Por Juan Carlos Diez para La Voz Internacional de New York
01 diciembre 2025
Fuente: Facebook – Datos Históricos – 30 nov 2025
A veces, la historia deja objetos tan extraños y maravillosos que parecen inventados. Pero no. Estas sandalias existen. Y no son sandalias.
Lo que ves en la imagen son frascos romanos de vidrio, moldeados con tal precisión que imitan la forma de un calzado ligero. No fueron hechos para caminar, sino para guardar algo mucho más valioso: aceites aromáticos y perfumes.
Fueron hallados en la tumba de una mujer en Colonia —la antigua Colonia Claudia Ara Agrippinensium— y datan de finales del siglo II o comienzos del III d. C., una época en la que Roma mezclaba lujo, artesanía y simbolismo como ninguna otra civilización.
El vidrio romano era una pequeña revolución en sí mismo. Los artesanos soplaban, moldeaban, coloreaban y esculpían piezas que parecían vivas: ánforas, jarras, ungüentarios… y, en casos rarísimos, auténticas miniaturas en forma de objetos cotidianos, como estas sandalias.
¿Por qué hacer un frasco con esta forma?
Los arqueólogos sugieren que fue un último regalo, un mensaje simbólico para acompañar a la mujer en su viaje al más allá: pasos hacia el descanso eterno.
Otros creen que se trató de un encargo especial, quizás un objeto querido en vida, transformado en vasija para contener lo que más apreciaba: su perfume.
Lo cierto es que piezas como estas son tan poco comunes que se cuentan con los dedos de una mano.
Y, aun así, sobreviven casi intactas después de 1.800 años, como si el vidrio antiguo tuviera memoria propia.
En cada curva de estas sandalias de vidrio late un mensaje:
Roma no solo construyó imperios con piedra… también dejó belleza eterna en objetos que caben en la palma de una mano.

