Por Juan Carlos Diez para La Voz Internacional de New York
En el Kansas City Stadium, Argentina y Suiza disputaron un cruce de cuartos de final que se definió en prórroga. La Albiceleste, llegó tras liderar su grupo y eliminar a Colombia en octavos. Suiza, revelación del torneo, igualó su mejor registro histórico al meterse entre los ocho mejores por cuarta vez.
Argentina apostó a un 4-3-3 con presión alta y posesión. Suiza mantuvo su 4-2-3-1 compacto, con Xhaka como eje y la velocidad de Ndoye y Embolo para transiciones. Argentina dominó el balón con 59% de posesión y 23 remates totales, frente a 41% y 13 tiros suizos.
Argentina golpeó a los 10’. Tras una circulación paciente, un centro desde la derecha encontró a la defensa suiza desordenada y el 1-0 subió al marcador. Con la ventaja, el equipo manejó los ritmos. Argentina generó 8 córners en la etapa inicial. Suiza casi no inquietó: solo 5 remates a puerta en todo el partido.
Suiza movió el banco y adelantó líneas. A los 67’ llegó el empate: presión alta, recuperación de Freuler y definición para el 1-1. El gol cambió el partido. Argentina sintió el golpe y Suiza tuvo 15 minutos de superioridad, con 18 faltas totales que cortaron el ritmo. La Albiceleste, con 3 amarillas, no se desordenó y llevó el duelo a la prórroga. A los 72´ fue expulsado Embolo por doble amarilla.
Con el partido abierto y ambos equipos con 6 sustituciones hechas, apareció la diferencia de jerarquía. A los 99’, Julián Álvarez rompió el empate tras una combinación rápida por dentro: 2-1. Suiza se volcó y dejó espacios. A los 112’, Lautaro Martínez liquidó con un contragolpe tras asistencia de Álvarez para el 3-1 definitivo.

Argentina no abusó del toque lateral. Los 20 saques de banda y 8 córners muestran verticalidad.
En Suiza, el bloque medio-bajo y transiciones funcionó 70 minutos, pero el desgaste y la falta de recambio ofensivo pasaron factura. Solo 2 córners a favor exponen la dificultad para generar. Suiza remató menos, pero tuvo 38% de efectividad a puerta. Argentina, con más volumen, encontró el momento justo en el alargue.
Argentina avanzó a semifinales con una victoria trabajada que combinó control, sufrimiento y pegada en la prórroga. Suiza se despidió ovacionada: igualó su techo histórico y confirmó su crecimiento con una base de jugadores en ligas top europeas. El partido dejó una lección clara: en instancias decisivas, la gestión de los detalles y la profundidad del plantel marcan la diferencia.

