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Noticias Nacionales

Los riesgos de protestar durante una pandemia

Manifestantes en Brooklyn durante una marcha el sábado 30 de mayoCredit...Chang W. Lee/The New York Times

Las protestas masivas contra la brutalidad policial que han sacado a miles de personas de sus hogares a las calles de las ciudades en todo Estados Unidos hacen surgir el espectro de nuevos brotes de coronavirus, lo que lleva a líderes políticos, médicos y expertos en salud pública a advertir que las multitudes podrían causar un aumento en los casos.

Si bien muchos líderes políticos resguardan el derecho de los manifestantes a expresarse, instaron a quienes salen a protestar a usar mascarillas y mantener el distanciamiento social, tanto para protegerse a sí mismos como para evitar una mayor propagación del virus en la comunidad.

Más de 100.000 estadounidenses han muerto por la COVID-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus. La comunidad afroamericana ha sido particularmente afectada: se han registrado tasas de hospitalización y muertes que superan con creces las de los blancos.

Las protestas en decenas de ciudades estadounidenses han sido impulsadas por la muerte de George Floyd, la semana pasada, a manos de la policía de Minneapolis. Pero el descontento y la indignación que se esparcen por las calles de una ciudad a otra también reflejan las tensiones duales, acumulativas, que surgen de décadas de asesinatos policiales y de las súbitas pérdidas de familiares y amigos por el virus.

El flujo espontáneo de las protestas están ocurriendo cuando muchos estados han comenzado a reabrir con cautela, después de semanas de órdenes de quedarse en casa y con millones de estadounidenses desempleados. Los restaurantes, las escuelas, las playas y los parques están bajo escrutinio mientras el público práctica tentativamente las nuevas formas de distanciamiento social.

En Los Ángeles, donde las manifestaciones condujeron el sábado al cierre de sitios donde se hacen pruebas para el virus, el alcalde Eric Garcetti advirtió que las protestas podrían convertirse en “eventos súper propagadores”, refiriéndose a los tipos de reuniones, generalmente en lugares cerrados, que pueden llevar a una explosión de infecciones secundarias.

El gobernador de Maryland, el republicano Larry Hogan, expresó la preocupación de que su estado podría registrar un aumento en los casos en aproximadamente dos semanas, que es el tiempo que tardan en aparecer los síntomas después de que alguien ha sido infectado, mientras que la alcaldesa de Atlanta, Keisha Lance Bottoms, aconsejó a las personas que salieron a protestar “que se hicieran una prueba de la COVID esta semana”.

Algunos expertos en enfermedades infecciosas se tranquilizaron por el hecho de que las manifestaciones ocurrieron al aire libre, y dijeron que ese factor podría mitigar el riesgo de transmisión. Además, muchos de los manifestantes llevaban mascarillas y, en algunos lugares, parecían evitar agruparse demasiado.

“El aire exterior diluye el virus y reduce la dosis infecciosa que podría existir, y si sopla una brisa, eso diluye aún más el virus en el aire”, dijo William Schaffner, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de Vanderbilt. “Literalmente corrían mucho, lo que significa que exhalan más profundamente, pero también que se cruzan entre todos muy rápido”.

Las multitudes tendían a ser más de jóvenes, señaló, y los adultos más jóvenes generalmente tienen mejores resultados si se enferman, aunque existe el riesgo de que puedan transmitir el virus a familiares y miembros del hogar que pueden ser mayores y más susceptibles. Pero otros estaban más preocupados por el riesgo que representaban las marchas. Howard Markel, historiador médico que estudia pandemias, comparó a las multitudes de manifestantes con los desfiles por la Primera Guerra Mundial celebrados en ciudades como Filadelfia y Detroit en medio de la pandemia de gripe de 1918, que a menudo fueron seguidos por picos en los casos de gripe.

“Sí, las protestas son al aire libre, pero todos están muy cerca los unos de los otros, y en esos casos, estar afuera no te protege tanto”, dijo Markel. “Las reuniones públicas son reuniones públicas, no importa que protestes o vitorees. Esa es una razón por la que no estamos teniendo juegos de béisbol masivos y es posible que no haya fútbol americano universitario este otoño”.

Aunque muchos manifestantes llevaban mascarillas, otros no. El SARS-CoV-2, el virus que causa la enfermedad de la COVID-19, se transmite principalmente a través de las gotículas que se propagan cuando las personas hablan, tosen o estornudan; gritar y corear consignas durante una protesta puede acelerar la propagación, dijo Markel.

El gas lacrimógeno y el espray de pimienta, que la policía ha utilizado para dispersar a las multitudes, hacen que las personas lloren y tosan, y aumentan las secreciones respiratorias de los ojos, nariz y boca, lo que aumenta más la posibilidad de transmisión. Los esfuerzos de la policía para mover multitudes a través de áreas urbanas estrechas pueden resultar en acorralar a las personas más cerca unas de las otras, o terminar encerrando a las personas en espacios reducidos.

Y las emociones están caldeadas, dijo Markel. “La gente se pierde en el momento y pierden la conciencia de quién está cerca de ellos, quién no, quién lleva una mascarilla, quién no”, dijo.

La mayor preocupación es la que ha afectado a los expertos en enfermedades infecciosas desde que comenzó la pandemia, y es el arma secreta del coronavirus: que puede ser transmitida por personas que no presentan síntomas y se sienten lo suficientemente sanas como participar en las protestas.

“Hay un gran número de portadores asintomáticos, y eso lo hace muy arriesgado”, dijo Markel.

Ashish Jha, profesor y director del Instituto de Salud Global, dijo que más de la mitad de las infecciones por coronavirus se transmiten por personas asintomáticas, incluidas algunas infectadas que nunca desarrollan síntomas y otras que aún no saben que están enfermas.

Arrestar, transportar o encarcelar a los manifestantes aumenta el potencial de propagación del virus. Jha pidió a los manifestantes que se abstengan de la violencia e instó a la policía a ejercer moderación.

Scott Gottlieb, excomisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos, que apareció en el programa Face the Nation de CBS el domingo, también predijo que las protestas llevarían a nuevas “cadenas de transmisión”.

Él dijo que las desigualdades sociales y económicas, incluido el acceso deficiente a la atención médica, la discriminación en los entornos de salud, una mayor dependencia del transporte público y diferencias en el empleo fueron factores que llevaron a una mayor carga de enfermedad de la COVID-19 entre las personas no blancas.

“Detener la pandemia dependerá de nuestra capacidad para cuidar a aquellos de nosotros que son más vulnerables médica y socialmente”, dijo Gottlieb. “Necesitamos resolver estos problemas subyacentes para eliminar el riesgo de propagación pandémica de la epidemia”.

El Departamento de Salud de Nueva York ofreció estos consejos a los manifestantes: “Usar mascarilla, usar protección en los ojos para prevenir lesiones, mantenerse hidratado, usar desinfectante para manos, no gritar —y usar mejor carteles—, mantenerse en grupos pequeños y estar a una distancia de dos metros de otros grupos”.

Por: The New York Times

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Noticias Nacionales

Honduras ha recibido 2,190 niños migrantes deportados durante la pandemia

Foto: archivo

Un total de 2,190 menores hondureños que fueron detenidos cuando intentaban viajar ilegalmente a Estados Unidos, México y países centroamericanos han sido deportados al país desde el inicio de la pandemia, informó este viernes una fuente oficial en Tegucigalpa.

De los más de 2.000 niños deportados, 853 viajaban acompañados y 1.137 solos, indicó la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia de Honduras (Dinaf), que instó a los padres de familias a no arriesgar a los menores en “la difícil travesía” al intentar llegar a Estados Unidos de manera ilegal.

El 58 % (1.270) de los menores fueron deportados desde México, un 37 % (810) de Estados Unidos, el 4,5 % (99) de Guatemala y el 0,5 % (11) de otros países, añadió.

Del total de niños retornados, 362 tienen edades comprendidas entre 0 y 5 años, 389 entre 6 y 11 años, y 1.439 entre 12 y 17 años de edad, según la institución hondureña.

La migración de menores de edad en el pasado se consideraba parte o dependiente de la salida de adultos, pero en la actualidad las autoridades han identificado que los niños juegan un papel importante en el viaje, ya que “son colocados en el frente de batalla para cruzar las fronteras”, dijo Rosa Estrada, especialista de Dinaf.

Señaló que los riesgos que padecen las personas en su ruta hacia Estados Unidos se hacen “visibles de diferentes maneras”, en especial para los menores de edad, porque son los más vulnerables.

La experta indicó que los peligros durante el viaje están asociados a las condiciones climáticas y geográficas, abusos de autoridad y daños a su integridad física y emocional.

“Un viaje sin futuro que los coloca al filo del peligro” ya que pueden ser víctimas de extracción de órganos, explotación sexual comercial, trata de personas, pornografía infantil, esclavitud, tráfico de drogas, abuso sexual, extorsión, robo, secuestro, contagio de la covid-19 y hasta la pérdida de la vida, subrayó.

Los menores emigrantes retornados son atendidos de acuerdo al Protocolo de Protección Inmediata, Repatriación, Recepción y Seguimiento de Niñas y Niños Migrantes en el Centro de Atención Belén, ubicado en la ciudad de San Pedro Sula, norte.

El Gobierno hondureño cerró sus fronteras terrestres y aéreas el 16 de marzo, cinco días después de haber hecho público los primeros dos casos de contagios de covid-19, que hasta ahora ha afectado a más de 91.000 personas y ha causado a muerte de 2.604 pacientes en este país centroamericano.

Honduras contabilizó el año pasado 109.185 deportados desde Estados Unidos, México y otros países, según cifras del Observatorio Consular y Migratorio del país.

Por EFE / El Economista

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Noticias Nacionales

Luego de probar el populismo, muchos ansían el centro

Cuando la pandemia de coronavirus llegó —en medio del quinto año del auge mundial del populismo de derecha— había, en general, dos resultados previsibles. Los votantes culparían a los políticos e instituciones de la clase dominante —de quienes ya desconfiaban— eligiendo a más populistas recién llegados que canalizan la indignación popular y prometen un cambio radical. O, escarmentados y serenos, los votantes volverían al centrismo tecnocrático contra el que se han rebelado en los últimos años.

Al inicio, ese primer resultado parecía lo más probable. La pandemia ha ocasionado trastornos económicos, peligro físico e incertidumbre general sobre el futuro, lo cual tiende a impulsar el apoyo a los partidos populistas. El virus también puso de manifiesto las deficiencias institucionales y los fallos burocráticos mientras los gobiernos luchaban por mantenerse al día. Podría decirse que, hoy en día, los ingredientes de la victoria populista están presentes a niveles aún mayores que durante el apogeo de la ola populista en 2015 y 2016.

Sin embargo, al menos hasta ahora, ese segundo escenario parece estar convirtiéndose en realidad. En toda Europa y América, las dos regiones más afectadas, los votantes están avanzando poco a poco —y en algunos casos a toda velocidad— al tan denostado centrismo del poder establecido. Esa tendencia nos dice mucho sobre la era populista y su futuro, tanto durante la pandemia como después de ella.

Los neozelandeses le dieron una victoria aplastante al gobernante Partido Laborista de izquierda, liderado por Jacinda Ardern, quien ha sido llamada “la anti-Trump”. Pero, curiosamente, la tendencia parece mantenerse casi independientemente de si el país tuvo un gran éxito contra el virus, como Nueva Zelanda, o si luchaba desesperadamente contra él.

En Italia, que resultó muy afectada, las elecciones regionales mostraron que los votantes huyeron en masa del partido populista antiinmigrante y anti-Unión Europea para apoyar a la coalición de centroderecha. Fue un cambio con respecto a las últimas grandes elecciones de 2018, cuando los populistas ganaron más que cualquier otro partido.

En Alemania, apenas te enterarías que ha habido una revuelta populista. Las elecciones locales tuvieron resultados muy similares a los de la última votación, en 2014, cuando la coalición de centroderecha de Angela Merkel se afianzó en el poder antes de que comenzara el auge populista en ese país. La región española de Galicia también mantuvo a su partido de centroderecha en el poder, y le negó suficientes votos al rival populista de extrema derecha para siquiera lograr un escaño en la legislatura regional.

Y en Estados Unidos, por supuesto, las encuestas proyectan una victoria arrolladora para el Partido Demócrata, que se presenta con un exvicepresidente centrista y conocido contra el presidente Donald Trump, quien se ha convertido, en muchos aspectos, en el rostro de la ola populista derechista y antipoder establecido.

Entonces, ¿qué está pasando?

Una de las grandes lecciones de la ola populista ha sido que los votantes se rebelan contra los partidos tradicionales cuando experimentan un sentido de cambio social incontrolado: picos en la inmigración, agitación económica a largo plazo, transformación demográfica o de las costumbres sociales.

Un estudio realizado por Maureen Craig de la Universidad de Nueva York y Jennifer Richeson de la Universidad de Yale, por ejemplo, reveló que los estadounidenses blancos que se limitan a leer un artículo sobre el cambio demográfico que se avecina expresarán más “actitudes negativas hacia los latinos, los negros y los asiáticos estadounidenses” y un “sesgo más automático a favor de los blancos y en contra de las minorías”.

Las amenazas físicas percibidas —que podrías pensar que también se aplican al coronavirus— desencadenan una respuesta similar. En las investigaciones se constata repetidamente que los atentados terroristas, o incluso la percepción del riesgo de uno, aumentan el apoyo a los partidos de derecha que prometen proteger a un grupo demográfico de otro.

Pero todos estos cambios o peligros no deseados tienen una cosa en común: se experimentan como el despojo hacia un subconjunto particular de la sociedad. Cuando eso ocurre, la gente se aferra más a la identidad de grupo que se siente amenazada, lo que los lleva a ver el mundo dividido entre “nosotros” y “ellos”.

¿Quién podría garantizarnos mejor la protección a “nosotros” que los enojados populistas que prometen castigar y controlarlos a “ellos” y también prometen enfrentarse a los centristas de la clase dominante cuyos ideales liberales de la vieja escuela exigen protecciones iguales?

El coronavirus no discrimina. Su impacto, aunque profundamente desestabilizador, es más o menos universal. Las amenazas a toda la sociedad tienden a hacer que las personas amplíen su sentido de identidad. Normalmente se identifican más con su nacionalidad que con su raza o religión, lo que también les hace apoyar más a las instituciones nacionales y a las figuras de autoridad, porque estas llegan a sentirse como extensiones de esa identidad. Así que esta es la rara crisis que puede fortalecer, en vez de erosionar, la fe en el poder establecido.

La pandemia no es un gran ecualizador, por supuesto, está ampliando las divisiones sociales, raciales y económicas, en algunos casos drásticamente. Sin embargo, esa desigualdad perjudica sobre todo a las minorías y a las comunidades más pobres, más que a los blancos de clase media y trabajadora que han impulsado la reacción populista.

También puede haber un elemento más simple: en una época de grave crisis mundial, tal vez no sea chocante que la gente recurra al aburrido, familiar y tecnocrático régimen de la clase dominante. O que vean algún beneficio en mantener las instituciones en vez de elegir a los populistas que a menudo se postulan con la promesa de derribarlas.

Los últimos años sugieren que a los votantes les puede gustar más elegir populistas que ser gobernados por ellos. Después de una serie de victorias que estremecieron al mundo, los partidos y líderes populistas sufrieron reveses electorales generalizados en 2018 y 2019. Esos partidos habían pasado años, en algunos casos décadas, aumentando su popularidad pero, una vez que asumieron el poder, muchos de esos aumentos se estancaron repentinamente, o incluso se revirtieron.

Eso no significa que el populismo de derecha haya sufrido alguna derrota permanente o global. El movimiento todavía tiene una base sustancial de apoyo, especialmente en todo Occidente y América Latina. Todavía tiene poder, o por lo menos minorías influyentes, en varios países. (Los votantes polacos reeligieron a su presidente populista este verano, aunque solo por un margen de 51 a 49, lo cual es bastante estrecho para un gobernante en funciones). Y la base de su apoyo apenas ha desaparecido: la reacción contra los inmigrantes, la desigualdad económica, la disminución de las identidades nacionales y el deseo de un gobierno de mano dura siguen siendo generalizados.

Esas fuerzas han sido eclipsadas, al menos en parte, al menos por ahora, por los peligros y las cargas de una pandemia mundial. Pero, si los últimos 20 años sirven de guía, será el éxito o el fracaso de cualquier recuperación económica lo que determine si el centrismo del poder establecido experimenta un regreso o simplemente un respiro. — Max Fisher

Por: Elda Cantú / El Times

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Noticias Nacionales

Brigada de médicos garífunas atiende a más de 740 pobladores del municipio de Tela

La Ensenada, Tela, Honduras.– Encontré al doctor Luther Castillo a las 4:00 PM del pasado viernes 16 de octubre en La Ensenada -comunidad localizada a 3 km de la ciudad de Tela, Atlántida, Caribe hondureño- vestido con ropa casual, compartiendo mesa con tres de sus amigos garífunas en el restaurante Garífuna Place. Comían pescado, disfrutaban de una sopa y tomaban agua de coco.

Todo eso autóctono. Atrás de ellos se escuchaba el rugido del mar, un tanto inquieto por la temporada de lluvias. Si se le ve a este hondureño por la calle puede pasar desapercibido, pero es una eminencia en el campo científico. Egresó de la prestigiosa universidad de Harvard, pero antes tuvo su paso por la Escuela Latinoamericana de Medicina en Cuba.

No lo conocía en persona, pero, apenas me vio, inmediatamente me presentó a sus amigos. Al doctor Douglas Álvarez, uno de los cardiólogos que coordinó la brigada y que se ubica entre los dos únicos especialistas en electrofisiología en Honduras. Y a sus otros dos acompañantes, Félix Ramírez, egresado de Cuba en Educación Física y encargado de toda la parte de la logística de la brigada médica biopsicosocial y a otro jovencito garífuna, Noel Calletano, médico egresado de Cuba. Seguramente este último seguirá los pasos de sus patriarcas.

Lo primero que hizo Luther fue destacar la labor del cardiólogo Douglas Álvarez, de quien dijo tuvo en bien preparar a las comunidades para poder servirles. Un ejército de 45 expertos llegó entre la tarde del viernes y la mañana del sábado. Para buscar, entre todos ellos, abordar áreas de cardiología, pediatría, medicina familiar, cirugías ambulatorias, ginecología, urología en distintas especialidades, odontología y otras crisis acaecidas en el marco de la pandemia.

De La Ensenada se desplazaron al Centro Básico Esteban Guardiola, ubicado en el centro del Triunfo de la Cruz, lugar en donde toda la comunidad se reunió para recibir atención médica de estos expertos los días 16, 17 y 18 de octubre.

“Vamos a desplazarnos luego a Miami”, me dijo Luther, refiriéndose a otra comunidad del municipio de Tela. Porque allá esperan 50 familias con distintas necesidades a estos soldados de la medicina.

Atención psicológica a las familias de los garífunas raptados en el Triunfo de la Cruz
Me llamó la atención cuando Luther me dijo que venían varios psicólogos con una misión específica: atender a los familiares de los garífunas secuestrados en el Triunfo de la Cruz y luego añadió algo que me erizó la piel: “Los hijos de la comunidad han retornado a traer salud a su pueblo”.

En este lugar, se respira un ambiente de mucha solidaridad. Las zonas garífunas son todas hermanas, tanto así, que los expertos que integraban la brigada dormirán en las casas de la comunidad.

“La gente está lista para darles alojamiento. Traemos víveres. La gente misma cocina para los que trabajan en la brigada. Desde nuestra época estudiantil sucede eso en nuestras comunidades. Y en esta etapa profesional no es la excepción”, me refiere Luther con orgullo.

Me contó que recientemente hubo otra brigada grande, coordinada por el mismo equipo, entre ellos Alex Marín y Wendy Pérez, en comunidades garífunas de La Mosquitia. Allí se cubrieron en el Hospital Vayán, Buena Vista, Palacios. Se atendió a cientos de personas en varias comunidades.

“Después de rendir un poco el resultado se decide hacia qué otras comunidades nos desplazaremos. Nos han solicitado en Bajamar, Travesía e Iriona. Los compañeros tienen la disposición. Hacen las gestiones a nivel personal. Todo mundo consigue algo y lo traemos. Buscamos la solidaridad de amigos que donan medicamentos. Y así ponemos en conocimiento a los médicos en servicio de sus comunidades. De manera gratuita y compartiendo con nuestra población. Tenemos que retornar a la comunidad. Somos un sentido de pertenencia, de solidaridad. Pero también tenemos altos grados de conocimiento científico, aunque eso no nos hace olvidar nuestras raíces”, sostuvo.

Análisis contextual de la salud del pueblo garífuna
Le pedí a Luther que me hiciera un análisis contextual sobre la salud del pueblo Garífuna, el rostro de él cambió y soltó palabras críticas contra el Estado de Honduras: “Está agudizada la realidad en materia de salud. Algo que no es ajeno a la realidad de todo el país. Pero acá el problema es más agudo. Tenemos un sistema de salud colapsado en todos los términos. Pero también carcomido por la corrupción. Es una cuna donde esperan las dos licitaciones anuales para apropiarse de los fondos que se destina al sector salud. Las comunidades garífunas tienen ese común denominador de estructuras bastante precarias. Que si se tiene medicamento no se tiene médico, y si tiene médico no se tiene infraestructura”, confiesa.

Luther cree que los pocos recursos se orientan de forma directa al sistema de emergencia que está muy muy precario. Este mismo lo saquean, por la lejanía, por las dificultades. Asegura que las comunidades garífunas no están en la prioridad de los gobiernos. “Estamos en las prioridades pero para que nos saqueen”, mencionó.

“Si usted nos mira acá, en la Ensenada estamos rodeados de Resort. Hay grandes hoteles que han robado tierras en las comunidades garífunas. Originando conflictos bastante fuertes. Somos prioridad para que nos despojen de nuestros recursos, pero no para acompañar en la prioridad en el marco de la educación y la salud. Deberíamos tener unos centros muy bien ocupados de atención primaria y no se necesitaría salir de aquí.

Tenemos una cultura que sigue vigente y fuerte en sus raíces. Incluso en sus raíces en conocimientos ancestrales sobre medicina, hay que decirlo, eso de una u otra forma ayuda a la salubridad de las personas”, agregó.

Me hizo énfasis en la realidad de las personas garífunas, que como no son prioridad del gobierno, tuvieron que verse obligadas a crear sus propios mecanismos de contención y logística en el marco de la pandemia. Y con la colaboración de profesionales garífunas como los que ha mencionado.

“Médicos nuestros tuvieron apenas 16 casos positivos en el pasado y los pudieron manejar muy bien. Llamaron al doctor que es cardiólogo si tenían alguna duda, pero fue un esfuerzo comunitario. Y acompañados de OFRANEH y los patronatos, se establecieron puntos de medicina natural y tradicional, afortunadamente estamos ubicados en frente del mar donde la talasoterapia había sido algún elemento importante. Hay muchos escritos del poder de alcalinización que tiene el mar y que no le permite al virus el entorno para hacer su reproducción de modo factible”, me expuso.

La brigada de los 45 expertos llegó con todas las medidas de protección, incitando a las comunidades, a usar mascarillas, gel, alcohol, pero se puede ver que los niveles de mortalidad han sido bajísimos. Hoy las comunidades no tienen un efecto fuerte en la parte de mortalidad. 10 mil personas en el Triunfo de la Cruz y ninguna muerte. Un fallecimiento en Santa Rosa de Aguán. 7 mil habitantes en Limón y ningún fallecido. Contrario a los 80 miembros de la comunidad garífuna que expiraron en EE. UU, en el periodo comprendido hasta el mes de julio.

La respuesta de Luther, un hombre de ciencia, para la baja mortalidad en medicina natural y ancestral, es la coordinación entre la parte de medicina ancestral y el acompañamiento de los científicos.

“Siempre estos compañeros garífunas, desde que eran estudiantes estaban dispuestos a ir a las comunidades, cuando estudiábamos en la Escuela de Medicina Latinoamericana en Cuba todos nos íbamos a las comunidades a trabajar. 15 días de vacaciones era para trabajarlos en nuestras comunidades y otros 15 días para descansar. Ese espíritu solidario también fue inculcado en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba y ha sido para nosotros una gran escuela. Somos soldados prestos a esto. Hay compañeros de Puerto Lempira que financiaron ellos mismos su pasaje de 5000 lempiras, traen medicamentos y prestan sus servicios”, confiesa.

Rapto de garífunas en el Triunfo de la Cruz
El ceño fruncido de Luther cuando le dije que elementos vestidos como agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) habían raptado a los garífunas, y que me parecía importantísimo que esta brigada sea integral para brindarle asistencia psicológica a los familiares de los compañeros raptados.

“Fueron raptados cinco compañeros, donde fue raptado Snaider, luchador en defensa por el territorio. Entregada por todos los gobiernos en cursos. No por gente con indumentaria de la DPI, sino agentes de la DPI. Los raptaron. Snaider de 23 años lo que hacía era defender el territorio. Traemos un equipo de psicólogos que evaluarán a los familiares, pero que también harán un trabajo con las repercusiones por la pandemia. Viene otra compañera de San Pedro Sula que dirigirá este equipo, es necesario brindar esa asistencia integral”, expuso.

Agregó que se trataba de una brigada biopsicosocial en donde no sólo se mira al paciente desde un punto de vista biológico, como se entiende y enseña en el mundo tradicional médico de ver al paciente como músculo, anatomía y fisiología; no, ésta visita, la de la brigada de los 45 es holística, entendiendo al paciente desde un punto de vista en donde está enclavado en el entorno social, pero que ese entorno social es culturalmente diferencial. Con todos esos elementos profundos nosotros hacemos el enfoque y énfasis que debe llegar a cabo este abordaje, integral y cultural, que nosotros hacemos en esta brigada.

“Haremos cirugías que cuestan entre 20 mil, 30 mil y 40 mil lempiras, en áreas como ginecología y otras especialidades, etc. Por ejemplo, los casos más graves serán remitidos a los centros donde trabajan nuestros expertos. Ahí se les dará asistencia de forma gratuita”, comentó.

Tras esta charla, le pedí a Luther que me regalara un video para sintetizarme la brigada y analizarme el contexto de otros pueblos y otras luchas que se libran en Honduras. Él accedió contento, con un coco en la mano y tomándose fotos en la playa. Lo que más me sorprendió de Luther es que abría constantemente sus brazos frente al mar y decía: ¡qué belleza!

Resultados de la brigada médica: fue valorada con un beneficio de 1 millón de lempiras

Tres días después de mi visita a La Ensenada, en donde conversé con el doctor Luther, le consulté sobre los resultados de la brigada.

Me reveló que en total se atendieron 741 pacientes, 641 en Triunfo de la Cruz y 100 en Miami. Las atenciones fueron en áreas como medicina general, ginecología, cirugía pediátrica, psicología, pediatría, medicina interna, Medicina familiar, cardiología y endocrinología.

«Cada uno de los pacientes se fueron con 3 o 4 tipos de medicamentos y todos ellos gratuitos. Se realizaron 70 Ecocardiogramas, más de 100 electrocardiogramas y más de 100 ultrasonidos», añadió Luther.

Puntualizó que, tomando en cuenta el costo de cada una de las consultas de las distintas especialidades y los procederes realizados, el aporte sería de más de 1 millón de lempiras a la comunidad.

«Todo esto sin ayuda del Gobierno», cerró Luther.

Por: Leonardo Aguilar

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Noticias Nacionales

Honduras abrirá el lunes sus fronteras terrestres tras siete meses de cierre

Foto: archivo

Honduras abrirá el próximo lunes, de “forma gradual y condicionada”, sus fronteras terrestres con El Salvador, Guatemala y Nicaragua, informaron este viernes fuentes oficiales.

“A partir del 19 de octubre de 2020 se reapertura las fronteras terrestres con las repúblicas de Guatemala, El Salvador y Nicaragua”, indicó la directora del Instituto Nacional de Migración, Carolina Menjívar, en una rueda de prensa, acompañada del director de la Administradora Aduanera, Juan José Vides, y la ministra de Salud, Alba Consuelo Flores.

La reapertura de las fronteras comprende el ingreso y salida de nacionales y extranjeros en todas las categorías migratorias establecidas en la Ley de Migración y Extranjería, añadió.

“Todo viajero deberá cumplir nuevos requisitos de ingreso y tránsito, aplicables para ciudadanos nacionales y extranjeros, además de los ya establecidos en la Ley de Migración y Extranjería”, subrayó la funcionaria.

Entre los nuevos requisitos destacan el uso obligatorio y permanente de mascarilla, presentar una prueba de coronavirus PCR o prueba rápida negativa y realizar un pre registro migratorio.

Desde que estalló la pandemia en el país, a mediados de marzo, se registran más de 86.000 positivos de covid-19, 2.552 muertos y 34.099 personas recuperadas, según cifras oficiales.

El Instituto Nacional de Migración indicó que si el viajero no presenta prueba de covid-19 “se someterá a evaluación clínica” por el personal de la oficina sanitaria internacional, la que emitirá opinión clínica en relación “con el diagnóstico que permita o no el ingreso” de la persona a Honduras.

Si la oficina sanitaria internacional recomienda el ingreso de la persona al país, esta hará “cuarentena obligatoria según determine la autoridad sanitaria”.

Las autoridades hondureñas señalaron además que a partir del 26 de octubre se iniciará la activación “gradual y condicionada” de las operaciones del transporte terrestre internacional para pasajeros, bajo las restricciones de operación establecidas por el Instituto Hondureño de Transporte Terrestre (IHTT).

Los viajeros serán atendidos en las fronteras terrestres entre las 6.00 y las 18.00 horas locales (entre las 12.00 y las 24.00 GMT).

“El transporte de carga internacional se rige por los lineamientos de bioseguridad aplicables al sector transporte terrestre centroamericano aprobado por la instancia regional de Consejo de Ministros de Integración Económica”, señalaron las autoridades hondureñas.

La mayor parte del territorio hondureño entró el pasado 29 de septiembre en la segunda fase de reapertura económica “gradual y progresiva”, con aplicación de protocolos de bioseguridad.

Siguen excluidos de la reapertura, discotecas, cines, gimnasios, teatros, eventos deportivos, centros de convenciones y los centros educativos.

Por EFE

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