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Inmigración

Qué es el programa con el que AMLO plantea frenar la migración de Centroamérica

El programa Sembrando Vida promueve el modelo de siembra de árboles frutales o maderables, o especias. / GETTY IMAGES

Por: Darío Brooks
BBC News Mundo

El presidente de México propuso esta semana una inusual estrategia para enfrentar el fenómeno de la migración desde Centroamérica: la siembra de árboles.

En la Cumbre de Líderes Mundiales sobre Clima, Andrés Manuel López Obrador le planteó a Joe Biden replicar su programa Sembrando Vida en El Salvador, Guatemala y Honduras.

Se trata de uno de los proyectos eje de la gestión del presidente mexicano, en el que habitantes de zonas rurales reciben un ingreso a cambio de sembrar y cuidar árboles en sus parcelas.

“En ello laboran 450.000 campesinos y campesinas que reciben un jornal de 5.000 pesos mensuales”, unos US$250, expuso este jueves AMLO a los otros líderes mundiales en la cumbre virtual convocada por Biden.

Consideró que, al emplear a habitantes centroamericanos, se pueden evitar las caravanas de miles de centroamericanos que buscan llegar a EE.UU.

Y planteó a Biden que su gobierno podría ofrecer visas temporales de trabajo, permisos de residencia o la nacionalidad a quienes trabajen en este programa durante varios años en sus países.

“El fenómeno migratorio, como lo sabemos todos, no se resuelve con medidas coercitivas, sino con justicia y bienestar”, dijo AMLO.

Biden no ofreció una respuesta a la propuesta inmediatamente.

Pero en una charla con periodistas en la víspera, el miércoles, un funcionario consideró poco probable que el gobierno de EE.UU. pudiera asumir una propuesta así: “Desde nuestro punto de vista, no es una conversación sobre migración. Es una conversación sobre el cambio climático”.

“No suena como algo que tenga oportunidad alguna de conversarse extensamente entre México y Estados Unidos”, apuntó.

Para expertos en políticas migratorias como Giovanni Peri, sin embargo, es una propuesta que hay que valorar.

“Esto generaría el marco adecuado y la perspectiva a largo plazo para un plan, en lugar de gestionar emergencias, y puede afectar positivamente a las tres economías”, dijo el director del Centro de Migración Global, de la Universidad de California-Davis.

¿Qué es Sembrando Vida?
Tras asumir el gobierno en 2018, el presidente mexicano puso en marcha Sembrando Vida como uno de los programas prioritarios de su gobierno -con US$1.400 millones en 2021- al tener un doble propósito.

Por un lado, combatir la pobreza a través del empleo de la gente desfavorecida de zonas rurales. Por otro, combatir el cambio climático a través de la reforestación de regiones que sufren daños ambientales.

El objetivo es que para 2024 hayan sido sembradas un millón de hectáreas de árboles de maderables, frutales y de especias.

Cada participante del programa recibe hasta US$250 al mes por hacer las labores de siembra, cuidado y cosecha. También son empleados cientos de técnicos que guían a los campesinos, los cuales deben encargarse de un área de 2,5 hectáreas cada uno.

Diversos expertos en reforestación y organizaciones han apuntado que este programa es uno de los esfuerzos en la materia más importantes que se hayan hecho en México en los últimos gobiernos.

“La iniciativa es muy buena”, dice a BBC Mundo el ecólogo Horacio Paz, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Sin embargo, organizaciones independientes no han podido comprobar qué tan efectivo ha sido por falta de información del programa. Y expertos también advierten que puede poner en riesgo al propio medioambiente al que busca ayudar.

¿Ha dado resultados?

El gobierno asegura que se han sembrado 700 millones de plantas, manejadas por alrededor de 450.000 participantes del programa.

Su presupuesto ha sido duplicado para añadir a casi 200.000 beneficiarios más respecto a 2019.

En Centroamérica ya se han iniciado proyectos de Sembrando Vida en Honduras y El Salvador, luego de acuerdos entre López Obrador y sus colegas Juan Orlando Hernández y Nayib Bukele, respectivamente.

Sin embargo, sus resultados ambientales son difíciles de monitorear, dice el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés) que el mes pasado presentó una primera evaluación independiente del programa.

“Sembrando Vida no tiene como objetivo prioritario la restauración forestal y tampoco la reforestación”, dice WRI México en su informe, sino que es “una estrategia de productividad” en zonas pobres para “reactivar la economía local”.

“El análisis realizado por WRI México, si bien no es concluyente debido a la falta de acceso a información y coordenadas de las parcelas, muestra claramente que el programa tuvo un impacto negativo en las coberturas forestales y el cumplimiento de las metas de mitigación de carbono del país durante su primer año de implementación”.

Según su análisis, el programa “podría haber incentivado una pérdida de coberturas forestales de 72.830 hectáreas durante el primer año de operación (2019)”.

Los riesgos al “sembrar vida”
La administración del programa está a cargo de la Secretaría del Bienestar, que combate la pobreza, y no por la Secretaría de Medio Ambiente, lo que hace temer a expertos que muchas decisiones se tomen sin tener en cuenta a los especialistas en materia ambiental.

“El problema más importante de no planear es que la selección de especies que se use para reforestar no sea adecuada”, explica el ecólogo Horacio Paz.

“Una buena parte de los esfuerzos de reforestación fallan por esto. Y un porcentaje muy, muy alto de plantas sembradas se mueren”, añade el experto del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad mexicano.

El catálogo de Sembrando Vida, dice el gobierno, incluye 128 especies.

“Las variedades serán las que haya de acuerdo a la vocación del suelo, del clima, pero también de la cultura. Este programa está sirviendo para rescatar especies nativas”, explicó a BBC Mundo en 2019 la secretaria María Luisa Albores, a unos meses de poner en marcha el proyecto.

López Obrador ha dicho que su programa respeta el conocimiento técnico forestal, pero ha destacado la “sabiduría de la gente” como la base para el manejo de la reforestación.

Otro problema señalado por los especialistas es que plantar árboles donde previamente no había bosques de manera natural puede dañar los ecosistemas existentes.

“Cuando los árboles son adultos, vienen efectos sobre el ecosistema. Ahí viene el segundo gran problema”, explica el ecólogo Horacio Paz.

“Si no seleccionamos bien esas especies en términos de qué función tienen en el ecosistema, difícilmente podremos mejorar los procesos del ecosistema”, añade.

En cuestión de combate al cambio climático, la reforestación bien planeada y con conocimiento del entorno ayuda a disminuir la carga de CO2 en el ambiente. Pero no todas las especies capturan y almacenan carbono de la misma forma, e incluso existe un riesgo de efecto contraproducente.

“En muy poco tiempo vas a tener el carbono de vuelta a la atmósfera, porque las plantas se mueren, se descomponen y el carbono se libera”, plantea Paz como otro reto.

“Si se quieren tener almacenes de largo plazo, es mejor tener plantas que hacen fotosíntesis lentamente, pero que viven más tiempo, que pueden mantener en su cuerpo el carbono que han capturado”, añade.

Y con el avance del programa, ambientalistas han alertado que hay campesinos que deforestan sus tierras para inscribirlas en el programa y recibir los beneficios económicos.

Es decir, hay un daño al medioambiente adicional al ya preexistente y que se busca combatir.

La propuesta migratoria
En su intervención en la cumbre climática, López Obrador enfocó su propuesta de ampliar Sembrando Vida a que el gobierno de EE.UU. ofrezca financiamiento y recompensas migratorias.

“Nosotros asumimos nuestra responsabilidad económica y nos comprometemos a ayudar en la organización productiva y social, y ustedes, presidente Biden, podrían financiar el programa Sembrando Vida en Guatemala, Honduras y El Salvador”, dijo el mandatario.

Bajo su perspectiva, sería posible sembrar 3.000 millones de árboles y generar 1.200.000 empleos.

Al ser esos tres países los mayores generadores de migrantes hacia EE.UU. de la región, AMLO considera que EE.UU. “podría ofrecer” a quienes trabajen tres años consecutivos las tierras una visa de trabajo temporal.

Y luego de “otros tres o cuatro años”, que obtengan “hasta la residencia en EE.UU. o su doble nacionalidad”:

Para Giovanni Peri, este plan puede ser viable si hay un compromiso de las partes.

“Como experto en migración, yo diría que existe una lógica económica y humana muy sólida en la idea de crear visas de trabajo para que los centroamericanos trabajen en Estados Unidos y esto claramente reduciría la presión sobre la inmigración ilegal”, dice a BBC Mundo.

“La combinación de un objetivo de sostenibilidad y un objetivo de migración también es interesante, ya que puede dar los incentivos adecuados a los países de origen y promovería una colaboración entre el país receptor y el país emisor, que es necesaria para resolver el problema de los menores no acompañados y el hacinamiento en la frontera México EE.UU.”, añade.

Sin embargo, el analista Ariel Ruiz, del Migration Policy Institute (MPI), advierte que iniciativas como Sembrando Vida aún tienen que demostrar su efectividad.

“Por sí solos, estos programas no reducirían los flujos migratorios a corto plazo. La implementación y evaluación de Sembrando Vida en México aún está en progreso en el sur de México y Centroamérica y, como resultado, es demasiado pronto para cuantificar su impacto en los flujos migratorios”, dice.

“A corto plazo, la expansión de los canales estadounidenses existentes, como los programas H-2A y H-2B, podría brindar alternativas más rápidamente para la migración regular desde Centroamérica”.

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Inmigración

El impactante video del niño que encontraron solo en la frontera entre México y EE.UU.

El pequeño, de 10 años y procedente de Nicaragua, viajaba con un grupo de migrantes hacia EE.UU.

El menor le dijo, entre lágrimas, al agente fronterizo que lo halló en Texas que sus compañeros lo habían abandonado mientras dormía.

Más de 18.500 niños cruzaron la frontera en marzo, una cifra que batió todos los récords. Los centros de detención de migrantes están desbordados por el aumento de llegadas.

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Inmigración

Qué se sabe del niño nicaragüense abandonado en la frontera sur de EE.UU.

Wilton, el niño que apareció solo y llorando en la frontera de México y EE.UU., hizo el viaje desde Nicaragua junto a su madre Meylin, quien permanece desaparecida. - CORTESÍA MISAEL OBREGÓN

Por: Marcos González Díaz
Corresponsal de BBC News Mundo en México y Centroamérica

Las imágenes en las que Wilton Gutiérrez aparecía llorando y perdido en algún lugar desértico de Texas convirtieron a este niño nicaragüense en uno de los símbolos más dramáticos de la crisis migratoria que se vive en la frontera entre México y Estados Unidos.

Y aunque el menor de 10 años fue rescatado por la Patrulla Fronteriza estadounidense el pasado 1 de abril y permanece desde entonces bajo resguardo de las autoridades, su “sueño americano” y el de su familia parecen aún lejos de cumplirse.

De hecho, su madre -con la que emprendió el peligroso viaje al norte- es ahora la mayor preocupación de sus familiares dado que permanece en paradero desconocido. Según denuncian, está secuestrada en algún lugar del norte de México.

Wilton y su madre, Meylin Obregón, dejaron atrás su hogar en busca de una nueva vida en EE.UU. como miles de centroamericanos.

Solo en el mes de marzo, más de 170.000 migrantes fueron detenidos en la frontera sur estadounidense. Es la cifra más alta de los últimos 15 años. La mayoría aseguran escapar de la pobreza y la violencia existentes en sus países.

Pero en el caso de esta humilde familia nicaragüense, aseguran sus allegados, la violencia de la que escapaba Meylin junto a su hijo estaba enquistada dentro de su propia casa.

Un viaje casi improvisado
Misael Obregón, hermano de Meylin y tío del pequeño, asegura que el viaje fue planificado con apenas unos días de antelación.

“Todo estaba programado para que mis hijos (dos gemelos de 15 años) hicieran el viaje desde Nicaragua para venir aquí a EE.UU.”, le cuenta el hombre a BBC Mundo desde Miami, donde vive desde hace cinco años trabajando en la construcción.

“Pero pocos días antes, Meylin me pidió ayuda para venirse para acá porque no soportaba más a ese hombre (el papá de sus dos hijos). Así que le mandé dinero para comida y pasajes, y se sumó con Wilton al viaje de mis hijos”.

Misael asegura que la relación del matrimonio era malísima. “La trataba muy mal psicológicamente, le hacía mucho daño y la trataba mal verbalmente”, dice.

Desde una remota comunidad ganadera cercana a El Rama, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur de Nicaragua, la madre de la joven y abuela de Wilton confirma el relato.

“Ella era muy duro con ella, le decía cosas que no tenia que decir, le dañaba verbalmente con palabras y ofensas, tenia muchos amantes…”, le cuenta a BBC Mundo Socorro Leiva, quien asegura que nunca supo de las intenciones de su hija de marcharse a EE.UU.

Esta situación, cuenta la mujer, fue lo que provocó que su hija se mudara de nuevo a la casa familiar junto a Wilton pocos días antes de empezar su viaje. Y lo que también la empujó a interponer una denuncia ante la Fiscalía contra su pareja.

Secuestrados por US$10.000
El 8 de febrero, Meylin inició su viaje junto a su hijo Wilton y sus dos sobrinos gemelos. Salieron de una zona que la familia califica de totalmente “abandonada” por los gobiernos, donde no hay energía eléctrica, las carreteras son precarias y las oportunidades de trabajo escasas.

La señal de cobertura de teléfono en la zona es tan débil, de hecho, que la conversación de BBC Mundo con la abuela de Wilton tuvo que realizarse mediante intercambio de audios de Whatsapp.

Meylin, una de los diez hermanos de la familia, cultivaba y criaba gallinas y cerdos para mantenerse.

“Es terrible la pobreza que hay, mucha gente sale de allí para buscarse la vida. Pero mi hermana no quiso venir aquí para trabajar, era realmente para escapar de lo que estaba viviendo”, insiste su hermano desde EE.UU.

Asegura que su hermana era consciente del peligro que enfrentaría en la travesía. “Yo le dije que cuando uno hace ese viaje para acá, es vida o muerte, porque ese México es muy peligroso. Pero aún así, dijo que quería salir de ese sufrimiento que tenía en Nicaragua”, cuenta.

Durante el viaje, la joven y los tres menores recorrieron su país hasta cruzar Honduras, Guatemala y llegar a la frontera norte de México semanas después.

Misael cuenta que sus hijos gemelos viajaban con la idea de que los dejarían entrar a EE.UU. por ser menores no acompañados. Y así fue. Tras entregarse a las autoridades migratorias, pudieron reunirse con su padre en Miami.

Pero Meylin y Wilton corrieron peor suerte y fueron inmediatamente devueltos a territorio mexicano, donde la familia denuncia que fueron raptados por un grupo de delincuentes que les pidieron US$10.000 por su liberación a través de una llamada telefónica.

Desde EE.UU., Misael cuenta que solo pudieron reunir la mitad. “Me dejaron hablar con mi hermana por teléfono y le conté lo que pasaba. Obviamente me dijo que prefería que pagáramos por el niño, que ella podía aguantar más que su hijo en ese lugar”, relata.

Cuando Wilton fue liberado por sus captores en Texas y la grabación de su encuentro con la policía se hizo viral, fue el momento en que la abuela del niño tuvo la primera noticia sobre su paradero.

“Mi marido estaba viendo la televisión y me llamó a voces. Y ahí vimos al niño en el video. Fue un golpe para mi corazón, yo no podía ni llorar en ese momento”, recuerda emocionada desde Nicaragua.

“Fue después que me salieron las lágrimas de alegría. Porque yo oigo en las noticias que a los niños los prefieren para quitarles los órganos. Pero gracias a Dios, ya está a salvo con las autoridades. Ahora es mi hija la que falta”, lamenta.

El futuro de Wilton
Misael dice que de vez en cuando recibe llamadas de su hermana, siempre desde números distintos. La última vez fue hace cuatro días.

“Me dice que está encerrada en una casa con otras personas, cree que debe ser por Reynosa. Dice que está bien, y solo me pregunta por el niño”, dice.

Él supo que su sobrino había sido liberado gracias a la grabación viral, la cual también fue vista por su hermana desde su cautiverio. “Ella ha llorado mucho por el video porque le duele que la gente diga que ella culpable de lo que pasa, cuando no lo es”.

Tanto el tío como la abuela de Wilton aseguran que no ha recibido apoyo ni información directa por parte de las autoridades de ningún país.

BBC Mundo preguntó al Instituto Nacional de Migración de México si tenían alguna novedad sobre este caso, pero una vocera dijo no tener información al respecto.

La familia solo escuchó las declaraciones de la vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, quien este lunes dijo que “para atender la solicitud de la familia” se están realizando los trámites para la repatriación del niño al país centroamericano y que se solicitó cooperación internacional para localizar a la madre.

Pero los familiares con los que habló BBC Mundo confiesan que preferirían que el niño -que permanece en un albergue de Brownsville, Texas- pudiera quedarse en EE.UU. antes que regresar a Nicaragua.

Su tío habló con el menor este lunes. “Dice que está bien. Se cree que en unos 15 días más lo pueden liberar. La idea es que venga aquí a Miami, estamos con el papeleo con la trabajadora social”.

La abuela del niño dice que, de haber sabido las intenciones de su hija, jamás habría autorizado el viaje a EE.UU. por el peligro que supone.

“Pero ya que ellos hicieron ese gran sacrificio arriesgando hasta la muerte… por algo lo hicieron”, responde Socorro cuando se le pregunta si preferiría que se quedaran en Miami.

“Me gustaría (que se haga realidad) el sueño de ella, porque da lástima tanto que han sufrido y que tal vez ella no pase (…). Pido a Dios que pase ella (a EE.UU.) para que se junte con el niño”, le dijo a La Prensa el padre de Wilton.

Desde Miami, el tío del niño lanza un mensaje con la esperanza de que la reunificación de su familia pueda llegar lo antes posible y con todos sanos y salvos.

“A los que tienen a mi hermana les pido que la suelten, ojalá la liberen. Y al gobierno de EE.UU. que le de después la oportunidad de pedir asilo, de ir a la Corte y nos juntemos todos acá. Es lo que más quiero”.

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Inmigración

La crisis perpetua en la frontera

Agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos procesan a un grupo de personas el mes pasado que habían cruzando la frontera desde México en Peñitas, Texas.Credit...Joe Raedle/Getty Images

Por Jorge Ramos – NYTimes
MIAMI, Estados Unidos — La frontera entre México y Estados Unidos “es una cicatriz que sangra”. Así la describió el escritor mexicano Carlos Fuentes en 1997. Ese año, según el Pew Research Center, entraron 1,2 millones de inmigrantes, tanto autorizados como no autorizados, a Estados Unidos. En ese entonces, como ahora, se hablaba ya de una crisis desbordada.

La verdad es que esa frontera siempre ha estado en crisis. Es una crisis perpetua desde su conformación, con los límites que conocemos hoy. La frontera se redefinió después del fin de la guerra entre México y Estados Unidos, en 1848. En mis clases de primaria en Ciudad de México nos enseñaron que con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, el conflicto y la invasión estadounidense terminaron y México fue obligado a ceder el 55 por ciento de su territorio a Estados Unidos con una compensación de 15 millones de dólares. Así que en ese entonces muchos no cruzaron la frontera, la frontera los cruzó a ellos.

Desde entonces la frontera ha sido, al mismo tiempo, una zona de conflictos y de hermandad extraordinaria. Y desde que tengo memoria ha habido debates y dilemas sobre los que cruzan del sur al norte, y preguntas sobre cuántos deben cruzar cada año.

Me ha tocado cubrir a todos los presidentes de Estados Unidos y sus políticas migratorias desde que, en los años ochenta, Ronald Reagan ocupaba la Casa Blanca. Y creo que para encontrar una solución a largo plazo —que pasa por aceptar a muchos más inmigrantes de manera legal— debemos repasar esas políticas. El problema de fondo es que el sistema migratorio estadounidense está quebrado, caduco y no refleja las nuevas necesidades del país ni de sus vecinos del sur.

En 1986, el presidente Reagan, republicano, otorgó una “amnistía” a casi tres millones de personas que residían en el país sin documentos. Pero no fue una solución integral y no funcionó para frenar el flujo migratorio.

Para cuando entrevisté al expresidente George W. Bush en Guanajuato, México, en febrero de 2001, el número de migrantes indocumentados ya había crecido a 7,8 millones. El mandatario coqueteaba con la idea de un “programa de trabajadores temporales”, pero unos meses después los actos terroristas del 9/11 suspendieron la idea de una reforma migratoria.

El número de personas indocumentadas siguió creciendo —hasta 12,2 millones en 2007— y en 2009 llegó Barack Obama a la presidencia. En los meses de ese año en los que su partido, el Demócrata, controlaba ambas cámaras del Congreso, Obama desaprovechó la oportunidad para presentar una reforma migratoria que regularizara su estatus. Y luego llegó Donald Trump, uno de los presidentes más racistas y antiinmigrantes que ha tenido Estados Unidos.

Las políticas inhumanas y represivas de Trump —y las medidas de emergencia sanitaria por la pandemia— redujeron la migración a sus niveles más bajos desde los años ochenta.

Pero ahora, con un nuevo presidente y con nuevas reglas, podríamos regresar a las épocas en que cruzaban cientos de miles de personas indocumentadas cada año. Solo en febrero se registraron más de 100.400 cruces no autorizados. Esa es, quizás, la nueva normalidad.

“La frontera no está abierta”, me dijo en entrevista el secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas. Pero “lo que hemos descontinuado es la crueldad de la gestión anterior”. Decenas de miles de solicitantes de asilo, muchos de ellos centroamericanos, han esperado durante más de un año en campamentos en México y no van a desaprovechar una oportunidad.

No debería sorprender a nadie que esto suceda en una frontera que divide a uno de los países más ricos y poderosos del mundo de una de las regiones más desiguales del planeta: los más pobres y vulnerables —en medio de la pandemia, de los estragos del cambio climático y la violencia— se dirigen a un lugar más próspero y seguro. Así de lógico y simple. Y así continuará por mucho tiempo.

Debido a la pandemia, América Latina ha vivido su “peor crisis social, económica y productiva” en 120 años, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Dos huracanes —Eta e Iota— devastaron Centroamérica a finales del año pasado. Y las pandillas, la corrupción, la violencia y los efectos de la crisis medioambiental y escasez de vacunas contra la COVID-19 han expulsado a muchos de la región.

México, en particular, ha sufrido mucho durante la pandemia: más de 320.000 mexicanos han muerto, según el nuevo reporte oficial del gobierno mexicano que incorpora las llamadas “muertes excesivas”, y su economía cayó 8,5 por ciento en 2020. A esta situación se añade el terrible e intratable problema de la violencia de los cárteles del narcotráfico. El comandante a cargo del Comando Norte de Estados Unidos informó recientemente que “entre 30 y el 35 por ciento de México” está en control de “organizaciones criminales transnacionales”. Esto implica un peligro inminente para quienes cruzan territorio mexicano para llegar a la frontera.

Es necesario aceptar esta realidad y crear un sistema que pueda absorber de manera legal, eficaz, rápida y segura a muchos de los inmigrantes y refugiados que vienen del sur. Van a seguir llegando y no hay otra solución. Todas las otras opciones —muros, centros de detención, separación de familias, repatriación exprés, la espera de los solicitantes de asilo en México, deportaciones masivas— han fracasado. La inversión de 4000 millones de dólares en Centroamérica, como ha prometido Biden, es un buen comienzo para atacar el origen de la migración: la pobreza y falta de oportunidades en sus países. Pero ese proyecto tardará años en dar resultados.

En lo que el plan surte efecto, debemos aceptar anualmente entre millón y medio y dos millones de inmigrantes autorizados cada año.

Hay que hacer legal y productiva la entrada a Estados Unidos, pues ahora es un sistema peligroso que incentiva el tráfico humano controlado por cárteles de drogas y otras organizaciones criminales. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha dicho que, según sus cuentas, “la economía estadounidense va a necesitar entre 600.000 y 800.000 trabajadores por año” y que sería mejor llegar a un acuerdo con Estados Unidos para que esas personas necesarias lleguen de manera autorizada al país en lugar de arriesgar sus vidas para intentar cruzar. Tiene razón.

Estados Unidos es un país de inmigrantes y necesitará muchos más para la recuperación económica después de la pandemia, para reemplazar a la creciente población que se jubila y también para compensar por las bajas tasas de natalidad en Estados Unidos, según argumentó recientemente el periodista Andrés Oppenheimer del The Miami Herald. Nuestro sistema migratorio requiere renovarse para afrontar estos retos.

Por eso la frontera parece que revienta. Es ahí donde chocan las aspiraciones de los nuevos inmigrantes con un país que se resiste a modernizar su manera de recibir y absorber a los recién llegados. Las cicatrices de la frontera son reales, pero sabemos cómo resolver los problemas: más migración autorizada. Como dicen en México; no hay de otra.

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Inmigración

Qué ha cambiado con Biden y qué no en la frontera de EE.UU. con México

El incremento de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos y un sistema de tramitación de asilo desbordado ponen a prueba las promesas de cambio del presidente Biden.

El número de personas retenidas ronda las 130.000 a lo largo del mes de marzo, en comparación con las 100.000 de febrero.

La cifra de menores no acompañados que tratan de cruzar a EE.UU. se ha triplicado en las primeras semanas de marzo. El gobierno de Biden revirtió la ley puesta en marcha por Donald Trump que permitía expulsarlos.

Por: BBC Mundo

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