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Evo Morales busca la reelección: en qué se diferencian los modelos económicos de Bolivia y Venezuela

Entre los países que se llaman a sí mismos socialistas, es tan difícil encontrar un caso de éxito económico comparable al de Bolivia como un fracaso de la magnitud de Venezuela.

En los cerca de 14 años de gobierno de Evo Morales, Bolivia ha crecido una media del 4,8% al año, con una inflación que el Fondo Monetario Internacional proyecta en un 2% para 2019 y cortando la pobreza extrema a la mitad hasta el 17%.

La hiperinflacionaria Venezuela de Nicolás Maduro (con sus políticas económicas fundamentalmente heredadas de Hugo Chávez) ha destruido la mitad de su economía en seis años.

Del país que presume de las mayores reservas probadas de petróleo, han huido más de cuatro millones de personas.

Casi como en un país en guerra, escasean bienes de primera necesidad y es virtualmente imposible conseguir algunos medicamentos.

Las situaciones de las economías de Bolivia y Venezuela parece diametralmente opuestas.

Pero si ambos líderes se dicen socialistas ¿cómo es posible que tengan resultados tan diferentes?

“Evonomics”
Para responder, hay que explicar el éxito de la políticas de Morales y el punto de partida debe ser recordar los persistentes traumas entre los bolivianos por la hiperinflación que padecieron en los 80.

Por eso, al llegar al poder en 2006, en una época de mucha convulsión política, la izquierda boliviana tiene muy presente que de la estabilidad macroeconómica depende su permanencia.

Así es como, con el ministro Luis Arce Catacora como la principal cabeza pensante, idean un modelo mixto basado en dos pilares.

El primero y fundamental es el sector estatal, que se hace con el control de los hidrocarburos y la electricidad, estratégicos generadores de recursos económicos que luego son destinados a políticas sociales.

Y la otra pieza es el sector privado, donde destacan la agroindustria de Santa Cruz (este) y el sector informal: artesanos y pequeño comercio responsables de más del 60% del empleo.

Con las nacionalizaciones de los hidrocarburos que decretó Morales hace más de una década, se multiplicaron los recursos que se quedan dentro del país y creció el poder del Estado que los redistribuye.

“Eso ha generado dos cosas, un mercado interno mucho más grande, con lo que actividades como la construcción o el entretenimiento se han vuelto más rentables”, le explica Molina a BBC Mundo.

“Y la otra consecuencia está en que el sector informal, que no ha dejado de ser pobre, ha mejorado en actividad, crea más empleo”.

Es precisamente ese segundo pilar, el sector privado generador de empleo, del que carece Venezuela, país cuya crisis es tan profunda que millones de personas han tenido que huir.

Muchos se fueron a España, otros a Miami y más tarde vimos los grupos de los que se han ido incluso a pie, atravesando los Andes.

Y, algo impensable hace diez años, también ha habido venezolanos que emigraron a Bolivia.

En los últimos meses, muchos bolivianos se mostraron sorprendidos ante la llegada de migrantes venezolanos.

Varios de ellos trabajan como meseros o vendedores ambulantes.

También hacen malabares a cambio de alguna moneda en las principales calles de La Paz.

Al igual que en Colombia, Chile o Perú, se ve a madres cargando hijos pequeños pidiendo ayuda económica mientras otros portan carteles con los colores de la bandera venezolana.

“¡Exprópiese!”
Y es que, a diferencia de Venezuela, las nacionalizaciones bolivianas se circunscribieron a sectores estratégicos.

Esa idea traza una frontera clara entre el modelo mixto boliviano y el expansionismo estatal que impuso Chávez en Venezuela y que Maduro no hizo más que profundizar.

Los “traumas colectivos” venezolanos estaban más marcados por el Caracazo, la ola de violencia desatada por un paquete de ajuste de corte neoliberal, y no tanto por la falta de disciplina fiscal.

Así, con los precios del petróleo por las nubes, vimos a Chávez ordenando expropiar los locales de los alrededores de la plaza Bolívar, en el centro de Caracas, durante un “Aló, presidente”, su programa de televisión.

“¿Y este edificio?”, pregunta Chávez mientras señala. “Eso es un edificio que tiene comercio privado de joyería”, responde el entonces alcalde de Caracas y actual ministro, Jorge Rodríguez.

“¡Exprópiese!”, dictamina el mandatario mientras habla de convertir la zona en un “centro histórico”.

El abogado Carlos García Soto, coautor del libro “Exprópiese, la política expropiatoria del ‘Socialismo del siglo XXI'”, describe las expropiaciones de Chávez como “una política desordenada”.

“No fue producto de un plan estratégico de estatización de sectores económicos”, le dice García Soto a BBC Mundo.

No en vano, en muchos casos las expropiaciones se produjeron por circunstancias de índole social o de retaliación política.

Por ejemplo, en julio de 2015, en la primera expropiación ordenada por Maduro se confiscaron unos terrenos para beneficiar a unas familias que allí estaban asentadas.

En 2017, el presidente del Instituto Nacional de Tierras (INTI), Carlos Albornoz, denunció la confiscación de una finca por participar en protestas opositoras.

El gobierno también ha expropiado empresas de construcción por conflictos con los promotores y más recientemente tenemos el caso de los cereales Kellogg’s.

Control de cambios y otros “pecados” de Venezuela

Pero ese expansionismo estatal, de por sí solo, no es la única explicación del nivel de desmembramiento del tejido empresarial privado que padece Venezuela.

El control de cambios y de precios es otro “pecado capital” que los críticos achacan a los regidores de la economía venezolana.

Establecidos por Chávez ante las huelgas generales y paros patronales de 2002 y 2003, pronto se convirtieron en un lastre para el desarrollo económico y en una fuente de corrupción.

Para frenar la inflación, el gobierno estableció el precio máximo para determinados productos básicos que no tardaron en desaparecer de las tiendas.

Lo que se idea para defender a los consumidores frente a los excesos de los “avariciosos empresarios”, en medio procesos inflacionarios, pronto obliga a producir a pérdidas.

Eso es inevitablemente también la semilla de la escasez, nadie quiere trabajar si le cuesta dinero, nadie produce si el precio impuesto por el Estado está por debajo del coste.

Por otra parte, el control de cambios, por el que el Estado monopoliza el acceso a la moneda extranjera, también se convirtió en factor de escasez y corrupción.

Por ejemplo, si para producir papel higiénico se requiere importar el pegamento con el que lo adhieres al tubo de cartón en el centro y no consigues los dólares porque no te los da el gobierno, la producción se hace imposible y los rollos de papel se convierten en un bien escasísimo.

Además, se creó el perfecto incentivo para la aparición de un mercado negro (el dólar paralelo) por las restricciones cada vez mayores al acceso a divisas extranjeras según iba cayendo el precio del petróleo.

“El gobierno decide vender los dólares por debajo del mercado con la idea de garantizar que los precios se mantengan bajos. ¿Qué ocurrió? Hay un gran incentivo para que cualquiera que reciba un dólar del Estado lo puede vender en el mercado paralelo”, le dice a BBC Mundo el analista Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis.

En ese contexto, según León, el gobierno decide quién se hace millonario y quién se arruina, y esto es lo que destruye la economía.

“La discrecionalidad en la formación de los precios lo corrompe todo. Todo termina en lo mismo, un chiquero de corrupción que destruye la capacidad económica del país”, afirma León.

La guerra económica
Otro contraste está en que mientras en Bolivia el gobierno se esforzaba en desdolarizar la economía y fomentar la confianza de los consumidores en su moneda, en Venezuela se pretendía solucionar los problemas de flujo de caja imprimiendo dinero.

El dinero en circulación en Venezuela pasó de los 127 billones a final de 2017 a 8.000 billardos (miles de billones).

Y eso en un contexto de contracción económica.

Esta impresión de moneda sin respaldo en la economía real, dinero inorgánico, hunde el valor de la moneda, es inevitable que provoque inflación.

Y aunque en el papel en Venezuela confluyen muchos ingredientes que un economista calificaría de inflacionarios, el gobierno defiende que la hiperinflación que padece el país es “inducida y criminal”.

Guerra económica
Lo dijo Maduro en 2014 y lo ha seguido repitiendo a lo largo de los años, según él, la inflación venezolana “no responde a las reglas de la economía”.

De hecho, el gobierno venezolano tiene una explicación para todos los problemas que padece el país: la guerra económica.

Desde que llegó al poder tras el fallecimiento de Chávez en 2013, Maduro no ha parado de denunciar que es víctima de una “guerra económica” y del sabotaje orquestado por empresarios de derecha en connivencia con EE.UU.

Más recientemente ha pasado a culpar a las sanciones decretadas por el gobierno de Donald Trump contra altos jerarcas y el sector petrolero.

“Por supuesto que no es verdad que la crisis es culpa de las sanciones. La crisis es culpa del modelo productivo”, opina León quien sin embargo reconoce que “las sanciones es imposible que afecten solo al gobierno”.

“La sanción amplifica el problema, algo que se ve como un sacrificio que hay que hacer para intentar sacar a Maduro del poder”, señala el analista.

El problema para Washington y los sectores de la oposición que apoyan las sanciones surge, como señala León, cuando no bastan para sacar Maduro del poder “como no ocurrió con Cuba, ni Irán, ni Siria, ni Zimbabue…”.

“Entonces alargas el proceso de deterioro interno y destruyes la capacidad infraestructura, de producción, la industria… Y el más afectado es ya el pueblo porque incluso el gobierno se convierte en el big brother que algo tiene para repartir”.

El socialismo evista
En contraste, el “socialismo boliviano” nacionalizó los sectores estratégicos para más que nada renegociar los contratos con las petroleras internacionales y así multiplicar las regalías con las que se quedaba el Estado.

Esa renegociación puso ingentes recursos a disposición del gobierno que activó una política de redistribución de la riqueza a través de tres bonos: a la vejez, a los escolares y a las mujeres embarazadas.

De hecho, con esa decisión de limitar las nacionalizaciones a sectores estratégicos se explica también cómo, a diferencia de Venezuela, el gobierno de Morales operó para garantizar el abastecimiento interno de alimentos.

Y es que más allá de la agricultura de supervivencia que se puede encontrar a lo largo y ancho del país, la sede del sector agroindustrial está en Santa Cruz, cuna de los movimientos opositores a Morales.

La agroindustria es el segundo rubro de exportación, alrededor de un 10%, pero el sector crece a un ritmo de más de un 8%, por lo que su aporte en el Producto Interno Bruto (PIB) es cada vez mayor.

Convivencia pacífica
Durante los primeros y turbulentos años del presidente Morales en el poder, el sector agroindustrial se alía con la oposición y sus aspiraciones autonomistas y hasta separatistas.

El gobierno decretó entonces el control de las exportaciones de alimentos y exigió un “certificado de abastecimiento interno” para garantizar la disponibilidad de los productos en el mercado interno.

Pero a diferencia del enconado enfrentamiento entre gobierno y clase empresarial que nunca vio la paz en Venezuela, en 2011 Morales logró convencer a los agroindustriales de la conveniencia de una convivencia pacífica.

“Se dieron cuenta los agroindustriales de que la oposición y la conflictividad los iba a llevar al descalabro, así que empezaron a trabajar con el gobierno”, recuerda Molina.

El analista señala que el gobierno “también hizo una concesión” al pasar de su discurso contra los transgénicos y demás a “un discurso desarrollista agropecuario”.

“Con ese acuerdo, tienes resuelto el problema de la alimentación y provisión básica”, afirma Molina.

Bolivia, también en problemas
Pero no todo son buenas noticias en la economía boliviana.

De hecho, hay motivos para la preocupación.

La prometida industrialización de los recursos naturales no llegó durante los años de boom petrolero y los críticos acusan al gobierno de haber profundizado el modelo rentista extractivista.

Molina habla de signos de una “enfermedad holandesa” que aunque no ha llegado al punto de destruir la economía sí que ha impedido la diversificación y la industrialización, y ha hecho que siga fuertemente dependiente de la exportación de recursos naturales.

Además, la situación cambia radicalmente en 2014 con la caída de los precios de los hidrocarburos.

Bolivia comienza a registrar déficit fiscal, el gobierno gasta más de lo que ingresa, y al mismo tiempo se registra déficit comercial, se importa más de lo que se exporta.

Ambos déficits, de en torno al 6 y 8%, no han llevado al gobierno a hacer ningún tipo de ajuste, se han pagado accediendo a deuda externa y acudiendo a las reservas internacionales.

Cifras saludables pero degradadas
Y aunque tanto la deuda externa (alrededor del 25% del PIB) y las reservas internacionales (20% del PIB) siguen en cifras que se pueden considerar saludables, no lo es la velocidad a la que se han degenerado.

En cinco años, las reservas internacionales pasaron del 50% del PIB al 20%.

Muchos ven inevitable una próxima devaluación del boliviano, pero eso se plasmaría en inflación y tampoco parece una receta mágica que vaya a servir para arreglar la situación.

“En el caso boliviano, dado que el 70-80% de las exportaciones son minerales e hidrocarburos, difícilmente una devaluación llevaría al incremento de las exportaciones”, apunta José Pérez-Cajías, historiador de la economía boliviano de la Universidad de Barcelona (España).

El vicepresidente, Álvaro García Linera, dice que la clave para salir del atolladero pasa por diversificar las exportaciones con la industrialización del litio, la “economía del conocimiento” y hasta el turismo.

Y eso es algo que tienen en común los gestores de Bolivia y Venezuela: más de una década hablando de diversificar la economía sin que ocurra.

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Joe Biden frente al capitalismo salvaje en Venezuela

El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, en enero de 2021Credit...Susan Walsh/Associated Press

Las mejores ideas suelen aparecer cuando me voy quedando dormido y ya no tengo fuerzas para garabatear unas líneas. Entonces tomo el celular, balbuceo en la oscuridad y el aparato se encarga de escribir.

Al día siguiente encuentro desde trabalenguas y pensamientos perdidos para siempre hasta algunos errores con posibilidades interesantes. Mi pronunciación en inglés no es muy buena y esta mañana encontré que Biden se había transformado en “Vaivén”. Sumido en estos tiempos llenos de sorpresas, no pude evitar preguntarme: “¿Será una premonición?”. La pregunta es comprensible. Me encuentro entre los venezolanos que suspiran como si rezaran a la Virgen de Coromoto: “Espero que Biden no venga con lo que Trump se va”.

Vamos emergiendo de una apasionada relación con el inefable Donald Trump, unos por suponerlo la única solución a nuestra tragedia, otros por culparlo de nuestras divisiones, evasiones y disparates. De aquí parte una primera exigencia que debemos hacerle a Biden: no ofrezca lo que no va a cumplir y ni siquiera ha sido definido. Me refiero a las expectativas creadas por Trump: “No estamos considerado nada, pero todas las opciones están sobre la mesa”.

¿Cómo algo puede estar sobre la mesa sin ser considerado?

A los venezolanos Trump nos resultó tóxico y divisorio con el triste consuelo de que no somos la excepción. Además resultó espectacularmente tragicómico hasta el final. A estas alturas del juego, las elecciones norteamericanas más concurridas de la historia han soliviantado pasiones descaradamente antidemocráticas. ¿Prevaleció el respeto al voto por lo sólido de las instituciones que lo protegen o por la insólita irracionalidad de negar los resultados?

Hablar de irracionalidad es irrelevante. Las locuras de Trump son irrepetibles y en buena medida eran previsibles. Resulta más provechoso pensar que se ha respetado el resultado de los votos gracias a la fuerza de unas costumbres que ya tienen varios siglos evolucionando y lidiando con absurdos, incluyendo los del propio sistema.

El sistema electoral venezolano es más directo, más sencillo, y, sin embargo, ha resultado sumamente frágil. Si buscamos las causas de esta fragilidad conviene revisar una vez más la prédica de Montesquieu en su libro sobre la grandeza y decadencia de los romanos: “Más Estados han perecido por la violación de las costumbres, que por la de las leyes”. Al examinar la decadencia de la democracia en Venezuela es necesario prestarle mucha atención a nuestras costumbres. Si queremos que nos entiendan fuera de Venezuela debemos comenzar por hacernos dolorosas preguntas: ¿es la democracia una de nuestras arraigadas costumbres o ha sido una pasajera fábula en nuestra historia? La respuesta es vital para examinar el mito del socialismo venezolano del siglo XXI, capaz de mantener con impudicia una ilusión de democracia.

La situación de Venezuela es tan incierta e injusta como aparentemente solidificada, una combinación agotadora. Espero que Biden tenga la humanidad que requiere tener afecto y comprensión por la dignidad de un pueblo sometido a una situación indigna. No es tarea fácil apreciar y comprender lo que nosotros mismos no logramos digerir. La distancia entre lo que fuimos, lo que somos y lo que podríamos ser comienza a ser insalvable. La palabra “Venezuela” va adquiriendo otra música y genera amargas evocaciones. De potente promesa ha pasado a ser un espanto para asustar a electores indecisos.

Alguien dice que si Kafka hubiera nacido en Caracas sería un escritor costumbrista. Otro pregunta para qué tener a Kafka si Hugo Chávez nos convirtió en cucarachas. Esta son algunas de las frases que utilizamos para calificar nuestra historia reciente.

Los diccionarios ingleses definen la historia como un estudio sistemático, cronológico y verdadero. La Real Academia Española incluye la relación de cualquier aventura o suceso, narraciones inventadas, mentiras y pretextos, cuentos y fábulas. De hecho los historiadores venezolanos que más leo y admiro son unos maravillosos y reveladores chismosos. Quizás en los chismes estén los nudos que crean el tejido de lo histórico. Inés Quintero advierte en el título de uno de sus libros: No es cuento, es historia, aclarando que intenta ir en contra de nuestras tendencias naturales.

Siendo un país tan incomprensible como mal explicado, nuestra relación con Biden va a requerir de un enorme esfuerzo para ofrecer un recuento claro, sin la aleatoria narrativa a que estamos acostumbrados. Uno de los temas centrales a explorar es nuestra particular manera de corrompernos los unos a los otros. Una reciprocidad que se ha convertido en el principal pilar de la dictadura, al punto que su fuente de poder radica en la autodestrucción, en un lento suicidio del país. Nos acercamos al extremo de no poder hablar de corrupción, a medida que no va habiendo leyes ni controles que romper.

Montesquieu añade en otro capítulo: “A aquellos que primero habían corrompido sus riquezas, los corrompió después su miseria”. Chávez sirvió de eslabón entre estos dos procesos. Hace más de dos décadas criticaba el “capitalismo salvaje” que con tanta pasión él mismo ayudaría a fomentar y consolidar. ¿Cómo imaginar que al analizarnos nos maldecía?

Nos hemos convertido en una nación desesperada y salvajemente capitalista. Varias veces he escuchado una cínica frase que se nos ha ido haciendo una religión: “En un país capitalista lo más importante es hacerse de un capital”. Hoy, en Venezuela, tener un capital se ha vuelto indispensable tanto para sobrevivir en la patria como para abandonarla.

A medida que la sociedad y lo social, las instituciones y los servicios, los jueces y los congresistas se corrompen, el único asidero cierto y constante es el dólar y todo se subordina a la posibilidad de obtenerlo, desde la voluntad del esclavo hasta la del esbirro. Así se ha generado un organismo que mientras más miserable se va haciendo más sólido aparenta ser. Los militares, quienes podían ser una esperanza, son los más vigilados y sometidos a sobrevivir en la corrupción de la miseria para intentar alcanzar la corrupción de la riqueza. La bota y el botín han establecido una relación que ya parece ser natural y no aprendida.

Quiero creer que Joe Biden decidió luchar por la presidencia preocupado por el posible final de la democracia al que Trump terminó asomándonos sin pudor ni compasión.

La democracia venezolana continúa cayendo en precipicios que alguna vez nos resultaron inconcebibles. Creo que la estrategia para rescatarla tiene dos caras. Necesitamos solucionar la miseria que nos está corrompiendo, desmembrando, deshumanizando; al mismo tiempo hace falta recuperar las riquezas que la dictadura y sus secuaces están extrayendo, robando y destruyendo. Si las medidas generan más miseria y expectativas infundadas, seremos más sumisos a una dictadura más fuerte, y todos nos haremos más salvajes. Ayudar al oprimido y perseguir al opresor requiere inteligencia, firmeza, compasión y el compromiso de quien ha enfrentado la alternativa de perder una democracia que suponía inextinguible.

Por Federico Vegas

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Noticias Internacionales

Por qué la Mara Salvatrucha no es la misma en El Salvador y en Los Ángeles

La MS-13 nació en Los Ángeles hace 40 años. Ahora se acusa a un grupo de jóvenes centroamericanos de querer reinstalar la violencia en la ciudad californiana. - KAKO ABRAHAM PARA BBC

El cadáver apareció en un despeñadero del Bosque Nacional de Ángeles, en Los Ángeles, Estados Unidos, después de que un incendio consumiera la vegetación alrededor.

Sin ropa ni cicatrices ni tatuajes, costó identificarlo. Por el nivel de deterioro, el cuerpo llevaba tiempo a la intemperie. Un mes y medio, se pudo precisar después.

Tras la autopsia, aquel cuerpo pasó a llamarse Doe #19, hasta que un odontólogo forense le pudo asignar nombre y apellido: Brayan Alejandro Andino.

Tenía 16 años, era hondureño y estudiaba en Panorama High School, una escuela pública secundaria del valle de San Fernando, en la zona norte de la ciudad de Los Ángeles.

El 30 de octubre de 2017, tres o cuatro hombres jóvenes lo introdujeron en un Toyota Corolla del 2011, lo llevaron al bosque, y allí lo golpearon y acuchillaron hasta matarlo —dice la acusación judicial del caso—. Su cuerpo fue encontrado el 15 de diciembre.

No fue el único.

En el bosque considerado el pulmón del Gran Los Ángeles, punto de encuentro habitual para campistas, senderistas y amantes de la naturaleza, cinco jóvenes fueron asesinados entre 2017 y 2018 con “una violencia no vista en 20 años”, señalaron las autoridades angelinas.

Los cinco homicidios se atribuyeron a la Mara Salvatrucha o MS-13, una de las pandillas que aterrorizan Centroamérica y que también tienen presencia en Estados Unidos, país en el que de hecho surgió esta estructura criminal. Los acusados están a la espera de juicio en la actualidad.

Cuando en julio de 2019 —año y medio después de haber encontrado los restos de Brayan Andino— la Policía anunció el arresto de 22 hombres, señalados como miembros del ala más peligrosa de la MS-13 en Los Ángeles, la administración Trump describió la operación como un “éxito sin precedentes”.

Thom Mrozek, portavoz del fiscal general del Departamento de Justicia para el Distrito Centro de California, le dijo a BBC Mundo que la “brutalidad” era obra de jóvenes indocumentados llegados a Estados Unidos tres o cuatro años antes.

De los 22 acusados, 19 son migrantes de entre 19 y 24 años; la mayoría salvadoreños.

Según la versión oficial, esos jóvenes habían viajado desde Centroamérica a la ciudad californiana con la misión de tomar el control de la MS-13.

“La relación entre la inmigración y sus jóvenes edades refleja un deseo más grande dentro de ciertas facciones de la MS-13 de tomar el control y apropiarse de lo que llaman el programa [una especie de federación de células afines] de Los Ángeles. Quieren tener un programa de la MS-13 en Centroamérica, en la Costa Este (de Estados Unidos) y en Los Ángeles”, dijo Mrozek.

“Están intentando reinstalar las tradiciones de extrema violencia en Los Ángeles y hacer que toda la MS-13 opere bajo las mismas reglas”, añadió.

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Noticias Internacionales

Guatemala será sede de importantes actos internacionales en 2021

En 2021, los ojos del mundo se posarán sobre Guatemala, derivado de los actos y convenciones internacionales que se realizarán en el país en distintas fechas. Desde la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos hasta el bicentenario de la independencia se celebrarán el próximo año.

Ministerio de Relaciones ExterioresHon Pedro Brolo

El Ministerio de Relaciones Exteriores (Minex) tiene previstas por lo menos tres de estas actividades y aquí se las presentamos.

Asamblea General de la OEA
Guatemala será la sede la 51 Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA).Según la Cancillería, esto se aprobó por aclamación durante la asamblea, que se celebró de manera virtual este año.

“La fecha de la 51 Asamblea General de la OEA será determinada por el Consejo Permanente”, informó en un mensaje de agradecimiento el canciller Pedro Brolo. Guatemala ya fue sede de la principal reunión anual de la OEA en 1986, 1999 y 2013. El último de estos cónclaves se llevó a cabo en Antigua Guatemala, Sacatepéquez, y los dos anteriores en la ciudad capital.

Presidencia pro tempore del Sica
Guatemala también ejercerá la presidencia pro tempore del Sistema de la Integración Centroamericana (Sica) durante el segundo semestre de 2021.

Ese mismo año, el Sica cumplirá 30 años, pues su creación tuvo lugar el 13 de diciembre de 1991 mediante la suscripción del Protocolo a la Carta de la Organización de Estados Centroamericanos (Odeca).

La designación se hizo durante la LXXXI Reunión Ordinaria del Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores, efectuada el pasado 16 de octubre.

Durante ese encuentro, Guatemala presentó la propuesta de Declaración Especial sobre Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Región. La intención es que sea adoptada por los jefes de Estado y de Gobierno del Sica en su próxima junta.

Al ofrecimiento de Guatemala reaccionó la delegación de Brasil, encabezada por el Ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araujo expresando “Creo que hablo en nombre de todos, al afirmar que será un honor para los Estados miembros de la OEA participar en una Asamblea en Guatemala, uno de los Estados miembros fundadores de esta Organización”.

Araujo, destacó el compromiso de Guatemala con las actividades de la OEA, se puso de relieve, durante la preparación de esta Asamblea, en particular, por la presentación y conducción de las negociaciones sobre el proyecto de resolución “Los desafíos para la seguridad alimentaria y nutricional de las Américas en el contexto de la pandemia de COVID-19 en el marco del Plan de Acción de Guatemala 2019”,

“Como país valoramos el papel de la OEA en el hemisferio y creemos firmemente que debemos trabajar en conjunto, en torno a sus cuatro pilares: democracia, derechos humanos, seguridad multidimensional y desarrollo integral” detalló el titular del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Fuente: somosguate.com

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Noticias Internacionales

Huracanes Eta e Iota: la crisis humanitaria que dejaron en Centroamérica

En Honduras, las inundaciones provocadas por los huracanes Eta y Iota fueron devastadoras. - GETTY IMAGES

Pasar de la pobreza al desamparo total solo tomó dos semanas en Honduras y Guatemala.

Comunidades rurales y barrios urbanos en ambos países sufrieron en noviembre el arrasador paso de los huracanes Eta y Iota, los cuales dejaron unos 200 muertos, decenas de desaparecidos, miles de desplazados, así como la destrucción de viviendas, posesiones, puentes, carreteras, cultivos, fábricas…

Casi todo lo que se podía perder se perdió en localidades ya de por sí castigadas por la pobreza acumulada en décadas que este año se agravó aún más con la pandemia de covid-19.

“Había un gran desamparo”, explica a BBC Mundo la fotoperiodista Encarni Pindado, quien estuvo en las zonas de desastre de Honduras entre noviembre y diciembre.

“La gente estaba realmente súper traumatizada. Se ponían a llorar porque estaban súper afectadas psicológica y económicamente, además de su salud”, recuerda.

La crisis humanitaria ha dejado más de 100 muertos en Honduras, al menos en las cifras oficiales, así como pérdidas por más de US$15.000 millones, según datos de la Cepal y otras agencias gubernamentales.

Mucha gente ha tenido que refugiarse debajo de puentes o en los camellones en Honduras. – GETTY IMAGES

En Guatemala se han contabilizado otros 60 muertos, pero un centenar más están desaparecidos. En Nicaragua la tragedia cobró la vida de más de 20 personas.

Y a eso se suma la crisis económica que ha dejado la pandemia de covid-19, lo que -una vez más- lleva a muchos centroamericanos a enfilar sus caminos hacia el norte como migrantes.

“La gente no huye porque quiere. La gente huye porque tiene que hacerlo”, dice a la BBC Sibylla Brodzinsky, la portavoz de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

“Las restricciones por la covid-19 y la recesión económica obviamente han impactado a mucha, mucha gente. Y eso se suma a las vulnerabilidades: las personas que huyen de la violencia de las pandillas, de la persecución, del reclutamiento forzoso, de la extorsión. Por lo tanto, todos estos son solo factores que se suman entre sí y que llevan a las personas a concluir que ya no pueden vivir de la forma en que viven”.

Para el comienzo de 2021 se espera que nuevamente se formen las caravanas de migrantes hacia Estados Unidos, con la esperanza que el nuevo gobierno de Joe Biden cambie las políticas de asilo político. El presidente electo ya ha dicho que eso tomará su tiempo.

Por: BBC News Mundo

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