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Inmigración

Universidad de Harvard: éxitos de DACA son indiscutibles, pero los ‘dreamers’ necesitan una solución permanente

La Acción Diferida del 2012 (DACA) “ha dado a sus beneficiarios y a sus familias un gran impulso, y han logrado una importante movilidad social”, concluye un informe de la Universidad de Harvard publicado cinco días antes de que la Corte Suprema de Justicia celebre una audiencia, la primera y quizás la última, donde abogados de quienes defienden el programa, y del gobierno, presenten argumentos en un proceso judicial clave que determinará la legalidad del beneficio migratorio.

“Los resultados son indiscutibles”, agrega. Y señala que más de 800,000 dreamers han logrado construir sus sueños en Estados Unidos, mejorar su educación, estudiar en la universidad, graduarse en distintas profesiones, ayudar a sus familias, salir de la pobreza, alejar durante los últimos siete años el fantasma de la deportación, “pero la naturaleza temporal y parcial del programa deja muchos problemas sin resolver, y ha creado algunos nuevos dilemas”, advierten los autores del denominado Proyecto Nacional de Investigación UnDACAmented (NURP).

Creado el 15 de junio de 2012 por el entonces presidente Barack Obama por medio de una Acción Ejecutiva, DACA resolvió temporalmente el dilema que enfrentaban cerca de 2.5 millones de jóvenes indocumentados que habían entrado al país antes de cumplir los 16 años y se conocen como dreamers. El programa detuvo sus deportaciones y les otorgó una autorización de empleo (EAD) renovable cada dos años, documento que, además, les ha permitido gestionar una licencia de conducir y un número de Seguridad Social.

Pero no todos pudieron acceder al beneficio. Solo 1.2 millones calificaron de acuerdo con los requisitos, y de ellos poco más de 800,000 solicitaron la protección. En la actualidad quedan poco menos de 700,000. El resto ha abandonado la protección ya sea porque renunciaron a ella, legalizaron sus permanencias por otras vías legales o cometieron faltas que los convirtió en deportables.

“El programa DACA ha sido catalogado como la política dirigida a la integración de inmigrantes más exitosa en los últimos 30 años”, afirman los autores del estudio.

Impacto positivo
DACA ha causado un “profundo impacto” en la comunidad dreamer y en la nación, precisa el informe dirigido por Roberto G. Gonzales, profesor de la escuela de Educación de la Universidad de Harvard, y secundado por Sayil Camacho (del Centro de Investigación de Acción financiado por la Fundación Robert Wood Johnson), Kristina Brant (doctora en el Programa Multidisciplinario de Desigualdad y Política Social en la Harvard Kennedy School); y Carlos Aguilar, un estudiante de doctorado en Harvard y receptor de DACA.

El estudio fue iniciado en 2013, pocos meses después de haber entrado en vigor. El objetivo fue comprender cómo los jóvenes estaban experimentando el beneficio. En la muestra participaron 408 beneficiarios de seis estados, quienes representan una amplia gama de antecedentes raciales, étnicos, económicos y educativos que identifican a los soñadores.

“Antes de DACA, nuestros encuestados enfrentaban numerosas barreras que impedían las trayectorias y el bienestar de la vida y les impedía establecer su independencia”, escribieron los autores del estudio. Pero una vez que consiguieron el amparo de sus deportaciones, el permiso de trabajo, la licencia de conducir y la tarjeta del Seguro Social, “aprovecharon numerosas oportunidades recién descubiertas” que les cambió la vida.

Entre los principales beneficios, el estudio destaca estudios, carreras significativas, nuevos empleos, sueldos más altos, apoyo a las familias (muchas de ellas mixta con padres indocumentados y hermanos ciudadanos estadounidenses) y el fortalecimiento de las comunidades donde viven.

Pero los logros alcanzados en los últimos siete años se ven eclipsados por un miedo latente: la temporalidad del programa que en cualquier momento puede dejar de existir.

El ataque de Trump
DACA fue cancelado por Donald Trump el 5 de septiembre de 2017 bajo el argumento que se trata de un programa ilegal porque Obama cambió una parte de la ley sin el consentimiento del Congreso, al darles un estatus legal temporal a miles de indocumentados, y además una autorización de empleo.

Cuatro meses más tarde, en enero del año pasado, una corte federal de California restituyó en su totalidad del programa, excepto para nuevas inscripciones. El juez de distrito federal de San Francisco, William Alsup, dictaminó que la decisión del mandatario había sido “arbitraria y caprichosa”, regresándole a los soñadores el derecho de seguir protegidos por el amparo y renovar sus autorizaciones de empleo.

A partir de entonces comenzó una larga batalla judicial que suma otros tres fallos similares en apoyo al dictamen de San Francisco, y la decisión favorable de la Corte de Apelaciones del 9º Circuito, fallo que abrió la puerta para que el presidente acudiera a la Corte Suprema en busca de una sentencia final.

“El presidente Obama dijo que no tenía derecho a firmar DACA, que nunca se mantendrá en la corte. ¡Lo firmó de todos modos! Si la Corte Suprema defiende DACA, le otorga al presidente poderes extraordinarios mucho más grandes de lo que se pensaba. Si hacen lo correcto y no dejan…”, escribió Trump el pasado 9 de octubre en su cuenta de la red social Twitter.

“Está previsto que la Corte Suprema escuche los argumentos orales el 12 de noviembre”, indica el estudio. “El futuro incierto del programa ha generado nueva ansiedad y miedo a los 669,080 beneficiarios actuales”, apunta.

“Avances significativos”
El estudio de la Universidad de Harvard revela además que, DACA ha logrado “avances significativos” en las vidas de los dreamers, tanto en sus vidas personales como profesionales.

Entre los logros alcanzados se incluyen acceso a créditos, seguros de salud, viajar, acceso a programas postsecundarios, buscar nuevos empleos (el 91% de los encuestados de 25 años o más estaban empleados), ingreso a la universidad, mejora en la sensación de seguridad que a su vez repercutió en la salud mental y física de los beneficiarios, situación que además repercutió favorablemente en las familias y las comunidades.

“En el transcurso de siete años, la mejora de la estabilidad económica ha permitido a nuestros encuestados asumir nuevas obligaciones financieras: vivir de forma independiente, cuidar a sus familias, inscribir a sus hijos en programas de guardería y administrar los pagos de automóviles e hipotecas”, revela el informe.

Indica además que “si bien DACA no anula la exclusión de la ayuda financiera federal, sin embargo, ha permitido a los beneficiarios acceder a nuevas oportunidades educativas. Debido a su capacidad para asegurar un empleo estable y ganar salarios más altos, los beneficiarios de DACA ahora tienen mayores recursos financieros para pagar la educación superior. Además, muchos estados han extendido los beneficios como la matrícula dentro del estado a los beneficiarios de DACA, lo que hace que la universidad sea más factible financieramente”.

Y agrega: “DACA facilitó la finalización de programas vocacionales, títulos de asociado, títulos de licenciatura e incluso títulos de posgrado y profesionales desde programas de maestría hasta la facultad de derecho y medicina. Los encuestados luego adquirieron trabajos en campos relacionados. Muchos utilizaron estas oportunidades de empleo iniciales como peldaños para iniciar nuevas carreras”.

Problemas no resueltos
Si bien DACA resolvió una larga lista de dificultades que aquejaba a la comunidad dreamer en el 2012, todavía quedan temas pendientes que no serán reparados hasta que el Congreso no tome cartas en el asunto y apruebe una ley que le otorgue a los soñadores la residencia legal permanente.

En muchos estados, por ejemplo, los dreamer tienen acceso a matriculas y créditos de estudio, pero en otros ni siquiera son considerados o tomados en cuenta. “Actualmente los estudiantes indocumentados en al menos diecinueve estados y en el Distrito de Columbia califican para pagar la matrícula estatal en colegios y universidades públicas. Al menos siete estados también permiten que los estudiantes indocumentados reciban ayuda financiera estatal. Y cuatro estados permiten que sus colegios y universidades públicas ofrezcan ayuda institucional privada o becas a estudiantes que califican para la matrícula dentro del estado, independientemente de su estado migratorio”, dice el estudio.

“Sin embargo, los beneficiarios de DACA en algunos estados se encuentran en una desventaja decidida debido a las políticas excluyentes. Por ejemplo, tres estados, Arizona, Georgia e Indiana excluyen específicamente a los estudiantes indocumentados de las tasas de matrícula en el estado, y dos estados, Alabama y Carolina del Sur, prohíben a los estudiantes indocumentados inscribirse en cualquier institución pública de educación superior. Además, Georgia excluye a los inmigrantes indocumentados de sus tres principales sistemas de universidades públicas”, añade.

Y añade que “desde la implementación de DACA, algunos estados han aprobado leyes para proporcionar una mayor inclusión específicamente para los beneficiarios de DACA, a pesar de las políticas restrictivas para los inmigrantes indocumentados en general”.

Permiso para manejar
En cuanto a las licencias de conducir, señala que “mientras que solo 12 estados junto con el Distrito de Columbia y Puerto Rico extienden los privilegios de conducir a los inmigrantes indocumentados, los 50 estados más el Distrito de Columbia y Puerto Rico han aprobado leyes para permitir la elegibilidad de la licencia de conducir a los beneficiarios de DACA”.

Asimismo, tres estados que anteriormente no tenían políticas de equidad de matrícula, Virginia, Massachusetts y Ohio, junto con ciertas instituciones y sistemas en Arizona, Missouri y New Hampshire han aprobado una legislación que permite a los beneficiarios de DACA pagar la matrícula en el estado en colegios y universidades estatales.

Y mientras que los estados de Alabama y Carolina del Sur prohíben a los estudiantes indocumentados de educación superior pública, “Carolina del Sur ha aprobado una legislación que permite a los beneficiarios de DACA asistir a sus colegios y universidades. También los colegios comunitarios y universidades selectas de Alabama han permitido que los beneficiarios de DACA se inscriban”.

La lista de éxitos es grande, pero el miedo también. “A medida que los beneficiarios de DACA y sus familias esperan noticias sobre el futuro de DACA, y mientras los formuladores de políticas y las partes interesadas de la comunidad trabajan para abordar las desigualdades perpetuadas por la falta de una reforma migratoria integral, la incertidumbre y la ansiedad han moldeado la vida cotidiana”, dicen los autores del estudio.

Añaden que “en los últimos siete años DACA ha demostrado ser exitoso, mejorando dramáticamente la movilidad social, la salud y el bienestar de cientos de miles de jóvenes y sus familias. Debido a su éxito, DACA es muy popular y ha sido enormemente beneficioso para las comunidades, la economía y las instituciones educativas”. Pero en un momento de creciente ansiedad como el que vive el país, quienes toman decisiones, como por ejemplo los magistrados del máximo tribunal de justicia de la nación, “se beneficiarían enormemente al reconocer que el éxito de DACA es un beneficio neto para nuestro gran país”, concluyen.

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Inmigración

La crisis perpetua en la frontera

Agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos procesan a un grupo de personas el mes pasado que habían cruzando la frontera desde México en Peñitas, Texas.Credit...Joe Raedle/Getty Images

Por Jorge Ramos – NYTimes
MIAMI, Estados Unidos — La frontera entre México y Estados Unidos “es una cicatriz que sangra”. Así la describió el escritor mexicano Carlos Fuentes en 1997. Ese año, según el Pew Research Center, entraron 1,2 millones de inmigrantes, tanto autorizados como no autorizados, a Estados Unidos. En ese entonces, como ahora, se hablaba ya de una crisis desbordada.

La verdad es que esa frontera siempre ha estado en crisis. Es una crisis perpetua desde su conformación, con los límites que conocemos hoy. La frontera se redefinió después del fin de la guerra entre México y Estados Unidos, en 1848. En mis clases de primaria en Ciudad de México nos enseñaron que con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, el conflicto y la invasión estadounidense terminaron y México fue obligado a ceder el 55 por ciento de su territorio a Estados Unidos con una compensación de 15 millones de dólares. Así que en ese entonces muchos no cruzaron la frontera, la frontera los cruzó a ellos.

Desde entonces la frontera ha sido, al mismo tiempo, una zona de conflictos y de hermandad extraordinaria. Y desde que tengo memoria ha habido debates y dilemas sobre los que cruzan del sur al norte, y preguntas sobre cuántos deben cruzar cada año.

Me ha tocado cubrir a todos los presidentes de Estados Unidos y sus políticas migratorias desde que, en los años ochenta, Ronald Reagan ocupaba la Casa Blanca. Y creo que para encontrar una solución a largo plazo —que pasa por aceptar a muchos más inmigrantes de manera legal— debemos repasar esas políticas. El problema de fondo es que el sistema migratorio estadounidense está quebrado, caduco y no refleja las nuevas necesidades del país ni de sus vecinos del sur.

En 1986, el presidente Reagan, republicano, otorgó una “amnistía” a casi tres millones de personas que residían en el país sin documentos. Pero no fue una solución integral y no funcionó para frenar el flujo migratorio.

Para cuando entrevisté al expresidente George W. Bush en Guanajuato, México, en febrero de 2001, el número de migrantes indocumentados ya había crecido a 7,8 millones. El mandatario coqueteaba con la idea de un “programa de trabajadores temporales”, pero unos meses después los actos terroristas del 9/11 suspendieron la idea de una reforma migratoria.

El número de personas indocumentadas siguió creciendo —hasta 12,2 millones en 2007— y en 2009 llegó Barack Obama a la presidencia. En los meses de ese año en los que su partido, el Demócrata, controlaba ambas cámaras del Congreso, Obama desaprovechó la oportunidad para presentar una reforma migratoria que regularizara su estatus. Y luego llegó Donald Trump, uno de los presidentes más racistas y antiinmigrantes que ha tenido Estados Unidos.

Las políticas inhumanas y represivas de Trump —y las medidas de emergencia sanitaria por la pandemia— redujeron la migración a sus niveles más bajos desde los años ochenta.

Pero ahora, con un nuevo presidente y con nuevas reglas, podríamos regresar a las épocas en que cruzaban cientos de miles de personas indocumentadas cada año. Solo en febrero se registraron más de 100.400 cruces no autorizados. Esa es, quizás, la nueva normalidad.

“La frontera no está abierta”, me dijo en entrevista el secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas. Pero “lo que hemos descontinuado es la crueldad de la gestión anterior”. Decenas de miles de solicitantes de asilo, muchos de ellos centroamericanos, han esperado durante más de un año en campamentos en México y no van a desaprovechar una oportunidad.

No debería sorprender a nadie que esto suceda en una frontera que divide a uno de los países más ricos y poderosos del mundo de una de las regiones más desiguales del planeta: los más pobres y vulnerables —en medio de la pandemia, de los estragos del cambio climático y la violencia— se dirigen a un lugar más próspero y seguro. Así de lógico y simple. Y así continuará por mucho tiempo.

Debido a la pandemia, América Latina ha vivido su “peor crisis social, económica y productiva” en 120 años, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Dos huracanes —Eta e Iota— devastaron Centroamérica a finales del año pasado. Y las pandillas, la corrupción, la violencia y los efectos de la crisis medioambiental y escasez de vacunas contra la COVID-19 han expulsado a muchos de la región.

México, en particular, ha sufrido mucho durante la pandemia: más de 320.000 mexicanos han muerto, según el nuevo reporte oficial del gobierno mexicano que incorpora las llamadas “muertes excesivas”, y su economía cayó 8,5 por ciento en 2020. A esta situación se añade el terrible e intratable problema de la violencia de los cárteles del narcotráfico. El comandante a cargo del Comando Norte de Estados Unidos informó recientemente que “entre 30 y el 35 por ciento de México” está en control de “organizaciones criminales transnacionales”. Esto implica un peligro inminente para quienes cruzan territorio mexicano para llegar a la frontera.

Es necesario aceptar esta realidad y crear un sistema que pueda absorber de manera legal, eficaz, rápida y segura a muchos de los inmigrantes y refugiados que vienen del sur. Van a seguir llegando y no hay otra solución. Todas las otras opciones —muros, centros de detención, separación de familias, repatriación exprés, la espera de los solicitantes de asilo en México, deportaciones masivas— han fracasado. La inversión de 4000 millones de dólares en Centroamérica, como ha prometido Biden, es un buen comienzo para atacar el origen de la migración: la pobreza y falta de oportunidades en sus países. Pero ese proyecto tardará años en dar resultados.

En lo que el plan surte efecto, debemos aceptar anualmente entre millón y medio y dos millones de inmigrantes autorizados cada año.

Hay que hacer legal y productiva la entrada a Estados Unidos, pues ahora es un sistema peligroso que incentiva el tráfico humano controlado por cárteles de drogas y otras organizaciones criminales. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha dicho que, según sus cuentas, “la economía estadounidense va a necesitar entre 600.000 y 800.000 trabajadores por año” y que sería mejor llegar a un acuerdo con Estados Unidos para que esas personas necesarias lleguen de manera autorizada al país en lugar de arriesgar sus vidas para intentar cruzar. Tiene razón.

Estados Unidos es un país de inmigrantes y necesitará muchos más para la recuperación económica después de la pandemia, para reemplazar a la creciente población que se jubila y también para compensar por las bajas tasas de natalidad en Estados Unidos, según argumentó recientemente el periodista Andrés Oppenheimer del The Miami Herald. Nuestro sistema migratorio requiere renovarse para afrontar estos retos.

Por eso la frontera parece que revienta. Es ahí donde chocan las aspiraciones de los nuevos inmigrantes con un país que se resiste a modernizar su manera de recibir y absorber a los recién llegados. Las cicatrices de la frontera son reales, pero sabemos cómo resolver los problemas: más migración autorizada. Como dicen en México; no hay de otra.

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Inmigración

Qué ha cambiado con Biden y qué no en la frontera de EE.UU. con México

El incremento de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos y un sistema de tramitación de asilo desbordado ponen a prueba las promesas de cambio del presidente Biden.

El número de personas retenidas ronda las 130.000 a lo largo del mes de marzo, en comparación con las 100.000 de febrero.

La cifra de menores no acompañados que tratan de cruzar a EE.UU. se ha triplicado en las primeras semanas de marzo. El gobierno de Biden revirtió la ley puesta en marcha por Donald Trump que permitía expulsarlos.

Por: BBC Mundo

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Inmigración

Guatemala y México se preparan para frenar una nueva caravana de migrantes

Migrantes hondureños caminan por una carretera de El Florido, Guatemala, en su ruta hacia México y con el objetivo de llegar hasta Estados Unidos. 16 de enero de 2020. © Luis Echeverría/ Reuters

Las redes sociales nuevamente están siendo utilizadas para convocar a cientos, quizás miles de inmigrantes hondureños para que inicien una travesía rumbo a Estados Unidos en busca de asilo.

“Lista y fuerte caravana hondureña preparada este 30 de marzo. Desde la gran terminal de San Pedro Sula rumbo a USA. Todos en la terminal, Dios nos guíe y nos guarde a todos los del grupo. Bendiciones”, se lee en uno de los mensajes publicados la semana pasada en Facebook.

En otro mensaje advierten que hay tres requisitos para sumarse a la marcha: prueba de covid, cédula de identidad y permiso migratorio. Pero en ninguna parte se explica dónde deben conseguirse las pruebas médicas de que la persona no está infectada con el virus, lo que puede dar paso al uso de documentos falsificados.

A finales de enero las autoridades mexicanas anunciaron que habían detectado la venta de pruebas falsas de covid, luego de que Canadá, Francia y Estados Unidos comenzaron a exigir este documento con resultado negativo a personas que transitaran por sus fronteras.

La mayoría de las personas que integran las caravanas lo hacen para escapar de la pobreza, un fenómeno agravado a finales del año pasado tras el paso de los huracanes Eta e Iota. Y también de la violencia de las pandillas y el narcotráfico.

Pero ambas causales no están contempladas en la ley de asilo y la frontera estadounidense sigue cerrada por la pandemia del coronavirus, un escenario difícil para los migrantes que, a pesar de las dificultades, toman el riesgo.

“Aquí no tenemos nada. Preferimos intentarlo que esperar la muerte en nuestros pueblos”, dice Manuel, un agricultor que decidió emprender el viaje por primera vez.

Plan de contención
Mientras avanzan los preparativos, los gobiernos de Guatemala y Honduras ponen en operativo conjunto para detener a los migrantes en sus respectivas fronteras y evitar que avancen hacia el norte

La cancillería guatemalteca confirmó el sábado el envío de agentes y tropas a la frontera de Tecún Uman para detener la marcha. Y que México, a su vez, había movilizado personal operativo “para salvaguardar los derechos e integridad de las personas migrantes de diferentes naciones centroamericanas, particularmente de los menores de edad”.

Ambos gobiernos señalaron que el objetivo del plan era combatir el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas. Y aseguraron el “respeto irrestricto de los derechos humanos de las personas migrantes en todas las fases del ciclo migratorio”.

La cancillería mexicana agregó que la movilización protegerá el cerco sanitario para evitar la propagación de la pandemia del covid-19.

Estado de prevención
Este lunes el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei y el Consejo de Ministros decretaron Estado de Prevención en los departamentos (provincias) de Izabal, Zacapa, Chiquimula, El Progreso y Petén en vísperas de la llegada de una nueva caravana de migrantes que proviene de Honduras y se dirige a México para luego enfilar al sur de Estados Unidos.

“Existe riesgo de desplazamiento de grupos de personas con características de migrantes, que cruzarán las fronteras del país hacia los departamentos de Izabal, Zacapa, Chiquimula, El Progreso y Petén”, se lee en el decreto.

Agrega que los integrantes de la caravana no cumplirían con los requisitos legales y sanitarios que se exigen las autoridades, entre ellas el distanciamiento social ni la presentación de una prueba médica que está libre (negativo) del covid-19.

El decreto indica que la presencia de la caravana genera una crisis de seguridad ciudadana y agrava la emergencia sanitaria epidemiológica y coloca en peligro a la población y autoridades de Guatemala, e inclusive a los propios migrantes, dijo el diario Prensa Libre.

El último intento
La última caravana fue frenada en el sur de Guatemala el 17 de enero por policías y tropas del ejército, quienes utilizaron gases lacrimógenos y palos para dispersarlos y que se regresaran a Honduras.

El gobierno guatemalteco estimó que unos 9,000 migrantes habían cruzado la frontera con Honduras en los tres días anteriores a los enfrentamientos.

La mayoría de los inmigrantes que viajaban a Estados Unidos no llevaban mascarillas, y tampoco pruebas de covid-19 o de vacuna contra la enfermedad, situación que provocó alarma entre las autoridades de ese país centroamericano.

La postura de EEUU

La Casa Blanca ha reiterado que la frontera sur con México permanece cerrada debido a la pandemia del covid-19 y que la mayoría de los migrantes que llegan en busca de asilo están siendo expulsados inmediatamente bajo los Títulos 8 y 42 del Código de Estados Unidos, activados el año pasado.

El jueves de la semana pasada el presidente Joe Biden reiteró que su gobierno no deportará a Menores No Acompañados (UAC) detenidos en la frontera cuando intentan ingresar indocumentados a Estados Unidos en busca de asilo.

El mandatario insistió en que las fronteras no estaban abiertas, como aseguran los republicanos, sino que sólo se están procesando los casos de UAC y unidades familiares que México se niega a recibir una vez son expulsadas del país bajo el Título 42.

Durante el mes de febrero el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) expulsó a 102,020 personas bajo los títulos 8 y 42 de la Ley de Inmigración, entre ellos inmigrantes adultos solteros y unidades familiares.

La Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CBP), dijo que la prohibición de entrada total o parcial de personas o bienes tanto de México o Canadá, se requiere en interés de la salud pública. Y aseguró que las personas sujetas a la orden (bajo los Títulos 42 y 8) “no serán retenidas en áreas congregadas para su procesamiento y, en su lugar, son expulsadas inmediatamente a su país de último tránsito”. Y que, en caso de que una persona no pueda ser devuelta al país de último tránsito, será enviada al país de origen.

POR: JORGE CANCINO – UNIVISION

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Inmigración

Eduardo, el joven hondureño que intenta cruzar por cuarta vez a Estados Unidos

Eduardo intenta llegar a Estados Unidos desde su Honduras natal. Durante una parada en el sur de México, compartió su historia con BBC Mundo. - CECILIA TOMBESI

A Eduardo (no es su verdadero nombre) le valió una sola noche de descanso a las afueras del albergue para migrantes de Palenque, en el sur de México, antes de retomar su camino hacia Estados Unidos en la mañana siguiente.

Este joven hondureño de 23 años lleva días de intensa caminata y aún le quedan unas cuantas semanas más en caso de que consiga su sueño de llegar a la frontera para cruzar de manera ilegal.

Y el sueño sigue: poder estudiar un oficio y trabajar para ganar dinero con el que ayudar a su familia.

Eduardo conoce perfectamente la dureza y peligros de este camino que miles de centroamericanos realizan cada año.

Y no porque se lo hayan contado, sino porque esta es la cuarta vez que intenta el viaje “al norte”. Todas sin éxito.

La última vez, de hecho, cuenta que estuvo secuestrado dos días por miembros de un cartel que pensó iban a quitarle la vida. Pero sobrevivió, igual que sus mismas ganas de llegar a EE.UU. que le llevan a volver a intentarlo, pese a la pesadilla que vivió en su propia piel.

Tras un 2020 marcado por el covid-19 y el cierre de fronteras entre países, el número de migrantes centroamericanos que huye de la pobreza e inseguridad de sus países buscando un futuro mejor en EE.UU. se multiplicó este año.

Algunos están esperanzados en que la política migratoria del nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, sea más favorable hacia su situación. Otros simplemente dicen que tras los efectos económicos de la pandemia y los huracanes del año pasado, no les queda más opción que salir de su hogar para tratar de sobrevivir.

Esta es la historia de Eduardo, una de tantas realidades detrás de esos miles de personas que decidieron volver a la carretera este año en su búsqueda del llamado “sueño americano”. Cueste lo que cueste.

Por: Marcos González Díaz
BBC Mundo, enviado especial a Palenque, México

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