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‘No vamos a ceder el control de la Amazonía’: productores amazónicos apoyan a Bolsonaro

RÍO DE JANEIRO.— Al ver cómo se desataba el pánico global por los miles de incendios forestales sucedidos en la Amazonía durante la semana pasada, y luego de escuchar los llamados a boicotear los productos brasileños, Agamenon da Silva Menezes se preguntó si el mundo se había vuelto loco.

Da Silva es un líder sindical de agricultores en Novo Progresso, una comunidad ubicada en una región fuertemente deforestada al norte de Brasil, y considera que los incendios de la región son parte de la vida cotidiana. Así es como algunos agricultores limpian la tierra para ganarse la vida, y son un resultado natural de la estación seca.

“Vamos a seguir produciendo aquí en la Amazonía y vamos a seguir alimentando al mundo”, dijo Da Silva en una entrevista. “No hay necesidad de toda esta indignación”.

En Novo Progresso, como en muchas partes de Brasil, existe un fuerte apoyo a la política del presidente Jair Bolsonaro en la Amazonía, que prioriza el desarrollo económico sobre las protecciones ambientales. Estos brasileños argumentan que el fuego y la deforestación son esenciales para mantener a los pequeños agricultores y grandes ranchos que exportan carne de res y soja al mundo, y que el daño que causan a la selva tropical más grande del mundo es moderado.

Además, están indignados por lo que consideran como una actitud colonialista por parte de extraños que intentan decidir cómo es que los brasileños deben manejar su propia tierra.

El mismo Bolsonaro dijo el lunes que Brasil no aceptaría demandas para “salvar la Amazonía, como si fuéramos una colonia o tierra de nadie”. A principios de este mes, un grupo de agricultores, madereros y dueños de negocios en Novo Progresso y en otros lugares anunciaron que provocarían incendios coordinados como muestra de fuerza por parte de las industrias que rechazan la aplicación de las leyes ambientales.

Los más de 26.000 incendios forestales registrados en la Amazonía en lo que va del mes, el número más alto en una década, han desencadenado una oleada de indignación en todo el mundo. Y las críticas se han concentrado en el polémico mandatario de Brasil, Bolsonaro, quien ha prometido facilitar a las industrias el acceso a tierras protegidas.

Los incendios de la Amazonía fueron una de las principales preocupaciones de los líderes del G7 que se reunieron en Biarritz, Francia, el pasado fin de semana. Impulsados por el presidente francés, Emmanuel Macron, quien la semana pasada advirtió que “nuestra casa se está quemando”, los países del G7 se comprometieron a destinar 20 millones de dólares para ayudar a Brasil a contener los incendios. El actor Leonardo DiCaprio también anunció que Earth Alliance, una organización ambiental que él ayuda a liderar, había prometido 5 millones de dólares en fondos para proteger la Amazonía.

La agricultura ha sido durante mucho tiempo un pilar de la economía brasileña, pero las actividades agropecuarias y los incendios a menudo van de la mano. La mayoría son incendios controlados destinados a limpiar la tierra para la siembra de cultivos y el pastoreo de ganado.

La deforestación ha aumentado en Brasil debido al relajamiento de las leyes ambientales y el acaparamiento de tierras.CreditVictor Moriyama para The New York Times

Pero la deforestación ha aumentado en Brasil a medida que Bolsonaro ha disminuido la aplicación de las leyes ambientales, lo que provoca un incremento en el acaparamiento de tierras. Los expertos dicen que los incendios que este año arrasaron vastas extensiones de la región amazónica son el resultado de esas políticas.

Al ser la selva tropical más grande del mundo, la Amazonía alberga una quinta parte del suministro de agua dulce del planeta. Y sirve como un importante “sumidero de carbono”, que absorbe dióxido de carbono y ayuda a evitar que aumenten las temperaturas globales.

Eso ha ocasionado que muchos líderes mundiales y ambientalistas vean a la Amazonía como una pieza invaluable del patrimonio mundial que debe conservarse celosamente.

Pero esa afirmación molesta a muchos residentes de la Amazonía y enfurece a los políticos nacionalistas como Bolsonaro, un capitán retirado del ejército y líder de extrema derecha, quien no comparte la idea de que proteger la selva tropical sea un imperativo global.

Andre Pagliarini, un historiador brasileño, dijo que la presión internacional para conservar la selva puede ser contraproducente si aviva los temores de que las naciones más ricas quieren preservar la Amazonía con el fin de obstaculizar el crecimiento de Brasil, o para apropiarse de su riqueza. Esa opinión prevaleció cuando los gobernantes militares del país pusieron en marcha un ambicioso plan de desarrollo para la selva tropical durante los años sesenta y setenta.

“Toda esta colaboración extranjera para preservar la Amazonía puede ser bienintencionada y genuina, pero toca un tema delicado: la noción de que los extranjeros más ricos quieren reducir la autoridad de Brasil sobre la Amazonía”, dijo Pagliarini, quien dará una conferencia en el Dartmouth College el próximo otoño.

Gelson Dill, viceprefecto de Novo Progresso, tiene raíces en la zona desde la década de 1970, cuando sus familiares se encontraban entre los miles de personas que atendieron el llamado de los líderes militares para establecerse en la selva y desarrollar la tierra talando bosques.

“Tenemos que recordar que las personas que vinieron desde el sur, el noreste y el sureste, fueron traídas por el gobierno federal que les pidió que vinieran a ocupar esta región”, dijo Dill. “Luego las abandonaron y ahora quieren decir que son criminales”.

Durante las décadas de 1980 y 1990, la Amazonía comenzó a reducirse gradualmente a medida que los agricultores, mineros y madereros limpiaban franjas de tierra para cultivar, criar ganado o vender propiedades. Era una forma de ganar dinero en una región con altas tasas de desempleo, mucha pobreza y poca presencia del Estado.

“¿Cuál es el esquema? Usted se apropia de la tierra y la vende ”, dijo Maurício Torres, profesor de la Universidad Federal de Pará, un estado del norte que incluye Novo Progresso. “La tierra se hace 50, 100, 200 veces más valiosa una vez que ha sido deforestada. Es un excelente negocio. Estás vendiendo terrenos públicos, cierto, así que todo es ganancia”.

Pero a medida que Brasil creó un vasto mosaico de reservas nacionales y territorios indígenas a partir de los años ochenta, se hizo más difícil apropiarse de la tierra.

Durante la década de 2000, a medida que aumentaba la deforestación, el gobierno brasileño implementó un ambicioso plan para reducir la destrucción de la selva tropical. Pero ese esfuerzo, que se basó en gran medida en agresivas operaciones policiales, ha perdido impulso en los últimos años.

Una economía frágil empujó a miles de desempleados a las profundidades selváticas. Mientras el país se sumía en una profunda recesión creció la dependencia del poderoso sector agrícola, al igual que el músculo político de ese sector en el congreso. Poco a poco, el gobierno disminuyó la presión sobre los infractores de la ley.

Muchos residentes de la Amazonía, y sus representantes en Brasilia, creen que las estrictas reglas para proteger la selva están frenando al país y a la economía local. Con sus promesas de frenar la protección del medioambiente, Bolsonaro ganó el 52 por ciento de los votos en los estados del norte que abarcan la Amazonía.

“El abandono de las personas de estas regiones los empujó a una relación de dependencia con los acaparadores de tierras y los madereros ilegales”, dijo Torres. “Terminan sirviendo como un escudo social para las organizaciones criminales locales”.

Hélio Dias, jefe de la Federación de Agricultura en Rondônia, uno de los estados más afectados por los incendios, dijo que Brasil ha designado demasiado territorio como tierras protegidas.

“Si tuviéramos que designar el 40 por ciento de la tierra para la producción y conservar el 60 por ciento, eso sería ideal para los productores”, dijo. “Eso representaría un equilibrio entre el hombre y el bosque”.

Dias dijo que este año los incendios se extendieron de manera inusual, lo que ha causado daños a las propiedades y otros problemas para los productores. Pero atribuye los incendios principalmente a la sequía, y se burló de la idea de impulsar un boicot contra los productos brasileños.

“Es completamente equivocado”, dijo y agregó que vivir en la selva es difícil. La movilidad es complicada y costosa, hay poco acceso a la atención médica y existen pocas opciones de entretenimiento. “Solo tratamos de producir para que nuestras familias puedan sobrevivir”, comentó.

Algunos residentes de las áreas afectadas por los incendios expresaron alarma. José Macedo de Silva, un ganadero cerca de Porto Velho, la capital de Rondônia, dijo que la mayoría de los incendios en su zona fueron provocados por personas involucradas en disputas de tierras.

“Estoy en contra de la deforestación ilegal, en contra de invadir las áreas de protección ambiental”, dijo, mientras se paraba junto a una parcela de su propia tierra que había sido arrasada. “Las personas que hacen eso deben ser castigadas. Brasil va a pagar el precio por nuestra incompetencia al tratar con estas personas”.

Grupos ambientalistas y activistas indígenas dicen que, desde que Bolsonaro asumió el cargo, el acaparamiento de tierras y la deforestación se han vuelto cada vez más evidentes.

Cuando un fiscal advirtió a la principal agencia ambiental federal a principios de este mes que un grupo de hombres planeaba provocar una serie de incendios a lo largo de una carretera de la Amazonía para intimidar al personal responsable del cumplimiento ambiental, los funcionarios respondieron que carecían de los recursos para detenerlo.

Da Silva, el líder agricultor en Novo Progresso, cree que Bolsonaro debería mantener el rumbo y no ceder ante la presión de los líderes europeos o las amenazas de boicotear los productos brasileños.

“No vamos a ceder el control de la Amazonía y eso es un hecho”, dijo. “Tenemos productos baratos y de buena calidad para vender. Si no quieren comprarlos se los venderemos a China y otros países”.

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Joe Biden frente al capitalismo salvaje en Venezuela

El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, en enero de 2021Credit...Susan Walsh/Associated Press

Las mejores ideas suelen aparecer cuando me voy quedando dormido y ya no tengo fuerzas para garabatear unas líneas. Entonces tomo el celular, balbuceo en la oscuridad y el aparato se encarga de escribir.

Al día siguiente encuentro desde trabalenguas y pensamientos perdidos para siempre hasta algunos errores con posibilidades interesantes. Mi pronunciación en inglés no es muy buena y esta mañana encontré que Biden se había transformado en “Vaivén”. Sumido en estos tiempos llenos de sorpresas, no pude evitar preguntarme: “¿Será una premonición?”. La pregunta es comprensible. Me encuentro entre los venezolanos que suspiran como si rezaran a la Virgen de Coromoto: “Espero que Biden no venga con lo que Trump se va”.

Vamos emergiendo de una apasionada relación con el inefable Donald Trump, unos por suponerlo la única solución a nuestra tragedia, otros por culparlo de nuestras divisiones, evasiones y disparates. De aquí parte una primera exigencia que debemos hacerle a Biden: no ofrezca lo que no va a cumplir y ni siquiera ha sido definido. Me refiero a las expectativas creadas por Trump: “No estamos considerado nada, pero todas las opciones están sobre la mesa”.

¿Cómo algo puede estar sobre la mesa sin ser considerado?

A los venezolanos Trump nos resultó tóxico y divisorio con el triste consuelo de que no somos la excepción. Además resultó espectacularmente tragicómico hasta el final. A estas alturas del juego, las elecciones norteamericanas más concurridas de la historia han soliviantado pasiones descaradamente antidemocráticas. ¿Prevaleció el respeto al voto por lo sólido de las instituciones que lo protegen o por la insólita irracionalidad de negar los resultados?

Hablar de irracionalidad es irrelevante. Las locuras de Trump son irrepetibles y en buena medida eran previsibles. Resulta más provechoso pensar que se ha respetado el resultado de los votos gracias a la fuerza de unas costumbres que ya tienen varios siglos evolucionando y lidiando con absurdos, incluyendo los del propio sistema.

El sistema electoral venezolano es más directo, más sencillo, y, sin embargo, ha resultado sumamente frágil. Si buscamos las causas de esta fragilidad conviene revisar una vez más la prédica de Montesquieu en su libro sobre la grandeza y decadencia de los romanos: “Más Estados han perecido por la violación de las costumbres, que por la de las leyes”. Al examinar la decadencia de la democracia en Venezuela es necesario prestarle mucha atención a nuestras costumbres. Si queremos que nos entiendan fuera de Venezuela debemos comenzar por hacernos dolorosas preguntas: ¿es la democracia una de nuestras arraigadas costumbres o ha sido una pasajera fábula en nuestra historia? La respuesta es vital para examinar el mito del socialismo venezolano del siglo XXI, capaz de mantener con impudicia una ilusión de democracia.

La situación de Venezuela es tan incierta e injusta como aparentemente solidificada, una combinación agotadora. Espero que Biden tenga la humanidad que requiere tener afecto y comprensión por la dignidad de un pueblo sometido a una situación indigna. No es tarea fácil apreciar y comprender lo que nosotros mismos no logramos digerir. La distancia entre lo que fuimos, lo que somos y lo que podríamos ser comienza a ser insalvable. La palabra “Venezuela” va adquiriendo otra música y genera amargas evocaciones. De potente promesa ha pasado a ser un espanto para asustar a electores indecisos.

Alguien dice que si Kafka hubiera nacido en Caracas sería un escritor costumbrista. Otro pregunta para qué tener a Kafka si Hugo Chávez nos convirtió en cucarachas. Esta son algunas de las frases que utilizamos para calificar nuestra historia reciente.

Los diccionarios ingleses definen la historia como un estudio sistemático, cronológico y verdadero. La Real Academia Española incluye la relación de cualquier aventura o suceso, narraciones inventadas, mentiras y pretextos, cuentos y fábulas. De hecho los historiadores venezolanos que más leo y admiro son unos maravillosos y reveladores chismosos. Quizás en los chismes estén los nudos que crean el tejido de lo histórico. Inés Quintero advierte en el título de uno de sus libros: No es cuento, es historia, aclarando que intenta ir en contra de nuestras tendencias naturales.

Siendo un país tan incomprensible como mal explicado, nuestra relación con Biden va a requerir de un enorme esfuerzo para ofrecer un recuento claro, sin la aleatoria narrativa a que estamos acostumbrados. Uno de los temas centrales a explorar es nuestra particular manera de corrompernos los unos a los otros. Una reciprocidad que se ha convertido en el principal pilar de la dictadura, al punto que su fuente de poder radica en la autodestrucción, en un lento suicidio del país. Nos acercamos al extremo de no poder hablar de corrupción, a medida que no va habiendo leyes ni controles que romper.

Montesquieu añade en otro capítulo: “A aquellos que primero habían corrompido sus riquezas, los corrompió después su miseria”. Chávez sirvió de eslabón entre estos dos procesos. Hace más de dos décadas criticaba el “capitalismo salvaje” que con tanta pasión él mismo ayudaría a fomentar y consolidar. ¿Cómo imaginar que al analizarnos nos maldecía?

Nos hemos convertido en una nación desesperada y salvajemente capitalista. Varias veces he escuchado una cínica frase que se nos ha ido haciendo una religión: “En un país capitalista lo más importante es hacerse de un capital”. Hoy, en Venezuela, tener un capital se ha vuelto indispensable tanto para sobrevivir en la patria como para abandonarla.

A medida que la sociedad y lo social, las instituciones y los servicios, los jueces y los congresistas se corrompen, el único asidero cierto y constante es el dólar y todo se subordina a la posibilidad de obtenerlo, desde la voluntad del esclavo hasta la del esbirro. Así se ha generado un organismo que mientras más miserable se va haciendo más sólido aparenta ser. Los militares, quienes podían ser una esperanza, son los más vigilados y sometidos a sobrevivir en la corrupción de la miseria para intentar alcanzar la corrupción de la riqueza. La bota y el botín han establecido una relación que ya parece ser natural y no aprendida.

Quiero creer que Joe Biden decidió luchar por la presidencia preocupado por el posible final de la democracia al que Trump terminó asomándonos sin pudor ni compasión.

La democracia venezolana continúa cayendo en precipicios que alguna vez nos resultaron inconcebibles. Creo que la estrategia para rescatarla tiene dos caras. Necesitamos solucionar la miseria que nos está corrompiendo, desmembrando, deshumanizando; al mismo tiempo hace falta recuperar las riquezas que la dictadura y sus secuaces están extrayendo, robando y destruyendo. Si las medidas generan más miseria y expectativas infundadas, seremos más sumisos a una dictadura más fuerte, y todos nos haremos más salvajes. Ayudar al oprimido y perseguir al opresor requiere inteligencia, firmeza, compasión y el compromiso de quien ha enfrentado la alternativa de perder una democracia que suponía inextinguible.

Por Federico Vegas

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Por qué la Mara Salvatrucha no es la misma en El Salvador y en Los Ángeles

La MS-13 nació en Los Ángeles hace 40 años. Ahora se acusa a un grupo de jóvenes centroamericanos de querer reinstalar la violencia en la ciudad californiana. - KAKO ABRAHAM PARA BBC

El cadáver apareció en un despeñadero del Bosque Nacional de Ángeles, en Los Ángeles, Estados Unidos, después de que un incendio consumiera la vegetación alrededor.

Sin ropa ni cicatrices ni tatuajes, costó identificarlo. Por el nivel de deterioro, el cuerpo llevaba tiempo a la intemperie. Un mes y medio, se pudo precisar después.

Tras la autopsia, aquel cuerpo pasó a llamarse Doe #19, hasta que un odontólogo forense le pudo asignar nombre y apellido: Brayan Alejandro Andino.

Tenía 16 años, era hondureño y estudiaba en Panorama High School, una escuela pública secundaria del valle de San Fernando, en la zona norte de la ciudad de Los Ángeles.

El 30 de octubre de 2017, tres o cuatro hombres jóvenes lo introdujeron en un Toyota Corolla del 2011, lo llevaron al bosque, y allí lo golpearon y acuchillaron hasta matarlo —dice la acusación judicial del caso—. Su cuerpo fue encontrado el 15 de diciembre.

No fue el único.

En el bosque considerado el pulmón del Gran Los Ángeles, punto de encuentro habitual para campistas, senderistas y amantes de la naturaleza, cinco jóvenes fueron asesinados entre 2017 y 2018 con “una violencia no vista en 20 años”, señalaron las autoridades angelinas.

Los cinco homicidios se atribuyeron a la Mara Salvatrucha o MS-13, una de las pandillas que aterrorizan Centroamérica y que también tienen presencia en Estados Unidos, país en el que de hecho surgió esta estructura criminal. Los acusados están a la espera de juicio en la actualidad.

Cuando en julio de 2019 —año y medio después de haber encontrado los restos de Brayan Andino— la Policía anunció el arresto de 22 hombres, señalados como miembros del ala más peligrosa de la MS-13 en Los Ángeles, la administración Trump describió la operación como un “éxito sin precedentes”.

Thom Mrozek, portavoz del fiscal general del Departamento de Justicia para el Distrito Centro de California, le dijo a BBC Mundo que la “brutalidad” era obra de jóvenes indocumentados llegados a Estados Unidos tres o cuatro años antes.

De los 22 acusados, 19 son migrantes de entre 19 y 24 años; la mayoría salvadoreños.

Según la versión oficial, esos jóvenes habían viajado desde Centroamérica a la ciudad californiana con la misión de tomar el control de la MS-13.

“La relación entre la inmigración y sus jóvenes edades refleja un deseo más grande dentro de ciertas facciones de la MS-13 de tomar el control y apropiarse de lo que llaman el programa [una especie de federación de células afines] de Los Ángeles. Quieren tener un programa de la MS-13 en Centroamérica, en la Costa Este (de Estados Unidos) y en Los Ángeles”, dijo Mrozek.

“Están intentando reinstalar las tradiciones de extrema violencia en Los Ángeles y hacer que toda la MS-13 opere bajo las mismas reglas”, añadió.

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Guatemala será sede de importantes actos internacionales en 2021

En 2021, los ojos del mundo se posarán sobre Guatemala, derivado de los actos y convenciones internacionales que se realizarán en el país en distintas fechas. Desde la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos hasta el bicentenario de la independencia se celebrarán el próximo año.

Ministerio de Relaciones ExterioresHon Pedro Brolo

El Ministerio de Relaciones Exteriores (Minex) tiene previstas por lo menos tres de estas actividades y aquí se las presentamos.

Asamblea General de la OEA
Guatemala será la sede la 51 Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA).Según la Cancillería, esto se aprobó por aclamación durante la asamblea, que se celebró de manera virtual este año.

“La fecha de la 51 Asamblea General de la OEA será determinada por el Consejo Permanente”, informó en un mensaje de agradecimiento el canciller Pedro Brolo. Guatemala ya fue sede de la principal reunión anual de la OEA en 1986, 1999 y 2013. El último de estos cónclaves se llevó a cabo en Antigua Guatemala, Sacatepéquez, y los dos anteriores en la ciudad capital.

Presidencia pro tempore del Sica
Guatemala también ejercerá la presidencia pro tempore del Sistema de la Integración Centroamericana (Sica) durante el segundo semestre de 2021.

Ese mismo año, el Sica cumplirá 30 años, pues su creación tuvo lugar el 13 de diciembre de 1991 mediante la suscripción del Protocolo a la Carta de la Organización de Estados Centroamericanos (Odeca).

La designación se hizo durante la LXXXI Reunión Ordinaria del Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores, efectuada el pasado 16 de octubre.

Durante ese encuentro, Guatemala presentó la propuesta de Declaración Especial sobre Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Región. La intención es que sea adoptada por los jefes de Estado y de Gobierno del Sica en su próxima junta.

Al ofrecimiento de Guatemala reaccionó la delegación de Brasil, encabezada por el Ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araujo expresando “Creo que hablo en nombre de todos, al afirmar que será un honor para los Estados miembros de la OEA participar en una Asamblea en Guatemala, uno de los Estados miembros fundadores de esta Organización”.

Araujo, destacó el compromiso de Guatemala con las actividades de la OEA, se puso de relieve, durante la preparación de esta Asamblea, en particular, por la presentación y conducción de las negociaciones sobre el proyecto de resolución “Los desafíos para la seguridad alimentaria y nutricional de las Américas en el contexto de la pandemia de COVID-19 en el marco del Plan de Acción de Guatemala 2019”,

“Como país valoramos el papel de la OEA en el hemisferio y creemos firmemente que debemos trabajar en conjunto, en torno a sus cuatro pilares: democracia, derechos humanos, seguridad multidimensional y desarrollo integral” detalló el titular del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Fuente: somosguate.com

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Huracanes Eta e Iota: la crisis humanitaria que dejaron en Centroamérica

En Honduras, las inundaciones provocadas por los huracanes Eta y Iota fueron devastadoras. - GETTY IMAGES

Pasar de la pobreza al desamparo total solo tomó dos semanas en Honduras y Guatemala.

Comunidades rurales y barrios urbanos en ambos países sufrieron en noviembre el arrasador paso de los huracanes Eta y Iota, los cuales dejaron unos 200 muertos, decenas de desaparecidos, miles de desplazados, así como la destrucción de viviendas, posesiones, puentes, carreteras, cultivos, fábricas…

Casi todo lo que se podía perder se perdió en localidades ya de por sí castigadas por la pobreza acumulada en décadas que este año se agravó aún más con la pandemia de covid-19.

“Había un gran desamparo”, explica a BBC Mundo la fotoperiodista Encarni Pindado, quien estuvo en las zonas de desastre de Honduras entre noviembre y diciembre.

“La gente estaba realmente súper traumatizada. Se ponían a llorar porque estaban súper afectadas psicológica y económicamente, además de su salud”, recuerda.

La crisis humanitaria ha dejado más de 100 muertos en Honduras, al menos en las cifras oficiales, así como pérdidas por más de US$15.000 millones, según datos de la Cepal y otras agencias gubernamentales.

Mucha gente ha tenido que refugiarse debajo de puentes o en los camellones en Honduras. – GETTY IMAGES

En Guatemala se han contabilizado otros 60 muertos, pero un centenar más están desaparecidos. En Nicaragua la tragedia cobró la vida de más de 20 personas.

Y a eso se suma la crisis económica que ha dejado la pandemia de covid-19, lo que -una vez más- lleva a muchos centroamericanos a enfilar sus caminos hacia el norte como migrantes.

“La gente no huye porque quiere. La gente huye porque tiene que hacerlo”, dice a la BBC Sibylla Brodzinsky, la portavoz de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

“Las restricciones por la covid-19 y la recesión económica obviamente han impactado a mucha, mucha gente. Y eso se suma a las vulnerabilidades: las personas que huyen de la violencia de las pandillas, de la persecución, del reclutamiento forzoso, de la extorsión. Por lo tanto, todos estos son solo factores que se suman entre sí y que llevan a las personas a concluir que ya no pueden vivir de la forma en que viven”.

Para el comienzo de 2021 se espera que nuevamente se formen las caravanas de migrantes hacia Estados Unidos, con la esperanza que el nuevo gobierno de Joe Biden cambie las políticas de asilo político. El presidente electo ya ha dicho que eso tomará su tiempo.

Por: BBC News Mundo

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