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Google presenta una aplicación que ayuda al usuario a identificar afecciones de la piel

Una ilustración del funcionamiento de la herramienta de asistencia dermatológica de Google. | Google

Google ha desarrollado una aplicación impulsada por inteligencia artificial que permite a las personas identificar las afecciones de la piel, el cabello o las uñas a través de la cámara de un dispositivo móvil.

Esa aplicación de asistencia dermatológica se basa en un portal web que se lanzará a finales de este año como prueba piloto, y que ayudará a la herramienta a determinar el posible problema del usuario. Para ello, la persona deberá tomar tres fotos desde diferentes ángulos de la zona afectada y responder a una serie de preguntas como el tipo de piel y los síntomas.

La aplicación no sustituye el chequeo médico
Luego la inteligencia artificial, que es capaz de reconocer 288 afecciones, analiza esa información y proporciona una lista de posibles enfermedades para que la persona pueda investigar más a fondo. Sin embargo, Google advierte que esta herramienta no está destinada a proporcionar un diagnóstico ni sustituye las recomendaciones médicas, sino que únicamente brinda información revisada por dermatólogos para que el usuario pueda tomar una decisión basándose en datos autorizados.

Además, destaca que la aplicación de asistencia dermatológica es la culminación de más de 3 años de investigaciones. Esos estudios, que han sido revisados por pares y publicados en diferentes revistas científicas, han demostrado que dicho sistema de inteligencia artificial puede alcanzar una precisión de diagnóstico similar al de los dermatólogos certificados de EE.UU., y que los médicos pueden utilizar esa herramienta para mejorar su capacidad de interpretación de las afecciones de la piel.

Fuente: Actualidad RT

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Presidente de Microsoft: lo que muestra la novela “‘1984’ de Orwell podría ser una realidad en 2024”

Si los legisladores no protegen al público de la inteligencia artificial (IA), la vida tal y como la describe George Orwell en su novela ‘1984’ podría “llegar a ser así en 2024”, advirtió el presidente de Microsoft Brad Smith.

En conversación con el programa Panorama de la BBC emitido este miércoles, que en esta ocasión exploraba el uso cada vez mayor que hace China de la inteligencia artifical para monitorear a sus ciudadanos, Smith dijo que “será difícil seguir estando al día” ante el rápido avance de dicha tecnología.

Los críticos temen que dicho monitoreo pudiera suponer una amenaza para la democracia.

“Si no promulgamos leyes que protejan al público en el futuro, nos encontraremos con que la tecnología avanza y será muy difícil ponernos al día”, afirmó Smith.

“Recuerdo constantemente las lecciones de George Orwell en su novela “1984”. La historia central trataba sobre un gobierno que podía ver lo que todos hacían y escuchar lo que todos decían todo el tiempo”.

“Bueno, eso no sucedió en 1984, pero si no tenemos cuidado, podría suceder en 2024”.

La inteligencia artificial en China
En ciertas partes del mundo, la realidad es cada vez más cercana en este sentido a la ciencia ficción, agregó.

La ambición de China es convertirse en el líder mundial en inteligencia artificial para 2030, y muchos consideran que tiene una capacidad mucho más grande que la Unión Europea para su desarrollo.

En 2019, China superó a EE.UU. en el número de patentes obtenidas por instituciones académicas para la innovación en tecnologías de IA.
El 54% de los 770 millones de cámaras CCTV del mundo se encuentran en China, según una investigación de Comparitech.

Eric Schmidt, ex director ejecutivo de Google y ahora presidente de la Comisión de Seguridad Nacional de Inteligencia Artificial de EE.UU., advirtió que es “imperativo vencer a China en IA”.

“Estamos en un conflicto geopolítico estratégico con China”, dijo. “La forma de ganar es aunar nuestros recursos para tener estrategias nacionales y globales para que las democracias ganen en IA”.

“Si no lo hacemos, estaremos mirando hacia un futuro en el que se nos impondrán otros valores”.

El doctor Lan Xue, quien asesora al gobierno chino, señaló que el reconocimiento facial podría resultar “tremendamente útil” para identificar a las personas en reuniones multitudinarias si hay un “accidente grave”.

“De hecho, China ha hecho un progreso tremendo en el desarrollo de la tecnología”, agregó Xue. “(EE.UU.) siente que esto es una amenaza … y quería comenzar esta Guerra Fría de la tecnología”.

Y Keyu Jin, profesora asociada de la London School of Economics dijo que, aunque los valores y políticas chinas sean “enormemente diferentes”, su visión no es “converger, sino coexistir”.

“China no busca exportar sus valores”.

Fuente: BBC News Mundo

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Tecnologia

Cuándo se creó el wifi y qué significa realmente su nombre

Gracias a la conexión wifi, podemos conectarnos a la red sin necesidad de cables. / WifiFUENTE DE LA IMAGEN,

Para muchos, la palabra wifi se ha convertido en una de las primeras en pronunciar cuando entramos por primera vez a un sitio.

Ya sea la casa de amigos, un restaurante o una sala de espera, preguntar si hay wifi y cuál es su clave es casi una nueva rutina para asegurarnos de que en todo momento podamos estar conectados a internet.

¿Pero te has preguntado de dónde viene esta palabra, que originalmente se escribía como Wi-Fi, y que con el tiempo y el uso se transformó en el sustantivo común wifi?

Aunque por su similitud con Hi-Fi (la abreviatura en inglés de High Fidelity o alta fidelidad, en español) uno podría pensar que el término se deriva de Wireless Fidelity, es decir, de la fidelidad de la señal inalámbrica, la palabra wifi es un invento que no tiene nada que ver con ello.

Según reveló en 2005 Phil Belanger, uno de los miembros fundadores de Wi-Fi Alliance, la compañía que dio origen al wifi, la palabra no significa absolutamente nada: nació simplemente como resultado de una estrategia de marketing.

El término Wi-Fi, así como el logo en blanco y negro similar al símbolo chino de ying yang, fueron creados por la agencia de mercadeo Interbrand, que se encargó del lanzamiento de la marca y que presentó ante la Wi-Fi Alliance 10 nombres posibles para que eligiesen uno.

“Necesitábamos algo que fuera un poco más pegadizo que ‘IEEE 802.11 b Direct Sequence”, explicó Belanger.

La confusión en cuanto al significado del nombre de este estándar de comunicaciones inalámbricas parece haber surgido a raíz de que la empresa añadió al principio en sus promociones la línea “El estándar para la fidelidad inalámbrica”, ya que los miembros del consejo directivo no confiaban en usar un nombre inventado que no estuviese asociado a ningún significado.

Más tarde reconocieron que añadir este texto había sido un error, dice Belanger, y eliminaron esta frase explicativa.

Invención relativamente nueva
La Wireless Ethernet Compatibility Alliance (hoy Wi-Fi Alliance), que dio origen al wifi, se conformó en septiembre de 1999, con seis empresas. En la actualidad son cerca de 800 las que forman parte del grupo.

Pero antes de que naciera este sistema que transmite información por ondas de radio (que utiliza frecuencias de entre 2 y 5 gigahertz del espectro electromagnético), hubo otros inventos y esfuerzos que hicieron que esta forma de comunicación fuese posible.

Uno de los esfuerzos más notable nació del esfuerzo e inteligencia de Hedy Lamarr, una aclamada estrella de Hollywood de los años 40 que además de fingir el primero orgasmo en una película, fue un genio de la tecnología.

Durante la II Guerra Mundial, la actriz desarrolló un sistema de torpedos guiados por radio que impedía que fuesen detectados por el enemigo, y la tecnología de espectro ensanchado por salto de frecuencia que terminó dando lugar al primer estándar de conexión wifi (el IEEE 802.11) en 1997.

Otro paso importante para el establecimiento de esta tecnología tuvo lugar a comienzos de los años 70, cuando se creó una red inalámbrica llamada ALOHAnet, que demostró que se podían enviar datos de forma inalámbrica entre las islas de Hawái.

Y, en 1991, según explica la revista New Scientist, la corporación NCR y AT&T, crearon el precursor del wifi como una forma de conectar cajas registradoras, llamado WaveLAN.

Esta tecnología -cuyo potencial no fue apreciado de forma inmediata en sus inicios- se tornó tan popular, que el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE, por sus siglas en inglés) creó el estándar 802.11 que hoy día llamamos wifi y que resulta crucial para las comunicaciones.

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¿Es mejor tener la laptop enchufada todo el tiempo o usar la batería?

¿Cómo usas tu laptop? - GETTY IMAGES

Una pregunta bastante común sobre el uso de las laptops es cómo prolongar la vida útil de la batería (o al menos, cómo evitar acortarla más de lo normal).

Si bien todas las baterías se deterioran con el paso del tiempo, muchos usuarios se cuestionan si el uso que les damos puede influir —aunque sea ligeramente— en su capacidad de retener energía y de alimentar nuestros aparatos por más tiempo.

Si es así, ¿entonces cómo debemos usar las baterías?

Es decir, ¿debemos mantenerlas cargadas al 100% todo el tiempo o debemos conectarlas y desconectarlas de acuerdo a su nivel de energía?

Varios expertos con los que habló BBC Mundo recomendaron cuál es la mejor manera de gastar las baterías, que en su mayoría están hechas de litio (ya sea de iones de litio o de polímeros de litio).

Vida de las baterías
“La tecnología de baterías mejora cada vez más con cada generación. Hace 10 años, la eficiencia de las baterías de las laptops comenzaba a degradarse después de un par de cientos de ciclos de carga”, dice Ashley Rolfe, jefe de Tecnología de Lenovo en Irlanda y Reino Unido, a BBC Mundo.

Ahora las baterías de laptops suelen tener un tiempo de vida de entre tres a cinco años, en los que pueden completar entre 500 y 1.000 ciclos de carga.

“Uno quiere que la batería le dé la mayor cantidad posible de energía por cada carga y que dure entre tres a cinco años”, dice a BBC Mundo Kent Griffith, investigador de tecnologías de la energía de la Universidad Northwestern, EE.UU.

¿Cómo lograr ese balance?
Dejar una laptop enchufada y al 100% todo el tiempo “es absolutamente seguro y perfectamente normal”, afirma Rolfe, de Lenovo, a BBC Mundo.

Las laptops de Lenovo y otras marcas “usan sensores y lógica de control para garantizar que la batería no se sobrecargue ni se sobrecaliente”, explica.

Sin embargo, “mantener una batería al 100% todo el tiempo reducirá ligeramente su vida útil”.

Su colega Phil Jakes, director de Tecnología Estratégica e ingeniero principal de Lenovo, coincide con él: “Con la química de mayor densidad de energía adoptada en los últimos años, hemos descubierto que las baterías se degradan mucho más rápido si se mantienen completamente cargadas, especialmente a temperaturas más altas”, dice a BBC Mundo.

La razón es que “la carga de 100% es la condición más pesada en la que tu batería puede estar porque es cuando el voltaje es más alto”, explica Kent Griffith, de la Universidad Northwestern.

La fabricante HP opina lo mismo, según dice a BBC Mundo: “HP no recomienda dejar los portátiles conectados a la corriente alterna en todo momento”.

“La mayoría de las baterías actuales tienen la tecnología para evitar una sobrecarga una vez que alcanzan el 100%”, pero esta tecnología no evita que el estado de carga alto “cree una tensión adicional en la batería que puede acelerar su degradación con el tiempo”, explica HP.

Así que “si mantienes la batería lejos del 100%, la batería puede durar más, sin duda”, dice Griffith.

La recomendación de estos expertos es limitar la cantidad de tiempo que la laptop permanece con carga completa o en vez de cargarla hasta 100%, cargarla solo hasta 80% cada vez que la enchufas.

“Técnicamente, las baterías son más ‘felices’ al 50% de carga, mientras que quedan bajo mayor tensión en 0% o al 100%, por lo que los técnicos dicen que es mejor mantenerlas entre 20 y 80%”, comenta Rolfe.

Si bien limitar la carga a 80% “proporciona el máximo beneficio, igual hay un beneficio significativo al reducir el punto máximo de carga al 90 o 95%”, dice Jakes.

Microsoft también alerta en su web que en el caso de sus laptops Surface (no para otras marcas) “las baterías mantenidas con carga alta perderán capacidad más rápidamente”.

“Puedes ayudar a prevenir este deterioro acelerado si no dejas tu laptop (Surface) conectada a la corriente durante períodos prolongados. Si necesitas mantener la laptop enchufada continuamente, recomendamos usar el modo de límite de carga de la batería”, dice Microsoft.

Varias marcas, como Microsoft, Lenovo y HP ofrecen la opción de limitar la cantidad máxima de carga de la laptop en sus configuraciones.

Por ejemplo, HP permite limitarla a 80% en el modo “Maximizar la salud de mi batería”.

En general, “si quieres que la batería dure más, podrías hacer que cada ciclo te dé un poco menos de energía (80% en vez de 100%), pero así la batería podría completar más ciclos de carga”, dice Griffith.

Es decir, se trata de hacer “un equilibrio entre cuánto tiempo de carga te da la batería cada vez que la cargas versus cuántos ciclos puede completar” a lo largo de toda su vida, continúa.

¿Cómo vas a usar la laptop?
Pero estas recomendaciones no necesariamente significan que debas apurarte a desconectar la laptop inmediatamente cada vez que llega a 100%.

“Todas las laptops tienen circuitos de control para proteger las baterías y evitar la sobrecarga. Pero puedes aumentar la vida útil de la batería dejándolas al 80%”, dice Rolfe, de Lenovo.

Pero al mismo tiempo, aclara que “las baterías duran tanto en estos días que probablemente para la mayoría de los usuarios no valga la pena preocuparse”.

Hoy en día “las baterías son tan buenas que generalmente duran más que la vida útil de la laptop”, asegura.

La recomendación final de Rolfe es pensar en cómo usarás la laptop. Es decir, evaluar si vas a tener acceso constante a un enchufe o si no vas a poder conectarte a la corriente por un buen tiempo. En este último caso, sería mejor llevártela con la carga completa.

“Si estás en tu escritorio la mayor parte del tiempo, pon un límite de carga”, dice. “Pero si estás en movimiento la mayor parte del tiempo, déjala al 100% y ¡no te preocupes por eso!”.

Por: BBC News Mundo

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Tecnologia

La velocidad de la tecnología atropella nuestros cerebros

Bryan Derballa para The New York Times

En la notable serie Mrs. America, ambientada en los años setenta, llama la atención que la conservadora protagonista use grabaciones en cintas de casete y correo postal para difamar a sus oponentes feministas. En solamente una generación hemos pasado de esas tecnologías de la comunicación, que ahora nos parecen lentísimas, a la instantaneidad de Gmail, Facebook, Twitter o WhatsApp. Un salto de puro vértigo.

La velocidad del transporte, las comunicaciones y el conocimiento no ha parado de incrementarse exponencialmente en este cambio de siglo. En El futuro va más rápido de lo que crees, Peter Diamandis y Steven Kotler ponen un ejemplo rotundo de ello. En 1997, la computadora Deep Blue de IBM derrotó al ajedrez al campeón del mundo, Gary Kaspárov; exactamente veinte años más tarde, la AlphaGo de Google ganó al campeón de go Lee Sedol. La complejidad del ajedrez es de 10 elevado a 40; la del go, de 10 elevado a 360. Una diferencia de 320 en solamente dos décadas.

Esas diferencias aumentarán pronto, abismalmente, con la computación cuántica. Según otro tecnólogo estadounidense, Ray Kurzweil, en unos años cualquier ordenador portátil tendrá la misma potencia de cálculo que el cerebro humano. La tecnología está acelerando el mundo a una velocidad frenética y sin precedentes. El problema es que nuestros cerebros, en cambio, no han ganado en las últimas décadas mayor capacidad de procesamiento. De modo que nuestro ritmo mental, aunque sea extraordinario, es cada vez más lento en comparación con el de las redes y las máquinas.

El desequilibrio cada vez más extremo entre la velocidad del mundo y la de nuestros cerebros, entre la complejidad de la realidad y nuestra capacidad de pensarla y entenderla, está dilatando la brecha digital y está cambiando el sentido de lo que entendemos por desigualdad. Entre 2015 y 2030 vamos a pasar de 15.000 millones de dispositivos conectados a cerca de 500.000 millones en todo el mundo. Y se van a acabar de configurar dos categorías de ciudadanos o —lo que es lo mismo— de usuarios de internet. La distancia cada vez mayor entre los hiperconectados y los simplemente conectados no solo está decidiendo el futuro, también está creando un nuevo mercado.

Porque las mismas megacorporaciones que convirtieron el ordenador personal, el teléfono móvil o la conexión a internet en bienes de primera necesidad, ahora experimentan con los neuroimplantes que —en las próximas décadas— todos necesitaremos para no vernos obligados a bajarnos del tren superrápido de la ultramodernidad. Las grandes compañías tecnológicas van a lucrar con esa nueva ansiedad, comparable a la que durante el siglo pasado provocó la creación de las industrias de la autoayuda o la cirugía estética.

“Una de las formas de interpretar la aceleración tecnológica descrita en este libro es como parte de un viaje continuo hacia la abundancia”, afirman Diamandis y Kotler. La multiplicación de los recursos tecnológicos apunta, según ellos, hacia más democracia y mayor conciencia medioambiental. Ven la implementación de la robótica también con optimismo: va a permitir que el ser humano se dedique al ocio, los cuidados o la creatividad, mientras llega la renta básica universal. Los más talentosos y capaces, de cualquier rincón del planeta, podrán acceder a una educación superior y participar de esa supuesta fiesta de la inteligencia colectiva.

Pero la verdad no apoya esas fantasías. Según el último informe de Freedom House, no se puede afirmar que la democracia esté avanzando mientras sí lo hacen, brutalmente, las redes 5G o la interconexión de las cosas. Y ya ha empezado la carrera entre Estados Unidos y China por el 6G, que hará que internet sea cien veces más rápido de lo que es hoy. De modo que es legítimo pensar que la única motivación del cambio de paradigma y de la velocidad que lo impulsa es la sed de poder de las superpotencias y el lucro de sus mejores ingenieros.

El epílogo de El futuro va más rápido de lo que crees apoya esa idea: es un sorprendente espacio publicitario de los cursos, el coaching, las becas o los fondos de inversión que ofrece o gestiona Diamandis. Se trata de talleres y lecciones para “entrar en este estado de conciencia llamado ‘flujo’ —mayor productividad, aprendizaje, creatividad, cooperación, colaboración (y la lista sigue)—” que supuestamente “nos regala la habilidad necesaria para seguir el ritmo”.

En paralelo, Elon Musk y muchos otros emprendedores disruptivos y multimillonarios están invirtiendo en proyectos de neuroimplantes, que, al mismo tiempo que ayudarán a neutralizar la parálisis cerebral o el Alzheimer, también mejorarán brutalmente la memoria o la capacidad de aprendizaje de quien pueda pagárselos. Y multiplicarán fortunas que ya están fuera de toda escala.

El desfase entre la velocidad de la humanidad y la de cada uno de los seres humanos que la componen se está convirtiendo en un fallo central del sistema. Se trata de una brecha que trasciende la noción de género, de un abismo que se dilata en el corazón del abismo de la desigualdad. Mientras los ricos se vuelven cada vez más ricos y acumulan, en las nubes de sus empresas, más información y más conocimiento, millones de personas son atropelladas por la velocidad excesiva de la realidad.

Si ralentizar el ritmo de las múltiples convergencias científicas y tecnológicas es incompatible con el modo en que hemos cifrado la economía, al menos sí que deberíamos aprender de los errores recientes. Hemos permitido que las grandes plataformas impongan un sistema de vida y de consumo, sin haber previsto una regulación adecuada que controlara esa metamorfosis y la hiciera más transparente y justa. Pero todavía estamos a tiempo de llegar a acuerdos importantes en neuroderecho y en otros nuevos frentes que se abren en el núcleo del presente.

Chile ha tomado la delantera y se han convertido en un modelo, señalando el camino hacia un nuevo derecho humano, el de estar protegidos ante los avances de las tecnologías neurológicas. No se debería haber dejado la investigación de las vacunas contra los virus en manos de laboratorios privados, no se debe permitir que los neuroimplantes tengan también un copyright abusivo, y los gobiernos y organismos internacionales deben comenzar a regular en serio todo aquello que está dejando de ser ciencia ficción.

Es urgente incluir una fuerte dimensión ética en la carrera vertiginosa, afrodisíaca, de los dispositivos, las redes, la innovación, porque no sabemos a dónde nos conduce. Como dice el filósofo chino Yuk Hui en su interesantísimo ensayo Fragmentar el futuro, la tecnología nos ha situado en medio de otro tipo de flujo (muy distinto del que vende Diamandis): uno “de fuerza metafísico que está arrastrando a los humanos a un destino desconocido”. Tal vez, después de dos siglos de aceleración continua, haya llegado el momento de aprender de los accidentes que ya ha causado el exceso de velocidad.

Por Jorge Carrión – NYTimes

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