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Elecciones en Estados Unidos 2020: Michael Bloomberg, el multimillonario más rico que Trump que quiere ser el nuevo inquilino de la Casa Blanca

Es multimillonario, nieto de inmigrantes, uno de los personajes más conocidos de la escena mediática, política y económica de Nueva York, y ahora quiere “reconstruir a Estados Unidos” como presidente.

Y no, no es Donald Trump. Es alguien incluso más rico que él: el empresario, magnate de los medios y filántropo estadounidense Michael Bloomberg.

El noveno hombre con la mayor fortuna del mundo según la revista Forbes ha sido el último en sumarse en estos días a las primarias del Partido Demócrata para elegir su candidato en las elecciones de 2020.

“Me postulo para presidente para derrotar a Donald Trump y reconstruir EE.UU. Creo que mi conjunto único de experiencias en negocios, gobierno y filantropía me permitirá ganar y liderar”, escribió el exalcalde de Nueva York en Twitter.

Según medios de Estados Unidos, tras vacilar si sumarse o no en campañas anteriores, Bloomberg decidió hacerlo ahora por su preocupación de que los candidatos demócratas con mayor apoyo hasta la fecha (Joe Biden, Elizabeth Warren y Bernie Sanders) no podrían plantar un claro desafío al ahora presidente.

“No podemos permitirnos cuatro años más de las acciones imprudentes y poco éticas del presidente Trump. Representa una amenaza existencial para nuestro país y nuestros valores. Si gana otro mandato, es posible que nunca nos recuperemos del daño”, dijo en un comunicado.

De acuerdo con Anthony Zurcher, corresponsal en Washington de la BBC, la postulación de Bloomberg supone un parteaguas en la campaña demócrata, marcada hasta ahora por candidatos que han basado gran parte de su discurso en el debate sobre la desigualdad de la riqueza en EE.UU.

Cuando a inicios de noviembre empezó a hablarse en los medios de que Bloomberg podía presentarse a la carrera demócrata, Trump aseguró que “no había nadie más a quien preferiría enfrentarse que al pequeño Michael”.

El mismo día, Bloomberg presentó sus documentos para las elecciones primarias demócratas por Alabama.

Su campaña ya ha reservado más de US$30 millones en tiempo de anuncios en televisión, lo que medios estadounidenses consideran la compra de publicidad política más grande en la historia de las elecciones primarias en ese país.

Anunció, además, que se pagará su campaña con su dinero, algo que ya prometió Trump al principio de su campaña en las primarias republicanas (y no cumplió)

Pero ¿quién este ultrarico que planta cara ahora a Trump bajo el lema “reconstruir Estados Unidos” y que podría convertir el duelo de las elecciones de 2020 también en una competencia de multimillonarios?

¿Quién es Bloomberg?
Nacido en 1942, en Boston, Massachusetts, Bloomberg creció en el seno de una familia judía, cuyos ancestros provenían de lo que actualmente es Bielorrusia.

Cursó estudios de ingeniería eléctrica en la Universidad Johns Hopkins para luego pasarse a Harvard a hacer una maestría en administración de empresas que marcaría el resto de su vida y su fortuna.

Tras graduarse, comenzó sus negocios como banquero de Wall Street: se unió a la firma Salomon Brothers, donde se encargaba del comercio de acciones y, después, del desarrollo de sistemas.

Sin embargo, en 1981, el banco fue comprado y Bloomberg fue despedido, según han contado sus biógrafos, sin ningún tipo de compensación.

Tenía, no obstante, un patrimonio de US$10 millones como socio de la empresa, que utilizó para crear Innovative Market Systems, la compañía que lo lanzaría indeteniblemente al selecto club de los hombres más ricos del mundo.

Según ha contado en diversas entrevistas, al trabajar en Wall Street se dio cuenta que la comunidad financiera estaba dispuesta a pagar por información comercial de alta calidad, entregada lo más rápido posible y en la mayor cantidad de formas pensables (gráficos, datos, ejemplos…).

Y puso manos a la obra.

Poco menos de año después, el sistema ya tenía entre sus clientes a Merrill Lynch y para finales de la década, era utilizado por la mayoría de los servicios financieros de Estados Unidos.

“Wall Street como la conocemos hoy no existiría sin sus innovaciones”, señala un análisis de CNN Business en el que se destaca la visión de Bloomberg para entender que el futuro de la banca pasaría por la tecnología y las comunicaciones.

En 1987, la compañía pasó a llamarse Bloomberg L.P. y muy pronto lanzó productos auxiliares como Bloomberg Message y Bloomberg Tradebook, herramientas que iban desde reportes financieros hasta servicios de mensajería para bancos.

Pero muy pronto, comenzó a utilizar sus ganancias para crear uno de los mayores servicios de noticias financieras del mundo, Bloomberg News, a lo que acompañó con una red de radios y un servicio de información televisiva por cable.

De acuerdo con la revista Forbes, su patrimonio neto en 2019 ascendía a más de US$54.000 millones, lo que lo convierte en la novena persona más rica del orbe.

Para que se tenga una idea, esa cantidad no solo eclipsa por mucho el valor del imperio inmobiliario de Trump, sino también deja atrás las fortunas combinadas de otros magnates de medios como Rupert Murdoch, Ted Turner y Sumner Redstone, según Forbes.

Pero a diferencia del actual inquilino de la Casa Blanca, Bloomberg no es un novato en política: su fortuna lo llevó también a jugar con el poder como alcalde de Nueva York (2002-2013) y ha tentado desde hace más de una década la posibilidad de lanzarse al puesto más importante de Estados Unidos.

Camino a la política
Bloomberg dio el paso a la política en un año y en lugar decisivos para EE.UU.: 2001 y Nueva York.

Fue entonces cuando también comenzó a mostrar un lado que muchos de sus críticos le han señalado a lo largo de los años: su ambivalencia política a conveniencia.

Y es que el magnate, miembro de toda la vida del Partido Demócrata, decidió postularse a la alcaldía de Nueva York por el Partido Republicano.

Sucedería entonces a otro republicano: Rudy Guiliani, el actual abogado de Donald Trump que ha salido a la palestra en los últimos tiempos por sus supuestos contactos con Ucrania para afectar la campaña de Biden.

La votación para la alcaldía de Nueva York, casualmente, comenzó en la mañana del 11 de septiembre de 2001, aunque las primarias debieron posponerse tras los atentados a las Torres Gemelas.

Bloomberg no solo se convertiría un año después en el alcalde de la ciudad más poblada del país, sino que fue reelecto en otras dos ocasiones, lo que generó varias críticas por extender el periodo de mandato para ese cargo.

Pero pese a la oposición de varias organizaciones civiles, se mantuvo en el puesto hasta 2013, no sin antes abandonar el Partido Republicano y presentarse como independiente.

Aunque durante su gestión, el nivel de vida en Nueva York mejoró y la criminalidad descendió Bloomberg fue señalado por implementar un excesivo control policial en la ciudad.

Y es que promovió un programa conocido como “parar, preguntar y registrar” que permitía detener temporalmente, interrogar y, a veces, buscar a civiles en la calle en busca de armas y otro contrabando.

Esta política acabó golpeando a los afro-estadounidenses.

De un lado a otro
En lo político, Bloomberg apoya temas controvertidos como el derecho al aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y aboga por medidas más estrictas para el control de armas.

También siempre se ha posicionado por fortalecer las normas medioambientales, combatir el cambio climático y promueve un camino hacia la ciudadanía para inmigrantes que están en el país de forma irregular, pero se ha opuesto a un sistema de salud regulado por el gobierno o la legalización de la marihuana.

Según medios estadounidenses, en lo económico y político sus visiones suelen ser más conservadoras, a la vez que defiende la participación del gobierno en temas como el bienestar público o promueve el libre comercio y los negocios.

Su postulación ahora generó malestar entre algunos candidatos demócratas, como los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders, que consideraron que se trataba de otro multimillonario que buscaba usar su fortuna para ganar votos o para hacer negocio desde la Oficina Oval.

“Me disgusta la idea de que Michael Bloomberg o cualquier multimillonario piense que pueden eludir el proceso político y gastar decenas de millones de dólares para comprar elecciones”, tuiteó Sanders.

Y es que el magnate, al patrocinar su campaña con su propio dinero, no tendrá que presentarse en los debates presidenciales demócratas, que requieren que los candidatos reciban al menos 10.000 donaciones individuales para poder ser parte de ellos.

“Si no puede generar apoyo de base para su candidatura, no tiene por qué postularse para presidente”, opinó Sanders.

De acuerdo con Zurcher, se trata de una jugada arriesgada que solo alguien de la vasta riqueza de Bloomberg puede permitirse hacer.

“Aun así, se necesita una fe para imaginar que los demócratas en estos días están listos para dar paso a un plutócrata exrepublicano con un historial favorable para los negocios, fiscalmente conservador y opuesto a la salud administrada por el gobierno y con un pasado de medidas policiales agresivas”, considera.

“Sin embargo, su entrada le proporcionará un medio para empujar al centro una fiesta que él ve en una deriva peligrosa hacia la izquierda”, agrega.

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Politica

Kamala Harris vs Mike Pence: quién ganó el tenso y monótono debate

REUTERS

Los debates vicepresidenciales rara vez alteran las carreras presidenciales, y el enfrentamiento entre Kamala Harris y Mike Pence el miércoles parece destinado a no ser diferente.

Ambos candidatos tuvieron momentos fuertes y algunos tropiezos en el transcurso de la noche, pero en lo que respecta a recuerdos duraderos sobre lo que se dijo son pocos y distantes entre sí.

Si esta fue una ronda que mostró el futuro de los partidos Demócrata y Republicano, los verdaderos fuegos artificiales tendrán que esperar por los próximos años.

“Señor vicepresidente, estoy hablando”: la frase de Kamala Harris a Mike Pence que marcó el debate vicepresidencial en EE.UU. (y refleja la experiencia cotidiana de muchas mujeres).

Un resultado de este tipo, en sí mismo, es una buena noticia para los demócratas y Joe Biden, quienes las encuestas sugieren que están liderando la carrera, una pieza más para su campaña y un paso adelante cerca del día de las elecciones.

Ambos candidatos hicieron todo lo posible para defender a su respectivo compañero de fórmula y lanzar ataques a los candidatos de la boleta opuesta.

Sin embargo, los participantes en este debate miran más allá del 3 de noviembre.

Pence, como la mayoría de los vicepresidentes, tuvo sus ojos puestos en una candidatura presidencial propia.

Para hacer eso, buscó ganarse la base de Trump y, al mismo tiempo, lanzar una red más amplia a los republicanos y a los independientes de derecha que pueden estar descontentos con la política trumpiana.

Y así, durante todo el debate, defendió a Trump, pero también trató de forjar su propia identidad.

Harris, quien en este momento el año pasado se postuló para la presidencia, trató de demostrar que es una abanderada hábil de los demócratas una vez que Joe Biden abandone el escenario político.

Cuando se le dio la oportunidad, habló sobre su educación y antecedentes, aprovechando la oportunidad para presentarse a una audiencia estadounidense más amplia.

Cruce de palabras sobre el coronavirus
No es sorprendente que la pandemia de coronavirus fuera el tema de apertura del debate y, como era de esperar, Harris pasó la mayor parte de su tiempo en el ataque.

Pence, por otro lado, se centró principalmente en la defensa.

Tal es la realidad política actual, dado que actualmente es el gobierno de Trump el que manda.

La línea más clara de Harris fue citar estadísticas (210.000 estadounidenses muertos) y acusar al gobierno de Trump de “ineptitud” e “incompetencia”.

Pence tenía lista su respuesta. Dijo que el plan Biden-Harris es en gran medida una copia de lo que Trump ya estaba haciendo.

Sorprendentemente, ninguno de los candidatos dedicó mucho tiempo al hecho de que la propia Casa Blanca se ha convertido en el último foco de contagio del coronavirus en EE.UU.

Una línea de ataque obvia para Harris quedó sin explotar.

Dado que las encuestas sugieren que el manejo del virus es la mayor debilidad de la campaña de Trump, un empate sobre el tema es un éxito para Pence.

Energía y medioambiente
Si Pence estaba a la defensiva por la pandemia de coronavirus, cuando el tema se centró en el medio ambiente fue su ocasión para atacar.

Biden ha ampliado su plan para abordar el cambio climático desde las primarias demócratas, y Harris fue una de las patrocinadoras originales de la propuesta climática Green New Deal(Nuevo Acuerdo Verde).

Si bien eso les ha valido elogios de los ambientalistas de izquierda, hay votantes en estados indecisos como Pensilvania y Ohio que podrían ver más regulaciones gubernamentales como una amenaza para su sustento económico, una realidad que Pence intentó explotar.

Aunque reconoció que “el clima está cambiando”, advirtió que el Green New Deal “aplastaría la energía estadounidense”. Acusó a Biden de querer “abolir” los combustibles fósiles y prohibir el fracking, lo que Harris señaló que era falso.

Sin embargo, Biden ha tenido que caminar una línea muy fina con el medioambiente.

Durante el debate, Harris dijo que el cambio climático es una “amenaza existencial” para el mundo, pero tanto ella como Biden han evitado una defensa completa del tipo de respuesta gubernamental que tal amenaza requeriría, probablemente porque corre el riesgo de alienar a votantes clave en estados clave.

Raza, policía y protestas
Como hizo Trump una semana antes, Pence intentó pasar rápidamente la discusión sobre discriminación racial y fuerza policial excesiva a una condena de las protestas, a veces violentas, que han ocurrido en ciudades estadounidenses.

Dijo que confiaba en el sistema de justicia y que sugerir que la nación es sistemáticamente racista es un insulto a los hombres y mujeres en las fuerzas del orden.

Eso preparó la réplica más poderosa de Harris.

“No estoy aquí para ser sermoneada por el vicepresidente sobre lo que significa hacer cumplir las leyes de este país”, dijo secamente la exfiscal de San Francisco y fiscal general de California.

Luego señaló los problemas de Trump, tan recientemente como el debate de la semana pasada, para condenar de manera clara y concisa a los supremacistas blancos, y concluyó que “esto es lo que tenemos como presidente”.

Por supuesto, hubo una mosca en la cabeza de Pence durante casi la totalidad de este momento, que será probablemente de lo que todos estarán hablando en los próximos días.

Una cuestión de tono
Los recuerdos del debate presidencial de la semana pasada están probablemente relacionados con el tono y los comportamientos: las constantes interrupciones de Trump y los ocasionales destellos de temperamento de Biden.

Ambos candidatos claramente tenían esto en mente cuando se sentaron detrás de sus mesas protegidas con plexiglás.

El comportamiento típicamente tranquilo y metódico de Pence sirvió como un contrapunto constante a la anterior actitud de Trump.

Sin embargo, en muchas de las ocasiones en que interrumpió, Harris tuvo lista una respuesta.

“Señor vicepresidente, estoy hablando”, dijo la senadora. “Si no le importa dejarme terminar, entonces podemos tener una conversación”.

Dada la dinámica del debate -un hombre blanco interrumpiendo a la primera mujer negra candidata a la vicepresidencia- fueron momentos tensos para Pence, dado que podría parecer grosero para sus seguidores republicanos del medio oeste.

Es más, Pence no pareció respetar tampoco por momentos a la moderadora, Susan Page, y dado que las mujeres votantes estadounidenses se han vuelto drásticamente contra la candidatura Trump-Pence, el tiempo extra que ganó para hablar con sus interrupciones puede haber tenido un precio político.

Por: Anthony Zurcher
Corresponsal de la BBC en Washington DC

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Politica

Debate Trump vs Biden: 4 de los momentos más tensos del primer cara a cara por la presidencia de Estados Unidos

Trump y Biden se arrebataron el uso de la palabra durante el inicio del debate / GETTY IMAGES

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su rival por la Casa Blanca, Joe Biden, cruzaron intensos señalamientos en un caótico primer debate electoral la noche de este martes.

Durante 90 minutos ambos rivales intercambiaron acusaciones y ataques personales que reflejaron el gran momento de división que vive el país de cara a las decisivas elecciones del 3 de noviembre.

Trump acusó de inicio a su rival de estar en deuda con los socialistas y el ala más izquierdista de su partido: “Te van a dominar, Joe, lo sabes”.

“Soy el Partido Demócrata ahora”, replicó Biden, que quiso dejar claro que él domina la agenda demócrata.

Cuando a 35 días de las elecciones -previstas para el martes 3 de noviembre- las encuestas de opinión indican que Biden tiene una ventaja sostenida sobre Trump, te contamos cuatro momentos tensos del primero de tres encuentros entre los dos candidatos presidenciales.

1. “Tú eres el mentiroso”

En uno de los momentos más intensos, mientras los dos candidatos discutían por la atención sanitaria de los estadounidenses, Biden dijo: “Esto es así: todo lo que está diciendo él hasta ahora es simplemente mentira”.

“No estoy aquí para refutar sus mentiras. Todo el mundo conoce a un mentiroso”, lanzó el candidato demócrata.

Trump respondió: “Joe, tú eres el mentiroso”.

El presidente desafió a su rival a decir si ampliaría la Corte Suprema con más jueces para inclinar su equilibrio ideológico, como han pedido algunos demócratas.

También exigió que Biden publique una lista de sus nominados para el máximo tribunal si llegara a ser presidente.

Pero Biden desestimó el reto: “¿Quieres callarte, hombre?”, lanzó el demócrata.

“¿Quién está en tu lista, Joe?”, dijo Trump. “Él va a llenar el campo (con jueces en la Corte Suprema)”.

2. “Sigue ladrando, hombre”

El moderador, Chris Wallace, intervino para hacer avanzar el debate durante varios momentos en que se perdió el orden y los candidatos se arrebataban la palabra.

“Ese fue realmente un segmento productivo”, dijo Biden con aparente sarcasmo. “Sigue ladrando, hombre.”

Trump respondió: “La gente entiende, Joe. 47 años y no has hecho nada”, dijo en referencia a los años en la política que tiene el demócrata.

“En 47 meses, he hecho más de lo que tú has hecho en 47 años”, insistió Trump más adelante, a lo que Biden reviró: “Con este presidente, somos más débiles, más enfermos, más pobres y (estamos) más divididos”.

En otro segmento, el presidente cuestionó por qué una empresa cofundada por Hunter Biden, hijo del demócrata, había recibido US$3,5 millones de un multimillonario de Moscú, según un informe publicado por los republicanos del Senado.

Biden negó la afirmación y los dos se enfrascaron en un estridente intercambio de acusaciones.

Cuando el moderador trató de poner orden, el demócrata dijo: “Es difícil hablar con este payaso, perdón, esta persona”.

3. “Él es el racista”

El problema del racismo fue también uno de los segmentos del debate.

Sobre eso, Trump defendió su política para que las firmas con contratos con el gobierno se abstengan de ofrecer cursos sobre sensibilidad racial a sus empleados: “Le estaban enseñando a la gente a odiar nuestro país”.

Y Biden respondió: “Nadie está haciendo eso… Él es el racista”.

Las protestas contra la brutalidad policial y el racismo institucional han protagonizado, junto a la pandemia, la vida en Estados Unidos en los últimos meses tras la muerte a manos de la policía de varias personas negras.

Trump dijo que Biden se refirió en una ocasión a los afroestadounidenses como “superdepredadores”.

El demócrata negó haber dicho tal cosa. En 1993, mientras era presidente del Comité Judicial del Senado, Biden advirtió sobre los “depredadores en nuestras calles” que estaban “más allá de los límites”.

Por ello, luego el debate se centró en la seguridad pública, uno de los principales puntos de la campaña del presidente, que ha criticado la violencia en algunas protestas contra el racismo.

Trump dijo: “Ni siquiera puedes decir la palabra ‘aplicación de la ley’, porque si dijeras esas palabras perderías a todos tus partidarios de la izquierda radical”.

El presidente desafió a Biden a decir si estaba a favor de la ley.

“Ley y orden con justicia, donde la gente recibe un trato justo”, replicó el aspirante, que aclaró que no se opone a retirar fondos a la policía como defiende parte del ala más izquierdista de su partido.

El moderador le preguntó a Trump si estaba dispuesto a condenar a los supremacistas blancos y a las milicias. “Claro”, dijo el presidente. “Estoy dispuesto a hacer eso”.

“Entonces hágalo, señor”, le pidió Wallace.

Tras una pausa, Trump dijo: “¿Quieres llamarlos, cómo quieres llamarlos? Dame un nombre, ¿a quién quieres que condene?”.

Presionado nuevamente para condenar a los supremacistas blancos, Trump dijo: “Les diré algo, alguien tiene que hacer algo con Antifa y la izquierda”.

4. “No era un perdedor, era un patriota”

En un enfrentamiento particularmente combativo, Biden se refirió a las afirmaciones de fuentes anónimas de que Trump había llamado una vez a los miembros del ejército “perdedores”, algo que han negado el presidente y varios de sus antiguos y actuales asistentes.

El demócrata dijo con voz más alta que su difunto hijo, Beau Biden -quien estuvo en combate en Irak y recibió la Estrella de Bronce- no era un perdedor.

“¡No era un perdedor, era un patriota!” dijo Biden, pero Trump interrumpió y sacó el nombre de otro hijo de su rival: “¿En serio? ¿Estás hablando de Hunter?”.

“Estoy hablando de mi hijo, Beau Biden”, replicó el demócrata.

“No conozco a Beau”, dijo Trump. “Hunter fue expulsado del ejército. Fue expulsado, expulsado deshonrosamente por consumo de cocaína”, afirmó el presidente.

“Mi hijo, como mucha gente, tenía un problema de drogas. Lo superó. Estoy orgulloso de él”, reviró el candidato demócrata en uno de los momentos más personales y feroces del debate.

 

Por: BBC News Mundo

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Politica

Debate Trump vs Biden: caótico enfrentamiento sobre el deterioro político de EE.UU

En el debate estuvo muy presente la clásica retórica de "nosotros" contra "ellos" muy usada por Trump. / SARAH SILBIGER

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evitó condenar a los supremacistas blancos, habló de un intento de golpe en su contra y sugirió sin pruebas que puede haber fraude electoral.

El candidato presidencial demócrata, Joe Biden, mandó callar a Trump y lo calificó de racista, payaso y mentiroso.

En suma, el primer debate entre ambos rivales para las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos se volvió un cruce caótico de ataques personales e interrupciones constantes.

Pero si de algo sirvió el duelo de 90 minutos, fue para reflejar el grado de deterioro político del país, con un recelo y desprecio entre rivales electorales inimaginable algún tiempo atrás.

“¿Quieres callarte, hombre?”

De hecho, el debate entre Trump y Biden en la Universidad Case Western Reserve de Cleveland fue la fotografía de un país polarizado políticamente y sacudido por varias crisis simultáneas.

La pandemia de coronavirus que suma más de 205.000 muertes en EE.UU., el colapso de la economía o las protestas contra el racismo y la brutalidad policial fueron algunos de los temas de discusión.

También confrontaron sobre el llenado de una vacante en la Corte Suprema de Justicia que puede alterar el equilibrio del máximo tribunal y acerca de la integridad de las elecciones.

Ante semejantes retos, los candidatos tenían la oportunidad de mostrarse como líderes capaces de unir al país en tiempos difíciles.

Sin embargo, Trump dejó claro de entrada que apelaría a su clásica retórica de “nosotros” contra “ellos” que ha usado con frecuencia desde la presidencia.

“Nosotros ganamos la elección”, dijo al justificar su polémica decisión de cubrir la vacante en la Corte Suprema sin esperar al próximo veredicto de las urnas.

“Nosotros tenemos el Senado, tenemos la Casa Blanca y tenemos una nominada fenomenal”.

“Ellos vinieron detrás de mí tratando de dar un golpe, me persiguieron espiando mi campaña (de 2016), empezaron el día en que gané e incluso antes”, dijo en otro momento.

Las interrupciones constantes de Trump a Biden y sus entredichos con el moderador, el periodista Chris Wallace, evidenciaron a un presidente difícil de contenerse dentro de las reglas de juego.

Los habituales problemas de ambos partidos para encontrar acuerdos básicos con los que sortear tantas crisis también quedaron mejor retratados que nunca en el choque de candidatos.

Biden, que desde hace meses aparece delante de Trump en las encuestas, había dicho este mes que buscaría evitar “entrar en una pelea” durante los debates.

Sin embargo, pasó rápidamente de la sonrisa al enfado: “¿Quieres callarte, hombre?”, le reclamó a Trump en una de sus interrupciones.

Y aunque también le pidió al presidente que salga de su “búnker” para buscar unir a demócratas y republicanos en soluciones para la pandemia, lanzó varias descalificaciones más contra Trump.

“Es difícil hablar con este payaso, perdón, esta persona”, dijo Biden en un momento. “Él es racista”, disparó un poco después.

“Meses”

Que acusaciones tan graves como esas hayan pasado como normales en un debate presidencial en EE.UU. también es algo sintomático de los tiempos que vive este país.

Cuando tuvo la oportunidad de hacerlo porque se lo planteó el moderador, Trump evitó condenar expresamente a los supremacistas blancos y extremistas de derecha.

Y en su respuesta pasó a criticar a grupos de izquierda y antifascistas a los que acusa de provocar violencia en las protestas.

En tiempos de tanta polarización y con milicias armadas que ganan presencia en EE.UU., muchos temen que una disputa por el resultado electoral derive en una crisis política sin precedentes en la historia moderna del país.

Sin embargo, Trump volvió a plantear sospechas sobre la limpieza de las elecciones y dijo que los resultados pueden tardar “meses” en conocerse.

La posibilidad de que se demore el escrutinio definitivo ha crecido este año debido al aumento de los votos por correo durante la pandemia.

Pero los expertos niegan que esto suponga el peligro de un fraude generalizado, como sostiene Trump.

En otra pregunta insólita para un debate presidencial de EE.UU., Wallace le preguntó a Trump si instaría a sus seguidores a mantener la calma en ese período sin participar en disturbios civiles.

Pero el mandatario sugirió que sus simpatizantes “vayan a las urnas y miren con mucha atención”.

Y evitó decir qué hará él mismo si considera que la elección fue amañada.

Biden aseguró que aceptaría una eventual derrota cuando todos los votos sean contabilizados y sostuvo que si Trump pierde “va a irse”.

“No puede permanecer en el poder, eso no ocurrirá”, afirmó. “Así que voten”.

Por: Gerardo Lissardy
BBC News Mundo, Nueva York

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Politica

Un segundo mandato de Trump: sus asesores se preguntan si al presidente le interesa la reelección

Hace poco, en una reunión con sus principales asesores políticos, el presidente Donald Trump se impacientó cuando le advirtieron que iba camino a la derrota en noviembre si continuaba con su comportamiento incendiario en público y en Twitter.

Hace poco, en una reunión con sus principales asesores políticos, el presidente Donald Trump se impacientó cuando le advirtieron que iba camino a la derrota en noviembre si continuaba con su comportamiento incendiario en público y en Twitter.

Días antes, Trump había encendido alarmas cuando respondió a las protestas por la brutalidad policial con la amenaza de que “cuando empiezan los saqueos, empiezan los tiroteos”.

Trump reviró contra sus asesores. “Tengo que ser yo”, respondió, según tres personas familiarizadas con la reunión. Unas horas más tarde, publicó en Twitter una carta de su exabogado personal en la cual describía a algunos de los manifestantes como “terroristas”.

En esos momentos, y en varias ocasiones desde entonces, la habitual resistencia del presidente ha estado impregnada de una mayor sensación de agitación debido a que enfrenta una serie de crisis externas que no ha podido contener, o que ha exacerbado, según las personas cercanas a él. Dicen que sus repetidos actos de autosabotaje político (como la tan criticada sesión de fotos en una iglesia para la cual se retiró por la fuerza a manifestantes pacíficos o la amenaza de utilizar al ejército estadounidense para reprimir las protestas) han dañado de manera considerable sus posibilidades de reelección. A pesar de ello, el presidente estadounidense parece casi totalmente incapaz o renuente a limitarlos.

Trump no quiere que se le vea como un “perdedor” —una etiqueta que detesta—, en la campaña contra el exvicepresidente Joe Biden. Algunos asesores creen que el gusto de Trump por la pelea regresará en otoño, cuando la lucha por las elecciones generales esté más avanzada.

Pero por ahora, dijeron, el presidente actúa como si estuviera arrinconado y a la defensiva, y su comportamiento autodestructivo ha estado tan fuera de lugar para un presidente en funciones en un año electoral que muchos asesores se preguntan si de verdad le interesa mantenerse en el cargo un segundo periodo.

En lugar de centrarse en planes y objetivos para otros cuatro años de mandato, Trump se ha regodeado en la autocompasión por la cobertura noticiosa que se le ha hecho desde el comienzo de la pandemia del coronavirus, según dijeron personas que han hablado con él. Ha dicho a sus asesores que no importa lo que haga, no puede obtener “buenas” notas de la prensa, lo que con frecuencia ha sido su mayor interés. Trump se ha referido a los reporteros como “esa gente” ante sus asesores, intercalando una grosería entre las dos palabras.

El presidente se ha quejado de que nada de lo que hace les parece suficientemente bueno y le han enfurecido las críticas de que no ha manejado como se debe la muerte de George Floyd, un afroestadounidense asesinado por la policía en Mineápolis. Los comentarios que hizo sobre Floyd cuando asistió al lanzamiento del transbordador SpaceX deberían haber bastado, dijo a sus asesores.

De nueva cuenta, Trump se ha obsesionado con las filtraciones de la Casa Blanca y ha exigido que los funcionarios encuentren y enjuicien a los responsables de que se haya dado a conocer la información sobre su estancia en el búnker subterráneo de la Casa Blanca durante las protestas violentas. Y, aunque ha mostrado entusiasmo por reanudar sus ya característicos mítines, parece que la posibilidad de gobernar cuatro años más no le despierta el mismo sentir, según dijeron personas cercanas a él. Ya ha escogido los villanos a los que culpará si pierde: el mal manejo del coronavirus por parte de China, el cierre de la economía y los demócratas que, según ha dicho a sus asesores, le “robarán” la elección.

Sus asesores reconocieron que el presidente siempre ha tenido dificultades para controlar su comportamiento, que excede por mucho los límites de la conducta presidencial tradicional. Su tendencia a usar lenguaje racista, como el tuit sobre disparar a los saqueadores, es algo que desde hace mucho ha definido y debilitado su presidencia. Sin embargo, su comportamiento y sus comentarios recientes, así como su incapacidad para superarlos, sorprenden a sus asesores por la diferencia con sus anomalías habituales.

The New York Times entrevistó a más de una decena de personas que interactúan con el presidente de manera habitual, incluyendo a asesores actuales y anteriores de la Casa Blanca, asesores de campaña, amigos y asociados. La mayoría puso como condición conservar el anonimato para evitar represalias por hablar con honestidad sobre asuntos internos de la Casa Blanca. Les gustaría que ganara de nuevo, pero se dicen sorprendidos ante cómo ha cambiado su comportamiento durante esta última y terrible amenaza a su presidencia.

Peter King, representante republicano de Nueva York, dijo que los serios desafíos que enfrenta el país habían llevado a Trump a un territorio inexplorado. “Esto no es algo a lo que esté acostumbrado”, advirtió King en una entrevista.

“Hasta cierto punto, lo de Mueller fue fácil”, añadió King, al referirse al efectivo contragolpe de Trump en la investigación de Rusia llevada a cabo por el fiscal especial Robert Mueller. “Fue una variación de aquello con lo que ha tenido que lidiar durante toda su carrera. Siempre está luchando, y siempre hay al menos un 40 o 50 por ciento de personas que en un inicio están de tu lado”.

No obstante, en este momento, aseveró King, “es diferente”.

En una declaración, una vocera de la Casa Blanca, Alyssa Farah, dijo: “El presidente está totalmente comprometido con desempeñarse en el cargo un segundo mandato para ampliar los logros de su primer mandato y aportar más para el pueblo estadounidense”.

Un funcionario, que solo quiso hablar sobre los planes del gobierno, afirmó que a los miembros del personal encargados de las políticas se les pidió recién esta semana que presenten iniciativas para 2021 y los siguientes años.

Con la investigación de Rusia y el juicio político, según funcionarios de la Casa Blanca y de otros sectores, Trump estaba ansioso por luchar, y lo hizo con bastante eficacia. Ahora consideran que el comportamiento del presidente es autodestructivo y que sus arranques de ira y autoalabanza son inútiles contra un enemigo invisible como el virus y un movimiento de protesta con el que ha mostrado poca solidaridad.

“Es como un Lyndon B. Johnson moderno, al que todo le ha salido mal y ninguna de sus habilidades le sirve para superar esos tropiezos”, dijo Anthony Scaramucci, quien fungió como director de comunicaciones de la Casa Blanca durante uno de los períodos más breves que se hayan registrado: 11 días. Aunque desde entonces ha denunciado públicamente al presidente, Scaramucci conoce a Trump de forma personal desde hace años y sigue siendo amigo de algunos funcionarios de la Casa Blanca.

Nada de lo que Trump ha intentado hasta ahora, dijo Scaramucci, ha cambiado el discurso sobre su presidencia ni ha despejado las preocupaciones más extensas sobre el racismo y la propagación del virus en la cobertura noticiosa.

“Por eso sé que no le gusta el trabajo”, dijo Scaramucci.

A menos de cinco meses del día de las elecciones, Trump parece, en general, incapaz de modificar su comportamiento y renuente a hacerlo, como sí lo hizo en ciertos momentos clave durante 2016: aceptó la elección de Mike Pence, un conservador recatado y religioso con el que no tenía relación previa, como su compañero de fórmula y silenció su Twitter en la víspera de las elecciones.

El fin de semana pasado, Trump por fin hizo lo que sus aliados consideraron una maniobra política sabia cuando anunció, de manera abrupta, que cambiaría la fecha de un mitin que sus asesores habían planeado en Tulsa, Oklahoma, el 19 de junio, un día festivo en el que se conmemora el fin de la esclavitud en Estados Unidos. Además, lo hizo muy a tono con su estilo, ya que Trump no informó a sus asesores sobre el cambio antes de tuitearlo.

Tom Cole, representante republicano de Oklahoma, aseveró que la campaña de Trump iba mejor que la de un presidente republicano anterior que perdió la reelección, el presidente George H.W. Bush.

“Vi mucho más letargo en la campaña de Bush de 1992 que en esta”, afirmó Cole.

Aun así, el presidente ha hecho declaraciones públicas en las que sugieren que su mente está en la vida fuera de la Casa Blanca.

En un evento reciente en el Jardín de las Rosas en el que Trump habló sobre la mejora en las contrataciones, mencionó el auge en la fabricación de vehículos recreativos, pero luego hizo una pausa antes de decir con un tono melancólico: “Puede que tenga que comprar una de esas cosas y conducir por la ciudad. Tal vez regrese a Nueva York con la primera dama en un remolque”.

Fue solo en abril que Trump realmente entendió la gravedad de las crisis gemelas —de salud y económica— causadas por el coronavirus, dijeron varios de sus asesores actuales y anteriores. Y agregaron que ya no confiaban en que él estuviera entusiasmado ante la idea de presidir la difícil tarea de sacar al país de una recesión, con pocos momentos de gloria.

Para Trump, el subidón de ganar la presidencia rara vez ha sido igualado por los deberes que conlleva el cargo, dijeron asesores actuales y anteriores.

La mayoría de los presidentes no tienen idea de cómo es el trabajo hasta que están en él. Pero para Trump, quien nunca había trabajado en el gobierno y pasó años como animador de televisión, las brechas en su conocimiento son enormes.

“En privado, Trump estaba interesado en ganar la presidencia”, dijo Sam Nunberg, quien trabajó en la campaña de Trump en 2015 y fue su asesor antes de eso. “Durante un periodo de tres años, entre 2012 y 2014, estuvo enfocado en los detalles e incluso en las minucias del proceso de las primarias y las elecciones generales. Siempre estuvo claro que Trump quería ser elegido presidente. Pero la realidad de ser presidente nunca se discutió”.

En 2016, Trump ofreció reiteradamente en sus discursos propuestas de políticas. Aún tiene que exponer lo que haría con un segundo mandato.

Al interior de la Casa Blanca, algunos miembros del personal describieron al presidente como alguien solitario, con pocas personas con las que disfruta hablar, y varios miembros del personal dijeron que el ánimo estaba en su punto más bajo desde las primeras semanas de su gobierno.

El ala oeste en la que Trump ha estado en un confinamiento virtual desde marzo carece de un sentido de urgencia o propósito, dicen visitantes recientes. Mark Meadows, el cuarto jefe de gabinete de la Casa Blanca, se ha quejado de que no tenía idea de cuán frágil y difícil era el clima hasta que llegó allí, según varias personas familiarizadas con sus conversaciones.

A Trump parece agradarle su nueva guerrera, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, pero los funcionarios dicen que ella pasa la mayor parte de su tiempo con el presidente y poco tiempo con el personal. Los días en los que ofrece sesiones informativas a los reporteros, pasa horas preparándose, lo que frustra a algunos de sus colegas. También ha sacado a varias personas de sus trabajos en el área de prensa y comunicaciones, y contrató a Chad Gilmartin, primo de su marido, para la función.

Los republicanos en Washington han concluido que Trump no puede ganar la reelección mientras siga detrás del escritorio, y esperan que reiniciar los mítines con el presidente —a partir del sábado en Tulsa— ofrecerá una distracción.

King dijo que la última vez que habló con Trump, justo antes del asesinato de Floyd, el presidente sonaba animado con sus perspectivas de reelección. “Estábamos hablando sobre algo más, y él dijo: ‘¿Qué tal va allá afuera, cómo me va?’”, recordó King. “Estaba muy optimista. El tono de su voz era el de quien esperaba que le dijera que lo estaba haciendo bien”.

Trump parece estar al tanto de que su suerte en la política ha cambiado, aunque no ha asumido su responsabilidad por el cambio. La semana pasada, en una entrevista con Fox News, para extrañeza de todos reconoció una realidad que no ha elegido ignorar.

“Si no gano, no gano. Ya sabes, me refiero a seguir adelante y hacer otras cosas”, dijo Trump.

Y añadió: “Creo que sería algo muy triste para nuestro país”.

Por Maggie Haberman y Annie Karni
The NYTimes

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