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Los fallos económicos de Macri podrían ocasionar el regreso del kirchnerismo

Argentina.– La pintura turquesa se está desprendiendo de los muros de la humilde vivienda de Claudia Verónica Genovesi. Su techo tiene goteras, pero ella y su esposo —ambos empleados de limpieza en unas oficinas— no pueden costear la reparación.

En las calles irregulares del barrio al otro lado del camino, donde las apestosas letrinas se ubican junto a chozas hechas con láminas oxidadas de aluminio, las familias han perdido las esperanzas de tener cloacas.

A los residentes no les cuesta trabajo encontrar una explicación para sus penurias: desde que Mauricio Macri asumió la presidencia, hace más de tres años, se ha distanciado del populismo que reducía el presupuesto de la Argentina durante gran parte del siglo pasado, y ha implementado la sombría aritmética de la ortodoxia económica.

Macri recortó los subsidios para la electricidad, el combustible y el transporte, lo que ha generado que los precios se disparen y, recientemente, hizo que Genovesi, de 48 años, cancelara su servicio de gas, por lo que no puede usar su estufa. Como la mayoría de sus vecinos, se conecta de manera ilegal a las líneas eléctricas que corren a lo largo de las calles rústicas y llenas de baches.

“Es un gobierno neoliberal”, dijo ella. “Es un gobierno que no favorece al pueblo”.

Las tribulaciones que se viven en las modestas viviendas de esa zona son una consecuencia previsible del alejamiento de Macri del populismo de izquierda. Él prometió reducir los déficits monumentales de Argentina al disminuir la generosidad del Estado. El problema es que los argentinos todavía no han experimentado lo que el mandatario prometió: la reactivación económica que supuestamente ocurriría después de los dolorosos recortes.

Los simpatizantes de Macri proclamaron su elección en 2015 como un milagroso brote de normalidad en un país con una reputación bien ganada por su histrionismo. Él terminaría con el gasto irresponsable que provocó que la Argentina cayera en suspensión de pagos en ocho ocasiones. La austeridad ganaría la confianza de los grupos financieros internacionales, lo que atraería inversiones que generarían empleos y nuevas oportunidades.

No obstante, conforme Macri busca la reelección este año, los argentinos lamentan cada vez más que no ven ningún progreso. Incluso los negocios que han sido beneficiados por sus reformas se quejan de que ha fracasado en la ejecución, al dejar a la nación enfrentar la misma fórmula de miseria que la ha plagado durante décadas. La economía se está contrayendo. La inflación es superior al 50 por ciento y el desempleo está estancado por encima del 9 por ciento. La pobreza aflige a un tercio de la población, y la cifra está en aumento.

Más allá de la situación que se vive en este país de 44 millones de personas, el gobierno de Macri está poniendo a prueba las ideas que darán forma a la política económica, en una era de recriminación ante cualquier estrategia que aumente la desigualdad. Su presidencia supuestamente ofrecería un escape al gasto despilfarrador mientras se establece una ruta alternativa para los países que se enfrentan al ascenso mundial del populismo. Ahora, su mandato amenaza con convertirse en la antesala del regreso al populismo.

Conforme se acerca la elección de octubre, Macri batalla con la creciente posibilidad de una candidatura por parte de la presidenta que lo antecedió, Cristina Fernández de Kirchner, que enfrenta una serie de acusaciones criminales por corrupción. Su gasto sin freno ayudó a generar la crisis que Macri heredó. Su regreso sería visto como un reproche hacia las reformas orientadas al mercado, además podría significar que el país regresaría a su tradición política: el populismo de izquierda, en incómoda proximidad a la insolvencia económica.

El peso argentino perdió la mitad de su valor contra el dólar el año pasado, lo que causó que el banco central aumentara las tasas de interés a un nivel superior al 60 por ciento, una decisión que afecta al comercio. Argentina se vio obligada a asegurar un rescate de 57.000 millones de dólares por parte del Fondo Monetario Internacional, lo que causó una profunda herida en la dignidad de los argentinos dado que el fondo es ampliamente despreciado por la austeridad que impuso a finales de la década de los noventa, una medida que convirtió la recesión económica de ese momento en una depresión.

A Macri no le sobra el tiempo. Los recortes al gasto que él decidió afectaron a la población de inmediato. Los beneficios prometidos mediante sus reformas —una moneda estable, influencia más controlada, nuevas inversiones y empleos— podrían tomar años en materializarse, lo que dejaría a los argentinos enojados y con añoranza por el pasado.

Macri prometió que su mandato sería una forma de gobierno ideal para estos tiempos, una dosis crucial de fuerzas del mercado mezcladas con programas sociales.

No obstante, ante los ojos de los argentinos, el país simplemente ha vuelto a caer en la rutina que ha definido a la vida nacional desde el tiempo que la mayoría de la gente puede recordar.

“Vivimos emparchando cosas”, dijo Roberto Nicoli, de 62 años, que administra una compañía de cubiertos de mesa afuera de la capital, Buenos Aires. “Nunca reparamos las cosas. Yo siempre digo: ‘Cuando nos comience a ir mejor, empezaré a prepararme para la próxima crisis’”.

Cultivando una fortuna
Como muchos granjeros argentinos, Roque Tropini es propenso a discutir el presente al contar historias sobre el pasado.

Hace un siglo, Argentina se ubicaba entre las naciones más ricas de la Tierra. Para Tropini, ese estatus resultó del extenuante trabajo de pioneros como su abuelo, que llegó a la provincia de Entre Ríos de su nativa Italia y convirtió a la tierra en prosperidad.

Una tarde, Tropini, de 69 años, condujo su auto por el molino de harina que su abuelo erigió en 1920, junto a lo que en ese entonces era una parada desierta de un nuevo ferrocarril. Se detuvo frente a la inmensa iglesia que su abuelo construyó en el pueblo que se expandió alrededor del molino, Viale. Él la llamó Parroquia de Santa Ana, en homenaje a la catedral de su pueblo natal en el norte de Italia.

Manejó hacia sus campos, donde el resplandor dorado del sol iluminaba hileras de soya que se extendían hasta el horizonte. Una máquina cruzaba por el lugar mientras cosechaba cultivos que, en su mayoría, serían exportados a China.

Según Tropini, sin los esfuerzos de su familia, Viale sería un lugar en blanco en el mapa. Si tan solo la historia terminara ahí, dijo. Sin embargo, la historia trajo a los populistas que han gobernado Argentina durante la mayor parte de su vida adulta.

Al principio estaba Juan Domingo Perón, el carismático general del ejército que fue presidente de 1946 a 1955, y que luego volvió a gobernar de 1973 a 1974. Tuvo mano dura y usó el poder del Estado para defender a los pobres. Él y su esposa, Eva Duarte —ampliamente conocida como Evita— dominaron la vida política mucho tiempo después de sus muertes, lo que inspiró a políticos de todo el espectro ideológico a seguir su camino.

Entre los más vehementes peronistas se encontraban Néstor Kirchner, presidente de 2003 a 2007, y su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, que asumió el cargo en 2007 y permaneció en el poder hasta que Macri fue electo en 2015.

Su versión del peronismo —que se conoce como kirchnerismo— era decididamente de izquierda, al despreciar el comercio global como una fuerza malévola. Extendieron las becas en efectivo a los pobres e impusieron impuestos a las exportaciones agrícolas en una apuesta para mantener bajos los precios de los alimentos argentinos.

Como lo cuentan los agricultores del país, el kirchnerismo es solo un término elegante para la confiscación de su fortuna y la dispersión de los ganancias a los sectores de la población que no eran productivos. Ellos señalan como responsable al impuesto del 35 por ciento que Fernández le impuso a las exportaciones de frijol de soya.

“Teníamos un dicho: ‘Por cada tres camiones que se iban al puerto, uno era para Cristina Kirchner’”, dijo Tropini.

Debido a todo eso, Tropini festejó la llegada del nuevo presidente.

Macri prometió modernizar el gobierno al mismo tiempo que reforzaría la posición de Argentina ante los inversionistas internacionales. Los tecnócratas cosmopolitas de su gobierno disfrutaron enormemente su papel como el antídoto a las fuerzas destructivas que arrasaban el continente.

“Somos un país que está luchando para apartarse de un legado de populismo que ha fracasado”, dijo Marcos Peña, el jefe de gabinete de Macri, en una entrevista reciente. “Nosotros aceptamos esa idea de mostrarle a la región y al mundo, pero especialmente a los argentinos, que con una sociedad más abierta, con un sistema político más abierto, con una economía más abierta, puede irnos mejor que con una cultura estatal cerrada y populista”.

Entre las primeras cosas que el nuevo presidente anunció fue una reducción gradual en los impuestos a la exportación.

“Finalmente, podías respirar”, dijo Tropini, el agricultor.

Él estaba libre de los Kirchner, pero a merced de la naturaleza. Las inundaciones de 2016 arrasaron con más de la mitad de sus cultivos. El año pasado una sequía causó más caos.

“Esta cosecha, este año, es un regalo de Dios”, dice.

No obstante, si el cielo está cooperando ahora, y si las personas en Buenos Aires representan el cambio, Tropini critica el fracaso de Macri para superar la crisis económica.

Una moneda más débil hace que los frijoles de soya argentinos sean más competitivos, pero también incrementa el costo del diésel que Tropini necesita para operar su maquinaria. Las altas tasas de interés hacen que sea imposible para él comprar otra cosechadora, lo que le permitiría expandir su granja.

En septiembre, afectado por una caída en los ingresos del gobierno, Macri volvió a instaurar algunos impuestos a la exportación.

“Ese dinero sirve para pagar programas sociales para personas que no están trabajando”, se queja Tropini. “Se destina para apoyar la pereza. Mucha gente se acostumbró a no trabajar durante el peronismo. Se han llevado mi producción tantos años. No se lleven todas mis ganancias. Dejen algo para mí”.

¿Qué salió mal?
Por qué la economía continúa mal es el tema de un debate que podría determinar si Macri logra reelegirse o si Argentina cambia de rumbo nuevamente hacia el populismo.

Los economistas son enfáticos en que los problemas de Argentina son tan enormes que cualquier gestión habría enfrentado graves dificultades.

Fernández había legado un desastre total —un déficit presupuestal de alrededor del ocho por ciento de la producción económica anual del país—, según las autoridades. La recopilación de datos había sido errática y sujeta a manipulación política, lo que dificultaba poder determinar el alcance de la crisis.

Desde hace tiempo, el gobierno operaba como un benefactor de las masas al despreciar las matemáticas presupuestarias como una conspiración de derecha. Macri fue el aguafiestas con una hoja de cálculo que detuvo las celebraciones, consciente de que un mayor gasto ocasionaría hiperinflación.

“El presidente estuvo muy consciente desde el primer día de que tenía que trabajar tan rápido como fuera posible”, dijo Peña, el jefe del gabinete de ministros. “Cuando eres un país descompuesto y en bancarrota, tienes que impactar en términos de credibilidad”.

En los primeros años del gobierno de Macri, la administración retiró los controles sobre el valor del peso y relajó los impuestos a las exportaciones. Los amos de las finanzas internacionales respondieron con un aumento repentino de inversiones. La economía creció casi un tres por ciento en 2017 y posteriormente se aceleró en los primeros meses del año pasado.

No obstante, los inversionistas se retiraron conforme se volvían más temerosos de los déficits de Argentina, lo que ocasionó que el peso se desplomara y despegara la inflación. Esa tendencia continuó el año pasado por lo que el banco central emprendió un esfuerzo para respaldar la moneda al vender sus reservas en dólares y así tratar de frenar el descenso del peso. A medida que las reservas disminuían, los inversionistas presenciaron el espectáculo de un gobierno que fracasa en restaurar el orden. El éxodo de dinero se intensificó, y otra potencial suspensión de pagos se acercaba, lo que llevó a un Macri abrumado a aceptar un rescate del Fondo Monetario Internacional.

Algunas personas acusan al gobierno de realizar una cobarde persecución del gradualismo, al recortar el gasto con demasiada lentitud sin evitar el enojo de las masas. Argentina vendió 100.000 millones de dólares en bonos del gobierno durante los primeros dos años y medio de Macri, al explotar su relación favorable con los encargados de las finanzas internacionales. El efectivo permitió que el gobierno mantuviera algunos programas sociales.

“Todos quieren prestarte dinero, ¿así que por qué serías tan tacaño?”, dijo Fausto Spotorno, economista jefe en Orlando J. Ferreres & Asociados, una firma de consultoría en Buenos Aires. “Creyeron que podían posponer la crisis y gradualmente salir de ella”.

Entre los errores que generaron más consecuencias está la decisión del gobierno de incluir al banco central de Argentina en un anuncio de diciembre de 2017 de que elevaría su meta para la inflación. Los mercados interpretaron eso como una señal de que el gobierno se estaba dando por vencido en su guerra contra la inflación al optar por una apuesta tradicional: imprimir más dinero en vez de recortar el gasto.

“Se volvió claramente un símbolo de la idea de que habíamos socavado la independencia del banco central”, reconoció Peña, el jefe de gabinete de ministros.

Otras personas acusan a Macri de fallar en fijar expectativas realistas. Insistió en que podía fácilmente derrotar a la inflación al mismo tiempo que reducía los subsidios, lo que elevó precios para servicios básicos claves como la electricidad.

En cualquier caso, la economía es un desastre, y los negocios están ansiosos.

“La gente tiene miedo”, dijo Nicoli, propietario de la compañía de cuchillería, Prinox LLC, que fue fundada por su abuelo en 1942.

El gobierno insiste en que vendrán días mejores. Los recortes al gasto han disminuido el déficit presupuestario a un tres por ciento anual de la producción económica. Argentina nuevamente está integrada en la economía global.

“No hemos mejorado, pero los cimientos de la economía y la sociedad están mucho más saludables”, dijo Miguel Braun, secretario de Política Económica del Ministerio de Hacienda. “Argentina está en un mejor lugar para generar un par de décadas de crecimiento”.

En la cuchillería, Nicoli se burla.

“Eso solo es posible a través de la magia, y nadie les cree”, dice. “Este es el peor momento. Y pienso que se va a poner peor”.

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Guatemala será sede de importantes actos internacionales en 2021

En 2021, los ojos del mundo se posarán sobre Guatemala, derivado de los actos y convenciones internacionales que se realizarán en el país en distintas fechas. Desde la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos hasta el bicentenario de la independencia se celebrarán el próximo año.

Ministerio de Relaciones ExterioresHon Pedro Brolo

El Ministerio de Relaciones Exteriores (Minex) tiene previstas por lo menos tres de estas actividades y aquí se las presentamos.

Asamblea General de la OEA
Guatemala será la sede la 51 Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA).Según la Cancillería, esto se aprobó por aclamación durante la asamblea, que se celebró de manera virtual este año.

“La fecha de la 51 Asamblea General de la OEA será determinada por el Consejo Permanente”, informó en un mensaje de agradecimiento el canciller Pedro Brolo. Guatemala ya fue sede de la principal reunión anual de la OEA en 1986, 1999 y 2013. El último de estos cónclaves se llevó a cabo en Antigua Guatemala, Sacatepéquez, y los dos anteriores en la ciudad capital.

Presidencia pro tempore del Sica
Guatemala también ejercerá la presidencia pro tempore del Sistema de la Integración Centroamericana (Sica) durante el segundo semestre de 2021.

Ese mismo año, el Sica cumplirá 30 años, pues su creación tuvo lugar el 13 de diciembre de 1991 mediante la suscripción del Protocolo a la Carta de la Organización de Estados Centroamericanos (Odeca).

La designación se hizo durante la LXXXI Reunión Ordinaria del Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores, efectuada el pasado 16 de octubre.

Durante ese encuentro, Guatemala presentó la propuesta de Declaración Especial sobre Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Región. La intención es que sea adoptada por los jefes de Estado y de Gobierno del Sica en su próxima junta.

Al ofrecimiento de Guatemala reaccionó la delegación de Brasil, encabezada por el Ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araujo expresando “Creo que hablo en nombre de todos, al afirmar que será un honor para los Estados miembros de la OEA participar en una Asamblea en Guatemala, uno de los Estados miembros fundadores de esta Organización”.

Araujo, destacó el compromiso de Guatemala con las actividades de la OEA, se puso de relieve, durante la preparación de esta Asamblea, en particular, por la presentación y conducción de las negociaciones sobre el proyecto de resolución “Los desafíos para la seguridad alimentaria y nutricional de las Américas en el contexto de la pandemia de COVID-19 en el marco del Plan de Acción de Guatemala 2019”,

“Como país valoramos el papel de la OEA en el hemisferio y creemos firmemente que debemos trabajar en conjunto, en torno a sus cuatro pilares: democracia, derechos humanos, seguridad multidimensional y desarrollo integral” detalló el titular del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Fuente: somosguate.com

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Huracanes Eta e Iota: la crisis humanitaria que dejaron en Centroamérica

En Honduras, las inundaciones provocadas por los huracanes Eta y Iota fueron devastadoras. - GETTY IMAGES

Pasar de la pobreza al desamparo total solo tomó dos semanas en Honduras y Guatemala.

Comunidades rurales y barrios urbanos en ambos países sufrieron en noviembre el arrasador paso de los huracanes Eta y Iota, los cuales dejaron unos 200 muertos, decenas de desaparecidos, miles de desplazados, así como la destrucción de viviendas, posesiones, puentes, carreteras, cultivos, fábricas…

Casi todo lo que se podía perder se perdió en localidades ya de por sí castigadas por la pobreza acumulada en décadas que este año se agravó aún más con la pandemia de covid-19.

“Había un gran desamparo”, explica a BBC Mundo la fotoperiodista Encarni Pindado, quien estuvo en las zonas de desastre de Honduras entre noviembre y diciembre.

“La gente estaba realmente súper traumatizada. Se ponían a llorar porque estaban súper afectadas psicológica y económicamente, además de su salud”, recuerda.

La crisis humanitaria ha dejado más de 100 muertos en Honduras, al menos en las cifras oficiales, así como pérdidas por más de US$15.000 millones, según datos de la Cepal y otras agencias gubernamentales.

Mucha gente ha tenido que refugiarse debajo de puentes o en los camellones en Honduras. – GETTY IMAGES

En Guatemala se han contabilizado otros 60 muertos, pero un centenar más están desaparecidos. En Nicaragua la tragedia cobró la vida de más de 20 personas.

Y a eso se suma la crisis económica que ha dejado la pandemia de covid-19, lo que -una vez más- lleva a muchos centroamericanos a enfilar sus caminos hacia el norte como migrantes.

“La gente no huye porque quiere. La gente huye porque tiene que hacerlo”, dice a la BBC Sibylla Brodzinsky, la portavoz de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

“Las restricciones por la covid-19 y la recesión económica obviamente han impactado a mucha, mucha gente. Y eso se suma a las vulnerabilidades: las personas que huyen de la violencia de las pandillas, de la persecución, del reclutamiento forzoso, de la extorsión. Por lo tanto, todos estos son solo factores que se suman entre sí y que llevan a las personas a concluir que ya no pueden vivir de la forma en que viven”.

Para el comienzo de 2021 se espera que nuevamente se formen las caravanas de migrantes hacia Estados Unidos, con la esperanza que el nuevo gobierno de Joe Biden cambie las políticas de asilo político. El presidente electo ya ha dicho que eso tomará su tiempo.

Por: BBC News Mundo

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Joe Biden puede inspirar a Latinoamérica

Manifestantes en Caracas, Venezuela, salieron a las calles en enero de 2019.Credit...Reuters

CIUDAD DE MÉXICO — La elección de Joe Biden impactará a Latinoamérica de varias maneras. Una de ellas será un cambio de tono. Otra será la política exterior per se, la cual, dada la asimetría entre Estados Unidos y el resto del hemisferio, siempre es significativa. Y mucho más hoy en día, en vista de la creciente necesidad de una estrategia multilateral para afrontar la pandemia de coronavirus.

Pero quizá lo más importante será la inspiración, o la transmisión de ideas. Esto tiene precedentes históricos.

A principio de los años treinta, después de la elección de Franklin Delano Roosevelt y el Nuevo Acuerdo, América Latina comenzó a tomar en cuenta los acontecimientos en Estados Unidos. Todo el mundo estaba sufriendo los efectos devastadores de la Gran Depresión: el desempleo galopante, el colapso de los precios de las materias primas y la crisis institucional.

Golpes de Estado habían derribado gobiernos en Brasil y Argentina; después, cayeron regímenes autoritarios en Cuba y Chile. La región encontró inspiración en Washington. Políticos como Lázaro Cárdenas en México, Getúlio Vargas en Brasil, Ramón Grau San Martín en Cuba, El Frente Popular y Pedro Aguirre Cerda en Chile, junto a otros, impulsaron estrategias similares al Nuevo Acuerdo, algunas más radicales que la propuesta de Franklin Delano Roosevelt y otras más moderadas. Ese “poder blando” estadounidense complementó la política del buen vecino.

Pero en los años ochenta, la influencia de Estados Unidos se movió en la dirección contraria. En varios países de Latinoamérica, las crisis por la deuda externa y la elección de Ronald Reagan dieron paso a una “Reaganomía tropical”, o lo que vino a definirse como el Consenso de Washington o neoliberalismo. Carlos Salinas en México, Carlos Menem en Argentina, la dictadura de Pinochet en Chile; todos siguieron el ejemplo de Estados Unidos, la mayoría de las veces de manera más radical.

Con Biden, una nueva respuesta a la pandemia y la subsecuente contracción económica, junto con un mayor impulso para reparar y ampliar la maltrecha red de seguridad social estadounidense, podrían provocar un cambio correspondiente en Latinoamérica.

El acceso universal a la atención médica y el cuidado infantil, impuestos más altos a los ricos, aumentos del salario mínimo, las pensiones y las prestaciones por desempleo, educación superior pública y gratuita y reducir o mitigar el cambio climático son temas que ya se encuentran en la agenda latinoamericana.

Las diferentes naciones seguirán cada una esta ruta a su manera: Chile con una nueva Constitución. Argentina mientras sale de otra crisis de deuda. Brasil con sus aumentos de las ayudas en efectivo, pero haciendo lo contrario en cuanto al cambio climático. México y Venezuela con respuestas todavía impredecibles. Pero si Biden logra implementar una transformación interna de Estados Unidos, esta tendrá un impacto enorme en América Latina.

La falta de un mandato contundente de Biden y los probables resultados en el Senado estadounidense podrían frustrar la materialización de este escenario. Un sustituto mediocre sería el llamado “cambio de tono”. En vez de la “intimidación” de Trump, Biden restauraría una era de “respeto mutuo”, “responsabilidad compartida” y “voluntad de escuchar”.

La región necesita inspiración y una política exterior de Washington, no lugares comunes ni eslóganes vacíos. Trump apaciguó a presidentes como Jair Bolsonaro de Brasil, Andrés Manuel López Obrador de México y Nayib Bukele de El Salvador, quienes lo consideraban un aliado. Biden debería —y seguramente lo hará— cambiar significativamente la política exterior estadounidense de cara a la región a pesar de lo que posiblemente será un Senado con mayoría republicana.

Los temas más importantes para México, Centroamérica y el Caribe serán la inmigración y las políticas de asilo. El presidente de México aceptó cumplir de manera expedita las instrucciones de Trump de detener el flujo de migrantes provenientes de Centroamérica. Albergó a casi 80.000 solicitantes de asilo o inmigrantes de Centroamérica, Cuba, Haití y otras naciones en campamentos en condiciones miserables a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. Sin embargo, su país sentirá un alivio cuando se elimine el Protocolo de Protección al Migrante o “Quédate en México”, como también se le conoce.

Se espera que se deje de enviar a los menores no acompañados que cruzan la frontera a México o a sus países de origen sin antes tener una audiencia en Estados Unidos. Los solicitantes de asilo legítimos serán escuchados y sus casos serán procesados. Estados Unidos aceptará el creciente consenso internacional sobre la violencia criminal, la violencia interna en el país de origen y el cambio climático como motivos legítimos para solicitar asilo.

Lo más importante es que Biden ha prometido enviar un proyecto de ley al Congreso con una “ruta hacia la ciudadanía” para los 11 millones de extranjeros indocumentados en Estados Unidos, gran parte de los cuales provienen de México, Centroamérica y el Caribe. También ha dicho que insistirá en la aprobación definitiva del proyecto de ley de los dreamers, impulsado por el gobierno de Barack Obama, que beneficiará a más de 700.000 jóvenes principalmente provenientes de México y Centroamérica con una ruta hacia la ciudadanía.

Si Biden cumple otra de sus promesas, una buena cantidad de recursos serán transferidos al Triángulo Norte de Centroamérica, conformado por las naciones de Guatemala, Honduras y El Salvador. Los 4000 millones de dólares que se destinarían a esos países superan los fondos que él mismo distribuyó durante el gobierno de Obama como director del plan Alianza para la Prosperidad. Estos recursos no detendrán la migración, mucho menos la violencia, pero la diferencia en el enfoque será evidente de manera inmediata.

Del mismo modo, en la lucha antidrogas, incluso si Biden continúa la tradicional guerra contra el narcotráfico lejos de las fronteras de Estados Unidos, el anuncio de la legalización de la marihuana enviará un mensaje drásticamente distinto a todos los países productores o de tránsito de las drogas en América Latina. Un cambio tan radical a nivel federal en la política antidrogas estadounidense y en la actitud en torno al asunto generará inevitablemente discusiones y reformas en muchos lugares. La región continúa plagada de altos índices de violencia y corrupción relacionados directamente con la guerra que libra contra el narcotráfico a petición del gobierno estadounidense.

En temas que también interesan a los países sudamericanos, y por supuesto al Caribe, todo parece indicar que Biden, si creemos en sus voceros de política exterior, buscará regresar a la normalización de las relaciones con Cuba del gobierno de Obama. Podría insistir un poco más que Obama en asuntos como los derechos humanos y la democracia, pero su principal objetivo será restaurar el turismo entre ambos países y los lazos políticos y financieros con La Habana. Sin embargo, también podría insistir en que Raúl Castro coopere con Washington y el resto de América Latina, particularmente con Colombia, para encontrar una solución a la dramática crisis en Venezuela.

Esto último tal vez sea el asunto más delicado para Biden en Latinoamérica. Por un lado, todos los intentos de terminar con la dictadura de Nicolás Maduro han fallado. Por otro lado, la situación económica, social, política y humanitaria en Venezuela se deteriora día con día. Claramente, la única salida es la celebración de unas elecciones presidenciales libres, justas y supervisadas por el mundo entero, sin Maduro y con garantías para el chavismo y los cubanos beneficiados desde mucho tiempo atrás por la generosidad petrolera de Venezuela. Cada intento de sugerir esto en la mesa de negociaciones ha fracasado. Biden podría lograrlo. Tratar de incorporar a China, además de a Cuba, en las negociaciones y neutralizar el apoyo en declive por parte de Rusia, así como conseguir el apoyo de México y Argentina para una solución similar a la antes mencionada, podría funcionar. Una apuesta arriesgada, pero la única posible.

Otra apuesta sería involucrar al presidente de Brasil, Bolsonaro, y convencerlo de modificar su postura respecto al cambio climático. Mientras que la Amazonía siga considerándose un asunto interno de Brasil y las compañías madereras y ganaderas sigan teniendo autorización para destruir la vegetación en la medida de sus necesidades, cualquier gestión estadounidense con una “mente conservacionista” estará enfrentada a Brasil. Esto requerirá de un gran esfuerzo diplomático. Biden probablemente termine con el amorío entre Trump y Bolsonaro, que no ha traído beneficio alguno a Brasil, a Estados Unidos ni a un mundo que necesita desesperadamente la protección de la Amazonía, su pulmón vegetal.

Un tema igual de complejo que Biden tendrá que abordar, y con el que podría mejorar la calidad de vida de millones de latinoamericanos, es el de asegurar el cumplimiento de las disposiciones ambientales y laborales en los tratados de libre comercio con los países del hemisferio. El tratado con México es el más reciente y estricto, pero todos incluyen referencias a los derechos laborales y la protección del medioambiente. La cuestión siempre ha sido el cumplimiento. Biden tiene tanto el interés como la capacidad de seguir adelante con eso, en especial si los demócratas progresistas en el Congreso lo empujan en esa dirección.

Biden inspira a América Latina porque defiende los valores que Estados Unidos debería representar: los derechos humanos, la democracia, la lucha contra la corrupción, la voluntad de mitigar el cambio climático. Además, porque es un presidente fundacional que pretende reconstruir un estado de bienestar estadounidense digno de ese nombre, otorgar a los millones de votantes de Biden y Trump socialmente marginados la red de seguridad social que se merecen. Y, finalmente, porque puede inspirar a los latinoamericanos que siempre han estado a favor del multilateralismo volviendo al multilateralismo, ya sea en las instituciones o en los valores. ¿Una transformación muy ambiciosa? Sí, pero América Latina no debería esperar menos.

Por Jorge G. Castañeda – NYTimes

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Adolescentes en albergues por los huracanes Iota y Eta expuestas a abusos sexuales

Las niñas en los albergues sufren una mayor vulnerabilidad. / GETTY IMAGES

Abren sus carpas para invadir su privacidad, las observan mientras están en la ducha, hacen bromas cuando ven que usan productos de higiene femenina y les toman fotos sin consentimiento.

Son escenas que se reproducen en los albergues de los tres países que más fueron castigados por los huracanes Iota y Eta: Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Se estima que son más de 350.000 refugiados en albergues y, de ellos, al menos hay 50.000 menores. Al menos 40 personas fallecieron por el paso de los fenómenos tropicales.

Gobiernos, instituciones civiles y de cooperación internacional señalan a BBC Mundo que son las niñas y adolescentes las que se encuentran en mayor riesgo entre los desplazados porque, además de la precariedad, son vulnerables a casos de violencia sexual.

De hecho, las denuncias de abusos provocaron que en países como Honduras se realicen intervenciones policiales a los albergues.

Y algunas niñas tuvieron que ser trasladadas a otros sitios reservados para ponerlas bajo protección.

El miedo
Angie (nombre modificado para proteger su identidad) vive en Puerto Cabezas, en el noroeste de Nicaragua, y es una de las menores que se encuentra en un refugio debido a los huracanes de noviembre.

Su casa quedó destruida y la escasez de agua potable es uno de los muchos problemas con los que tiene que vivir.

“Nosotras, las mujeres, cuando estamos en nuestro período (ciclo menstrual), es complicado no poder asearnos, ya que los chicos y los adultos están siempre ahí espiándome, y no hay toallas sanitarias. Aquí tenemos que lavar y no tenemos agua”, cuenta la adolescente de 13 años.

En un reporte elaborado por la organización que promueve los derechos de los menores Plan Internacional, Angie cuenta lo que padece en el albergue en el que se encuentra.

“Adultos me dicen cosas, y esto me hace sentir muy incómoda. Me molestan, no me permiten asearme o bañarme correctamente, porque siempre están ahí espiándome, y me siento vigilada”, relata.

Dice que experiencias como las que ella vive de manera cotidiana muestran que en los albergues niñas están expuestas a mayores riesgos de desprotección, específicamente a un mayor riesgo de violencia sexual.

Protección
La violencia sexual con las menores refugiadas no solo se produce en Nicaragua.

De hecho, Honduras monitorea e intervino más de 100 albergues desde noviembre debido a los abusos.

Lolis Salas, directora de la Dirección de Niñez y Familia del gobierno hondureño (DINAF), detalló a BBC Mundo que hay más de 6.400 menores bajo resguardo para evitar que sufran agresiones sexuales.

“Hemos trasladado a profesionales en psicología y otros expertos para precautelar a los niños y niñas”, indicó.

La autoridad afirmó que en la zona norte del país se supo de al menos ocho denuncias de violencia sexual.

“Producto de las tormentas naturales estamos en una situación de bastante vulnerabilidad. (…) Hemos sabido que hay niveles de exposición, no hay niveles de privacidad. Se ha pretendido o se ha hecho uso abusivo de los aparatos telefónicos, pero logramos desvirtuar estas denuncias haciendo a la población consciente de asegurar la privacidad de la gente albergada”, explica Salas.

“En venta”
Una niña de nueve años incluso fue ofrecida “en venta”.

Así lo relata Otto Rivera, director del Observatorio de Derechos de la Niñez en Guatemala.

La menor pensaba que sus padres habían fallecido por el huracán Eta y un adulto la intentó “vender” hace unas semanas.

El caso de trata de la menor se produjo en el departamento de Alta Verapaz, en el norte del país centroamericano.

“Su mamá falleció por un derrumbe de los huracanes y pensaban que estaba sola. Pero su padre logró rescatarla después de tres días afortunadamente. Eso es lo que estamos enfrentando”, explica.

Rivera indica que casos como el de la menor no son nuevos cuando se producen desplazamientos forzosos por huracanes.

El Observatorio de Derechos de la Niñez indica que siete de cada diez menores que son víctimas de trata o de desaparición son niñas y adolescentes.

Dificultades
Por su parte, Amalia Alarcón, directora de proyectos regionales de Plan Internacional, añade que las denuncias surgidas desde los albergues centroamericanos provocaron que la entidad encienda sus alertas.

“Por los testimonios recogidos, reconocemos la utilidad de los albergues para gente que perdió sus cosas, pero las niñas relatan que hay cero intimidad y cero privacidad. Son baños compartidos y con poca vigilancia”, explica.

Alarcón señala además que es una situación que “se repite” en los tres países más castigados por los huracanes: Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Y añade que los casos que se conocieron en los tres países son menos de los que se estiman porque buena parte de ellos no se denuncian. Algo que sucede con frecuencia en los hechos de violencia contra la mujer.

“Mucho queda en la impunidad. Entonces las niñas no lo denuncian por miedo a repercusiones para ellas”, termina.

Por: Boris Miranda (@ivanbor)
BBC News Mundo

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