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Joe Biden frente al capitalismo salvaje en Venezuela

El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, en enero de 2021Credit...Susan Walsh/Associated Press

Las mejores ideas suelen aparecer cuando me voy quedando dormido y ya no tengo fuerzas para garabatear unas líneas. Entonces tomo el celular, balbuceo en la oscuridad y el aparato se encarga de escribir.

Al día siguiente encuentro desde trabalenguas y pensamientos perdidos para siempre hasta algunos errores con posibilidades interesantes. Mi pronunciación en inglés no es muy buena y esta mañana encontré que Biden se había transformado en “Vaivén”. Sumido en estos tiempos llenos de sorpresas, no pude evitar preguntarme: “¿Será una premonición?”. La pregunta es comprensible. Me encuentro entre los venezolanos que suspiran como si rezaran a la Virgen de Coromoto: “Espero que Biden no venga con lo que Trump se va”.

Vamos emergiendo de una apasionada relación con el inefable Donald Trump, unos por suponerlo la única solución a nuestra tragedia, otros por culparlo de nuestras divisiones, evasiones y disparates. De aquí parte una primera exigencia que debemos hacerle a Biden: no ofrezca lo que no va a cumplir y ni siquiera ha sido definido. Me refiero a las expectativas creadas por Trump: “No estamos considerado nada, pero todas las opciones están sobre la mesa”.

¿Cómo algo puede estar sobre la mesa sin ser considerado?

A los venezolanos Trump nos resultó tóxico y divisorio con el triste consuelo de que no somos la excepción. Además resultó espectacularmente tragicómico hasta el final. A estas alturas del juego, las elecciones norteamericanas más concurridas de la historia han soliviantado pasiones descaradamente antidemocráticas. ¿Prevaleció el respeto al voto por lo sólido de las instituciones que lo protegen o por la insólita irracionalidad de negar los resultados?

Hablar de irracionalidad es irrelevante. Las locuras de Trump son irrepetibles y en buena medida eran previsibles. Resulta más provechoso pensar que se ha respetado el resultado de los votos gracias a la fuerza de unas costumbres que ya tienen varios siglos evolucionando y lidiando con absurdos, incluyendo los del propio sistema.

El sistema electoral venezolano es más directo, más sencillo, y, sin embargo, ha resultado sumamente frágil. Si buscamos las causas de esta fragilidad conviene revisar una vez más la prédica de Montesquieu en su libro sobre la grandeza y decadencia de los romanos: “Más Estados han perecido por la violación de las costumbres, que por la de las leyes”. Al examinar la decadencia de la democracia en Venezuela es necesario prestarle mucha atención a nuestras costumbres. Si queremos que nos entiendan fuera de Venezuela debemos comenzar por hacernos dolorosas preguntas: ¿es la democracia una de nuestras arraigadas costumbres o ha sido una pasajera fábula en nuestra historia? La respuesta es vital para examinar el mito del socialismo venezolano del siglo XXI, capaz de mantener con impudicia una ilusión de democracia.

La situación de Venezuela es tan incierta e injusta como aparentemente solidificada, una combinación agotadora. Espero que Biden tenga la humanidad que requiere tener afecto y comprensión por la dignidad de un pueblo sometido a una situación indigna. No es tarea fácil apreciar y comprender lo que nosotros mismos no logramos digerir. La distancia entre lo que fuimos, lo que somos y lo que podríamos ser comienza a ser insalvable. La palabra “Venezuela” va adquiriendo otra música y genera amargas evocaciones. De potente promesa ha pasado a ser un espanto para asustar a electores indecisos.

Alguien dice que si Kafka hubiera nacido en Caracas sería un escritor costumbrista. Otro pregunta para qué tener a Kafka si Hugo Chávez nos convirtió en cucarachas. Esta son algunas de las frases que utilizamos para calificar nuestra historia reciente.

Los diccionarios ingleses definen la historia como un estudio sistemático, cronológico y verdadero. La Real Academia Española incluye la relación de cualquier aventura o suceso, narraciones inventadas, mentiras y pretextos, cuentos y fábulas. De hecho los historiadores venezolanos que más leo y admiro son unos maravillosos y reveladores chismosos. Quizás en los chismes estén los nudos que crean el tejido de lo histórico. Inés Quintero advierte en el título de uno de sus libros: No es cuento, es historia, aclarando que intenta ir en contra de nuestras tendencias naturales.

Siendo un país tan incomprensible como mal explicado, nuestra relación con Biden va a requerir de un enorme esfuerzo para ofrecer un recuento claro, sin la aleatoria narrativa a que estamos acostumbrados. Uno de los temas centrales a explorar es nuestra particular manera de corrompernos los unos a los otros. Una reciprocidad que se ha convertido en el principal pilar de la dictadura, al punto que su fuente de poder radica en la autodestrucción, en un lento suicidio del país. Nos acercamos al extremo de no poder hablar de corrupción, a medida que no va habiendo leyes ni controles que romper.

Montesquieu añade en otro capítulo: “A aquellos que primero habían corrompido sus riquezas, los corrompió después su miseria”. Chávez sirvió de eslabón entre estos dos procesos. Hace más de dos décadas criticaba el “capitalismo salvaje” que con tanta pasión él mismo ayudaría a fomentar y consolidar. ¿Cómo imaginar que al analizarnos nos maldecía?

Nos hemos convertido en una nación desesperada y salvajemente capitalista. Varias veces he escuchado una cínica frase que se nos ha ido haciendo una religión: “En un país capitalista lo más importante es hacerse de un capital”. Hoy, en Venezuela, tener un capital se ha vuelto indispensable tanto para sobrevivir en la patria como para abandonarla.

A medida que la sociedad y lo social, las instituciones y los servicios, los jueces y los congresistas se corrompen, el único asidero cierto y constante es el dólar y todo se subordina a la posibilidad de obtenerlo, desde la voluntad del esclavo hasta la del esbirro. Así se ha generado un organismo que mientras más miserable se va haciendo más sólido aparenta ser. Los militares, quienes podían ser una esperanza, son los más vigilados y sometidos a sobrevivir en la corrupción de la miseria para intentar alcanzar la corrupción de la riqueza. La bota y el botín han establecido una relación que ya parece ser natural y no aprendida.

Quiero creer que Joe Biden decidió luchar por la presidencia preocupado por el posible final de la democracia al que Trump terminó asomándonos sin pudor ni compasión.

La democracia venezolana continúa cayendo en precipicios que alguna vez nos resultaron inconcebibles. Creo que la estrategia para rescatarla tiene dos caras. Necesitamos solucionar la miseria que nos está corrompiendo, desmembrando, deshumanizando; al mismo tiempo hace falta recuperar las riquezas que la dictadura y sus secuaces están extrayendo, robando y destruyendo. Si las medidas generan más miseria y expectativas infundadas, seremos más sumisos a una dictadura más fuerte, y todos nos haremos más salvajes. Ayudar al oprimido y perseguir al opresor requiere inteligencia, firmeza, compasión y el compromiso de quien ha enfrentado la alternativa de perder una democracia que suponía inextinguible.

Por Federico Vegas

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Nayib Bukele lo logró: es un autócrata

Nayib Bukele, presidente de El Salvador, en febrero de este añoCredit...Stanley Estrada/Agence France-Presse — Getty Images

Por Óscar Martínez – NYTimes

SAN SALVADOR — Entre la noche del sábado 1 de mayo y la madrugada del domingo 2, en su primera sesión legislativa tras arrasar en las elecciones de febrero de 2021, los diputados del partido de Bukele, Nuevas Ideas, dueños de la mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa, violaron la Constitución salvadoreña para dar todo el poder a su líder.

Sin respetar las reglas democráticas del país, algunas de ellas alcanzadas tras 12 años de guerra civil y más de 75.000 muertos, la Asamblea destituyó en una sola jornada a los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y al fiscal general, dos organismos independientes que han sido vitales para detener los repetidos intentos de Bukele de gobernar sin respetar las reglas democráticas. Sin las consultas a las que obliga la Constitución, se leyó una lista de sustitutos afines al bukelismo y se aprobó.

Lo diré de otra forma: el sábado, mientras cenaba, El Salvador aún tenía un sistema de contrapeso de poderes entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Cuando desayuné el domingo por la mañana, un señor de 39 años era dueño de todo. Cené en una república imperfecta. Desayuné en una dictadura en ciernes.

Cualquier duda ha sido disipada y la historia debe registrar que en 2021 Latinoamérica tuvo, una vez más, un país donde todo el poder se concentró en un solo hombre.

Este hombre lo venía buscando desde que en junio de 2019 llegó a la presidencia. Incluso cuando Bukele era alcalde de la capital daba señales de que las reglas democráticas le estorbaban, y convocaba a una marcha contra la Fiscalía solo porque le llamaron a declarar. Siendo presidente se tomó con militares la Asamblea porque no le aprobaron un préstamo. En cuarentena, violó la Constitución sistemáticamente. Ahora es el todopoderoso en El Salvador.

Es posible que la historia señale este fin de semana como el inicio formal de su régimen. Y vale decir que no lo construyó solo, sino con el apoyo masivo de una sociedad que vuelve a autoflagelar sus derechos mientras aplaude a un nuevo caudillo, una sociedad que ha demostrado una vez más su ignorancia de la democracia. Pero el régimen también se ha construido gracias a la actitud pusilánime de decenas de funcionarios públicos que, entendiendo que lo que hacen es ilegal, han decidido conservar sus puestos y sus salarios, temerosos de ser ubicados en el bando de los traidores, los opositores, y sufrir las consecuencias. A esto también, la historia los juzgará.

Y, sin embargo, una de las pocas posibilidades de que el régimen colapse está en manos de esa misma gente: la sociedad aturdida y los funcionarios temerosos. La esperanza es que salgan de ese aturdimiento y que abandonen esa cobardía.

Los gobiernos del mundo, ahora mismo, pueden hacer poco. Desde legisladores estadounidenses, pasando por miembros del Departamento de Estado, la vicepresidenta de Estados Unidos, embajadores, líderes de organizaciones globales o representantes de Naciones Unidas, los mensajes de repudio llovieron, y Bukele respondió con un tuit: “A nuestros amigos de la comunidad internacional: Queremos trabajar con ustedes, comerciar, viajar, conocernos y ayudar en lo que podamos. Nuestras puertas están más abiertas que nunca. Pero con todo respeto: Estamos limpiando nuestra casa… Y eso no es de su incumbencia”. Lo que la comunidad internacional piense de sus formas inconstitucionales, parece decir Bukele, le importa tanto como para escribir un tuit, pero no lo suficiente como para detener su desmantelamiento de la democracia.

Sus aliados ya anunciaron que habrá más destituciones por la misma vía legislativa.

Los magistrados destituidos habían declarado inconstitucionales algunas medidas tomadas por Bukele durante la cuarentena, como suspender garantías constitucionales con solo un tuit. Y el fiscal destituido, menos determinado en sus acciones que los magistrados, había iniciado una investigación tras la revelación periodística de que el gobierno lleva, desde la toma de posesión de Bukele, negociando con la Mara Salvatrucha-13 la reducción de homicidios y ayuda para las pasadas elecciones legislativas. Así que por la madrugada del domingo, los nuevos magistrados y el nuevo fiscal, todos cercanos a Bukele, entraron a la Corte y a la Fiscalía para usurpar esas oficinas y desarmar la breve democracia salvadoreña, que ya era raquítica antes de la llegada de Bukele.

En este momento, a poco de cumplir el segundo año de mandato, Bukele tiene lo que quiere: una Asamblea Legislativa donde 64 de los 84 diputados votan utilizando solo el criterio de lo que su líder pida; una Sala de lo Constitucional que entra violando la Constitución y que difícilmente rebatirá uno de sus designios o protegerá el texto democrático. Y un fiscal general que ya antes ha defendido los intereses del gobierno de Bukele, como defensor designado por la presidencia.

La sensación reinante es de temor: algunos de los magistrados destituidos, así como el fiscal, publicaron cartas renunciando a sus cargos luego del golpe legislativo, apartándose del debate. Rechazaron los argumentos con que los destituyeron, pero se apartaron.

Los pocos y débiles contrapesos que quedan, como el procurador de Derechos Humanos, están en la cuerda floja, y pueden perder su cargo en la próxima plenaria legislativa. Una de las diputadas de Bukele, en reacción a un comunicado del procurador condenando lo ocurrido, tuiteó, aunque luego borró: “You are next”. Esto no ha acabado.

En los días y años por venir, El Salvador probablemente verá arrestos injustificados de opositores, ataques contra medios de comunicación utilizando todas las herramientas del Estado, un enriquecimiento obsceno y descarado de parte de los miembros de su gobierno, modificaciones constitucionales a su medida y reglas electorales que se le ajusten. Bukele se cree el elegido y más de un 80 por ciento de la sociedad salvadoreña lo ve de esa forma y aplaude sus acciones, así con ellas les reste derechos fundamentales.

La única posibilidad de que esto no ocurra es que el sistema implosione. La esperanza más viable es que poco a poco sus funcionarios entiendan que algún día perderán su cargo y tendrán que enfrentar sus acciones. Algunos de esos funcionarios son diputados jóvenes, que rozan los 30 años, y que se estrenaron en un cargo público violando la Constitución. Esa camada de políticos podría darle la espalda al líder para ayudar a El Salvador a regresar a la senda de la democracia. Pero de momento es claro que prefieren actuar como peones del rey.

La comunidad internacional también debe jugar un rol determinante en el proceso de abrir los ojos a algunos políticos fieles a Bukele y de impedir que la ya atemorizada oposición —liderada por el antiguo binomio Arena y FMLN que dominó la política salvadoreña hasta la irrupción de Bukele— muera en silencio.

Mientras buena parte del país celebra la recién instalada autocracia, la sociedad crítica está sumida en días de miedo y ansiedad. Cuesta otear un futuro esperanzador donde el presidente se sienta menos dueño de todo. Solo el cambio individual puede ayudar a restablecer un panorama colectivo democrático. El Salvador, una vez más, necesita a ciudadanos valientes, dispuestos a sacrificar su comodidad y sufrir persecución a causa de su defensa de la democracia.

Mientras tanto, en mi país no impera ningún Estado de derecho, sino un hombre.

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Yani Rosenthal se reúne con el COHEP para presentar su plan de gobierno

Al entrar, Yani brindó declaraciones a los medios de comunicación y habló de la alianza.

Por: Tiempo HN

TEGUCIGALPA, HONDURAS. El candidato oficial a la presidencia por el Partido Liberal, el abogado Yani Rosenthal, se presentó esta mañana a las instalaciones del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) para exponer su plan de gobierno.

Rosenthal habló con los medios de comunicación presentes en el lugar, donde detalló sus objetivos a corto plazo para su candidatura política.

Plan de gobierno liberal
Según el empresario, la reunión con las autoridades del COHEP se basará en que él y su equipo le expondrán cómo es el plan de gobierno del Partido Liberal. Además, enfatizó que también tendrán una etapa de preguntas y respuestas.

Yani Rosenthal COHEP

El abogado habló sobre sus ideas del plan de gobierno del PL.

Rosenthal afirmó que lo más importante de la reunión será que él quiere saber qué cosas necesitan, pues de convertirse en el nuevo presidente de Honduras, uno de sus planes será ayudarlos para contribuir a mejorar en varios sectores.

En palabras de Yani, el sector privado tiene dos papales fundamentales en Honduras. Por una parte, debe poder generar empleo para los miles de compatriotas y también su contribución con el pago de impuestos.

Gobierno debe ayudar
Yani manifestó que es deber del gobierno el poder ayudar al sector privado para lograr generar empleos. El candidato recalcó que es de vital importancia la empresa privada en Honduras, pues solo así se podrán crear buenos, justos y dignos empleos.

Por otro lado, el pasado sábado 1 de mayo, se celebró el Día Internacional del Trabajo, un evento donde Rosenthal aprovechó para felicitar a todos los trabajadores.

A través de su cuenta de Twitter, el empresario agradeció el trabajo de cada obrero que día a día lucha por Honduras. Asimismo, reafirmó su compromiso como candidato presidencial para invertir en programas sociales, y así mejorar la salud, educación y la recreación de los trabajadores.

Yani Rosenthal COHEP

Directivos del COHEP junto a Yani Rosenthal.

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El Salvador: la nueva Asamblea Legislativa

La nueva Asamblea está controlada por el partido de Bukele. / AFP

Fuente: BBC News Mundo

La Asamblea Legislativa de El Salvador, controlada ahora por el partido del presidente Nayib Bukele, Nuevas Ideas, destituyó este sábado a los magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

En la primera acción tomada por el nuevo congreso a solo horas de haber tomado posesión, los parlamentarios aceptaron con 64 votos a favor, 19 en contra y un ausente, destituir tanto a los jueces titulares como a los suplentes de una de las instancias judiciales que había emitido veredictos contrarios a las políticas del presidente Nayib Bukele.

Pocas horas después, también presentaron una moción para la destitución del fiscal general, Raúl Melara, que fue también aprobada por mayoría absoluta.

La medida, según expertos consultados por BBC Mundo, permitirá a Bukele tomar control de los tres poderes del Estado, luego de que en las elecciones legislativas se hiciera con una mayoría absoluta en el parlamento unicameral de 84 escaños.

“Ya tenían dos poderes. Era lógico la búsqueda del tercer poder”, dice a BBC Mundo la analista política salvadoreña Bessy Ríos.

“Es una situación inédita, nunca había pasado. Pero tienen los votos, tienen el mandato constitucional. Pueden hacerlo”, señala.

Poco después de la votación, la Corte publicó un comunicado en el que consideraba “inconstitucional” la medida, lo que supuso un enfrentamiento entre los poderes independientes del Estado.

Bukele, por su parte, descartó el dictamen de los jueces.

La oposición salvadoreña criticó duramente la medida y la calificó de “golpe de Estado”.

“Evidenciando totalmente su búsqueda del poder total, su primera moción en la Asamblea Legislativa destituir a la Sala de la Constitucional de la CSJ, anulando la separación de poderes y sepultando a El Salvador como República”, denunció Erick Salguero, presidente del partido opositor Arena.

El gobierno de EE.UU. estuvo entre los primeros en posicionarse sobre la medida.

“Vemos con preocupación la propuesta de algunos miembros de la Asamblea Legislativa de destituir a los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional de El Salvador. Un órgano judicial independiente es el cimiento de toda democracia; ninguna democracia puede sobrevivir sin eso”, escribió en Twitter Julie Chung, subsecretaria interina de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de EE.UU.

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Covidiota, palabra adoptada por la RAE para definir a quienes se niegan cumplir normas sanitarias

Foto: AFP

La Real Academia Española (RAE) aprobó el uso del vocablo “covidiota” para definir a “las personas que se niegan a cumplir las normas sanitarias dictadas para evitar el contagio de la covid”, se informó hoy a través del Diccionario histórico de la lengua española.

Covidiota tiene su etimología en el “calco estructural del inglés covidiot, voz atestiguada en esta lengua desde 2020 en la prensa, y consignada ya en el Oxford Advanced Learner’s Dictionary (2020); y esta, a su vez, de covid e idiot”, explica la RAE a través de su página web.

“También se atestigua como adjetivo, como ‘persona que se niega a cumplir las normas sanitarias dictadas para el contagio de la covid’ en abril de 2020, en el Diario de Sevilla, en el artículo de A. S. Ameneiro, agregaron.

Entre la familia de palabras derivada, detallaron “covidiotez”, a la que definieron como la “actitud o cualidad de una persona que se niega a cumplir las normas sanitarias dictadas para evitar el contagio de la covid”. Y como sinónimo, puede utilizarse, también, el vocablo “covidiotismo”, detalló la RAE.

Fuente: tiempoar.com.ar

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