BBC Mundo desde Miami, donde vive desde hace cinco años trabajando en la construcción.

“Pero pocos días antes, Meylin me pidió ayuda para venirse para acá porque no soportaba más a ese hombre (el papá de sus dos hijos). Así que le mandé dinero para comida y pasajes, y se sumó con Wilton al viaje de mis hijos”.

Misael asegura que la relación del matrimonio era malísima. “La trataba muy mal psicológicamente, le hacía mucho daño y la trataba mal verbalmente”, dice.

Desde una remota comunidad ganadera cercana a El Rama, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur de Nicaragua, la madre de la joven y abuela de Wilton confirma el relato.

“Ella era muy duro con ella, le decía cosas que no tenia que decir, le dañaba verbalmente con palabras y ofensas, tenia muchos amantes…”, le cuenta a BBC Mundo Socorro Leiva, quien asegura que nunca supo de las intenciones de su hija de marcharse a EE.UU.

Esta situación, cuenta la mujer, fue lo que provocó que su hija se mudara de nuevo a la casa familiar junto a Wilton pocos días antes de empezar su viaje. Y lo que también la empujó a interponer una denuncia ante la Fiscalía contra su pareja.

Secuestrados por US$10.000
El 8 de febrero, Meylin inició su viaje junto a su hijo Wilton y sus dos sobrinos gemelos. Salieron de una zona que la familia califica de totalmente “abandonada” por los gobiernos, donde no hay energía eléctrica, las carreteras son precarias y las oportunidades de trabajo escasas.

La señal de cobertura de teléfono en la zona es tan débil, de hecho, que la conversación de BBC Mundo con la abuela de Wilton tuvo que realizarse mediante intercambio de audios de Whatsapp.

Meylin, una de los diez hermanos de la familia, cultivaba y criaba gallinas y cerdos para mantenerse.

“Es terrible la pobreza que hay, mucha gente sale de allí para buscarse la vida. Pero mi hermana no quiso venir aquí para trabajar, era realmente para escapar de lo que estaba viviendo”, insiste su hermano desde EE.UU.

Asegura que su hermana era consciente del peligro que enfrentaría en la travesía. “Yo le dije que cuando uno hace ese viaje para acá, es vida o muerte, porque ese México es muy peligroso. Pero aún así, dijo que quería salir de ese sufrimiento que tenía en Nicaragua”, cuenta.

Durante el viaje, la joven y los tres menores recorrieron su país hasta cruzar Honduras, Guatemala y llegar a la frontera norte de México semanas después.

Misael cuenta que sus hijos gemelos viajaban con la idea de que los dejarían entrar a EE.UU. por ser menores no acompañados. Y así fue. Tras entregarse a las autoridades migratorias, pudieron reunirse con su padre en Miami.

Pero Meylin y Wilton corrieron peor suerte y fueron inmediatamente devueltos a territorio mexicano, donde la familia denuncia que fueron raptados por un grupo de delincuentes que les pidieron US$10.000 por su liberación a través de una llamada telefónica.

Desde EE.UU., Misael cuenta que solo pudieron reunir la mitad. “Me dejaron hablar con mi hermana por teléfono y le conté lo que pasaba. Obviamente me dijo que prefería que pagáramos por el niño, que ella podía aguantar más que su hijo en ese lugar”, relata.

Cuando Wilton fue liberado por sus captores en Texas y la grabación de su encuentro con la policía se hizo viral, fue el momento en que la abuela del niño tuvo la primera noticia sobre su paradero.

“Mi marido estaba viendo la televisión y me llamó a voces. Y ahí vimos al niño en el video. Fue un golpe para mi corazón, yo no podía ni llorar en ese momento”, recuerda emocionada desde Nicaragua.

“Fue después que me salieron las lágrimas de alegría. Porque yo oigo en las noticias que a los niños los prefieren para quitarles los órganos. Pero gracias a Dios, ya está a salvo con las autoridades. Ahora es mi hija la que falta”, lamenta.

El futuro de Wilton
Misael dice que de vez en cuando recibe llamadas de su hermana, siempre desde números distintos. La última vez fue hace cuatro días.

“Me dice que está encerrada en una casa con otras personas, cree que debe ser por Reynosa. Dice que está bien, y solo me pregunta por el niño”, dice.

Él supo que su sobrino había sido liberado gracias a la grabación viral, la cual también fue vista por su hermana desde su cautiverio. “Ella ha llorado mucho por el video porque le duele que la gente diga que ella culpable de lo que pasa, cuando no lo es”.

Tanto el tío como la abuela de Wilton aseguran que no ha recibido apoyo ni información directa por parte de las autoridades de ningún país.

BBC Mundo preguntó al Instituto Nacional de Migración de México si tenían alguna novedad sobre este caso, pero una vocera dijo no tener información al respecto.

La familia solo escuchó las declaraciones de la vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, quien este lunes dijo que “para atender la solicitud de la familia” se están realizando los trámites para la repatriación del niño al país centroamericano y que se solicitó cooperación internacional para localizar a la madre.

Pero los familiares con los que habló BBC Mundo confiesan que preferirían que el niño -que permanece en un albergue de Brownsville, Texas- pudiera quedarse en EE.UU. antes que regresar a Nicaragua.

Su tío habló con el menor este lunes. “Dice que está bien. Se cree que en unos 15 días más lo pueden liberar. La idea es que venga aquí a Miami, estamos con el papeleo con la trabajadora social”.

La abuela del niño dice que, de haber sabido las intenciones de su hija, jamás habría autorizado el viaje a EE.UU. por el peligro que supone.

“Pero ya que ellos hicieron ese gran sacrificio arriesgando hasta la muerte… por algo lo hicieron”, responde Socorro cuando se le pregunta si preferiría que se quedaran en Miami.

“Me gustaría (que se haga realidad) el sueño de ella, porque da lástima tanto que han sufrido y que tal vez ella no pase (…). Pido a Dios que pase ella (a EE.UU.) para que se junte con el niño”, le dijo a La Prensa el padre de Wilton.

Desde Miami, el tío del niño lanza un mensaje con la esperanza de que la reunificación de su familia pueda llegar lo antes posible y con todos sanos y salvos.

“A los que tienen a mi hermana les pido que la suelten, ojalá la liberen. Y al gobierno de EE.UU. que le de después la oportunidad de pedir asilo, de ir a la Corte y nos juntemos todos acá. Es lo que más quiero”.

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Inmigración

La crisis perpetua en la frontera

Agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos procesan a un grupo de personas el mes pasado que habían cruzando la frontera desde México en Peñitas, Texas.Credit...Joe Raedle/Getty Images

Por Jorge Ramos – NYTimes
MIAMI, Estados Unidos — La frontera entre México y Estados Unidos “es una cicatriz que sangra”. Así la describió el escritor mexicano Carlos Fuentes en 1997. Ese año, según el Pew Research Center, entraron 1,2 millones de inmigrantes, tanto autorizados como no autorizados, a Estados Unidos. En ese entonces, como ahora, se hablaba ya de una crisis desbordada.

La verdad es que esa frontera siempre ha estado en crisis. Es una crisis perpetua desde su conformación, con los límites que conocemos hoy. La frontera se redefinió después del fin de la guerra entre México y Estados Unidos, en 1848. En mis clases de primaria en Ciudad de México nos enseñaron que con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, el conflicto y la invasión estadounidense terminaron y México fue obligado a ceder el 55 por ciento de su territorio a Estados Unidos con una compensación de 15 millones de dólares. Así que en ese entonces muchos no cruzaron la frontera, la frontera los cruzó a ellos.

Desde entonces la frontera ha sido, al mismo tiempo, una zona de conflictos y de hermandad extraordinaria. Y desde que tengo memoria ha habido debates y dilemas sobre los que cruzan del sur al norte, y preguntas sobre cuántos deben cruzar cada año.

Me ha tocado cubrir a todos los presidentes de Estados Unidos y sus políticas migratorias desde que, en los años ochenta, Ronald Reagan ocupaba la Casa Blanca. Y creo que para encontrar una solución a largo plazo —que pasa por aceptar a muchos más inmigrantes de manera legal— debemos repasar esas políticas. El problema de fondo es que el sistema migratorio estadounidense está quebrado, caduco y no refleja las nuevas necesidades del país ni de sus vecinos del sur.

En 1986, el presidente Reagan, republicano, otorgó una “amnistía” a casi tres millones de personas que residían en el país sin documentos. Pero no fue una solución integral y no funcionó para frenar el flujo migratorio.

Para cuando entrevisté al expresidente George W. Bush en Guanajuato, México, en febrero de 2001, el número de migrantes indocumentados ya había crecido a 7,8 millones. El mandatario coqueteaba con la idea de un “programa de trabajadores temporales”, pero unos meses después los actos terroristas del 9/11 suspendieron la idea de una reforma migratoria.

El número de personas indocumentadas siguió creciendo —hasta 12,2 millones en 2007— y en 2009 llegó Barack Obama a la presidencia. En los meses de ese año en los que su partido, el Demócrata, controlaba ambas cámaras del Congreso, Obama desaprovechó la oportunidad para presentar una reforma migratoria que regularizara su estatus. Y luego llegó Donald Trump, uno de los presidentes más racistas y antiinmigrantes que ha tenido Estados Unidos.

Las políticas inhumanas y represivas de Trump —y las medidas de emergencia sanitaria por la pandemia— redujeron la migración a sus niveles más bajos desde los años ochenta.

Pero ahora, con un nuevo presidente y con nuevas reglas, podríamos regresar a las épocas en que cruzaban cientos de miles de personas indocumentadas cada año. Solo en febrero se registraron más de 100.400 cruces no autorizados. Esa es, quizás, la nueva normalidad.

“La frontera no está abierta”, me dijo en entrevista el secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas. Pero “lo que hemos descontinuado es la crueldad de la gestión anterior”. Decenas de miles de solicitantes de asilo, muchos de ellos centroamericanos, han esperado durante más de un año en campamentos en México y no van a desaprovechar una oportunidad.

No debería sorprender a nadie que esto suceda en una frontera que divide a uno de los países más ricos y poderosos del mundo de una de las regiones más desiguales del planeta: los más pobres y vulnerables —en medio de la pandemia, de los estragos del cambio climático y la violencia— se dirigen a un lugar más próspero y seguro. Así de lógico y simple. Y así continuará por mucho tiempo.

Debido a la pandemia, América Latina ha vivido su “peor crisis social, económica y productiva” en 120 años, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Dos huracanes —Eta e Iota— devastaron Centroamérica a finales del año pasado. Y las pandillas, la corrupción, la violencia y los efectos de la crisis medioambiental y escasez de vacunas contra la COVID-19 han expulsado a muchos de la región.

México, en particular, ha sufrido mucho durante la pandemia: más de 320.000 mexicanos han muerto, según el nuevo reporte oficial del gobierno mexicano que incorpora las llamadas “muertes excesivas”, y su economía cayó 8,5 por ciento en 2020. A esta situación se añade el terrible e intratable problema de la violencia de los cárteles del narcotráfico. El comandante a cargo del Comando Norte de Estados Unidos informó recientemente que “entre 30 y el 35 por ciento de México” está en control de “organizaciones criminales transnacionales”. Esto implica un peligro inminente para quienes cruzan territorio mexicano para llegar a la frontera.

Es necesario aceptar esta realidad y crear un sistema que pueda absorber de manera legal, eficaz, rápida y segura a muchos de los inmigrantes y refugiados que vienen del sur. Van a seguir llegando y no hay otra solución. Todas las otras opciones —muros, centros de detención, separación de familias, repatriación exprés, la espera de los solicitantes de asilo en México, deportaciones masivas— han fracasado. La inversión de 4000 millones de dólares en Centroamérica, como ha prometido Biden, es un buen comienzo para atacar el origen de la migración: la pobreza y falta de oportunidades en sus países. Pero ese proyecto tardará años en dar resultados.

En lo que el plan surte efecto, debemos aceptar anualmente entre millón y medio y dos millones de inmigrantes autorizados cada año.

Hay que hacer legal y productiva la entrada a Estados Unidos, pues ahora es un sistema peligroso que incentiva el tráfico humano controlado por cárteles de drogas y otras organizaciones criminales. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha dicho que, según sus cuentas, “la economía estadounidense va a necesitar entre 600.000 y 800.000 trabajadores por año” y que sería mejor llegar a un acuerdo con Estados Unidos para que esas personas necesarias lleguen de manera autorizada al país en lugar de arriesgar sus vidas para intentar cruzar. Tiene razón.

Estados Unidos es un país de inmigrantes y necesitará muchos más para la recuperación económica después de la pandemia, para reemplazar a la creciente población que se jubila y también para compensar por las bajas tasas de natalidad en Estados Unidos, según argumentó recientemente el periodista Andrés Oppenheimer del The Miami Herald. Nuestro sistema migratorio requiere renovarse para afrontar estos retos.

Por eso la frontera parece que revienta. Es ahí donde chocan las aspiraciones de los nuevos inmigrantes con un país que se resiste a modernizar su manera de recibir y absorber a los recién llegados. Las cicatrices de la frontera son reales, pero sabemos cómo resolver los problemas: más migración autorizada. Como dicen en México; no hay de otra.

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Inmigración

Qué ha cambiado con Biden y qué no en la frontera de EE.UU. con México

El incremento de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos y un sistema de tramitación de asilo desbordado ponen a prueba las promesas de cambio del presidente Biden.

El número de personas retenidas ronda las 130.000 a lo largo del mes de marzo, en comparación con las 100.000 de febrero.

La cifra de menores no acompañados que tratan de cruzar a EE.UU. se ha triplicado en las primeras semanas de marzo. El gobierno de Biden revirtió la ley puesta en marcha por Donald Trump que permitía expulsarlos.

Por: BBC Mundo

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Inmigración

Guatemala y México se preparan para frenar una nueva caravana de migrantes

Migrantes hondureños caminan por una carretera de El Florido, Guatemala, en su ruta hacia México y con el objetivo de llegar hasta Estados Unidos. 16 de enero de 2020. © Luis Echeverría/ Reuters

Las redes sociales nuevamente están siendo utilizadas para convocar a cientos, quizás miles de inmigrantes hondureños para que inicien una travesía rumbo a Estados Unidos en busca de asilo.

“Lista y fuerte caravana hondureña preparada este 30 de marzo. Desde la gran terminal de San Pedro Sula rumbo a USA. Todos en la terminal, Dios nos guíe y nos guarde a todos los del grupo. Bendiciones”, se lee en uno de los mensajes publicados la semana pasada en Facebook.

En otro mensaje advierten que hay tres requisitos para sumarse a la marcha: prueba de covid, cédula de identidad y permiso migratorio. Pero en ninguna parte se explica dónde deben conseguirse las pruebas médicas de que la persona no está infectada con el virus, lo que puede dar paso al uso de documentos falsificados.

A finales de enero las autoridades mexicanas anunciaron que habían detectado la venta de pruebas falsas de covid, luego de que Canadá, Francia y Estados Unidos comenzaron a exigir este documento con resultado negativo a personas que transitaran por sus fronteras.

La mayoría de las personas que integran las caravanas lo hacen para escapar de la pobreza, un fenómeno agravado a finales del año pasado tras el paso de los huracanes Eta e Iota. Y también de la violencia de las pandillas y el narcotráfico.

Pero ambas causales no están contempladas en la ley de asilo y la frontera estadounidense sigue cerrada por la pandemia del coronavirus, un escenario difícil para los migrantes que, a pesar de las dificultades, toman el riesgo.

“Aquí no tenemos nada. Preferimos intentarlo que esperar la muerte en nuestros pueblos”, dice Manuel, un agricultor que decidió emprender el viaje por primera vez.

Plan de contención
Mientras avanzan los preparativos, los gobiernos de Guatemala y Honduras ponen en operativo conjunto para detener a los migrantes en sus respectivas fronteras y evitar que avancen hacia el norte

La cancillería guatemalteca confirmó el sábado el envío de agentes y tropas a la frontera de Tecún Uman para detener la marcha. Y que México, a su vez, había movilizado personal operativo “para salvaguardar los derechos e integridad de las personas migrantes de diferentes naciones centroamericanas, particularmente de los menores de edad”.

Ambos gobiernos señalaron que el objetivo del plan era combatir el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas. Y aseguraron el “respeto irrestricto de los derechos humanos de las personas migrantes en todas las fases del ciclo migratorio”.

La cancillería mexicana agregó que la movilización protegerá el cerco sanitario para evitar la propagación de la pandemia del covid-19.

Estado de prevención
Este lunes el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei y el Consejo de Ministros decretaron Estado de Prevención en los departamentos (provincias) de Izabal, Zacapa, Chiquimula, El Progreso y Petén en vísperas de la llegada de una nueva caravana de migrantes que proviene de Honduras y se dirige a México para luego enfilar al sur de Estados Unidos.

“Existe riesgo de desplazamiento de grupos de personas con características de migrantes, que cruzarán las fronteras del país hacia los departamentos de Izabal, Zacapa, Chiquimula, El Progreso y Petén”, se lee en el decreto.

Agrega que los integrantes de la caravana no cumplirían con los requisitos legales y sanitarios que se exigen las autoridades, entre ellas el distanciamiento social ni la presentación de una prueba médica que está libre (negativo) del covid-19.

El decreto indica que la presencia de la caravana genera una crisis de seguridad ciudadana y agrava la emergencia sanitaria epidemiológica y coloca en peligro a la población y autoridades de Guatemala, e inclusive a los propios migrantes, dijo el diario Prensa Libre.

El último intento
La última caravana fue frenada en el sur de Guatemala el 17 de enero por policías y tropas del ejército, quienes utilizaron gases lacrimógenos y palos para dispersarlos y que se regresaran a Honduras.

El gobierno guatemalteco estimó que unos 9,000 migrantes habían cruzado la frontera con Honduras en los tres días anteriores a los enfrentamientos.

La mayoría de los inmigrantes que viajaban a Estados Unidos no llevaban mascarillas, y tampoco pruebas de covid-19 o de vacuna contra la enfermedad, situación que provocó alarma entre las autoridades de ese país centroamericano.

La postura de EEUU

La Casa Blanca ha reiterado que la frontera sur con México permanece cerrada debido a la pandemia del covid-19 y que la mayoría de los migrantes que llegan en busca de asilo están siendo expulsados inmediatamente bajo los Títulos 8 y 42 del Código de Estados Unidos, activados el año pasado.

El jueves de la semana pasada el presidente Joe Biden reiteró que su gobierno no deportará a Menores No Acompañados (UAC) detenidos en la frontera cuando intentan ingresar indocumentados a Estados Unidos en busca de asilo.

El mandatario insistió en que las fronteras no estaban abiertas, como aseguran los republicanos, sino que sólo se están procesando los casos de UAC y unidades familiares que México se niega a recibir una vez son expulsadas del país bajo el Título 42.

Durante el mes de febrero el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) expulsó a 102,020 personas bajo los títulos 8 y 42 de la Ley de Inmigración, entre ellos inmigrantes adultos solteros y unidades familiares.

La Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CBP), dijo que la prohibición de entrada total o parcial de personas o bienes tanto de México o Canadá, se requiere en interés de la salud pública. Y aseguró que las personas sujetas a la orden (bajo los Títulos 42 y 8) “no serán retenidas en áreas congregadas para su procesamiento y, en su lugar, son expulsadas inmediatamente a su país de último tránsito”. Y que, en caso de que una persona no pueda ser devuelta al país de último tránsito, será enviada al país de origen.

POR: JORGE CANCINO – UNIVISION

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